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SIERRA MORENA 

CAPITULO XXIV. DONDE SE PROSIGUE LA AVENTURA DE  SIERRA MORENA.

 1.-NUMERO 36.

2.-LOCALIZACIÓN: Cap. 24. Parte I. Págs. 224-228. T.I

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 

DON QUIXOTE EXULTA DE AGRADECIMIENTO.

 3.-TEXTO.

             «Dice la historia, que era grandísima la atención con que Don Quixote escuchaba al astroso Caballero de la Sierra, el qual prosiguiendo su plática dixo: por cierto, señor, quien quiera que seais, que yo no os conozco, yo os agradezco las muestras y la cortesía que conmigo habeis usado, y quisiera yo hallarme en términos que con mas voluntad pudiera servir la que habeis mostrado tenerme en el buen acogimiento que me habeis hecho; mas no quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda á las buenas obras que me hacen, que buenos deseos de satisfacerlas.

            Los que yo tengo, respondió Don Quixote, son de serviros, tanto que tenia determinado de no salir de estas sierras hasta hablaros, y saber de vos si el dolor que en la estrañeza de vuestra vida mostrais tener, se podia hallar algun género de remedio, y si fuera buscarle, y quando vuestra desventura fuera de aquellas que tienen cerradas las puertas á todo género de consuelo, pensaba ayudaros á llorarla y á plañirla como mejor pudiera, que todavía es consuelo en las desgracias hallar quien se duela dellas…y juntamente os conjuro por la cosa que en esta vida habeis amado ó amais, que me diagais quien sois, y la causa que os ha traido á vivir y á morir entre estas soledades…y juro añadió Don Quixote, por la órden de caballeria que recebí, aunque indigno y pecador, y por la profesión de caballero andante, que si en esto, señor me complaceis, de serviros con las veras á que me obliga el ser quien soy, ora remediando vuestra desgracia, si tiene remedio, ora ayundándos á llorarla, como os he prometido.

CARDENIO COMIENDO LO QUE LE DIERON D. QUIXOTE Y SANCHO.

            El Caballero del Bosque…despues que le hubo bien mirado le dixo: si tienen algo que darme á comer, por amor de Dios que me lo den, que despues de haber comido, yo haré todo lo que se me manda, en agradecimiento de tan buenos deseos como aquí se me han mostrado…

            Luego sacaron Sancho de su costal y el cabrero de su zurrón con que satisfizo el Roto su hambre,…

            Como acabó de comer les hizo de señas que le siguiesen, como lo hiciéron, y él los llevó á un verde pradecillo que á la vuelta de una peña poco desviada de allí estaba: en llegando a él, se tendió en el suelo, encima de la yerba, y los demas hicieron lo mismo, y todo esto sin que ninguno hablase, hasta que el Roto, despues de haberse acomodado en su asiento, dixo:..

CARDENIO ANTE LUSCINDA.

            Mi nombre es Cardenio, mi patria una ciudad de las mejores desta Andalucía, mi linage noble, mis padres ricos…Vivia en esta mesma tierra un cielo, donde puso el amor toda la gloria que yo acertara á desearme, tal es la hermosura de Luscinda…á esta Luscinda amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años, y ella me quiso á mi con aquella sencillez y buen ánimo que su poca edad permitía…creció la edad , y con ella el amor de entrambos, que al padre de Luscinda le pareció por buenos respetos estaba obligado á negarme la entrada de su casa…lo que me pareció que mas convenia para salir con mi deseado y merecido premio, y fué el pedírsela á su padre por legítima esposa, como lo hice, a lo que él me respondió, que me agradecía la voluntad…pero que siendo mi padre vivo, á él tocaba de justo derecho hacer aquella demanda, porque si no fuese con mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda muger para tomarse ni darse á hurto…y con este intento luego en aquel mismo instante fuí á decirle á mi padre lo que deseaba, y al tiempo que entré en un aposento donde estaba, le hallé con una carta en la mano,…

            Leí la carta, y enmudecí leyéndola, y mas quando oi que mi padre me decía: de aquí á dos días te partirás, Cardenio, á hacer la voluntad del Duque , y da gracias á Dios que te va abriendo camino por donde alcances lo que yo sé que mereces, añadió á estas razones otras de padre consejero.

            Llegóse el término de mi partida, hablé una noche á Luscinda, díxele todo lo que pasaba, y lo mismo hice á su padre, suplicándole se entretuviese algunos dias, y dilatase el darla estado hasta que yo viese lo que Ricardo me queria: él me lo prometió, y ella me lo confirmó con mil juramentos y desmayos».

            «Vine en fin donde el Duque Ricado estaba, fuí dél tan bien recibido y tratado, que desde luego empezó la envidia á hacer su oficio, teniéndomela los criados antiguos…pero el que más se holgó con mi ida fué un hijo segundo del Duque, llamado Fernado, mozo gallardo, gentil hombre, liberal y enamorado, el qual en poco tiempo quiso fuese tal su amigo, que daba que decir á todos…

      LA LABRADORA A LA QUE CORTEJÓ DON FERNANDO.

      Es pues el caso que como entre amigos no hay cosa secreta, que no se comunique y la privanza que yo tenia con Fernando dejaba de serlo por ser amistad, todos sus pensamientos me declaraba, especialmente uno enamorado que le traia con un poco de desasosiego, queria bien á una labradora vasalla de su padre, y ella los tenía muy ricos, y era tan hermosa, recatada, discreta y honesta,... estas tan buenas partes de la hermosa labradora reduxéron á tal término los deseos de Don Fernando, que se determinó para poder alcanzarlo, y conquistar la entereza de la labradora, darle palabra de ser su esposo.

             Yo obligado de su amistad…procuré apartarle de tal propósito; pero viendo que no aprovechaba, determiné de decirle el caso al Duque Ricardo su padre; …mas Don Fernando, como astuto y discreto, se receló y temió desto, por parecerle que estaba yo obligado, en ley de buen criado, á no tener encubierta cosa que tan en perjuicio de la honra de mi señor el Duque venía, y así por divertirme y engañarme, me dixo que no hallaba otro mejor remedio para poder apartar de la memoria la hermosura que tan sujeto le tenía, que ausentarse por algunos meses, y que queria que la ausencia fuese que los dos nos viniésemos en casa de mi padre…

            Apenas le oi decir esto, quando, movido de mi aficcion, aunque su determinación no fuera tan buena la aprobara yo..por ver quan buena ocasión y coyuntura se me ofrecia de volver á ver á mi Luscinda…y quando él me vino á decir esto, segun despues se supo, habia gozado á la labradora con título de esposo...

            Sucedió pues, que como el amor en los mozos la mayor parte no lo es, sino apetito, el qual como tiene por útimo fin el deleyte, en llegando á alcanzarle se acaba, porque no puede pasar adelante del término que le puso la naturaleza, el qual término no le puso á lo que es verdadero amor: quiero decir, que así como Don Fernando gozó á la labradora, se le aplacaron sus deseos, y se resfriaron sus ahincos, y si primero fingía quererse ausentar por remediarlos, ahora de veras procuraba irse , para no ponerlos en execución.

            Dióle el Duque licencia, y mandóme que le acompañase: venimos á mi ciudad, recibióle mi padre…. ví yo luego a Luscinda, tornaron á vivir ( aunque no habían estados muertos, ni amortiguados) mis deseos, de los quales dí cuenta por mi mal á Don Fernando por parecerme que en la ley de la mucha amistad que mostraba, no le debía encubrir nada: alabéle la hermosura, donayre y discreción de Luscinda, de tal manera que mis alabanzas moviéron en él  los deseos de querer ver  doncella de tan buenas  partes adornadas… En conociéndola Don Fernando enmudeció, «perdió el sentido, quedó absorto, y finalmente se enamoró de ella»..

           ( Aquí se interrumpe la historia de Cardenio, el cual terminó mostrando su locura  atacando a D. Quijote, a Sancho y al cabrero y huyó dejando inconclusa su historia  con gran sentimiento de Don Quijore,  ésta que volverá  a completarse  posteriormente en otro capítulo ).

EL ASTROSO Y ENLOQUECIDO CARDENIO, ATACA A DON QUIXOTE.

 4.-COMENTARIO.

             Astroso: «andrajoso», Caballero de la Sierra es, con el de Roto de la Mala Figura y el de Caballero del Bosque, los nombres que recibe Cardenio. Cervantes va escogiendo los más diversos sobre nombres para sus personajes, tanto masculinos como femeninos y la mayor parte de ellos son ridículos y burlescos. Una forma más de manifestar su intención de ridiculizar los libros de caballería que expone en el Prólogo.

Don Quijote muestra en todo el texto una actitud de servicio y entrega total hacia el caballero,analizando las varias alternativas de servicio que se le pueden presentar.

1.- Saber cual es la causa

de su mal.

2.- Ayudarle en caso de que el mismo tenga remedio.

 3.- Sufrirlo con él como si

fuera propio.

 4.- Acompañarlo con su presencia.

            Jurándole que esa actitud nace de «ser quien es» es a saber: miembro de una órden que ha mostrado tiene fines evangélicos, en la que ha hecho profesión, Don Quijote le pone como condición y a ello le conjura a que le diga quien es y que es lo que le ha llevado a tal situación.

            El Conjuro puede referirse a: 1.- Un hechizo. 2.- Las palabras litúrgicas o rituales pronunciadas durante un exorcismo. La palabra «conjuro» es utilizada tres veces en el Quijote (cf. cap. 24 I parte, caps. 48 y 57 II parte), en ninguno de estos casos tiene ninguno de los dos significados, es más, Don Quijote afirma no creer en conjuros ni hechizos ni artes semejantes: En este como en los otros lugares en que es usada, tieneel sentido de súplica hecha con autoridad, por ser «quien yo soy».

            Cardenio lo primero que hace es pedir «por amor de Dios», por el amor que Dios nos tiene, o bien por el amor que tienen a Dios, que le den algo de comer.

    CARDENIO Y LUSCINDA.

        La historia de Cardenio es una de tantas historias de amor como hay en el Quijote. Tal historia, por lo que nos dice el texto tiene un inicio de lo más ajustado a lo que eran los usos y costumbres de la España católica del siglo XVI:

– Dos jóvenes, de similar clase y cultura social que se conocen desde niños.

– La belleza de la joven como bien que despierta el amor del varón.

            Era en la «tierra un cielo»

– Tal amor mutuo anhela su consumación.

– Hasta ese momento sólo deseo, añoranza y… prohibición de entrar en la casa de la amada por respeto al honor y buena fama de la familia.

– Tal situación lleva al amador a pedirla al padre como legítima esposa, en un matrimonio religioso y católico.

– El padre le dice, que con su petición no es suficiente. Ha de ser su padre, cabeza de familia quien haga tal solicitud, pues Luscinda no es mujer para darse ni tomarse a escondidas, «como robada».

– El proceso hacia el matrimonio se interrumpe por la petición de Ricardo, Grande de España el mayor grado en la escala nobiliaria española se ha identificado a Ricardo con el duque de Osuna.

– Tal interrupción no es más que un aplazamiento impuesto por la servidumbre al Duque que quiere encargarle una misión. Tal elección es considerada por el padre, como un bien providencial para Cardenio, por el que hay que dar gracias a Dios que de esta forma le abre camino un mayor escalafón social.

-Los amantes se prometen espera y se juran amor, adobado por los desmayos de la amada.

   DON FERNADO CORTEJA A DOROTEA.

         El autor entreteje, con la inacabada historia de amor de Cardenio, una nueva, paralela a la anterior: la de Fernando, el hijo segundo del Duque. Estas historias y sus personajes van a seguir ocupando en la obra un lugar importante.

            «El pecado de la envidia empezó hacer su oficio teniéndomela los criados antiguos…».

            La envidia es Tristitia de bono alterius; como si uno se entristece del bien ajeno, en cuanto excede al propio bien, y lo disminuye, non efective, sed aparenter; esto es, no en la realidad, sino en la falsa aprensión del envidioso. Es la envidia pecado mortal ex genere suo, por ser directamente opuesta a la caridad con el prójimo. Las más veces sólo es culpa venial en el sujeto por parvedad de materia, o por falta de perfecta deliberación.

            El pecado de la envidia sale a menudo en el Quijote, en total diecisiete veces. La mayor parte de ellas lo nombra como un pecado aunque en algunas ocasiones lo apostilla con frases como: «En fin donde reina la envidia no puede vivir la virtud». (Cap. 40, P.I. T.II.) «¡Oh envidia raiz de infinitos males y carcoma de las virtudes». (Cap. 8. Parte II. T.III.) «Pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias». ( Cap. 8. P.II. T.III).

            El autor señala que Cardenio junto a la envidia de los criados, experimentó una gran amistad de parte de Fernando, que dejó de ser privanza , pues la privanza es entre desiguales, para ser amistad, que es entre iguales.

            En la línea de Aristóteles, santo Tomás ve la amistad o el amor como una característica del ser social.  Pues la amistad no es más que un amor de benevolencia mutuo.

            Brota del hombre como instinto de su propia naturaleza pero se realiza según la inteligencia y la voluntad, es decir, conforme a la razón. La amistad no es de suyo una virtud, pero necesita de las virtudes para darse; sólo cuando se trata de la amistad como amor de caridad, entonces puede verse como una virtud. Cuando se quiere tener una amistad auténtica, ésta tiene que fundarse en la virtud para ser amistad perfecta.

            En todo caso, la amistad inclina a la sociabilidad y al mismo tiempo va permitiendo y orientando la correcta vida social. (Suma teológica, II-II q 23).

            La amistad puso en común vida, pensamientos y sentimientos de Cardenio y Fernando, entre ellos la propia historia de amor que este estaba viviendo de la cual importa subrayar estas características:

– La amada de Fernando era una labradora dotada de belleza y virtudes.

– Vasalla de su padre.

– Esta condición no iba con lo socialmente correcto por lo que Cardenio se vio en la precisión, sabiéndolo Fernando, de comunicárselo a su padre, el Duque: «en ley de buen criado».

-Aunque el autor cuenta que Fernando la quería bien, dice posteriormente que su amor no era amor sino más bien instinto de mozo enamoradizo que busca satisfacer el instinto.Y que una vez satisfecho, desaparece en contra de lo que ocurre con el verdadero amor, pues «El amor no pasa nunca».(cf. 1ª Corintios, 13,1-12).

MATRIMONIO BAJO PALABRA. ESPONSALES.

– Tal instinto llevóle a poseer a la labradora que dada su honestidad no se dejó poseer sino a condición de esposa, es decir «bajo palabra» de matrimonio.

– De esta forma Fernando y la labradora quedaron ligados en matrimonio sacramental.

– Fernando quiere poner tierra por medio entre él y la labradora y se marcha con Cardenio a su casa.

– Ya en casa de Cardenio, Don Fernando conoció a Luscinda de cuyo amor y propósito de matrimonio le dio parte. En conociéndola Don Fernando enmudeció, «perdió el sentido, quedó absorto, y finalmente se enamoró de ella».

            En el Quijote vamos a encontrar diversas situaciones referidas bien a los esponsales bien a la celebración del matrimonio «bajo palabra», situaciones por las que pasó realmente la celebración del matrimonio católico en vida de Cervantes.

            La promesa de matrimonio eran unos verdaderos esponsales. Los esponsales obligaban a contraer matrimonio, y si no se anulaban por las dos partes ni podían celebrar otros, ni contraerlos con otra persona extraña.

            A los esponsales o promesa de matrimonio ya el Código de Derecho Canónico anterior al Vaticano II le dedica un sólo canon: el 1017. En este canon la promesa de matrimonio no genera ninguna obligación de contraer matrimonio, aunque haya sido válida; sólo puede dar lugar a la reparación de los daños.

 ANULACIÓN DEL VALOR DE LOS ESPONSALES.

           En cuanto al matrimonio «bajo palabra» pudieron darse tres supuestos:

            1.- El matrimonio «bajo palabra» verdadero matrimonio sacramental; Fernando y la labradora celebraron un matrimonio «bajo palabra».

2.- El matrimonio «bajo palabra» necesitado de ser ratificado ante el vicario y al menos ante dos testigos. Vamos a encontrar en el Quijote también este caso.

3.- El matrimonio «bajo palabra» prohibido por el Concilio de Trento. (Sesión XXIV, Decreto de reforma, Cap. I; Decretales sobre matrimonio de Alejandro II y Gregorio IX; Decretales, § 4, «Sponsa duorum»).

            El capítulo termina con la interrupción de la historia por parte de Cardenio, quien habiéndole vuelto el «accidente de su locura» por defender Don Quijote de la acusación de amancebamiento a la Reina Magasima, el Roto arremetió contra él, contra Sancho Panza y el cabrero, desapareciendo de la vista de todos y yéndose a un lugar por ninguno de los presentes conocido.

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