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MARITORMES EN BRAZOS DE DON QUIJOTE.

CAPITULO XVI.- DE LO QUE SUCEDIÓ AL INGENIOSO HIDALGO EN LA VENTA QUE ÉL IMAGINABA CASTILLO.

  1.-NÚMERO 22.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.16.Parte I.Pág. 123. a 132.T.I

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

             «El ventero, que vió á Don Quixote atravesado en el asno, preguntó a Sancho que mal traia. Sancho le respondió que no era nada, sino que había dado una caída de una peña abaxo, y que venia algo abrumadas las costillas.

            Tenía el ventero por muger á una, no de la condición que suelen tener las de semejante trato, porque naturalmente era caritativa, y se dolía de las calamidades de sus próximos: y así acudió luego á curar á Don Quixote, y hizo que una hija suya doncella, muchacha y de buen parecer, le ayudase á curar á su huésped…

   Servía en la venta asimismo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote,de nariz roma, del un ojo tuerta, y del otrono muy sana:…Esta gentil moza pues ayudó á la doncella, y las dos hiciéron una muy mala cama á Don Quixote en un camaranchon …en el qual tambien alojaba un arriero, que tenia su cama hecha un poco mas allá de la de nuestro Don Quixote…la asturiana Maritornes curó á Sancho que no menos lo había menester que su amo.

            Había el arriero concertado con ella, que aquella noche se refocilaran juntos, y ella le habia dado palabra de que en estando sosegados los huéspedes, yurmiendo sus amos le iría á buscar, y satisfacerle el gusto en quanto le mandase.    Y cuéntase de esta buena moza, que jamas dió semejantes palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo alguno, porque presumía muy de hidalga, y no tenía por afrenta estar en aquel exercicio de servir en la venta: porque decia ella, que desgracias y malos sucesos la habían traido á aquel estado».

 

LA VENTA DE PUERTO LÁPICE. C. REAL. ESPAÑA.

4.-COMENTARIO.

             Esta es la segunda venta a la que llegan D. Quijote y Sancho, también en este caso D. Quijote«imagina ser castillo». Continua de esta forma confundiendo la realidad a la luz de las aventuras leidas en los libros de caballería.

Sancho preguntado por el ventero le responde con una mentira, diciéndole que las magulladas costillas de su amo proceden de una caída; defendía así la honra de Don Quijote.

            La descripción que de la mujer del ventero hace el narrador no puede ser mejor, «Tenía el ventero por muger á una, no de la condición que suelen tener la de semejante trato, porque naturalmente era caritativa, y se dolía de las calamidades de sus próximos: y así acudió luego á curar á Don Quixote», tal comportamiento en una ventera lo que el autor considera una excepción.

            Es significativo que la buena calificación que el narrador da a la esposa del ventero no sea en este caso por su honestidad, que es la virtud que en la obra se señala como la que más engrandece a la mujer, (cf. Nºs 20 y 54) sino la de la caridad y el saberse compadecer de las dolencias del prójimo.

            Aunque esta condición no se debía a su virtud pues era naturalmente caritativa.

            El texto anuncia que en esta segunda venta puede suceder una aventura erótica.     

            Este acontecimiento erótico vendría después del acaecido con Rocinante y las yeguas de los yangüeses.

            En ésta era Maritormes, la que ejercía como las del partido (cf. Nº 2) que encontramos en la primera venta, camino de Sevilla. Lo que corrobora lo allí dicho de lo extendida que estaba la prostitución, de su permisividad y de la doctrina «del mal menor» que la justificaba, y no sólo en las mancebías; las ventas y otros lugares, eran asimismo, sitios de tales encuentros.

            En este caso «Había el arriero concertado con ella, que aquella noche se refocilaran juntos». De ella dice el narrador que «no tenía por afrenta estar en aquel exercicio de servir en la venta: porque decia ella, que desgracias y malos sucesos la habían traido á aquel estado».

            El arriero y Maritormes no pudieron refocilarse porque D. Quijote echado en su cama, estando en vigilia al ver llegar a la sigilosa Maritornes, pensó que era la hija del ventero, que de él enamorada, venía a echarse en sus brazos; él la abrazó, la llenó de requiebros, aunque disculpándose de no poderla satisfacer por la fidelidad que le debía a su dama.

             El arriero que se dio cuenta que le estaban sujetando a la que en su busca venía, se arrojó sobre Don Quijote le dio de puñetazos, le pataleó las costillas dejándolo medio muerto.

  EL ALBOROTO QUE GUSTAVO DORÉ REFLEJÓ EN ESTA ESCENA.

          El alboroto que se armó despertó al ventero quien sospechando que debían ser pendencias de Maritormes, encendió un candil y se fue al camarachón donde había oído la pelaza.

            Maritormes viendo que su amo venía, se metió en la cama de Sancho, que dormía, allí se acurucó y se hizo un ovillo. El ventero entró diciendo: ¿adonde estás puta? En esto se despertó Sancho y sintiendo aquel bulto casi encima de si, camenzó a dar puñadas a una y otra parte, alcanzando a Maritormes, la cual se revolvió devolviéndole a Sancho los golpes.

 EL CUADRILLERO DE LA SANTA HERMANDAD.

           Un cuadrillero de la Santa Hermandad Vieja de Toledo que estaba en la venta, oyendo el ruido, se presentó en el camarachón y con quien primero se topó fue con Don Quijote que estaba boca arriba tendido en la cama y sin sentido, dándolo por muerto, y con esta sospecha se cuidó de que cerrasen la puerta de la venta para que no salera nadie «que han muerto un hombre».

             Al final se quedaron solos con el cuadrillero, Sancho y Don Quijote, bien mamporreados.

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