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LAS TRAZAS DEL CURA Y EL BARBERO.

CAPÍTULO XXVII.- DE COMO SALIÉRON CON SU INTENCIÓN EL CURA Y EL BARBERO, CON OTRAS COSAS DIGNAS DE QUE SE CUENTEN EN ESTA GRANDE HISTORIA.

 1.-NÚMERO 42.

2.-LOCALIZACION. Cap.27.Parte I.Pág.2.T.II

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

LA VENTA DE DON QUIJOTE EN PUERTO LÁPICE. C. REAL. ESPAÑA.

 3.-TEXTO.

          «No le pareció mal al Barbero la invención del Cura… En resolución, la ventera vistió al Cura de modo que no habia mas que ver: púsole una saya de paño, llena de faxas de terciopelo negro, de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde…y no consintió el Cura que le tocasen, sino púsose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado…

            Despidiéronse de todos y de la buena Maritornes, que prometió de rezar un rosario, aunque pecadora, porque Dios les diese un buen suceso en tan arduo y tan christiano negocio como habian emprendido mas apénas hubo salido de la venta ,quando le vino al Cura un pensamiento, que hacía mal en haberse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente que un Sacerdote se pusiese así, aunque le fuese mucho en ello: y diciéndoselo al Barbero, le rogó se trocasen trages, pues era mas justo que él fuera de doncella menesterosa, y que él haría de escudero, y que así se profanaba menos su dignidad,y que si no lo quería hacer , determinaba no pasar adelante, aunque á Don Quixote se lo llevabase el diablo...el Barbero vino en todo aquello que el Cura quiso…

   CANTANDO EN LO ALTO DE LA MONTAÑA.

         «Estando pues los dos allí sosegados y á la sombra, llegó á sus oidos una voz, que sin acompañarla son de algun otro instrumento, dulce y regaladamente sonaba, de que no poco se admiráron…y mas quando advirtieron, que lo que oian cantar eran versos, no de rústicos ganaderos, sino de discretos cortesanos, y confirmó esta verdad haber sido los versos que oyéron estos:

¿Quien me causa este dolor?

Amor.

¿ Y quien mi gloria repuna?

Fortuna.

¿ Y quien consiente mi duelo?

El cielo.

De ese modo yo rezelo

morir desde mal extraño,

pues se aunan en mi daño

amor,fortuna y el cielo.

…La voz, y la destreza del que cantaba, causó admiración y contento en los dos oyentes…esperando si otra cosa oian; pero viendo que duraba algun tanto el silencio, determinaron de salir á buscar el músico…y queriéndolo poner en efeto, hizo la misma voz que no se moviesen, la qual llegó de

nuevo á sus oidos, cantando este soneto:

Santa amistad, que con ligeras alas,

Tu apariencia quedándose en el suelo,

Entre benditas almas en el cielo

Subiste alegre á las empireas salas.

Desde allá quando quieres nos señalas

La justa paz cubierta por un velo,

Por quien á veces se trasluce el zelo

De buenas obras, que á la fin son malas.

Dexa, cielo, ó amistad, ó no permitas,

Que el engaño se vista tu librea,

Con que destruye á la intención sincera:

Que si tus apariencias no le quitas,

Presto ha de verse el mundo en la pelea

De la discorde confusión primera.

            El canto se acabó con un profundo suspiro,…acordaron de saber quien era el triste…y no anduvieron mucho, quando al volver de una punta de una peña, vieron á un hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les habia pintado, quando les contó el cuento de Cardenio…

 EL CURA QUE ERA HOMBRE BIEN HABLADO.

           El Cura, que era hombre bien hablado (como el que tenia noticia de su desgracia, pues por las señas le habia conocido) se llegó á él, y…le rogó y persuadió, que aquella tan miserable vida dexase…

            Estaba Cardenio entónces en su entero juicio…y así respondió desta manera: bien veo yo señores, quien quiera que seais, que el cielo que tiene cuidado de socorrer á los buenos, y aun á los malos muchas veces, sin yo merecerlo me envia en estos tan remotos y apartados lugares…algunas personas, que poniéndome delante de

los ojos con vivas y varias razones, quan sin ella ando en hacer la vida que hago...y con esto comenzó su lastimera historia casi por las mesmas palabras…que le habia contado á Don Quixote y al cabrero pocos dias atras, quando por ocasión del maestro Elisabat…se quedó el cuento imperfeto…y así llegando al paso del villete que habia hallado Don Fernando entre el libro de Amadis de Gaula, dixo Cardenio que le tenia bien en la memoria…

            Por este villete me moví á pedir á Luscinda por esposa, como ya os he contado,…Díxele yo á Don Fernando en lo que reparaba el padre de Luscinda, que era en que mi padre se la pidiese…A todo esto me respondió Don Fernando, que él se encargaba de hablar á mi padre, y hacer con él que hablase al de Luscinda.

JUDAS CODICIOSO, TRAIDOR, CRUEL , VENGATIVO Y EMBUSTERO.

            ¡ Ó Mario ambicioso! ¡ó Catilina cruel! ¡ó Sila facineroso! ¡ó Galalón embustero! ¡ó Vellido traidor!¡ó Julián vengativo!¡ó Judas codicioso! Traidor, cruel, vengativo y enmbustero…

            Digo pues, que pareciéndole á Don Fernando, que mi presencia le era inconveniente para poner en execución su falso y mal pensamiento, determinó de enviarme á su hermano mayor, con ocasión de pedirle unos dineros para pagar seis caballos…

            Llegué al Lugar donde era enviado: dí las cartas al hermano de Don Fernando: fui bien recibido, pero no bien despachado, porque me mandó aguardar…ocho dias, y parte donde el Duque su padre no me viese, porque su hermano le escribia, que le

enviase cierto dinero sin su sabiduria: y todo fué invención del falso Don Fernando pues no le faltaban á su hermano dineros para despacharme luego…pero con todo esto obedecí como buen criado...; pero á los cuatro dias llegó un hombre en mi busca con una carta que me dió…

            Preguntéle al hombre…quien se la habia dado…díxome una señora muy hermosa le llamó desde una ventana y con mucha priesa me dixo: hermano , si sois christiano, como pareceis, por amor de Dios os ruego, que encamineis luego esta carta al lugar y á la persona que dice el sobrescrito…y en ello haréis un gran servicio á nuestro Señor.

            En tanto que el …nuevo correo esto me decia…temblándome las piernas…abrí la carta , y vi que contenia estas razones:

            La palabra que Don Fernando os dió, de hablar á vuestro padre para que hablase al mio, la ha cumplido mas en su gusto que en vuestro provecho. Sabed, señor, que él me ha pedido por esposa, y mi padre llevado de la ventaja, que él piensa que Don Fernando os hace, ha venido…que de aquí á dos dias se ha de hacer el desposorio, tan secreto y tan á solas, que solo han de ser testigos los cielos y alguna gente de casa...A Dios plega, que esta llegue a vuestras manos, ántes que la mia se vea en condición de juntarse con la de quien tan mal sabe guardar la fe que promete.

            El enojo que contra Don Fernando concebí, junto con el temor de perder la prenda que con tantos años de servicios y deseos tenia grangeada, me pusieron alas, pues casi como en vuelo, otro dia me puse en mi Lugar…y quiso la suerte que entónces la tuviese tan buena, que hallé á Luscinda puesta á la reja, testigo de nuestros amores…asi como Luscinda me vió , me dixo: Cardenio, de boda estoy vestida, ya me están aguardando en la sala Don Fernando el traidor y mi padre el codicioso…

            Me animé lo mas que pude, y entré en su casa, y como sabia bien todas sus entradas y salidas…sin ser visto…tuve lugar de ponerme en el hueco que hacia una ventana de la misma sala, que con las puntas y remates de dos tapices se cubria…

            Digo pues, prosiguió Cardenio, que estando todos en la sala, entró el Cura de la Parroquia, y tomando á los dos por la mano para hacer lo que el acto requiere, al decir: ¿ quereis, señora Luscinda, al señor Don Fernando que está presente, por vuestro legítimo esposo, como lo manda la Santa Madre Iglesia?...Estaba esperando

el Cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen espacio en darla , y quando yo pensé que…desataba la lengua para decir alguna verdad, ó desengaño, que en mi provecho redundase, oigo que dixo con voz desmayada y flaca: si quiero: y lo mesmo dixo Don Fernando, y dándole el anillo, quedáron en indisoluble nudo ligados.

 EL DESMAYO DE LUSCINDA.

           Llegó el desposado á abrazar á su esposa, y ella poniéndose la mano sobre el corazon , cayó desmayada en los brazos de su madre y desabrochándole su madre el pecho para que le diese el ayre, se descubrió en él un papel cerrado, que Don Fernando tomó luego y se le puso a leer á la luz de una de las hachas, y en acabando de leerle, se sentó en una silla y se puso la mano en la mexilla con muestras de hombre muy pensativo, sin acudir á los remedios que á su esposa se hacian para que del desmayo volviese...yo salí de aquella casa…y salí de la ciudad, sin osar , como otro Lot, volver el rostro á miralla...

            Desta manera paso mi miserable y extrema vida, hasta que el cielo sea servido de conducirla á su último fin, ó de ponerle en mi memoria para que no me acuerde de la hermosura y de la traición de Luscinda, y del agravio de Don Fernando, que si esto él hace sin quitarme la vida, yo volveré á mejor discurso mis pensamientos: donde no, no hay sino rogarle, que absolutamente tenga misericordia de mi alma, que yo no siento en mí valor, ni fuerzas para sacar el cuerpo desta estrecheza en que por mi gusto he querido ponerle…

            Aquí dió fin Cardenio á su larga plática,…y al tiempo que el Cura se prevenia para decirle algunas razones de consuelo, le suspendió una voz, que llegó a sus oidos…que decia lo que se dirá en la quarta parte desta narración, que en este punto dió fin a á la tercera el sabio, y atentado historiador Cide Hamete Benengeli».

 COMENTARIO.

             «No consintió el cura que le tocasen» puede tener el sentido de que no le parecía decente, que las mujeres le tocasen para vestirlo. Pero, mejor, podría interpretarse como una insinuación del gracejo del cura que se comporta como una doncella remilgada, no dejando que le tocasen, es decir, pusiesen la toca, por lo que se puso el birretillo de dormir.

            Maritornes promete rezar un rosario, devoción muy extendida ya en el siglo XVI por obra de los dominicos, en la obra rezan el rosario varios personajes, veremos más adelante como también Don Quijote «asíó un rosario que contino consigo traia»            Subraya el autor la condición de pecadora de Maritornes, lo que ni le impedía ser una persona creyente y hasta piadosa.

            Este dato es característico de una sociedad que compatibilizó la existencia de una fe firme y una religiosidad muy arraigada, en todas sus clases sociales, con una conducta moral en muchos casos reprobable y en contradicción con esa misma fe.

            No olvidemos que el siglo XVI, es una época en la que desde todas las instancias se clama por la reforma de las costumbres, a la que se unió, también, un gran anhelo de renovación.

            En un momento dado el cura consideró indecente e indigno de un sacerdote ir disfrazado de mujer. Estando dispuesto a abandonar el proyecto, «aunque á Don Quixote se lo llevabase el diablo».

IMAGEN DEL CONCILIO DE TRENTO.

            El Concilio de Trento prohibió que los sacerdotes usasen ropas no apropiadas a su condición. (cf. Sesión XIV, Cap. VI: «Poena decernitur in clericos, qui in sacris constituti, aut beneficia possidentes, ordini suo congruente veste non utuntur»: «Se sancionará a los clérigos, con órdenes sagradas, o detentores de beneficios, que no usen hábito adecuado a su orden».

            Pidió por ello el cura al barbero que se cambiaran el disfraz a lo que se avino el barbero.

            Sancho, a quien dieron cuenta de lo que pretendían, que era llevárselo a su lugar, estuvo de acuerdo pero les dijo que sería mejor que fuese él primero a buscar a Don Quijote; los tres estuvieron de acuerdo. El cura y el barbero quedaron a la espera en un sitio ameno y muy agradable.

            Sancho les contó durante el camino, lo que les aconteció con el loco que hallaron en la sierra. De esta forma el autor va a introducir de nuevo en la narración a Cardenio.

            En la estrofa transcrita, de los primeros versos, hay una alusión religiosa, que pudiera plantear el problema de la existencia del mal en el mundo, al afirmar que el cielo, “Dios consiente mi duelo.”

    LAS ALMAS BENDITAS EN EL CIELO.

        El soneto, a primera vista, presenta también, una visión pesimista de la realidad terrena en general y de la amistad humana en particular, pues la amistad verdadera, Santa amistad, se subió al cielo con las almas benditas, dejando en la tierra una realidad que sólo tiene apariencia de bien, aunque por otro lado no deja de translucir ese idealismo que caracterizó la espiritualidad del siglo XVI español, que parte de una posición que se niega a aceptar la realidad aparente como única: (que si tus apariencias no le quitas/ presto ha de verse el mundo en la pelea/ de la discorde confusión primera) como define la filosofía naturalista y racionalista modernas.

            El español no acepta tal postura, busca una realidad superior en la que quepan Dios y el hombre individual (no el hombre abstracto), la tierra con todas sus cosas, altas y bajas; bellas y feas, y el cielo, imagen de la suma belleza y de la suma verdad. Y en eso estriba el misticismo español, en combinar todos los elementos: fe y obras; contemplación y acción; mundo real y material y cielo.

            La narración de la historia de Cardenio interrumpida en el capítulo 24 se reanuda en éste, el 27, ocupando prácticamente todo el capítulo.

            En él nos ocupamos de las referencias religiosas. Aparece de nuevo el importante papel que el Cura del Lugar desempeña en la obra y lo bien parado que queda en ella. Ahora dice de él que era buen conversador: «El Cura, que era hombre bien hablado», convenció a Cardenio para que les contase su historia.

            Cardenio agradece a Dios que premia a los buenos y muchas veces a los malos, haciéndonos rememorar el texto evangélico de Mateo, «que hace salir el sol sobre buenos y malos y llueve sobre justos e injustos». (cf. Mt. 5,45).

   CATILINA Y SUS MENTIRAS.

         Después empieza su historia donde la dejó, depotricando contra Don Fernando diciéndole que es un traidor, haciendo una lista retórica de ejemplos de personajes traidores: Mario, Catilina y Sila son personajes de la historia romana; Galalón, el par que traicionó a Roldán; Vellido, Vellido Dolfos, el asesino del rey Sancho, y el último es el conde don Julián, padre de la Cava: los tres últimos son personajes del Romancero; Judas, como es sabido, procede del Evangelio.

            A éste le aplica los peores calificativos: «¡ó Judas codicioso! Traidor, cruel, vengativo y embustero…».

            El texto destaca varios rasgos de cristiandad, como el de Cardenio que obedece a su amo por ser buen criado: «pero con todo esto obedecí como buen criado…», y el del portador de la carta a quien por parecer buen cristiano, Luscinda le pide la lleve «por amor de Dios».

            Casi todo el resto de la narración tiene como objeto, desde el punto de vista religioso, preparar los acontecimientos que va a narrar en los capítulos siguientes: La validez del matrimonio de Don Fernando con Dorotea, en consecuencia la invalidez del celebrado con Luscinda, la validez del matrimonio «bajo palabra» celebrado con Cardenio, (cf. Nº 37), debido al escrito que la desmayada Luscinda llevaba en el pecho y que Don Fernando, mostrando su falta de educación leyó, sin ir dirigido a él, sentado y despreocupado del desmayo de Luscinda.

            Cervantes muestra su conocimiento del ritual del matrimonio católico en su época pues transcribe literalmente la fórmula del consentimiento, así con el rito de la entrega de los anillos, afirmando sin ambages su sacramentalidad, así como la indisolubilidad del vínculo matrimonial en una época en que ya había sido negada por Lutero y Calvino, y según algunos, por Erasmo, fundándose en que no lo llamaba sacramento, sino «arcanum».

   RITO MATRIMONIAL.

         El Nuevo Testamento no menciona ningún servicio religioso específico para el matrimonio. Pero el carácter religioso del matrimonio fue subrayado desde los origenes del cristianismo, el mismo san Pablo nos habla de él como «es éste un gran misterio y yo lo refiero a Cristo y a su Iglesia» (Efesios, 5,21) aunque los modelos celebrativos conservaran muchos elementos judios y griegos.

            En el siglo II ya san Ignacio de Antioquia enseña sobre el matrimonio en la iglesia: «…los varones y las mujeres que deseen casarse, deben realizar su enlace conforme a las disposiciones del obispo…» (Filipenses 5,2).

            Los Padres de la Iglesia se detuvieron especialmente en reflexionar sobre la relación entre concupiscencia y matrimonio subrayando en especial el fin procreador. Dado que Dios es su autor, el matrimonio no puede ser despreciado.

            Tertuliano muestra una idea más bien desfavorable: subraya sólo el fin de servir de freno de la concupiscencia dado que ante el inminente fin del mundo no valdría la pena traer nuevos hombres al mundo (cf. Ad uxorem 2 y 3), aunque en otro momento afirma: «Al contemplar esos hogares, Cristo se alegra, y les envía su paz; donde están dos, allí está también Él, y donde Él está no puede haber nada malo».

            A partir del siglo IV, gradualmente el matrimonio va entrando en la Iglesia y cristianizando los ritos civiles.

            La consideración del matrimonio como sacramento no aparece de forma expresa en la enseñanza de la Iglesia hasta el siglo XII y se introduce como signo de la unión de Cristo y de la Iglesia (cf. Decreto pro armeniis del Concilio de Lyon).

            Los escolásticos medievales insisten en que el sacramento del matrimonio, de una manera extraordinaria, fue instituido dos veces. La primera, en el Génesis, tiene a Dios como autor y está al servicio de la naturaleza. La segunda se origina en Cristo, como los demás sacramentos.

            El primer caso simboliza la unión que se realiza entre Dios y la humanidad. El segundo, el amor que Cristo profesa a su Iglesia.

  CALVINO .

          El concilio de Trento incluye al matrimonio entre los siete sacramentos,(cf. ses VII, can 2) y defiende que la institución natural tal como aparece en el Génesis 1,27-28, es recogida y confirmada por Cristo: «¿No habéis leído como el que creó al hombre en el principio lo hizo varón y mujer?, y dijo: por ello el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una misma carne». (Mt. 19,4-6).

            Tanto Lutero como Calvino negaron la sacramentalidad del matrimonio. Para poderlo llamar sacramento, «falta la institución y la promesa divina que es la que constituye el sacramento». En octubre de 1520 Lutero publicó La cautividad de Babilonia, escrita en latín, dirigida a los teólogos, en la que identifica al Papa con el Anticristo, rechaza varios sacramentos y expone su doctrina sobre el matrimonio.

            Aunque en la época algunos enemigos de Erasmo le achacaron negar la sacramentalidad del matrimonio la realidad es que no la negó. En la réplica a Stúñiga dice expresamente: «Ego fateor esse Sacramentum Ecclesiae iuxta rationem exactam Sacramenti, nimirum dissentiens a Petro Lombardo et a veteribus theologis, et consentiens Ecclesiae definitioni»: Yo confieso que (el matrimonio) es un Sacramento de la Iglesia en el sentido exacto de la sacramentalidad, estando en desacuerdo con Pedro Lombardo y otros antiguos teólogos, y admitiendo la definición de la Iglesia». (Cf. Apologia).

 LOT SALIENDO DE LA CIUDAD MIENTRAS SU ESPOSA SE CONVIERTE EN ESTATUA DE SAL.

           En el texto se subraya la referencia al pasage del libro del Génesis, 19,26, en el que se mandó a Lot que saliera con su mujer e hijas de la ciudad de Sodoma sin volver la vista atrás, de lo contrario se convertiría en estatua de sal, algo que, por este motivo, le aconteció a su mujer. Así dice Cardenio que salió de la ciudad «sin osar como otro Lot, volver el rostro á miralla».

            Finalmente Cardenio alude en el texto, dos veces, a la salvación de su alma, como el último fin de la existencia: «donde no, no hay sino rogarle, que absolutamente tenga misericordia de mi alma».

            En el capitulo siguiente comienza la cuarta parte en que dividió Cervantes la primera parte de su obra y que en esta versión la Academia no está siguiendo.

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