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DON QUIXOTE ACOGE A LA BELLA DOROTEA.

CAPITULO XXVIII. QUE TRATA DE LA NUEVA Y AGRADABLE AVENTURA QUE AL CURA Y AL BARBERO SUCEDIÓ EN LA MESMA SIERRA.

 1.-NÚMERO 44.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.28.Parte I.Pág 28-29.T.II

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 EL CURA Y EL BARBERO DESCUBREN A DOROTEA.

3.-TEXTO.

             «¡ Ay Dios! ¿ si será posible que he hallado lugar que pueda servir de escondida sepultura á la carga pesada deste cuerpo, que contra mi voluntad sostengo? Sí será, si la soledad que prometen estas sierras no me miente.

            ¡ Ay desdichada! y quan mas agradable compañia harán estos riscos y malezas á mi intención, pues me darán lugar para que con quexas comunique mi desgracia al cielo, que no la de ningun hombre humano…

            Todas estas razones oyeron y percibiéron el Cura y los que con él estaban…y no hubieron andado veinte pasos, quando detras de un peñasco viéron sentado al pie de un fresno á un mozo vestido como labrador, al qual, por tener inclinado el rostro, á causa de que se lavaba los pies en el arroyo que por allí corria, no le pudieron ver por entonces…y luego con un paño…se los limpió, y al querer quitársele, alzó el rostro, y tuvieron lugar, de ver una hermosura incomparable, tal que Cardenio dixo al Cura con voz baxa: esta , ya que no es Luscinda, no es persona humana , sino divina.

             El mozo se quitó la montera, y sacudiendo la cabeza á una y á otra parte, se comenzáron á descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia: con esto conocieron que el que parecia labrador era muger, y delicada…lo qual visto por los tres, salieron á ella, y el Cura fué el primero que le dixo teneos , señora, quien quiera que seais, que los que aquí veis, solo tienen intención de serviros…y puestos los tres alrededor de ella, haciéndose fuerza por detener algunas lágrimas que á los ojos se le venian, con voz reposada y clara, comenzó la historia de su vida desta manera:

LA BELLA DOROTEA ANTE DON QUIJOTE SANCHO Y CARDENIO.

            En esta Andalucía hay un Lugar de quien toma título un Duque…Deste Señor son vasallos mis padres, humildes en linage, pero tan ricos, que si los bienes de su naturaleza igualaran á los de su fortuna, ni ellos tuviéran mas que desear, ni yo temiera verme en la desdicha que me veo…

  SALIENDO DE MISA.

          Ellos son en fin labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza mal sonante, y como suele decirse, christianos viejos ranciosos, pero tan rancios, que su riqueza y magnifico trato les va poco á poco adquiriendo nombre de hidalgos y aun de caballeros…,finalmente de todo aquello que un tan rico labrador como mi padre puede tener y tiene, tenia yo la cuenta, y era la mayordoma y señora…los ratos que del dia me quedaban despues de haber dado lo que convenia á los mayorales, ó capataces, y á otros jornaleros los entretenia en exercicios que son á las doncellas tan licitos como necesarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca muchas veces y si alguna por recrear el ánimo estos exercicios dexaba, me acogia al entre tenimiento de leer libros devotos».

         Esta pues era la vida que yo tenia en casa de mis padres,..Es pues el caso, que pasando mi vida en tantas ocupaciones y en un encerramiento tal, que al de un monesterio pudiera compararse, sin ser vista, á mi parecer, de otra persona alguna que los criados de casa, porque los dias que iba a misa era tan de mañana, y tan acompañada de mi madre y de otras criadas, y yo tan cubierta y recatada, que apénas vian mis ojos mas tierra de aquella donde ponia los pies…los del amor, ó losde la ociosidad por mejor decir…me viéron puestos en la solicitud de Don Fernando, que este es el nombre del hijo menordel Duque que os he contado.

  DOROTEA SE RINDE ANTE DON FERNANDO.

          No hubo bien nombrado á Don Fernando…quando á Cardenio se le mudó la color del rostro…Sea pues lo que fuere …, lo que en mi cuento pasa fué, que tomando Don Fernando una imagen que en aquel aposento estaba, la puso como testigo de nuestro desposorio, con palabras eficacísimas y juramentos extraordinarios me dió palabra de ser mi marido, puesto que antes de que acabara de decirlas, le dixe que mirase bien lo que hacía, y que considerase el enojo que su padre había de recibir de verle casado con una villana vasalla suya… llamé á mi criada, para que en la tierra acompañase á los testigos del cielo: tornó reiterar D. Fernando y confirmar sus juramentos, añadió á los primeros nuevos Santos por testigos… apretóme mas entre sus brazos…y con volverse y salirse del aposento mi doncella, yo dexe de serlo y él acabó de ser traidor y fementido…despues de cumplido aquello que el apetito pide, el mayor gusto que puede venir, es apartarse de donde le alcanzáron.

            Digo esto porque Don Fernando dió priesa por partirse de mí… aunque me dixo que estuviese segura de su fe…y para más confirmación de su palabra sacó un rico anillo del dedo y lo puso en el mio.

            En efecto él se fué, y yo quedé ni sé si triste, ó alegre…de allí a pocos dias se dixo en en el Lugar, como en una ciudad allí cercana se había casado Don Fernando con una doncella hermosísima en todo extremo… díxose que se llamaba Luscinda…

   LA BODA DE LUSCINDA CON DON FERNANDO.

        Oyó Cardenio el nombre de Luscinda y no hizo otra cosa que encoger los hombros, morderse los labios…y dexar de allí á poco caer por su ojos dos fuentes de lágrimas; mas no por esto dexó Dorotea de seguir su cuento diciendo:… y en el silencio de aquella noche…, salí de mi casa, acompañada de mi criado y me puse en camino de la ciudad… y entrando en ella pregunté por la casa de Luscinda, y al primero á quien hice la pregunta me respondió mas de lo que yo quisiera oir…díxome que la noche que Don Fernando se desposó con Luscinda, despues de haber ella dado el sí… le habia tomado un recio desmayo, y que llegando á desabrocharle el pecho, le hallo un papel escrito…en que decia y declaraba, que ella no podiaser esposa de Don Fernando, porque lo era de Cardenio… y que si le había dado el si era por no salir de la obediencia de sus padres…

            Todo lo qual visto por Don Fernando, parecióle que Luscinda la había burlado y escarnecido… y arremetió á ella ántes que de su desmayo volviese, y con la misma daga que le hallaron la quiso dar de puñaladas, y lo hiciera si sus padres …no lo estorbaran.

            Dixeron más, que luego se ausentó Don Fernando, y que Luscinda no habia vuelto de su parosismo hasta otro dia, que contó á sus padres, como ella verdadera esposa de aquel Cardenio que he dicho…

            Esto que supe puso en bando mis esperanzas…dándome á entender que podría ser que el cielo hubiese puesto aquel impedimento en el segundo matrimonio, por atraerle á conocer lo que al primero debia, y á caer en la cuenta de que era christiano, y que estaba mas obligado á su alma , que á respetos humanos.

            Todas estas cosas revolvia en mi fantasia… y estando pues en la ciudad sin saber que hacerme, pues á Don Fernando no hallaba, llegó a mis oidos un publico pregón donde se prometia grande hallazgo á quien me hallase…

   EL PRECIPICIO DEL CRIADO DE DOROTEA.

         Al punto que oí el pregón, me salí de la ciudad con mi criado…y aquella noche nos entrámos por lo espeso desta montaña…pero como suele decirse que un mal llama a otro…así me sucedió á mi porque mi buen criado hasta entonces fiel y seguro…quiso aprovecharse de la ocasión que á su parecer estos yermos le ofrecían, y con poca verguenza ménos temor de Dios, ni respeto mio, me requirió de amores …pero el justo cielo, que pocas, ó ningunas veces dexa de mirar y favorecer á las justas intenciones, favoreció las mias, de manera que con mis pocas fuerzas y con poco trabajo dí con él en un derrumbadero, donde le dexé, ni sé si muerto , ó vivo…y luego me entré por estas montañas, sin llevar otro pensamiento que esconderme en ellas.

             Ha no sé quantos meses que entré en ellas, donde hallé un ganadero que me llevó por su criado á un Lugar que en las entrañas desta sierra, al qual he servido de zagal por todo este tiempo, procurando estar siempre en el campo por encubrir estos cabellos que ahora tan sin pensarlo me han descubierto…».

 4.-COMENTARIO.

            El texto que en lo referente al hilo narrativo ya lo conocemos y hasta podemos imaginar su desenlace, puesto que es la continuación de lo que empezó a narrar anteriormente referente a Don Fernando y Dorotea, tiene el interés de presentarnos una parcela muy importante de la sociedad de la época: al señor de vasallos y entre ellos al del labrador rico.

            La figura del señor de vasallos, ya fuera eclesiástico o civil, resulta imprescindible para entender tanto la vida económica como política de la Edad Moderna en España, quedando una parte muy grande de su territorio bajo la jurisdicción de señorío.

            En algunas zonas, sólo un cuarto de tierras era de realengo, distribuyéndose el resto entre el señorío eclesiástico (abadengo), el civil (solariego o pleno, y jurisdiccional) y esa situación ambigua en la que, en el fondo, se movían los señoríos de las tierras de Órdenes Militares.

            Muchos de ellos hundían sus raíces en el período medieval, y se basaban en antiguas donaciones regias. Sin embargo, durante el siglo XVI se recurrió frecuentemente a la venta de tierras con jurisdicción; así Carlos I vendió numerosas tierras de Órdenes Militares y Felipe II procedió a lo que se llamó venta de vasallos de jurisdicción eclesiástica.

            Hay que advertir que los compradores de estas jurisdicciones no tenían por que ser eclesiásticos o nobles, puesto que no era imprescindible pertenecer a uno de los El texto como, se ve por los subrayados está, plagado de referencias religiosas y morales cristianas, aunque la mayor parte de ellas nos son conocidas no queremos pasar sin nombrarlas:

– La vida de recogimieto similar al de un «monesterio».

– La forma de asistencia de las mujeres a misa.

Los detalles de la celebración del matrimonio bajo palabra ya referido.

La finura con que describe la pérdida de la virginidad» «y con salirse de mi aposento mi doncella yo dexe de serlo y el acabó de ser traidor y fementido».

– La descripción del comportamiento del varón una vez satisfecho el apetito sexual.

– La confirmación de la fe dada confirmado con la entrega del anillo.

– El detalle de lo que decía el papel hallado en el pecho de Luscinda encaminado a probar la validez de su matrimonio anterior.

– El cuidado de decir que Luscinda dijo el a Don Fernando sometida a la obediencia de sus padres que podría alegarse también como impedimento de nulidad de su consentimiento.

– Las esperanzas de Dorotea fundada en la fe en la providencia que parece venía encaminado las cosas para que su matrimonio se arreglase.

– La referencia a que un cristiano, como Don Fernando, no podía dejar pasar un asunto que podía poner en peligro la salvación de su alma, pasando por cima de los respetos humanos.

– El recurso a la misma providencia que no abandona a los buenos, en el caso del intento de su criado de violentarla.etc., etc.

            Por otra parte, la historia deja preparadas las aventuras que ocuparán los capítulos siguientes.

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