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ESTATUA DE DON QUIJOTE EN ARGAMASILLA DE ALBA. CASTILLA LA MANCHA. ESPAÑA.

CAPITULO I.-

QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EXERCICIO DEL FAMOSO HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA.

1.-NÚMERO 1.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.1 P. I. Págs. 1.a 7 T.I.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 

            «En un Lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo quevivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocin flaco y galgo corredor. Una olla de algo mas vaca que carnero, salpicon las mas noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algun palomino de añadidura los domingos consumian las tres partes de su hacienda…pero esto importa poco á nuestro cuento, basta que la narración dél no salga un punto de la verdad

           Es pues de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso ( que eran los mas del año) se daba á leer libros de caballerías con tanta aficion y gusto, que olvidó casi de todo punto el exercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda:...

            Tuvo muchas veces competencia con el Cura de su Lugar ( que era hombe docto, graduado en Siguenza) sobre qual había sido mejor caballero, Palmerin de Ingalaterra, ó Amadis de Gaula: mas Maese Nicolas, Barbero del mesmo pueblo, decia que ninguno llegaba al caballero del Febo….En resolucion, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio: y así del poco dormir, y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino á perder el juicio…

            Pero sobre todo estaba bien con Reynaldos de Montalvan, y mas quando le veia salir de su castillo, y robar quantos topaba, y quando en Allende robó aquel ídolo de Mahoma, que era todo de oro, segun dice su historia…

            En efeto rematado ya su juicio, vino á dar en el mas estraño pensamiento, que jamas dió loco en el mundo, y fué que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su República hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo…deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos, cobrase eterno nombre y fama...

 DULCINEA DEL TOBOSO EN ARGAMASILLA DE ALBA.         

Limpias pues sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocin, y confirmándose a sí mismo, se dió á entender, que no le faltaba otra cosa, sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma…

            ¡Ó como se holgó nuestro buen caballero quando hubo hecho este discurso, y mas quando halló á quien dar nombre de su dama! Y fué, á lo que se cree, que en un Lugar cerca del suyo habia una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, ( aunque segun se entiende, ella jamas lo supo, ni le dió cata dello.) Llamábase Aldonza Lorenzo, y á esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos: y buscándole nombre que no desdixese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de Princesa y gran señora, vino á llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso, nombre á su parecer músico y peregrino y significativo como todos los demas, que á él y á sus cosas había puesto .»

LAS LANTEJAS PARA LOS VIERNES DE CUARESMA.

 4.-COMENTARIO.

            La descripción del texto, insinúa algún aspecto relativo a la condición del hidalgo, desde el punto de vista religioso:

            1.- Que no era de la alta nobleza, pero que vivía con cierta holgura, pue entre, otras cosas, añadía «un palomino los domingos» lo que indica tenía el privilegio de poseer palomar, propio de los hidalgos y órdenes religiosas. (cf. Rico 1987a-103) y    

            2.- Que era persona religiosa pues comía «lantejas los viernes», aderezadas con ajos, cebollas y hierbas de las que se decía: «lantejas son malas e melancolicas», guardando así la abstinencia, y dejando el palomino para resaltar la importancia del domingo.

            El autor muestra desde el principio una preocupación que va estar presente a través de todo el relato: «basta que la narración dél no salga un punto de la verdad».

            El problema del hidalgo no estaba en su afición a la lectura de los libros de caballería, muchos los leyeron antes que él.

            El Amadís de Gaula, obra inspirada en las novelas francesas del ciclo artúrico, fue publicada en 1508, por García Rodríguez Montalvo. Del Amadís se hicieron unas treinta ediciones, entre otras novelas de caballería en España y Portugal. Se publicaron con un promedio de casi una por año entre 1508 y 1550; a éstas se añadieron nueve, entre 1550 y 1588, y sólo aparecieron tres más, antes de la publicación del Quijote.

            El éxito de las novelas de caballería es increíble. La Inquisición no se metió con ellas. San Ignacio los lleyó y también santa Teresa.(cf. La Novela en el Siglo de Oro. Ricardo García Cárcel).

            El problema del hidalgo fue que se entregaba al pecado de la ociosidad, pecado que luego reprocharía, así como el abandono del ejercicio de la caza tan necesario para los caballeros dedicados al servicio de las armas, como posteriormente se dirá, (cf. Nº134) «y aun la administración de su hacienda teniendo en cuenta que de él dependían una sobrina, el ama, y dos criados.

            El cura y el barbero, son figuras importantes en la narración. Especialmente el cura queda muy bien parado en la obra. Éste, sin embargo, sale pocas veces en cumplimiento de su misión, aunque era quien tenía la «cura de almas», en el Lugar, de ahí su nombre de cura.

    EL CURA DEL LUGAR GRADUADO EN SIGÜENZA.       

Dice de él que era hombre docto, «graduado en Siguenza»; a los graduados en dicha Universidad los llamaban doctos con cierta ironía.

            La Universidad de Sigüenza era de origen pontificio, aprobada como tal en 1489. En tiempo de Cervantes, posiblemente tenía cátedra de Escritura, Prima, Lugares Teológicos y Teología Escolástica. Se extinguió entre 1807-1833. (cf. Melquiades Andrés: La Teología Española en el Siglo XV. Cap I. T.I B.A.C 1976. Madrid.)

            Los barberos solían hacer también ciertas curas médicas por eso el título de Maese, Maestro, con que es nombrado, título aplicado también a otras profesiones; aparecen así los dos cuidadores del Lugar, el de las almas y el de los cuerpos.

            Estos dos personajes eran sus contertulios y con ellos departía acerca de las hazañas caballerescas, el hidalgo se dice era admirador de Reynaldos de Moltalban uno de los doce pares de Francia, de las gestas francesas que pasó al romancero español adaptado en el Espejos de Caballerías (1, 6, 8, Nº 24) donde aparece «dedicado a robar a los paganos de España» y se narran su aventuras en ultramar. (cf. Gómez- Montero1992 «Don Quijote de la Mancha»).

            La calificación de «ídolo» de la talla de Mahoma, es el primero de los indicios que va a mostrar cual es la postura del autor ante el mundo islámico.

   SE LE SECÓ EL CELEBRO, DE MANERA QUE VINO Á PERDER EL JUICIO.        

El texto hace una síntesis de la naturaleza de la locura de Don Quijote, comienza por decir

            1.- «se le secó el celebro, de manera que vino á perder el juicio.»

            2.- Sigue diciendo en qué consistía su locura: hacerse caballero andante,, resucitando la muerta caballería andante.

             3.- Marca la finalidad de su locura alcanzar: eterno «nombre y fama.» Tal locura, sinténticamente descrita en el capitulo primero, el autor la va a ir perfilando a través de todo el libro, pues se ha puesto como tarea recrear «una nueva orden» así como a su primer «profeso: Don Quijote», como si pretendiera lograr el descrédito de los libros de caballería, escribiendo uno nuevo.

            El hidalgo tomada tal resolución dio los pasos pertinentes para ponerla por obra, sobre todo «confirmándose a sí mismo», que recuerda que en el Sacramento de la Confirmación, según el «Catecismo de Fray Bartolomé de Carranza II, 195,» se decía: «damos Dios armas e instruimos dellas para pelear y defendernos» Era además un sacramento en el que el confirmado podía cambiarse el nombre.

            Tras esta «confirmación» se convenció que no le faltaba «sino buscar una dama de quien enamorarse », pues su falta era «era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma», frases que nos recuerdan los textos bíblicos : «Seréis como olmo sin hojas» (Isaias 1, 30.) «árboles marchitos como en otoño, dos veces muertos y desarraigados» (Epistola de San Judas v.12.).

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ES MUY IMPORTANTE LA LECTURA DEL COMENTARIO DEL CAPÍTULO PUES EN EL SE ENCUENTRA COMENTADO  EL ASPECTO RELIGIOSO DEL CAPITULO

 El cura del Lugar.

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