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CAPITULO XXXI. DE LOS SABROSOS RAZONAMIENTOS QUE PASÁRON ENTRE DON QUIXOTE Y SANCHO SU ESCUDERO, CON OTROS SUCESOS.

  1.-´NÚMERO 49.

2.- LOCALIZACION. Cap.31.ParteI. Pág.72.T.II

3.- TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 DULCINEA VISTA POR SANCHO PANZA.

3.-TEXTO.

 

            «Todo eso no me descontenta, prosigue adelante. Llegaste y que hacia aquella Reyna de la hermosura?…no la hallé, respondió Sancho, sino ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su casa…quando le diste mi carta…¿hizo alguna ceremonia digna de tal carta?…acaba cuéntamelo todo.

            Ella no me me preguntó nada, dixo Sancho, mas yo le dixe de la manera que vuestra merced por su servicio quedaba haciendo penitencia…llorando y maldiciendo su fortuna. En decir que maldecia mi fortuna dixiste mal, dixo Don Quixote, porque ántes la bendigo y bendeciré todos los dias de mi vida, por haberme hecho digno de amar tan alta Señora como Dulcinea del Toboso. Tan alta es, respondió Sancho, que llegando á ayudar á poner un costal de trigo sobre un jumento, llegámos tan juntos que eché de ver que me llevaba mas de un gran palmo.    

 IMAGEN RELACIONADA CON LOS SABEOS.

     Pues es verdad, respondió Don Quixote, que no acompaña esa grandeza y la adorna con mil millones de gracias del alma…¿ no sentiste un olor sabeo, una fragancia aromática, y un no sé que de bueno, como si estuvieras en la tienda de algun curioso guantero?

             Lo que sé decir, dixo Sancho, es que sentí un olorcillo algo hombruno…

No seria eso , respondió Don Quixote…te debiste de oler a tí mismo, porque yo sé bien lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ámbar desleido.

            Todo puede ser, respondió Sancho que muchas veces sale de mí ese olor que entónces me pareció que salia de su merced la Señora Dulcinea; pero no hay de que maravillarse, que un diablo parece á otro.

    DULCINEA DISPUESTA A CERNER EL TRIGO 

        Y bien, prosiguió Don Quixote, he aqui que acabó de limpiar su trigo…¿ que hizo quando leyó la carta?. La carta no la leyó, dixo Sancho…ántes la rasgó y la hizo menudas piezas, diciendo que no la queria dar á leer á nadie, porque no se supiesen en el Lugar sus secretos…y que bastaba lo que yo le habia dicho de palabra acerca del amor que vuesa merced le tenia, y de la penitencia extraordinaria que por su causa estaba haciendo:…

            Todo va bien hasta agora, dixo Don Quixote; pero dime ¿ que joya fué la que te dió al despedirte…un pedazo de pan y queso, que esto fué lo que me dió mi Señora Dulcinea por las bardas de un corral quando della me despedi: y aun por mas señas era queso ovejuno.

          Es liberal en extremo, dixo Don Quixote…pero buenas son mangas después de Pascua, pero yo la veré y se satisfará todo…Pero dexando esto aparte ¿ que te parece á ti debo hacer ahora cerca de lo que mi Señora me manda que la vaya á ver? que aunque me veo que estoy obligado…, véome tambien imposibilitado del don que he prometido á la Princesa...y fuérzame la ley de caballeria á cumplir mi palabra ántes que mi gusto…pero lo que pienso hacer, será caminar apriesa y llegar presto donde está este gigante… y en llegando le cortaré la cabeza, y pondré á la Princesa pacíficamente en su Estado, y al punto daré la vuelta á ver la luz que mis sentidos alumbra…

            ¿Piensa vuestra merced…perder un tan rico y tan principal casamiento como este, donde le dan en lote Reyno,…y que es mayor que Portugal y que Castilla juntos? Calle por amor de Dios, y tenga vergüenza de lo que ha dicho, y tome mi consejo,y perdóneme, y cásese luego en el primer Lugar que haya Cura, y si no ahí está nuestro Licenciado que lo hará de perlas: y advierta que ya tengo edad para dar consejos, y que este que le doy le viene de molde, que mas vale páxaro en la mano que buytre volando, porque quien bien tiene y mal escoge, por bien que se enoja, no se venga.

            Mira Sancho, respondió Don Quixote, si el consejo que me das de que me case, es porque sea luego Rey en matando al gigante, y tenga cómodo para hacerte mercedes y darte lo prometido , hágote saber, que sin casarme podré cumplir tu deseo muy fácilmente porque yo sacaré de adahala, ántes de entrar en la batalla, que saliendo vencedor della, ya que no me case, me han de dar una parte del Reyno, para que la pueda dar á quien yo quisiere: y en dándomela ¿á quien quieres tú que la dé sino á ti?         

            Eso está claro respondió Sancho;…váyase á matar al gigante, y concluyamos este negocio, que por Dios que se me asienta que ha de ser de mucha honra y provecho.            

           Dígote Sancho, dixo Don Quixote, que estás en lo cierto…y avísote que no digas nada á nadie de lo que aquí hemos departido y tratado, que pues Dulcinea es tan recatada, que no quiere que se sepan sus pensamientos…

            Pues si eso es así, dixo Sancho ¿cómo hace vuestra merced, que todos los que vence su brazo, se vayan á presentar ante mi Señora Dulcinea, siendo esto firma de su nombre , que la quiere bien, y que es su enamorado?…¿tú no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan sin que se extiendan mas sus pensamientos que á servilla por solo ser ella quien es sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseosCon esa manera de amor , dixo Sancho, he oido yo predicar que se ha de amar á nuestro Señor por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria, ó temor de pena, aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese.

            Válate el diablo por villano, dixo D. Quixote,¡y que de discreciones dices á las veces!, no parece sino que has estudiado. Pues a fe mía que no sé leer, respondió Sancho».

   LAS MENTIRAS DEL SANCHO SOBRE DULCINEA.

         «En esto les dió voces maese Nicolas, que esperasen un poco, que querian detenerse á beber en una fontecilla. Detúvose Don Quixote con no poco gusto de Sancho, que ya estaba cansado de mentir tanto…

            Estando en esto, acertó á pasar por allí un muchacho que iba de camino, el qual poniéndose á mirar con mucha atencion á los que en la fuente estaban, de allí á poco arremetió á Don Quixote, y abrazándole las piernas, comenzó á llorar de propósito:…

LAS AMENAZAS DE DON QUIJOTE AL AMO DE ANDRÉS.

Reconociólo Don Quixote y asiéndole de la mano se volvió á los que allí estaban, y dixo: porque vean vuestras mercedes quan de importancia es haber caballeros andantes en el mundo…, sepan vuestras mercedes, que los dias pasados pasando yo por un bosque oí unos gritos y unas voces muy lastimosas…acudí luego, llevado de mi obligación hacia la parte donde me pareció que las lamentables voces sonaban, y hallé atado á una encina á este muchacho… ¿No es verdad todo esto, hijo Andres?…Responde, no te turbes, dí lo que pasó á estos señores…Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad, respondió el muchacho; pero el fin del negocio sucedió muy al reves de lo que vuestra merced imagina.

            ¿Como al reves?, replicó Don Quixote, ¿ luego no te pagó el villano?… No solo no me pagó, respondió el muchacho, pero así como vuestra merced traspuso el bosque…me dió de nuevo tantos azotes, que quedé hecho un San Bartolomé desollado

            El daño estuvo, dixo Don Quixote, en irme yo de allí … pero ya te acuerdas, Andres, que yo juré, que si no te pagaba, que habia de ir á buscarle, y que le habia de hallar aunque se escondiese en el vientre de la ballena…

            No me creo de esos juramentos, dixo Andres, mas quisiera tener agora con que llegar á Sevilla que todas las venganzas del mundo: déme si tiene ahí algo que coma y lleve, y quédese con Dios su merced y todos los caballeros andantes,…

            Sacó de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de queso, y dándoselo al mozo, le dixo: toma, hermano Andrés , que á todos nos alcanza parte de vuestra desgracia.

            ¿Pues que parte os alcanza á vos? preguntó Andres, esta parte de queso y pan que os doy, respondió Sancho, que Dios sabe si me ha dehacer falta, ó no,…Andrés asió de su pan y queso, y viendo que nadie le daba otra cosa, abaxó su

cabeza y tomó el camino en las manos, como suele decirse. Bien es verdad, que al partirse dixo á Don Quixote: «por amor de Dios, señor caballero andante,» que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra, ni ayude, sino déxeme con mi desgracia, que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, á quien Dios maldiga, y á todos quantos caballeros andantes han nacido en el mundo.

            Quedó corridísimo Don Quixote del cuento de Andres, y fue menester que los demás tuviesen mucha cuenta con no reirse por no acabase de correr del todo».

LA TRANSFORMACIÓN  TERESA ALDONZA  EN DULCINEA.

4.-COMENTARIO.

           El texto es continuación del interrogatorio que inició Don Quijote al final del capítulo anterior, preguntando a Sancho por la supuesta visita que éste hizo a Dulcinea.

Se puede decir de él, que Cervantes ha hecho del diálogo una especie de juego entre Don Quijote y Sancho, con gran coherencia.

            Don Quijote, partiendo de lo que ya expresó en otra ocasión acerca de Dulcinea, va buscando que Sancho se la describa tal como él la ve en su imaginación y así transforma la realidad que Sancho le presenta de acuerdo con su idealidad. Sancho, por el contrario, le presenta también su creación, guiado por la idea que de Teresa Aldonza tiene.

            Los subrayados no hacen más que confirmar esta idea. Don Quijote corrige a Sancho cuando afirma que quedaba maldiciendo su fortuna, él bendecía el momento en que se sintió digno de amar a Dulcinea «yo sé bien lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ámbar desleido». (cf. Cantar 2,2)

    EL SAGRADO CORÁN.

        Don Quijote  hablando del olor de  Dulcinea dice entre otras cosas: ¿ no sentiste un olor sabeo,..? Los sabeos era una secta religiosa que aparece entre las fuentes  del Corán, de la que Mahoma tomó alguna de sus creencias. ( Cf. Las fuentes del Corán en bloc quijotediscipulo ).

             Sancho dice que Teresa Aldonza huele de forma parecida a como huele él, de

modo semejante a «como un diablo se parece a otro».

            Don Quijote pregunta a Sancho que joya le ha regalado, Sancho le dice que le echó por cima de la tapia un trozo de queso y encima ovejuno: Don Quijote valora el regalo diciendo »pero buenas son mangas después de Pascua». (cf. Guzmán de Alfarache II, III,1,Cf. Horozco, Teatro núm.455).

            Terminado el interrogatorio le pide opinión sobre lo que debe hacer: ¿ir a ver a Dulcinea o cumplir la palabra dada la princesa? El mismo se da la respuesta más acorde con su ser: «y fuérzame la ley de caballeria á cumplir mi palabra ántes que mi gusto…» aunque la obligación adquirida con la Princesa la resuelva rapidamente.

            Sigue una frase religiosa que dice Sancho «calle por amor de Dios», utilizando el amor a Dios que supone tiene D. Quijote, para reforzar su petición de que se case con la princesa. La frase «cásese luego en el primer Lugar que haya cura» indica cómo Cervantes conoce quienes son los que tienen jurisdicción para la celebración del matrimonio: El cura en su propia parroquia, y el licenciado en su propio

lugar y que el matrimonio por la Iglesia era el único medio de casamento.

El refrán era conocido en la forma «Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje». Sancho, cómicamente, cambia la segunda parte del refrán «por bien que se enoja, no se venga» para evitar las posibles consecuencias de lo que está aconsejando.

            La frase: «que por Dios que se me asienta que ha de ser de mucha honra y provecho» la dice igualmente Sancho, que ha cambiado de opinión con respecto a lo del casamiento y ahora dice, poniendo a Dios por testigo, que está seguro que matar al gigante y terminar con el negocio era de mucha honra para Don Quijote y provecho, no dice para quien, pero se supone que es para él.

            Asienta es del verbo asentar, equivale a «asegurar» «reafirmar».

            La palabra «adahala» es de origen árabe y aquí puede tener el significado de señal, compromiso previo, la promesa, etc.

Quijote hace una descripción del amor que tiene a Dulcinea, propio del amor caballeresco: «porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan sin que se extiendan mas sus pensamientos que á servilla por solo ser ella quien es sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseos…» y que Sancho ha identificado con el «amor puro a Dios» del que él ha oído predicar.

 SAN BERNARDO DE CARAVAL.

        Cervantes en este punto ha recogido una de las características de la espiritualidad española del Siglo XVI para describir el amor de Don Quijote, restituyéndolo luego, por boca de Sancho, al amor de Dios del que tiene su origen.             Nuestros místicos plantean y hablan sobre la posibilidad de «un amor puro que ningún interese tiene».

            Es una espiritualidad que procede, entre otros, de san Bernardo y que se contrapone, por un lado, a la vía espiritual de Erasmo: éste defiende la transformación del hombe en Cristo, por la gnosis o estudio del Evangelio; por otro los escolásticos que proponen la vía del análisis intelectual; nuestros místicos la del amor, el amor puro: «Aunque no hubiera cielo yo te amara …»

            También la via del conocimiento por amor. Las obras básicas de esta espiritualidad son principalmente: Luz del alma, de Juan de Cazalla; Ley del amor, de Francisco de Osuna; Arte para servir a Dios, de Alonso de Madrid; Tratado del amor de Dios, de san Juan de Ávila; Arte de amar a Dios y al prójimo, del Beato Orozco; Meditaciones del amor de Dios, de Diego de Estella; Triunfo del amor de Dios, de Fray Juan de los Ángeles y otros.(cf. Melquiades Andrés O.C. TII pag 163 s.s.). (cf. La Madre está tras la Sarga:La experiencia de Dios en San Juan de Avila. Esaú de María Díaz Ramírez. Madrid 1997).

            La frase de Sancho: «aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese». Pudiera ser de Juan de Valdés. (cf. Alfabeto Cristiano).

            Le ha llamado la atención a D. Quijote la discrección de Sancho, tanto que piensa merece la ayuda del diablo por villano e ignorante.

            Como se ve la mayor parte de los personajes, fuera de Don Quijote, mienten, como Sancho, cambiando la realidad y haciendo que Don Quijote la pueda ver desde la perspectiva de su locura.

            Ya conocemos el suceso de Andrés (cf. Nº. 4). Don Quijote lo relata tal como sucedió en la realidad, aunque ahora, a sus expensas, se reafirma en la necesidad e importancia de que existan caballeros andantes que cumplan con la misión tantas veces por él descrita.

SAN BARTOLOMÉ DESOLLADO.

            Aparece de nuevo la mención al «San Bartolomé desollado», que bien podría ser fuese un dicho ya similar «al sambenito» con que la Inquisición castigaba a algunos culpados. En la edición aparece, sin embargo, escrito con mayúsculas y con todos sus elementos separados.

            Don Quijote recuerda su juramento dándole ocasión a recordar la ballena del profeta Jonas: «pero Dios tenía dispuesto un gran pez para que se tragara a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches» (Jonás 2, 3-10). «Así como Jonás estuvo tres días y tres noches dentro del gran pez, así yo, estará el hijo del hombre, tres dias y tres noches en la tierra». (Mateo 12,40).

            Andrés muestra su escarmiento y solicita una ayuda que le da mezquinamente Sancho: «toma, hermano, Andrés…» el hermano, tenía la mayor parte de las veces un sentido despectivo y era aplicado a los de menor categoría social.

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