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CAPITULO X. DE LOS GRACIOSOS RAZONAMIENTOS QUE PASÁRON ENTRE DON QUIXOTE Y SANCHO PANZA SU ESCUDERO.

 1.-NÚMERO 14.

2.-LOCALIZACIÓN.Cap. 10. Parte I. Pág 68.T.I

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 SANCHO DE RODILLAS LE PIDE A DON QUIXOTE CUMPLA SU PROMESA .

3.-TEXTO.

               «Ya en este tiempo se había levantado Sancho Panza algo maltratado de los mozos de los frayles, y habia estado atento á la batalla de su señor, y rogaba á Dios en su corazon, fuese servido de darle victoria , y que en ella ganase alguna Insula de donde le hiciese gobernador, como se lo había prometido.

         Viendo pues ya acabada la pendencia, y que su amo volvia á subir sobre Rocinante, llegó á tenerle el estribo, y ántes que subiese, se hincó de rodillas, y asiéndole de la mano, se la besó y le dixo: sea vuestra merced servido, señor Don Quixote mio, de darme el gobierno de la Ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado…

             Advertid, hermano Sancho, que esta aventura y las à esta semejantes no son aventuras de Ínsulas, sino de encrucijadas, en las quales no se gana otra cosa que sacar rota la cabeza, ó una oreja menos. Tened paciencia, que aventuras se ofrecerán donde no solamente os pueda hacer Gobernador, sino mas adelante.

            Agradecióselo mucho Sancho, y besándole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudó à subir sobre Rocinante, y él subió sobre su asno y comenzó à seguir à su señor, …

SERÍA ACERTADO SEÑOR IRNOS A RETRAER Á ALGUNA IGLESIA.

            Seguíale Sancho á todo el trote de su jumento, pero caminaba tanto Rocinante, que, viéndose quedar atrás, le fué forzoso dar voces á su amo que se aguardase. Hízolo así Don Quixote, teniendo las riendas á Rocinante hasta que llegase su cansado escudero, el qual, en llegando, le dixo: paréceme señor, que sería acertado irnos á retraer á alguna Iglesia, que segun quedó mal parado aquel con quien os combatísteis, no será mucho que dén noticia del caso á la santa Hermandad, y nos prendan : y á fe que si lo hacen, que primero salgamos de la carcel, que nos ha de sudar el hopo.

   SANTA HERMANDAD NUEVA.         

Calla dixo Don Quixote ¿ y donde has visto tú ó leido jamas, que caballero andante haya sido puesto ante la justicia por más homicidios que haya cometido? Yo no sé nada de omecillos respondió Sancho…solo sé que la santa Hermandad tiene que ver con los que pelean en el campo, y en esotro no me entremeto.

             Pues no tengas pena, amigo, respondió Don Quixote, que yo te sacaré de las manos de los Caldeos, quanto mas de las de la Hermandad. Pero dime por tu vida ¿ has tú visto mas valeroso caballero que yo en todo lo descubierto de la tierra?… la verdad sea, respondió Sancho,… mas lo que osaré apostar es, que mas atrevido amo que vuestra merced, yo no he servido en todos los dias de mi vida, y quiera Dios que estos atrevimientos no se paguen donde tengo dicho.

  SANCHO PREPARA LAS HILAS PARA CURAR A DON QUIXOTE.         

Lo que le ruego á vuestra merced es que se cure, que le va mucha sangre de esa oreja, que aquí traigo hilas y un poco de ungüento blanco en las alforjas.

            Todo eso fuera bien escusado, respondió Don Quixote si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás , que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas…

            Pecador de mí, replicó Sancho, pues ¿a qué aguarda vuestra merced á hacelle y á enseñármele?…Calla, amigo, respondió Don Quixote, que mayores secretos pienso enseñarte, y mayores mercedes hacerte: y por agora, curémonos, que la oreja me duele mas de lo que yo quisiera.

            Sacó Sancho de las alforjas hilas y ungüento mas quando D. Quixote llegó á ver rota su celada, pensó perder el juicio, y puesta la mano en la espada, y alzando los ojos al cielo dixo: yo hago juramento al Criador de todas las cosas, y á los santos quatro Evangelios, donde mas largamente estan escritos, de hacer la vida que hizo el grande Marques de Mantua quando juró de vengar la muerte de su sobrino Valdovinos: que fué de no comer pan á manteles, ni con su muger folgar…hasta tomar venganza del que tal desaguisado me fizo.

            Oyendo esto Sancho le dixo,advierta vuestra merced , señor Don Quixote,que si el caballero cumplió lo que se le dexó ordenado… ya habrá cumplido con lo que debía, y no merece otra pena , sino comete nuevo delito.

 UN JURAMENTO EN PARTE FALLIDO.

            Has hablado y apuntado muy bien, respondió Don Quijote, y así anulo el juramento en lo que toca á tomar dèl nueva venganza, y confírmole de nuevo de hacer la vida que he dicho, hasta tanto quite por la fuerza otra celada tal y tan buen á como esta á algun caballero...

            .Que dé al diablo vuestra merced tales juramentos, señor mio, replicó Sancho,que son muy en daño a salud, y muy en perjuicio de la conciencia… Mire vuestra merced bien, que por estos caminos no andan hombres armados, sino arrieros y carreteros que no solo no traen celada; pero que quizá no las han oido nombrar en todos los dias de su vida.

             Engáñaste en eso dixo Don Quixote, porque no habremos estado dos horas por estas encrucijadas, quando veamos mas armados que los que viniéron sobre Albraca á la conquista de Angélica la Bella.

            Alto pues, sea así, dixo Sancho, y a Dios prazga, que nos suceda bien, y que se llegue ya el tiempo de ganar esa Insula, que tan cara me cuesta, y muérame yo luego…

            Pero dexemos esto para su tiempo,dixo Don Quixote, y mira si traes algo en esas alforjas que comamos, porque vamos luego en busca de algun castillo donde nos alojemos esta noche y hagamos el bálsamo que te he dicho, porque te voto á Dios que me va doliendo mucho la oreja».

 4.-COMENTARIO.

  Sancho tiene «in mente» la promesa que Don Quijote le ha hecho de hacerlo Gobernador. Por eso ruega a Dios en silencio: 1.- «fuese servido de darle victoria», y 2.- «y que en ella ganase alguna Insula de donde le hiciese gobernador, como se lo había prometido».Viendo Sancho que la primera parte de su oración ha sido escuchada, considera que también lo debe haber sido la segunda.

            Acabada la pendencia, se llegó a tenerle el estribo, puesto de rodillas, y a besarle la mano, todo ello en señal de vasallaje, y considera que es ese el momento de decirle: «sea vuestra merced servido, señor Don Quixote mio, de darme el gobierno de la Ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado…».

            Sancho da por hecho que la Insula se ha ganado y seguramente no sólo por obra de Don Quijote sino por la ayuda que Dios le ha prestado gracias a su oración. Sancho, además de su interés, todavía sigue demostrando «tener poca sal en la mollera».

            De inmediato dice Sancho: «paréceme señor, que sería acertado irnos á retraer á alguna Iglesia, que segun quedó mal parado aquel con quien os combatísteis, no será mucho que dén noticia del caso á la santa Hermandad, y nos prendan».

 REFUGIADOS EN UN TEMPLO.        

          El «derecho de refugio» en una iglesia, que existió durante siglos y fue defendido a ultranza por la Iglesia Católica, mientras las legislaciones de casi todos países lo fueron suprimiendo a lo largo del siglo XIX, fue definitivamente abolido del Derecho Canónico por Juan Pablo II en 1983.

            El artículo 1179 del Código permitía a un creyente perseguido por la comisión de un presunto delito, con el acuerdo del obispo local, refugiarse en un lugar sagrado y eventualmente pagar su falta con penas espirituales.

            Por la respuesta de Don Quijote: «¿y donde has visto tú ó leido jamas, que caballero andante haya sido puesto ante la justicia por más homicidios que haya cometido?» bien se ve la dignidad divina de la que se siente investido «como ministros de Dios» dirá en otro lugar. (Cf. Nº.18).

            El hopo: pelo, espalda.

            Lo de los Caldeos es una alusión bíblica. (cf. Jeremias, 32,28 y 43,3).

Son los Reyes Católicos los que crearon la Santa Hermandad Nueva. Ésta constituyó un eficaz instrumento en manos de los Reyes Católicos contribuyendo al fortalecimiento de la autoridad real y al mantenimiento de la justicia y el orden público, llegando su poder hasta el último rincón del reino.

            No hay duda de que los Reyes Católicos, supieron ensamblar la acción policial con la militar, apoyarse decididamente en el pueblo, darles efectiva protección y reducir al mínimo las ambiciones y poder de la nobleza.

            Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas del Reino, en quién los Reyes Católicos confiaron la reorganización de la Santa Hermandad, y como resultado de la junta general de la misma, celebrada el 15 de Enero de 1488, organizó levas cuya fuerza se elevó á diez mil infantes, y entre ellos se eligieron trescientos espingarderos y setecientos piqueros.

            Se dividió este cuerpo en doce capitanías. Cada compañía constaba de setecientos veinte lanceros, ochenta espingarderos veinte y cuatro cuadrilleros, ocho atambores, y un abanderado, contando cada compañía con 833 plazas. Había además un capitán general, un alcaide , un contador y un tesorero que junto con las plazas de las 12 compañías constituían las 10.000 plazas aprobadas.

            Los cuadrilleros, cabos de escuadra, tenían a su cargo, como subalternos de los capitanes, la instrucción, policía y disciplina , tanto en los aposentos y campos como en las marchas y orden de combate. por los abusos y, en muchos casos, por la brutalidad de sus componentes.

            El traje de los soldados de la Hermandad era muy sencillo. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro batido, pero ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte. (Cf. Historia de la Santa Hermandad. Juan José Torres).

            Don Quijote no sólo no siente ningún temor a la amenaza de la Santa Hermandad sino que toma ocasión de la derrota del vizcaíno para ufanarse de su destreza en el uso de las armas y de su valor ante Sancho.

            Sancho en cambio, sigue también con su temor, poniendo en manos de Dios el feliz resultado de los atrevimientos de su amo.

            La frase «y puesta la mano en la espada», como si fuera una cruz «y alzando los ojos al cielo dixo: yo hago juramento al Criador de todas las cosas, y á los santos quatro Evangelios», añade como coletilla «donde mas largamente están escritos», al uso de lo que solían utilizar los escribanos cuando se trataba de documentos que necesitaban reforzar con un nuevo testimonio.

            No es nada probable que Cervantes esté interpretando la palabra Evangelio en su doble acepción: Evangelio = Buena Noticia y Evangelios = Libros donde se contiene esta Buena Noticia.

            Sancho se refiere al juramento que ha hecho Don Quijote de hacer la vida que hizo el Marqués de Mantua hasta que no se vengue por completo del vizcaíno, es el mismo Sancho quien le recuerda que si ya cumplió la promesa de ir a ver a Dulcinea, ya queda libre de venganzas.

            Así lo reconoce su amo, por más que renueva su propósito de conservar la primera parte del juramento; es en ese momento en el que Sancho le dice: «Que dé al diablo vuestra merced tales juramentos, señor mio, replicó Sancho, que son muy en daño de la salud, y muy en perjuicio de la conciencia...». Pues deberá cumplirlos tal como manda el segundo mandamiento de la ley de Dios.

«Y a Dios plazga», quiera Dios que así sea.

            El tema de Angélica se refiere a un episodio de «Orlando innamorato» I,10.

  VÉANTE MIS OJOS DULCE JESÚS BUENO…

          «El muérame yo luego», que dice Sancho,  recuerda un villancico que ya se cantaba en el siglo XVI: Veante mis ojos, /dulce Jesús bueno/ veante mis ojos / y muérame yo luego.

            El bálsamo al que se refiere «votando A Dios» es al de Fierabrás, con el que «ni hay que pensar morir de ferida alguna». Más adelante veremos el efecto que le produce a Don Quijote y también a Sancho. (cf. Nº.23).

            Es de notar que el autor va perfilando cada vez más la figura de Sancho, el cual lentamente se va impregnando de saber y actuar como en los libros de caballeria.

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ES IMPORTANTE LA LECTURA DE LOS COMENTARIOS PUES EN ELLOS SE TRATA DEL ASPECTO RELIGIOSO DE LOS CAPÍTULOS.

El Cura del Lugar.

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