MATRIMONIO Y FAMILIA EN EL QUIJOTE

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DON QUIJOTE EN BUSCA DEL AMOR TOTAL.

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MATRIMONIO Y FAMILIA EN EL QUIJOTE Francisco Javier Sanzol Díez e-mail: pachisanzol@gmail.com

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Resumen.

El artículo hace una revisión de las enseñanzas del Quijote sobre el matrimonio y la familia. Cervantes se muestra en él como un genial conocedor del derecho matrimonial: sus planteamientos tienen pleno valor actual, como puede observarse en su tratamiento de las propiedades esenciales del matrimonio o del consentimiento como causa eficiente del mismo.

Palabras clave: matrimonio, yugo, lazo ,vínculo, libertad de elección, consentimiento, indisoluble, fidelidad, educación

Abstract.

This work is a review of Quixote´s teachings about the family and matrimony. Cervantes reveals himself in this literary work as a perfect connoisseur of the matrimonial law: his proposals are fully valid nowadays, as can be seen in his use of the essential properties of the matrimony or the consent as an efficient cause of the marriage.

Keywords:marriage, mariage tie, family bond, freedom of choice, consent, indisoluble, fidelity, education.

Índice. Resumen Palabras clave Abstract Índice Keywords

a) Matrimonio: institución y propiedades esenciales

b) El matrimonio como lazo, yugo o nudo

c) Sobre la libertad en la elección de estado matrimonial  y la importancia de aconsejarse.

d) Casamientos desiguales

e) Casarse en haz y en pazf.

) El matrimonio lo hace el consentimiento.

g) Sobre el  amor humano

h) En el matrimonio, los esposos se deben querer con sus defectos

i) Educación de los hijos

j) La forma del matrimonio

k) El matrimonio, vocación a la santidad.

 Bibliografía

 

CREACIÓN DE LA MUJER. EZEQUIEL CANO. PARROQUIA DE LA ASUNCIÓN DE MIGUELTURRA.

a) Matrimonio: institución y propiedades esenciales

*Recojo una frase de la “Novela del Curioso impertinente”. Anselmo requiere a su amigo Lotario para que pruebe la fidelidad de su mujer Camila. Ante esta petición le dice Lotario:

“Y no te canses de oírme, que todo ha de redundar en tu provecho. Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal, dice la divina Escritura que infundió Dios sueño en Adán y que, estando durmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la cual formó a nuestra madre Eva; y así como Adán despertó y la miró, dijo: «Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos»; y Dios dijo: «Por esta dejará el hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne misma». Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos, que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma carne, y aún hace más en los buenos casados: que, aunque tienen dos almas, no tienen más de una voluntad.[1]

LA IGLESIA COMO  CUERPO MÍSTICO DE CRISTO

Y de aquí viene que, como la carne de la esposa sea una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen o los defectos que se procura redundan en la carne del marido, aunque él no haya dado, como queda dicho, ocasión para aquel daño.

Porque así como el dolor del pie o de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo, por ser todo de una carne mesma, y la cabeza siente el daño del tobillo, sin que ella se le haya causado, así el marido es participante de la deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella; y como las honras y deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de la mujer mala sean deste género, es forzoso que al marido le quepa parte dellas y sea tenido por deshonrado sin que él lo sepa.

Mira, pues, ¡oh Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu buena esposa vive; mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieres revolver los humores que ahora están sosegados en el pecho de tu casta esposa; advierte que lo que aventuras a ganar es poco y que lo que perderás será tanto, que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabras para encarecerlo.

Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu mal propósito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura, que yo no pienso serlo aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor pérdida que imaginar puedo” (I, 33).

LAS BODAS DE CAMACHO.

*Palabras de don Quijote mientras se dirigen a las bodas de Camacho:

“Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse; pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido?

La de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve o se trueca o cambia, porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que, si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que, si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle[2]. Muchas más cosas pudiera decir en esta materia, si no lo estorbara el deseo que tengo de saber si le queda más que decir al señor licenciado acerca de la historia de Basilio.(II, 19).”

RITO DEL YUGO SIMBOLIZADO EN EL CORDÓN EN LA LITURGIA CATÓLICA DEL MATRIMONIO.

b) El matrimonio como lazo, yugo o nudo.

Cervantes, cuando se refiere al matrimonio, como unión de los esposos, utiliza la palabra  lazo, nudo o yugo. Se aprecia la influencia del  Concilio de Trento, que estaba aplicando las normas sobre el matrimonio en la época que se escribió el Quijote, tanto la 1ª parte -1605-, como la segunda parte -1616-[3],

“Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con taleslazos, que sola la muerte puede desatarlos” (I, 33)

es un lazo que, si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que, si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle” (II, 19)

*Frase de la canción del cabrero Antonio

Coyundas tiene la Iglesia que son lazadas de sirgo; pon tú el cuello en la gamella: verás como pongo el mío[4]. (I, 11).

c) Sobre la libertad en la elección de estado matrimonial  y la importancia de aconsejarse.

En el Quijote se defiende la libertad (en especial de la mujer), para casarse; no puede ser forzada contra su voluntad; al mismo tiempo se acentúa la importancia de aconsejarse en algo tan importante, como es el matrimonio. Pedir consejo especialmente a los padres. Recojo varias escenas:

 *Uno de los cabreros llamado Pedro explica a don Quijote la vida de Marcela, hija de Guillermo el rico:

“De pesar de la muerte de tan buena mujer, murió su marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacía acordar de la de su madre, que la tuvo muy grande; y, con todo esto, se juzgaba que le había de pasar la de la hija.

Y así fue, que cuando llegó a edad de catorce a quince años nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella.

Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que así por ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tío se la diese por mujer. Mas él, que a las derechas es buen cristiano, aunque quisiera casarla luego, así como la vía de edad, no quiso hacerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la ganancia y granjería que le ofrecía el tener la hacienda de la moza dilatando su casamiento. Y a fe que se dijo esto en más de un corrillo en el pueblo, en alabanza del buen sacerdote; que quiero que sepa, señor andante, que en estos lugares cortos de todo se trata y de todo se murmura, y tened para vos, como yo tengo para mí, que debía de ser demasiadamente bueno el clérigo que obliga a sus feligreses a que digan bien dél, especialmente en las aldeas.(…) Con estas que daba, al parecer, justas escusas, dejaba el tío de importunarla y esperaba a que entrase algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su gusto. Porque decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad (I,12)

 *Marcela ha decidido hacerse zagala o pastora, y señala como ella no es responsable del triste destino de Grisóstomo, ya que no le dio esperanzas de ser su esposa. El personaje de Marcela subraya la libertad de la mujer para decidir su futuro, con independencia de los requerimientos masculinos:

APARICIÓN DE LA PASTORA MARCELA.

No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho —respondió Marcela— , sino a volver por mí mismo y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan; y, así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos.

Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo».

BELLEZA EXTERIOR E INTERIOR EN LA PASTORA MARCELA

Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosura enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar, porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso.

Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella.

LA VÍBORA Y SU VENENO.

Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa, que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso.

Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda?

Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. (II, 14).

DON QUIJOTE HABLANDO A SANCHO SOBRE EL VERDADERO AMOR.

 *Palabras de don Quijote mientras se dirigen a las bodas de Camacho; importancia de pedir consejo:

 “Si todos los que bien se quieren se hubiesen de casar —dijo don Quijote—, quitaríase  la  elección  y  jurisdicción a los padres de casar sus hijos con quien y cuando deben, y si a la voluntad de las hijas quedase escoger los maridos, tal habría que escogiese al criado de su padre, y tal al que vio pasar por la calle, a su parecer, bizarro y entonado, aunque fuese un desbaratado espadachín : que el amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento, tan necesarios para escoger estado, y el del matrimonio está muy a peligro de errarse, y es menester gran tiento y particular favor del cielo para acertarle”[5](II,19)

*Palabras de Luscinda a Cardenio:

“Cada día descubro en vos valores que me obligan y fuerzan a que en más os estime; y, así, si quisiéredes sacarme desta deuda sin ejecutarme en la honra, lo podréis muy bien hacer. Padre tengo, que os conoce y que me quiere bien, el cual, sin forzar mi voluntad, cumplirá la que será justo que vos tengáis, si es que me estimáis como decís y como yo creo”.(I, 27)

LOS CONSEJOS DE DON QUIJOTE.

*Diálogo entre don Quijote y Eugenio; importancia de la libertad de elección y pedir consejo:

“La riqueza del padre y la belleza de la hija movieron a muchos, así del pueblo como forasteros, a que por mujer se la pidiesen; mas él, como a quien tocaba disponer de tan rica joya, andaba confuso, sin saber determinarse a quién la entregaría de los infinitos que le importunaban.

Y entre los muchos que tan buen deseo tenían fui yo uno, a quien dieron muchas y grandes esperanzas de buen suceso conocer que el padre conocía quién yo era, el ser natural del mismo pueblo, limpio en sangre, en la edad floreciente, en la hacienda muy rico y en el ingenio no menos acabado.

Con todas estas mismas partes la pidió también otro del mismo pueblo, que fue causa de suspender y poner en balanza la voluntad del padre, a quien parecía que con cualquiera de nosotros estaba su hija bien empleada; y, por salir desta confusión, determinó decírselo a Leandra, que así se llama la rica que en miseria me tiene puesto, advirtiendo que, pues los dos éramos iguales, era bien dejar a la voluntad de su querida hija el escoger a su gusto, cosa digna de imitar de todos los padres que a sus hijos quieren poner en estado: no digo yo que los dejen escoger en cosas ruines y malas, sino que se las propongan buenas , y de las buenas, que escojan a su gusto[6].

No sé yo el que tuvo Leandra, solo sé que el padre nos entretuvo a entrambos con la poca edad de su hija y con palabras generales, que ni le obligaban ni nos desobligaban  tampoco. Llámase mi competidor Anselmo, y yo Eugenio, porque vais con noticia de los nombres de las personas que en esta tragedia se contienen, cuyo fin aún está pendiente, pero bien se deja entender que ha de ser desastrado.(I, 51).

d) Casamientos desiguales.

En el Quijote está desaconsejados los casamientos desiguales; es decir los matrimonios entre personas de situaciones sociales distintas o de culturas distintas. Recojo dos escenas:

*Palabras de Dorotea, que fue engañada por don Fernando:

Sea lo que fuere —respondió Dorotea—, lo que en mi cuento pasa fue que tomando don Fernando una imagen que en aquel aposento estaba la puso por testigo de nuestro desposorio; con palabras eficacísimas y juramentos estraordinarios me dio la palabra de ser mi marido, puesto que antes que acabase de decirlas le dije que mirase bien lo que hacía y que considerase el enojo que su padre había de recebir de verle casado con una villana, vasalla suya; que no le cegase mi hermosura, tal cual era, pues no era bastante para hallar en ella disculpa de su yerro, y que si algún bien me quería hacer, por el amor que me tenía, fuese dejar correr mi suerte a lo igual de lo que mi calidad podía, porque nunca los tan desiguales casamientos se gozan ni duran mucho en aquel gusto con que se comienzan.”(I, 28).

LAS ASPIRACIONES DE LOS ESPOSOS PARA SUS HIJOS .

*Diálogo entre Sancho y su esposa Teresa. Sancho quiere casar a su hija Mari Sancha con una persona importante cuando sea gobernador de una ínsula; su esposa Teresa, en cambio, quiere que se case con un vecino, llamado Lope Tocho, de igual condición:

Yo os digo, mujer —respondió Sancho—, que si no pensase antes de mucho tiempo verme gobernador de una ínsula, aquí me caería muerto.

Eso no, marido mío —dijo Teresa—, viva la gallina, aunque sea con su pepita: vivid vos, y llévese el diablo cuantos gobiernos hay en el mundo; sin gobierno salistes del vientre de vuestra madre, sin gobierno habéis vivido hasta ahora y sin gobierno os iréis  o os llevarán, a la sepultura cuando Dios fuere servido.

Como esos hay en el mundo que viven sin gobierno y no por eso dejan de vivir y de ser contados en el número de las gentes. La mejor salsa del mundo es la hambre; y como esta no falta a los pobres, siempre comen con gusto. Pero mirad, Sancho, si por ventura os viéredes con algún gobierno, no os olvidéis de mí y de vuestros hijos.

Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia. Mirad también que Mari Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos: que me va dando barruntos que desea tanto tener marido como vos deseáis veros con gobierno, y en fin, en fin, mejor parece la hija mal casada que bien abarraganada.

A buena fe —respondió Sancho— que si Dios me llega a tener algo qué de gobierno, que tengo de casar, mujer mía, a Mari Sancha tan altamente, que no la alcancen sino con llamarla «señoría».

Eso no, Sancho —respondió Teresa—: casadla con su igual, que es lo más acertado; que si de los zuecos la sacáis a chapines, y de saya parda de catorceno a verdugado y saboyanas de seda, y de una Marica y un tú a una doña tal y señoría, no se ha de hallar la mochacha, y a cada paso ha de caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grosera.

Calla, boba —dijo Sancho—, que todo será usarlo dos o tres años, que después le vendrá el señorío y la gravedad como de molde; y cuando no, ¿qué importa? Séase ella señoría, y venga lo que viniere.

Medíos, Sancho, con vuestro estado —respondió Teresa—, no os queráis alzar a mayores y advertid al refrán que dice: «Al hijo de tu vecino, límpiale las narices y métele en tu casa». ¡Por cierto que sería gentil cosa casar a nuestra María con un condazo, o con caballerote que cuando se le antojase la pusiese como nueva, llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelarruecas! ¡No en mis días, marido! ¡Para eso, por cierto, he criado yo a mi hija!

Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dejadlo a mi cargo, que ahí está Lope Tocho, el hijo de Juan Tocho, mozo rollizo y sano, y que le conocemos y sé que no mira de mal ojo a la mochacha; y con este, que es nuestro igual, estará bien casada, y le tendremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos unos, padres y hijos, nietos y yernos, y andará la paz y la bendición de Dios entre todos nosotros; y no casármela vos ahora en esas cortes y en esos palacios grandes, adonde ni a ella la entiendan ni ella se entienda(II, 5).

PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN DE MIGUELTURRA. PROVINCIA DE C. REAL. ESPAÑA.

e) Casarse en haz y en paz.

*Sancho, como gobernador de la ínsula de Barataria, juzga un litigio de un labrador de Miguel Turra:

“Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra, un lugar que está dos leguas de Ciudad Real.

¡Otro Tirteafuera tenemos! —dijo Sancho—. Decid, hermano, que lo que yo os sé decir es que sé muy bien a Miguel Turra y que no está muy lejos de mi pueblo.

Es, pues, el caso, señor —prosiguió el labrador—, que yo, por la misericordia de Dios, soy casado en paz y en haz de la santa Iglesia Católica Romana[7]; tengo dos hijos estudiantes, que el menor estudia para bachiller y el mayor para licenciado; soy viudo, porque se murió mi mujer, o, por mejor decir, me la mató un mal médico, que la purgó estando preñada, y si Dios fuera servido que saliera a luz el parto y fuera hijo, yo le pusiera a estudiar para doctor, porque no tuviera invidia a sus hermanos el bachiller y el licenciado. (II, 47)

*Doña Rodríguez, la dueña de los duques, le cuenta a don Quijote su vida:

“No tratamos tan secretamente nuestros amores, que no viniesen a noticia de mi señora, la cual, por escusar dimes y diretes, nos casó en paz y en haz de la santa madre Iglesia Católica Romana, de cuyo matrimonio nació una hija para rematar con mi ventura, si alguna tenía, no porque yo muriese del parto, que le tuve derecho y en sazón, sino porque desde allí a poco murió mi esposo de un cierto espanto que tuvo, que, a tener ahora lugar para contarle, yo sé que vuestra merced se admirara” (II, 48).

f) El matrimonio lo hace el consentimiento.

*Basilio y Quiteria se dan mutuamente el consentimiento. A pesar de la treta de Basilio, el matrimonio es válido, ya que Quiteria quería casarse con Basilio y no con Camacho:

“Entonces la hermosa Quiteria, sin responder palabra alguna, turbada, al parecer triste y pesarosa, llegó donde Basilio estaba ya los ojos vueltos, el aliento corto y apresurado, murmurando entre los dientes el nombre de Quiteria, dando muestras de morir como gentil, y no como cristiano. Llegó, en fin, Quiteria y, puesta de rodillas, le pidió la mano por señas, y no por palabras. Desencajó los ojos Basilio y, mirándola atentamente, le dijo:

¡Oh Quiteria, que has venido a ser piadosa a tiempo cuando tu piedad ha de servir de cuchillo que me acabe de quitar la vida, pues ya no tengo fuerzas para llevar la gloria que me das en escogerme por tuyo, ni para suspender el dolor que tan apriesa me va cubriendo los ojos con la espantosa sombra de la muerte! Lo que te suplico es, ¡oh fatal estrella mía!, que la mano que me pides y quieres darme no sea por cumplimiento, ni para engañarme de nuevo, sino que confieses y digas que, sin hacer fuerza a tu voluntad, me la entregas y me la das como a tu legítimo esposo; pues no es razón que en un trance como este me engañes, ni uses de fingimientos con quien tantas verdades ha tratado contigo.

EL DESMAYO DE QUITERIA.

Entre estas razones, se desmayaba, de modo que todos los presentes pensaban que cada desmayo se había de llevar el alma consigo. Quiteria, toda honesta y toda vergonzosa, asiendo con su derecha mano la de Basilio, le dijo:

Ninguna fuerza fuera bastante a torcer mi voluntad; y, así, con la más libre que tengo te doy la mano de legítima esposa y recibo la tuya, si es que me la das de tu libre albedrío, sin que la turbe ni contraste la calamidad en que tu discurso acelerado te ha puesto.

Sí doy —respondió Basilio—, no turbado ni confuso, sino con el claro entendimiento que el cielo quiso darme, y así me doy y me entrego por tu esposo.

Y yo por tu esposa[8] —respondió Quiteria—, ahora vivas largos años, ahora te lleven de mis brazos a la sepultura.

Para estar tan herido este mancebo —dijo a este punto Sancho Panza—, mucho habla: háganle que se deje de requiebros y que atienda a su alma, que a mi parecer más la tiene en la lengua que en los dientes.

Estando, pues, asidos de las manos Basilio y Quiteria, el cura, tierno y lloroso, los echó  la bendición y pidió al cielo diese buen poso al alma del nuevo desposado. El cual, así como recibió la bendición, con presta ligereza se levantó en pie, y con no vista desenvoltura se sacó el estoque, a quien servía de vaina su cuerpo. Quedaron todos los circunstantes admirados, y algunos dellos, más simples que curiosos, en altas voces comenzaron a decir:

¡Milagro, milagro!

Pero Basilio replicó:

¡No milagro, milagro, sino industria, industria!

DON QUIJOTE DEFIENDE A BASILIO

El cura, desatentado y atónito, acudió con ambas manos a tentar la herida, y halló que la cuchilla había pasado, no por la carne y costillas de Basilio, sino por un cañón hueco de hierro que, lleno de sangre, en aquel lugar bien acomodado tenía, preparada la sangre, según después se supo, de modo que no se helase.

Finalmente, el cura y Camacho con todos los más circunstantes se tuvieron por burlados y escarnidos. La esposa no dio muestras de pesarle de la burla, antes oyendo decir que aquel casamiento, por haber sido engañoso, no había de ser valedero, dijo que ella le confirmaba de nuevo, de lo cual coligieron todos que de consentimiento y sabiduría de los dos se había trazado aquel caso” (I, 21)

*Cardenio está enamorado de Luscinda, quien, enloquecido por la supuesta traición  de ésta y de don Fernando, se refugia en Sierra Morena. Allí se encontrará con don Quijote y también con el cura y el barbero. Sin embargo, el empeño de don Fernando no podrá realizarse y se reunirá Cardenio con su amada Luscinda:

Digo pueds , prosiguió Cardeño estando todos en la sala, entró el cura de la parroquia y, tomando a los dos por la mano para hacer lo que en tal acto se requiere, al decir: «¿Queréis, señora Luscinda, al señor don Fernando, que está presente, por vuestro legítimo esposo, como lo manda la Santa Madre Iglesia?», yo saqué toda la cabeza y cuello de entre los tapices y con atentísimos oídos y alma turbada me puse a escuchar lo que Luscinda respondía, esperando de su respuesta la sentencia de mi muerte o la confirmación de mi vida. ¡Oh, quién se atreviera a salir entonces, diciendo a voces!:

CARDENIO Y LUSCINDA.,

«¡Ah Luscinda, Luscinda! Mira lo que haces, considera lo que me debes, mira que eres mía y que no puedes ser de otro. Advierte que el decir tú sí y el acabárseme la vida ha de ser todo a un punto. ¡Ah traidor don Fernando, robador de mi gloria, muerte de mi vida! ¿Qué quieres? ¿Qué pretendes? Considera que no puedes cristianamente llegar al fin de tus deseos, porque Luscinda es mi esposa y yo soy su marido».

¡Ah, loco de mí! ¡Ahora que estoy ausente y lejos del peligro, digo que había de hacer lo que no hice! ¡Ahora que dejé robar mi cara prenda, maldigo al robador, de quien pudiera vengarme si tuviera corazón para ello, como le tengo para quejarme!

En fin, pues fui entonces cobarde y necio, no es mucho que muera ahora corrido, arrepentido y loco. Estaba esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen espacio en darla, y cuando yo pensé que sacaba la daga para acreditarse o desataba la lengua para decir alguna verdad o desengaño que en mi provecho redundase, oigo que dijo con voz desmayada y flaca «Sí quiero», y lo mesmo dijo don Fernando y dándole el anillo, quedaron en indisoluble nudo ligados.”

DOS CORAZONES QUE SE UNEN PARA CON-VIVIR.                                                                                                                                     

 g.-) Sobre el Amor humano.                                                                                                                                               

 *Don Quijote y Sancho se encuentran con dos estudiantes y dos labradores que les invitan a las bodas de Quiteria la hermosa y Camacho el rico; se enteran de que la primera está enamorada desde niña de Basilio el pobre, pero que su enlace ha sido impedido por el padre de Quiteria.

El tema es aprovechado por el hidalgo manchego y su escudero para conversar acerca del matrimonio y de la manera que influyen en el mismo las diferencias sociales. Recojo unas palabras de Sancho acerca del amor humano:

“Denme a mí que Quiteria quiera de buen corazón y de buena voluntad a Basilio, que yo le daré a él un saco de buena ventura: que el amor, según yo he oído decir, mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas” (II, 19).

UN BUEN MOMENTO PARA DIALOGAR.

h) En el matrimonio, los esposos se deben querer con sus defectos,

*Diálogo entre don Quijote y Sancho.

Mirad, discreto Basilio —añadió don Quijote—: opinión fue de no sé qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento. Yo no soy casado, ni hasta agora me ha venido en pensamiento serlo, y, con todo esto, me atrevería a dar consejo al que me lo pidiese del modo que había de buscar la mujer con quien se quisiese casar.

Lo primero, le aconsejaría que mirase más a la fama que a la hacienda, porque la buena mujer no alcanza la buena fama solamente con ser buena, sino con parecerlo, que mucho más dañan a las honras de las mujeres las desenvolturas y libertades públicas que las maldades secretas. Si traes buena mujer a tu casa, fácil cosa sería conservarla y aun mejorarla en aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla, que no es muy hacedero pasar de un estremo a otro. Yo no digo que sea imposible, pero téngolo por dificultoso.

Oía todo esto Sancho y dijo entre sí:

—Este mi amo, cuando yo hablo cosas de meollo y de sustancia suele decir que podría yo tomar un púlpito en las manos y irme por ese mundo adelante predicando lindezas; y yo digo dél que cuando comienza a enhilar sentencias y a dar consejos, no solo puede tomar un púlpito en las manos, sino dos en cada dedo, y andarse por esas plazas a ¿qué quieres, boca? ¡Válate el diablo por caballero andante, que tantas cosas sabes! Yo pensaba en mi ánima que solo podía saber aquello que tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa donde no pique y deje de meter su cucharada.

SANCHO PANZA CON SU ESPOSA 

Murmuraba esto algo Sancho, y entreoyóle su señor y preguntóle:

¿Qué murmuras, Sancho?

No digo nada, ni murmuro de nada —respondió Sancho—; solo estaba diciendo entre mí que quisiera haber oído lo que vuesa merced aquí ha dicho antes que me casara, que quizá dijera yo agora: «El buey suelto bien se lame».

¿Tan mala es tu Teresa, Sancho? —dijo don Quijote.

No es muy mala —respondió Sancho—, pero no es muy buena: a lo menos, no es tan buena como yo quisiera.

Mal haces, Sancho —dijo don Quijote—, en decir mal de tu mujer, que en efecto es madre de tus hijos.

No nos debemos nada —respondió Sancho—, que también ella dice mal de mí cuando se le antoja, especialmente cuando está celosa, que entonces súfrala el mesmo Satanás. (II, 22).

i) Educación de los hijos

*Diálogo entre don Quijote y el Caballero del Verde Gabán, don Diego de Miranda:

Volvió Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la profunda malencolía de su amo y causado nueva admiración a don Diego. Preguntóle don Quijote que cuántos hijos tenía, y díjole que una de las cosas en que ponían el sumo bien los antiguos filósofos, que carecieron del verdadero conocimiento de Dios, fue en los bienes de la naturaleza, en los de la fortuna, en tener muchos amigos y en tener muchos y buenos hijos (…)

(…) A todo lo cual respondió don Quijote:

Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y, así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida. A los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la buena crianza y de las buenas y cristianas costumbres[9], para que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad; y en lo de forzarles que estudien esta o aquella ciencia, no lo tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso, y cuando no se ha de estudiar  para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen seguir aquella ciencia a que más le vieren inclinado; y aunque la de la poesía es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien las posee” (II, 16).

j) La forma del matrimonio.

*Casamiento de Basilio con Quiteria:

“Estando, pues, asidos de las manos Basilio y Quitaría, el cura, tierno y lloroso, los echó  la bendición y pidió al cielo diese buen poso al alma del nuevo desposado. El cual, así como recibió la bendición, con presta ligereza se levantó en pie, y con no vista desenvoltura se sacó el estoque, a quien servía de vaina su cuerpo. (I, 21)

*Casamiento de Luscinda con don Fernando:

“Digo, pues —prosiguió Cardenio—, que estando todos en la sala, entró el cura de la parroquia y, tomando a los dos por la mano para hacer lo que en tal acto se requiere, al decir: «¿Queréis, señora Luscinda, al señor don Fernando, que está presente, por vuestro legítimo esposo, como lo manda la Santa Madre Iglesia?»[10], yo saqué toda la cabeza y cuello de entre los tapices y con atentísimos oídos y alma turbada me puse a escuchar lo que Luscinda respondía, esperando de su respuesta la sentencia de mi muerte o la confirmación de mi vida.

¡Oh, quién se atreviera a salir entonces, diciendo a voces!: «¡Ah Luscinda, Luscinda! Mira lo que haces, considera lo que me debes, mira que eres mía y que no puedes ser de otro. Advierte que el decir tú sí y el acabárseme la vida ha de ser todo a un punto. ¡Ah traidor don Fernando, robador de mi gloria, muerte de mi vida! ¿Qué quieres? ¿Qué pretendes? Considera que no puedes cristianamente llegar al fin de tus deseos, porque Luscinda es mi esposa y yo soy su marido».

¡Ah, loco de mí! ¡Ahora que estoy ausente y lejos del peligro, digo que había de hacer lo que no hice! ¡Ahora que dejé robar mi cara prenda, maldigo al robador, de quien pudiera vengarme si tuviera corazón para ello, como le tengo para quejarme!

En fin, pues fui entonces cobarde y necio, no es mucho que muera ahora corrido, arrepentido y loco. Estaba esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen espacio en darla, y cuando yo pensé que sacaba la daga para acreditarse o desataba la lengua para decir alguna verdad o desengaño que en mi provecho redundase, oigo que dijo con voz desmayada y flaca «Sí quiero», y lo mesmo dijo don Fernando; y, dándole el anillo, quedaron en indisoluble nudo ligados. (I, 27).

SAN ISIDRO Y SU ESPOSA MARÍA DE LA CABEZA.

k) EL MATRIMONIO, VOCACIÓN A LA SANTIDAD.

* El pastor Pedro explicando a don Quijote la vida de la pastora Marcela le dice:

“Que puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio[11], los arroja de sí como con un trabuco (I, 12).

En el monasterio de Admont se encuentra una biblioteca muy especial. Se trata de la de biblioteca monacal más grande del mundo. Tiene 980 metros cuadrados, …

BIBLIOGRAFIA.

Catecismo de la Iglesia Católica. Bilbao, Asociación de Editores del Catecismo, 1999.

Catecismo Romano para párrocos o Catecismo de Trento, “Parte Segunda, Capítulo VIII: del Sacramento del Matrimonio”. Madrid, Editorial Magisterio Español, 1972.

CERVANTES, Miguel, Don Quijote de la Mancha I y II; Edición de Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas.  Madrid, Alianza Editorial, 1996.

–  Don Quijote de la Mancha, Ed. de Francisco Rico. Madrid,  Editorial Alfaguara, 2007. Concilio Vaticano II,  Constitución Gaudium et Spes. 19ª edición. Madrid, Editorial BAC, 1972. DENZINGER, Enrique: El Magisterio de la Iglesia, “Concilio de  Trento, 24ª sesión: sobre el Sacramento del matrimonio”. Barcelona, Editorial Herder, 1963.

GARCÍA EZQUERRA, Alfredo, Cervantes: Genio y libertad, Cap. I. Madrid, Ediciones: temas de hoy, Colección: biografías, 2004.

MUÑOZ IGLESIAS, Salvador: Lo Religioso en el Quijote. Toledo, Estudio Teológico de San Ildefonso, 1989.

VIDAL, César, Enciclopedia del Quijote. Barcelona, Editorial Planeta, 1999.

VIVÓ DE UNDABARRENA, Enrique, “La Casuística matrimonial en el Quijote”, enBoletín de la Facultad de Derecho de la UNED, número 3, 1993.

NOTAS.

[1] Recoge las palabras del Antiguo Testamento, sobre la institución del matrimonio (Génesis, II, 21-24). «Por esta dejará el hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne misma».

La expresión: “con tales lazos, que sola la muerte puede desatarlos”, indica una de las propiedades esenciales del matrimonio: la indisolubilidad.

“Y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonioEl matrimonio fue elevado a sacramento por Jesucristo, constituyendo uno de los siete sacramentos.

“Y tiene tanta fuerza y virtud este milagroso sacramento” Es posible que se refiere a la gracia del sacramento en los esposos, que les ayuda durante toda la vida. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica (en lo sucesivo, CIC). 1615,1642).

[2] En este pasaje se recogen las dos propiedades esenciales: la fidelidad y la indisolubilidad. Fidelidad: pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido?

Indisolubilidad: La de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve o se trueca o cambia, porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que, si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que, si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle.

Nudo gordiano: el que no se puede desatar, sólo cortar.

[3] En la 24ª sesión del Concilio de Trento, 11 de noviembre de 1563se aprueban la doctrina y cánones sobre el sacramento del matrimonio. En concreto dice el n. 1797:El perpetuo e indisoluble lazo del matrimonio. Y en el n. 1798: “Que con este vinculo sólo dos se unen y se juntan, enseñólo más abiertamente Cristo Señor, cuando refiriendo, como pronunciadas por Dios, las últimas palabras, dijo: «Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne» [Mt 19, 6], e inmediatamente la firmeza de este lazo, con tanta anterioridad proclamada por Adán, confirmóla El con estas palabras: «Así, pues, lo que Dios unió, el hombre no lo separe» [Mt 19, 6; Mc 10, 9]”.

Aunque el Concilio de Trento utilice la palabra vínculo para referirse  al unión de los esposos, como consecuencia del consentimiento matrimonial ( n. 1798 de la Doctrina:” Que con este vinculo sólo dos se unen y se juntan”, será el Magisterio de la Iglesia más reciente el que se refiere al matrimonio como vínculo matrimonial (cf. CIC, nn. 1638-1640).

También Cervantes en la Novela “La Fuerza de la Sangre ”pone en boca de Rodolfo: “Y, pues el del matrimonio es nudo que no le desata sino la muerte, bien será que sus lazossean iguales y de unos mismos hilos fabricado” Igualmente en la Gitanilla:”Si vos, señor, por sola esta prenda venís, no la habéis de llevar sino atada con las ligaduras y lazos del matrimonio; que si la virginidad se ha de inclinar, ha de ser a este santo yugo, que entonces no sería perderla, sino emplearla en ferias que felices ganancias prometen”.

[4] Coyundas: ‘ataduras con que se uncen los bueyes al yugo’; sirgo: ‘cordón de seda’; lazadas de sirgo es metáfora por ‘matrimonio’.  Gamella: ‘arco del yugo’. Esta frase está expresando la fuerza de la unión y de la indisolubilidad matrimonial.

[5] Esta frase se puede interpretar como una intromisión indebida de los padres en la elección de estado de los hijos (se habla de elección y jurisdicción de los padres). Considero que hay que interpretar en el conjunto de los textos; es decir libertad para elegir y por otra parte la prudencia de aconsejarse.

[6] La libertad de los hijos para escoger estado junto al prudente consejo de los padres lo recoge el Catecismo de la Iglesia Católica: “Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho de elegir su profesión y su estado de vida. Estas nuevas responsabilidades deberán asumirlas en una relación confiada con sus padres, cuyo parecer y consejo pedirán y recibirán dócilmente. Los padres deben cuidar no violentar a sus hijos ni en la elección de una profesión ni en la de su futuro cónyuge. Este deber de no inmiscuirse no les impide, sino al contrario, ayudarles con consejos juiciosos, particularmente cuando se proponen fundar un hogar”. (CIC, n. 2230).

El principal fundamento de los cánones 219 y 1.103 radica en la protección  de la libertad con que debe contraerse matrimonio; libertad que la Iglesia siempre ha querido conservar incólume y que en la actualidad viene ensalzando en mayor  medida. La constitución de aquella comunidad de vida y amor conyugal, a la que el consentimiento lleva y que de suyo se ordena a la perpetua y fiel dedicación íntima y sincera de uno al otro, exige de manera casi connatural que la persona acceda al matrimonio de forma espontánea y libre; así se advierte a los padres para que bajo este aspecto no impidan la libertad de los hijos, y para que en el matrimonio de  éstos “eviten toda coacción directa o indirecta que les lleve a casarse o a elegir determinada persona” (Gaudium et Spes, n. 52).

[7]Casarse en en paz y en haz: ‘conforme está ordenado y es costumbre en la Iglesia’.

[8]Es una de las fórmulas del consentimiento matrimonial. El consentimiento hace el matrimonio. El Catecismo recoge la doctrina sobre el consentimiento matrimonial:

La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como el elemento indispensable “que hace el matrimonio” (CIC, can. 1057, 1). Si el consentimiento falta, no hay matrimonio.

El consentimiento consiste en “un acto humano, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente” (GS 48, 1; cf. CIC, can. 1057, 2): “Yo te recibo como esposa” – “Yo te recibo como esposo” (OcM 45). Este consentimiento que une a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos “vienen a ser una sola carne” (cf. Gn 2, 24; Mc 10, 8; Ef 5, 31).

El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo (cf. CIC, can. 1103). Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento (CIC, can. 1057, 1). Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido.

[9]CIC, 2223: “Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones “materiales e instintivas a las interiores y espirituales”. Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos:

“El que ama a su hijo, le azota sin cesar… el que enseña a su hijo, sacará provecho de él” (Si 30, 1-2).”Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Ef 6, 4)”

[10] En el Quijote vemos la influencia del Concilio de Trento, en cuanto a la forma de celebrar el matrimonio. El matrimonio lo hace el consentimiento de las partes; pero el Concilio de Trento en el Decreto Tametsi indicó la forma del matrimonio para la validez del matrimonio. En concreto decía:

“antes de contraer el matrimonio, se anuncie por tres veces públicamente en la Iglesia durante la celebración de la Misa por el propio párroco de los contrayentes en tres días de fiesta seguidos, entre quiénes va a celebrarse matrimonio; hechas esas amonestaciones, si ningún impedimento se opone, procédase a la celebración del matrimonio en la faz de la Iglesia, en que el párroco, después de interrogados el varón y la mujer y entendido su mutuo consentimiento, diga: «Yo os uno en matrimonio en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», o use de otras palabras, según el rito recibido en cada región” (Canon1814).

También en la Novela La fuerza de la sangre,  Cervantes hace referencia a la forma del matrimonio:“A esta razón acabó de todo en todo de cobrar Leocadia sus sentidos, y acabó doña Estefanía de no llevar más adelante su determinación primera, diciendo al cura que luego  desposase a su hijo con Leocadia. Él lo hizo así, que por haber sucedido este caso en tiempo cuando con sola la voluntad de los contrayentes, sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan, quedaba hecho el matrimonio, no hubo dificultad que impidiese el desposorio”.

Con la expresión “las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan” se hace alusión al estado de derecho anterior al Concilio de Trento (1545-1563), cuyos cánones fueron recibidos en España por Real Cédula de Felipe II (1564).

 

[11]sea tan justa y santa como la del matrimonio”El matrimonio como una vocación a la santidad siempre ha estado presente en la Iglesia, aunque en algunas épocas oscurecida quizá por un camino a la santidad de segunda categoría. El Magisterio de la Iglesia y los santos contemporáneos han resaltado que el matrimonio es un camino vocacional;  una realidad santa. (Escrivá de Balaguer, San Josemaría, Homilía “El matrimonio, vocación cristiana·” “Es Cristo que pasa” 38 edición, Madrid, 2001).

Francisco Javier Sanzol Díez.

QUIZÁS TAMBIÉN LE INTERESE DEL BLOG: CAPITÚLO XVI  DEL QUIJOTE.

NOTA   elcuradellugar, ES TABIÉN EL AUTOR DE LOS SIGUIENTES BLOGS:

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