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DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA.

CAPITULO XXV. QUE TRATA DE LAS EXTRAÑAS COSAS QUE EN SIERRA MORENA SUCEDIERON AL VALIENTE CABALLERO DE LA MANCHA, Y DE LA IMITACIÓN QUE HIZO Á LA PENITENCIA DE BELTENEBROS.

 1.-NÚMERO 38.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 25. P.I Pág. 235-6-7-8 T.I

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

LÁMÍNA DE GUSTAVO DORÉ DE D. QUIJOTE EN SIERRA MORENA.

 3.-TEXTO.

            «Despidióse del cabrero Don Quixote, y subiendo otra vez sobre Rocinante mandó á Sancho que le siguiese, el qual lo hizo con su jumento de muy mala gana…y Sancho iba muerto por razonar con su amo…mas no pudiendo sufrir tanto silencio , le dixo: señor Don Quixote, vuestra merced me eche su bendición, y me dé licencia, que desde aqui quiero volver á mi casa…

            Ya te entiendo, Sancho, respondió Don Quixote, tu mueres, porque te alce el entredicho que te tengo puesto en la lengua, dale por alzado...que no ha de durar este alzamiento mas de en quanto anduviéremos por estas sierras.

            Sea así, dixo Sancho, hable yo ahora, que despues Dios sabe lo que será: y comenzando á gozar de ese salvoconduto digo ¿que que le iba á vuestra merced en volver tanto por aquella Reyna Magimasa, ó como se llama? ¿ ó es que hacia al caso, que aquel Abad fuese su amigo, ó no? que si vuesa merced pasara por ello, pues no era su juez, bien creo que el loco pasara adelante con su historia, y se hubieran ahorrado el golpe del guijarro y las coces, y aun mas de seis torniscones.

  MIGUEL DE CERVANTES. DON QUIXOTE Y SANCHO, DULCINEA DEL TOBOSO Y LA REINA MAGIMASA.

          Á fe, Sancho , respondió Don Quixote, que si tú supieras como yo lo sé, quan honrada y quan principal señora era la Reyna Madasima, yo sé que dixeras que tuve mucha paciencia, pues no quebré la boca por donde tales blasfemias salieron: porque es gran blasfemia decir, ni pensar, que una Reyna esté amancebada con un cirujano.

             La verdad del cuento es, que aquel maestro Elisabat, que el loco dixo, fue hombre muy prudente y de muy sanos consejos; pero pensar que ella era su amiga, esdisparate digno de muy gran castigo…buenos quedamos por haber vuelto por aquella mi señora, que Dios cohonda: pues montas, que no se librara Cardenio por loco.

             Contra cuerdos y contra locos está obligado qualquier caballero andante á volver por la honra de las mugeres qualesquiera, quanto mas por las Reynas de tan alta guisa y pro como fué la Reyna Magasima…y los consejos y compañia del maestro Elisabat le fué, y le fuéron de mucho provecho y alivio para poder llevar sus trabajos con prudencia y paciencia, y de aquí tomó ocasion el vulgo ignorante y mal intencionado de decir y pensar, que ella era su manceba, y mienten, digo otra vez, y mentirán otras doscientas todos los que tal pensaren y dixeren.

 EL REY LA REINA SU HIJA LA PRINCESA.    

Ni yo lo digo, ni lo pienso, respondió Sancho, allá se lo hayan…si fueron amancebados , ó no, á Dios habran dado cuenta…¿que me va a mi? ¿mas quien puede poner puertas al campo? quanto más que de Dios dixéron».

            Válame Dios, dixo, Don Quixote, y que de necedades vas, Sancho, ensartando.¿Que va de lo que tratamos. á los refranes que enhilas? Por tu vida, Sancho, que calles y  entremétete en espolear a tu asno… Calla te digo otra vez, porque te hago saber, que no solo me trae por estas partes el deseo de hallar al loco, quanto el que tengo de hacer en ellas una hazaña con que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la tierra: y será tal que he de echar con ella el sello á todo aquello que puede hacer perfeto y famoso á un andante caballero.

            ¿Y es de muy gran peligro esa hazaña? preguntó Sancho Panza…quiero, Sancho,dixo Don Quixote, que sepas que el famoso Amadís de Gaula fué uno de los mas perfetos caballeros andantes. No he dicho bien fué uno: fué el solo, el primero, el único, el señor de todos quantos hubo en su tiempo en el mundo…y una de las cosas en que mas este caballero mostró su prudencia, valor, valentia, sufrimiento, firmeza y amor, fué quando se retiró, desdeñado de la señora Oriana, á hacer penitencia en la Peña Pobre, mudando su nombre en el de Beltenebros,…así que me es á mí fácil imitarle en esto, que no en hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar exércitos, fracasar armadas, y deshacer encantamientos, y pues estos lugares son tan acomodados para semejantes efectos. (no hay para que se dexe pasar la ocasión, que ahora con tanta comodidad me ofrece sus guedejas).

.           En efecto, dixo Sancho ¿que es lo que vuestra merced quiere hacer en este tan remoto lugar? Ya no te he dicho, respondió Don Quixote, que quiero imitar á Amadís…haré el bosquexo como mejor pudiere en las que me pareciere ser mas esenciales…con la sola imitación de Amadís, que sin hacer locuras de daño, sino lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más...

            ¿ Pero vuestra merced que causa tiene para volverse loco?…

            Sancho amigo, no gastes tiempo en aconsejarme que dexe tan rara, tan felice y tan no vista imitación: loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con larespuesta de una carta que contigo pienso enviar á mi Señora Dulcinea: y si fuere tal qual á mi fe se debe, acabarse ha mi sandez y penitencia, y si fuere al contrario, seré loco de véras, y siéndolo no sentiré nada: así que de qualquier manera que responda, saldré del conflito…gozando el bien que me truxeres por cuerdo, ó no sintiendo el mal que me aportares por loco; y digo, que de aquí á tres días te partirás, porque quiero que en este tiempo veas lo que por ella hago y digo.

            ¿ Pues que mas tengo que ver, dixo Sancho, que lo que he visto?

            Bien estas en el cuento, respondió Don Quixote: ahora me falta rasgar las vestiduras, esparcir las armas, y darme de calabazadas por estas peñas, con otras cosas de este jaez que te han de admirar.

             Por amor de Dios, dixo Sancho, que mire vuestra merced como se da esas calabazadas, que á tal peña podrá llegar, y en tal punto, que con la primera se acabase la máquina desta penitencia… le ruego que haga cuenta que ya son pasados los tres dias que me ha dado de término para ver las locuras que hace, que ya las doy por vistas y por cosa juzgada y diré maravillas á mi señora, y escriba la carta y despácheme luego porque tengo gran deseo de volver á sacar a vuestra merced deste purgatorio donde le dexo.

 LA VIRGEN DEL CARMEN Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO.        

   ¿Purgatorio le llamas Sancho? mejor hicieras en llamarle infierno y aun peor, si hay otra cosa que lo sea.

            Quien ha infierno, respondió Sancho, nulla es retentio, según he oido decir.    No entiendo que quiere decir retentio, dixo Don Quixote. Retentio es respondio Sancho, que quien está en infierno nunca sale del, ni puede y sacaré á vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza de salir dél, la que como tengo dicho, no la tienen de salir los que están en el infierno.

            Asì es la verdad dixo el de la Triste Figura: ¿Pero que haremos para escribir la carta?…Mas ya me ha venido a la memoria , donde será bien escribilla, que es en el librillo de memoria que fué de Cardenio, y tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel , de buena letra en el primer lugar que halláredes donde haya maestro de escuela, o si no cualquier sacristán te la trasladará…Y en lo que toca á la carta de amores pondrás por firma: Vuestro hasta la muerte el Caballero de la Triste FiguraY hará poco al caso que vaya de mano agena, porque a lo que yo me sé, Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mia, ni carta mía…que en doce años que ha que la quiero mas que á los ojos que han de comer la tierra, no la he visto cuatro veces…tal es el recato y encerramiento con que sus padres Lorenzo Corchuelo, y su madre Aldonza Nogales la han criado.

LA HIJA DE LORENZO CORCHUELO.

            Ta, ta, dixo Sancho ¿ que la hija de Lorenzo Corchuelo es la Señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo? Esa es, dixo; Don Quixote…

            Ahora digo, señor caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe hacer locuras por ella, sino que con justo título puede desesperarse y

ahorcarse, que nadie habrá que lo sepa, que no diga que hizo demasiado bien, puesto que le lleve el diablo, y querria verme ya en camino, solo por vella,...y confiesoá vuesa merced una verdad,señor Don Quixote, que hasta aquí he estado en una grande ignoracia, que pensaba bien y fielmente, que la Señora Dulcinea debia de ser alguna Princesa que mereciese los ricos presentes que vuestra merced le ha enviado…pero ¿ que se le ha de dar á la Señora Aldonza Lorenzo, digo á la señora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan á hincar de rodillas delante della los vencidos que vuestra merced le envia?..

            Ya te tengo dicho…, Sancho, dixo Don Quixote, que eres muy gran hablador…mas para que veas quan necio eres tú, y quan discreto soy yo, quiero que me oigas un breve cuento.

            Has de saber que una viuda hermosa, moza, libre y rica, y sobre todo desenfadada, se enamoró de un mozo motilon, rollizo y de buen tomo: alcanzólo á saber su mayor, y un dia dixo á la buena viuda, por via de fraternal reprensión: maravillado estoy, señora, y no sin mucha causa, de que una muger tan principal, tan hermosa y rica como vuestra merced, se haya enamorado de un hombre tan soez, tan baxo y tan idiota, como fulano, habiendo en esta casa tantos Maestros, tantos Presentados, y tantos Teólogos, en quien vuestra merced pudiera escoger...mas ella le respondió con mucho donaire y desenvoltura: vuestra merced, señor mio, está muy engañado...pues para lo que yo le quiero, tanta filosofia sabe, y mas que Aristóteles: asi que, Sancho, por lo que yo quiero á Dulcinea del Toboso, tanto vale como la mas alta princesa de la tierra…y así bástame á mí pensar y creer, que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta...porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas incitan á amar mas que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama...y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es asi, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad…

 VENGA ESA CARTA Y A DIOS QUE ME MUDO.

           Digo que entonces tiene vuestra merced razon, respondió Sancho…pero venga la carta, y á Dios que me mudo…y aparéjese vuestra merced á echarme la bendición, que luego pienso partirme sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer, que yo diré que le ví hacer tantas, que no quiera mas.

            Por lo ménos quiero, Sancho, y porque es menester asi, quiero digo, que me veas en cueros...

            Por amor de Dios, señor mio, que no vea yo en cueros á vuestra merced, que me dará mucha lástima…quanto mas, que para mi no era menester nada deso, y como ya tengo dicho fuera ahorrar el camino de mi vuelta, que ha de ser con las nuevas que vuestra merced desea y merece y si no aparéjese la Señora Dulcinea, que si no responde como es razón, voto hago solene á quien puedo, que le tengo de sacar la buena respuesta del estómago á coces y á bofetones: porque ¿ donde se ha de sufrir que un caballero andante tan famoso…se vuelva loco , sin que , ni para que por una ?…no me lo haga decir la señora, porque por Dios que despotrique.….

            Á fe Sancho, dixo Don Quixote, que á lo que parece, que no estás tú mas cuerdo que yo..

            No estoy tan loco, respondió Sancho, mas estoy mas colérico…pidió la bendición á su señor, y no sin muchas lágrimas se despidió dél…Mas no hubo andado cien pasos, quando volvió, y dixo: digo: señor, que vuestra merced ha dicho muy bien, que para que pueda jurar sin cargo de conciencia, que le he visto hacer locuras, será bien que vea siquiera una, aunque bien grande la he visto en la quedada de vuestra merced.

            ¿No te decia yo? dixo Don Quixote, espérate que en un Credo las haré: y desnudándose con toda priesa los calzones, quedó en carnes y en pañales, y luego sin mas ni mas, dió dos zapatetas en el ayre, y dos tumbas la cabeza abaxo, y los pies en alto, descubriendo cosas que por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda á Rocinante, y se dió por contento y satisfecho de que podia jurar que su amo quedaba loco…».

ISAAC BENDICIENDO A SU HIJO JACOB.

 4.-COMENTARIO.

            Sancho pide la bendición a Don Quijote. Costumbre religiosa que viene de la Sagrada Escritura (cf. Génesis 1,28-30), pasa a la liturgia católica y se prolonga en el ámbito familiar: los hijos piden en determinadas situaciones la bendición al padre y también los criados a sus amos, como imágenes de Dios, de quien procede toda bendición.

            El significado que tiene en este caso la bendición la dice el mismo texto: dar licencia para hacer algo. En otros casos su significado hay que buscarlo en el contexto. Don Quijote entiende que el deseo de marcharse a casa que tiene Sancho es el «entredicho» que te tengo puesto en la lengua».

             El «interdictum» era la prohibición para alguien de entrar en las iglesias, de ese significado propio, lo traslada Don Quijote a la prohibición que le ha hecho de que dialogue con él. Don Quijote se lo «alza» por un tiempo, mientras «estén por estas sierras», a lo que Sancho contesta que está bien, pero que mañana «Dios ya sabe lo que será», afirmando que para Dios el futuro es ya presente .

            Levantado el entredicho Sancho pregunta a Don Quijote que si era él el juez de la Reina Madasima para enfrentarse, por defender su honestidad, con el loco de Cardenio.

            Sancho da por sentado que el amigo con el que hipotéticamente estaba amancebada la reina era un Abad. Tal identificación podría ser un juego sarcástico de palabras, así como juega con masa y sima en relación al nombre de la reina, así puede hacerlo con el nombre del cirujano llamado Elisabad.

  ELIS- ABAD Y EL JUEGO DEL NOMBRE 

          BW subraya el carácter sacerdotal de Elisabad. (cf. los refranes «El abad y su manceba, elbarbero y su mujer, de tres huevos comen sendos, ¿esto cómo puede ser?»; «La manceba del abad no masa y tiene pan»; «El abad que no tiene hijos, es que le faltan los argamandijos» (con el comentario de Correas). ( cf. Rico 1987a:130, n. 16 ).

            Don Quijote considera parte de su misión la defensa de la honra de cualquier mujer, tanto mássi esta es reina, afirmando que todo es una calumnia del vulgo mal intencionado.

            La obligación de tal defensa lo es para cualquier cristiano y así parece lo entiende también Don Quijote, llamando blasfemias a las palabras del loco, por lo que debiera haberle «quebrado la boca».

            Pues la calumnia es un pecado de injusticia cometido contra el honor a que toda persona tiene derecho.

             De aquí se deduce la gravedad del pecado de calumnia que no sólo es una limitación en el amor al prójimo, sino una negación radical de la caridad. La calumnia. suele estar inseparablemente unida al odio. Así, pues, se encuentra en oposición a tres virtudes: la caridad, la justicia y la veracidad.

            El origen más frecuente de la calumnia es la envidia, que no sufre las buenas cualidades del prójimo. Así lo ve también Cervantes.

            Sancho utilizando un razonamiento inusual en él, despues de decir que «Dios cohonda»:confunda, a la reina, termina por decir que «allá se lo hallan, que ya Dios los habrá juzgado y que de Dios también dixeron». Dicho que ha pasado a nuestros días.

            Don Quijote muestra su propósito de hacer una hazaña que le llevará a la perfección de su ser de caballero andante.

AMADÍS DE GAULA.

            Tal hazaña es una imitación de otra de Amadís, al que Don Quijote propone como su dechado y modelo.

            La hazaña que escoge Don Quijote para imitar de su modelo es la de la penitencia que el mismo hizo en la Peña Pobre, « que sin hacer locuras de daño, sino lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más…».

            A través de esta penitencia Don Quijote tiene que demostrar que está loco: «loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar á mi Señora Dulcinea»: con una locura que o bien se cura con la aceptación de su amor por parte de su dama, o tal locura permancerá hasta el fin solucionando de esta forma el conflicto de su vida, «no sintiendo el mal que me aportares por loco».

            Sancho califica de purgatorio al estado en que está D. Quijote. Este le dice:¿Purgatorio le llamas Sancho?, mejor hicieras en llamarle infierno y aun peor, si hay otra cosa que lo sea».

NULLA EST REDEMPTIO

            Sancho, entonces comienza a hablar del infierno en el sentido real y entre sus propiedades está que quien en él entra, nunca de él puede salir: nulla est redemptio, «no hay redención para el condenado», frase eclesiástica refererida al infierno que D. Quijote no entiende pero que Sancho, sin saber la letra si le ha explicado el significado.

            En el texto lo primero que aparece es la fe en la existencia del purgatorio del que se hablaotras ocho veces más, a lo largo de la obra. Por ejemplo (cf. Nºs. 29,39,75).

            Es significativa la ortodoxia católica de Cervantes en esta materia tan atacada por Lutero pues la Reforma Luterana se inició precisamente con la denuncia que Lutero hizo contra la venta de indulgencias uno de cuyos fines era sacar a las almas del purgatorio.

            En el Islam existen conceptos similares o compatibles con el católico romano, como el lugar, período o secuencia de trámites por los que el alma espera el Juicio Final en lo que Mahoma describe como «las peores horas de la vida de un hombre».

            La idea de que las almas que van al infierno pueden sufrir allí la purificación y alcanzar el cielo, permite a algunos opinar que el infierno de los musulmanes es más parecido al purgatorio de los católicos que al infierno cristiano.

            Existe también el Araf un alto muro o barrera en el que esperan los que han conseguido escapar del infierno, pero no han sido autorizados aún a entrar en el cielo. También se encuentran en ese lugar fronterizo las almas de los naturalmente inocentes: los niños o los locos incapaces de distinguir el bien del mal.

            El infierno es nombrado con más frecuencia que el purgatorio. Hasta 29 veces. Los sentidos diversos en que es utilizada la palabra nos lleva a que en cada caso nos ocupemos de comentarlos.

 RASGÁNDOSE LAS VESTIDURAS.

           «Que poco sabes de lo que se trata», le dice Don Quijote a Sancho cuando afirma que ya ha visto bastantes locuras; le falta por falta ver: «Rasgar las vestiduras, en señal de dolor y duelo, esparcir las armas, en señal de derrota, y darme de calabazadas en señal de locura».

            El «por amor de Dios». Ya lo conocemos, sale con frecuencia en boca de los más diversos personajes, así, por ejemplo, en los cap. 23,24,25,27 etc, de la primera parte.

            «La máquina de esta penitencia», el proyecto que se ha trazado de esta penitencia.

            Se renueva aquí, con más precisión la identidad de Dulcinea con Aldonza Lorenzo, indicada anteriomente. (cf. Nº 1), Sancho, que es la primera vez que conoce tal identidad, le viene a decir con mucha sorna: –Aunque se lo llevara el diablo al infierno, nadie diria que no hizo muy bien con volverse loco y ahorcarse por ella.

            Don Quijote para acallar la decepción de Sancho le cuenta el cuento de la viuda, rica, que estaba «liada» con el lego.

            El cuento que relata debía ser popular; se alude a alguna otra versión en La casa de los celos y en La cueva de Salamanca. Sobre el cuento de la viuda, (cf. Comedias y entremeses, f. 237. Domínguez Bordona 1944:51) hay un posible eco del cuento primitivo en Castillejo, Sermón de amores, vv. 1304- 1305: «Los pasatiempos de amor / no han menester teología».

            Por otro lado tal cuento nos pone de manifiesto la frecuencia y poca extrañeza que en la época causaba la inobservancia de la ley del celibato entre los clérigos.

  CLÉRIGOS CON SUS ESPOSAS ANTES DEL SIGLO XII.

          Unas palabras que Uguccio de Pisa señaló, en torno al 1190: la «continencia de los clérigos es la que deben observar no contrayendo matrimonio y no usando del matrimonio si lo hubieran contraído», nos pueden situar bien acerca del sentido y evolución de la ley del celibato católico.

            El texto, lo primero que indica es la existencia de un uso por el que, aunque los casados pudieran acceder a las órdenes, debían no usar el matrimonio, con el consentimiento de la esposa, de ahí que el celibato eclesiástico se denominaba en sus comienzos con propiedad «continencia».

            La antigüedad de tal uso es, como mínimo anterior a la celebración del Concilio de Elvira, celebrado en un lugar cercano a Granada en el primer decenio del siglo IV, pues en este concilio se recoge por escrito la vigencia de la «continencia» para los clérigos.

            El canon 33 de dicho concilio, bajo el título «Sobre los obispos y ministros [del altar], que deben ser continentes con sus esposas», se encuentra el siguiente texto dispositivo: «Se está de acuerdo en la completa prohibición, válida para obispos, sacerdotes y diáconos, o sea, para todos los clérigos dedicados al servicio del altar, que deben abstenerse de sus mujeres y no engendrar hijos; quien haya hecho esto debe ser excluido del estado clerical».

            No es posible ver en el canon 33 una ley nueva. Se manifiesta claramente, por el contrario, como una reacción contra la inobservancia, muy extendida, de una obligación tradicional y bien conocida a la que en ese momento se añade también una sanción: o se acepta el cumplimiento de la obligación asumida, «la continencia» o bien se renuncia al estado clerical.

            De forma análoga se expresa el segundo Concilio africano del año 390, repetida en los posteriores: «Conviene que los sagrados obispos, los sacerdotes de Dios y los levitas sean continentes por completo para que puedan obtener sin dificultad lo que piden al Señor; a fin de que nosotros también custodiemos lo que han enseñado los Apóstoles y ha conservado una antigua usanza».

             La misma enseñanza se encuentra en los Papas Siricio (386) e Inocencio I (401-417), León Magno (456) y Gregorio Magno (590-604); y en los Padres S. Ambrosio, S. Agustín, S. Jerónimo.

            La inobservancia de la continencia por parte de los clérigos se hizo bastante general por el hecho de que muchos de los beneficios que estaban unidos al oficio clerical: abades, obispos, párrocos, eran, en muchos casos concedidos por seglares, lo que dio lugar a la generalización del pecado de Simonia, es decir la compra de los oficios, accediendo a ellos gente sin vocación, este mal fue afrontado especialmente por Gregorio VII.

PALACIO DEL LATERANO EN ROMA.

            En consecuencia el segundo Concilio Lateranense (1139), dispuso que los matrimonios contraídos por los clérigos mayores, como las personas consagradas mediante votos de vida religiosa fueran no sólo ilícitos, sino inválidos; esto dio lugar al mal entendido de que el celibato no fue introducido en la Iglesia hasta el Concilio Lateranense II, pues con anterioridad existió la ley de la continencia ya dicha.

            El Concilio de Trento conservo y reafirmó esta ley, en el sentido dado en el Cocilio Lateranense, atacando el mal de su inobservancia con la creación de los Seminarios llamados conciliares que permitió la selección y formación de los candidatos al sacerdocio.

   LA IDEALIZACIÓN DEL DULCINEA.

         Del cuentecillo saca Don Quijote la moraleja que nos describe cual es la función que en su vida tiene Dulcinea: «asi que, Sancho, por lo que yo quiero á Dulcinea del Toboso, tanto vale como la mas alta princesa de la tierra…y así bástame á mí pensar y creer, que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta…».

            A Sancho no acaba de gustarle que Aldonza Lorenzo esté desempeñando tal función con su amo, y tras decirle: «venga la carta, y a Dios, que me mudo», le pide su bendición y se ratifica en que «para que una tal …» no merece lo que por ella está haciendo Don Quijote.

            Ya camino del Toboso, Sancho se acuerda de que no debe jurar en falso, vuelve y le solicita a su amo que haga delante de él alguna locura y la hace tal, que le debió enseñar sus «partes pudendae» « descubriendo cosas que por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda á Rocinante,y se dió por contento y satisfecho de que podia jurar que su amo quedaba loco…».

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