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CAPITULO XXXIX. DONDE EL CAUTIVO CUENTA SU VIDA.

 1.-NÚMERO 64.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap 39.ParteI.Pág.180.T.II

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

LA MONTAÑA DE LEÓN  UN LUGAR DEL ANTIGUO REINO.

 3.-TEXTO.

             «En un Lugar de las montañas de Leon tuvo principio mi linage, con quien fué mas agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna, aunque en la estrecheza de aquellos pueblos, todavía alcanzaba mi padre fama de rico, y verdaderamente lo fuera si así se diera maña á conservar su hacienda como se la daba en gastalla.

            Y la condicion que tenía de ser liberal y gastador le procedió de haber sido soldado los años de su juventud … Pasaba mi padre los términos de la liberalidad y rayaba en los de ser pródigo, cosa que no le es de ningún provecho al hombre casado y que tiene hijos que le han de suceder en el nombre y en el ser.

            Los que mi padre tenía eran tres, todos varones y todos de edad de poder elegir estado….y así llamándonos un dia á todos tres á solas en un aposento, nos dixo unas razones semejantes á las que ahora diré:

            Hijos, para deciros que os quiero bien basta saber y decir que sois mis hijos; y para entender que os quiero mal basta saber que no me voy á la mano en lo que toca á conservar vuestra hacienda. Pues para que entendais desde aquí adelante que os quiero como padre, y que no os quiero destruir como padrastro, quiero hacer una cosa con vosotros que ha muchos días que la tengo pensada… y lo que he pensado es hacer de mi hacienda quatro partes: las tres os daré á vosotros,…y con la otra me quedaré yo para vivir y sustentarme los días que el Cielo fuere servido de darme de vida; pero querria que despues que cada uno tuviese en su poder la parte que le toca de su hacienda, siguiese uno de los caminos que le diré.

LA CASA REAL EN EL SIGLO XVII.

            Hay un refran en nuestra España, á mi parecer muy verdadero…y el que yo digo dice: Iglesia o mar, ó Casa Real, como si más claramente dixera: quien quisiere valer y ser rico, siga, ó á la Iglesia, ó navegue exercitando el arte de la mercancia ó entre á servir á los Reyes en sus casas porque dicen: mas vale migaja de Rey que merced del Señor..

            Despues de haberle dicho que no se deshiciese de la hacienda, sino que gastase todo lo que fuese su voluntad, que nosotros éramos mozos para saber ganarla, vine á concluir en que cumpliría su gusto, y que el mío era seguir el exercicio de las armas, sirviendo en él á Dios y á mi Rey.

             El segundo hermano hizo los mesmos ofrecimientos y escogió el irse á las Indias, llevando empleada la hacienda que le cupiese. El menor, y á lo que yo creo el más discreto, dixo que quería seguir la Iglesia ó irse á acabar sus comenzados estudios á Salamanca…

            En un mesmo día nos despedimos todos tres de nuestro buen padre, y en aquel mesmo, pareciéndome á mí ser inhumanidad que mi padre quedase viejo y con tan poca hacienda, hice con él que de mis tres mil tomase los dos mil ducados, porque á mí me bastaba el resto para acomodarme de lo que había menester un soldado.

            Mis dos hermanos, movidos de mi exemplo, cada uno le dió mil ducados, de modo que á mi padre le quedaron quatro mil en dineros y mas tres mil que á lo que parece valía la hacienda que le cupo, que no quiso vender, sino quedarse con ella en raíces…y, abrazándonos y echándonos su bendición, el uno tomó el viaje de Salamanca, el otro de Sevilla, y yo el de Alicante, adonde tuve nuevas que había una nave ginovesa que cargaba allí lana para Génova…

 GALERA DE LA MARINA EN LAS COSTAS DE GIBRALTAR.

           Embarquéme en Alicante, llegué con próspero viaje á Génova, fuí desde allí á Milán,…tuve nuevas que el gran Duque de Alba pasaba á Flandes. Mudé propósito, fuime con él,…y á cabo de algún tiempo que llegué á Flandes, se tuvo nuevas de la liga que la Santidad del Papa Pío Quinto, de felice recordación, había hecho con Venecia y con España, contra el enemigo común, que es el Turco…

   LA BATALLA DE LEPANTO.

         Súpose cierto que venía por general desta liga el Serenísimo Don Juan de Austria , hermano natural de nuestro buen Rey Don Felipe;…me vine á Italia, y quiso mi buena suerte que el señor Don Juan de Austria acababa de llegar á Génova, que pasaba á Nápoles á juntarse con la armada de Venecia, como despues lo hizo en Mecina. Digo, en fin, que yo me hallé en aquella felicísima jornada , ya hecho Capitán de Infantería, á cuyo honroso cargo me subió mi buena suerte, mas que mis merecimientos: y aquel día,que fué para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban creyendo que los Turcos eran invencibles por la mar...

       En  aquel día, digo…yo solo fuí el desdichado, pues en cambio de que pudiera esperar, si fuera en los romanos siglos alguna naval corona , me vi aquella noche que siguió á tan famoso día con cadenas á los pies y esposas á las manos.     Y fué desta suerte: que habiendo el Uchâlí , Rey de Argel, atrevido y venturoso corsario, embestido y rendido la Capitana de Malta, que solos tres caballeros quedaron vivos en ella, y estos malheridos, acudió la Capitana de Juan Andrea á socorrella, en la qual yo iba con mi Compañía, y haciendo lo que debía en ocasión semejante, salté en la galera contraria, la qual desviándose de la que la había embestido, estorbó que mis soldados me siguiesen, y así me hallé solo entre mis enemigos, á quien no pude resistir, por ser tantos: en fin me rindieron lleno de heridas.

            Lleváronme á Constantinopla…Halléme el segundo año, que fué el de setenta y dos, en Navarino , bogando en la Capitana de los tres fanales . Vi y noté la ocasión que allí se perdió de no coger en el puerto toda el armada turquesca, …Pero el cielo lo ordenó de otra manera, no por culpa ni descuido del general que á los nuestros regía, sino por los pecados de la cristiandad y porque quiere y permite Dios que tengamos siempre verdugos que nos castiguen….

            Volvimos á Constantinopla, y el año siguiente, que fué el de setenta y tres, se supo en ella como el señor Don Juan había ganado á Túnez y quitado aquel reino á los Turcos y puesto en posesión dél á Muley Hamet, …

 CIUDAD DE TUNEZ A PRINCIPIO DEL SIGLO XX.

           Sintió mucho esta pérdida el Gran Turco,…y el año siguiente de setenta y cuatro acometió á la Goleta y al Fuerte que junto á Túnez había dexado medio levantado el señor Don Juan.

             En todos estos trances andaba yo al remo, sin esperanza de libertad alguna; á lo menos, no esperaba tenerla por rescate, porque tenía determinado de no escribir las nuevas de mi desgracia á mi padre.

            Perdióse, en fin, la Goleta, perdióse el Fuerte,…Pero á muchos les pareció, y así me pareció á mí, que fué particular gracia y merced que el Cielo hizo à España en permitir que se asolase aquella oficina y capa de maldades, y aquella gomia ó esponja y polilla de la infinidad de dineros que allí sin provecho se gastaban , sin servir de otra cosa que de conservar la memoria de haberla ganado la felicísima del invictísimo Carlos V…

            Entre los Christianos que en el Fuerte se perdieron, fué uno llamado Don Pedro de Aguilar , natural no sé de qué lugar del Andalucía, … y ántes que nos partiésemos de aquel puerto hizo este caballero dos sonetos á manera de epitafios, el uno á la Goleta y el otro al Fuerte…

            En el punto que el Cautivo nombró á Don Pedro de Aguilar, Don Fernando miró á sus camaradas y todos tres se sonrieron…Antes que vuestra merced pase adelante, le suplico me diga que se hizo ese Don Pedro de Aguilar que ha dicho. Lo que sé es, respondió el Cautivo, que al cabo de dos años que estuvo en Constantinopla, se huyó en traje de arnaute con un Griego espía , y no sé si vino en libertad, puesto que creo que sí, porque de allí á un año vi yo al Griego en Constantinopla y no le pude preguntar el suceso de aquel viaje.

            Pues no fué, respondió el caballero porque ese Don Pedro es mi hermano y está ahora en nuestro Lugar, bueno y rico, casado y con tres hijos.

            .Gracias sean dadas á Dios dixo el Cautivo por tantas mercedes como le hizo, porque no hay en la tierra, conforme mi parecer, contento que se iguale á alcanzar la libertad perdida».

MONTAÑAS DE LEÓN .

 4.-COMENTARIO.

            Las montañas de León son las que separaban el antiguo reino de León de lo que en este tiempo se llamaba la Montaña; de la Montaña se suponía procedía lo mejor de la nobleza española.

            Se ha indicado, a su vez, el parecido entre este comienzo en el que se va a contar una nueva historia intercalada y la del comienzo de la historia de Don Quijote: En un lugar de la Mancha

            Por cierto que el parecido podría ir más allá al del puramente local, pues el cautivo se muestra también como un hidalgo por su linaje y pobre por su fortuna, similar a Don Quijote.

            Los calificativos con que designa a su padre: liberal tirando a pródigo: derrochador en extremo, pudieran hacernos pensar que se está dibujando a un mal padre, despreocupado de sus obligaciones con relación a sus hijos, más la decisión que toma el padre con respecto a sus hijos obvia el peligro que por su natural tenía, pues les reparte los bienes de fortuna antes de derrocharlos y les aconseja el camino que según su deseo debían seguir.

             El deseo del padre era una orden para el hijo, y la no satisfacción del mismo una desobediencia grave. El consejo del padre orientaba a sus hijos a que cada uno elijiera uno de los tres estados del refrán en orden a lograr: «consideración social y riqueza».

CATEDRAL DE TOLEDO.

            El primer estado del refrán está recogido en la palabra Iglesia, referida claro está, a la Iglesia católica, una realidad muy compleja en todos los órdenes y entre ellos el puramente institucional

            La iglesia española del siglo XVI estaba constituida básicamente por tres estamentos: el diocesano, el basilical y las capellanías y el integrado por los monjes, religiosos y religiosas.

            Las diócesis, haciendo una descripción muy esquemática, tenían su obispo, su cabildo catedralicio y sus parroquias, gobernados por el clero de diverso rango.

            Lo primero que llama la atención de la masa clerical del siglo XVI es su número. Como en otros aspectos no podemos barajar estadísticas matemáticamente exactas.

            Para el reino de Castilla disponemos de los manuscritos de Archivo de Simancas. Felipe Ruiz en su obra: «La Población española al comienzo de los tiempos modernos», sobre los datos del mismo, nos da una cantidad de 33.087 clérigos pertenecientes al clero secular y 41.066 al regular, hacia el año 1591, para el Reino de Castilla, lo que supone un clérigo por cada cien habitantes.

 EL ALTO CLERO.

           La cifra global de 100.000 clérigos que se da para toda España hacia finales del XVI resulta un poco alta, mucho más la de 130.000. Teniendo en cuenta que la proporción de clérigos para la corona de Aragón es de 6 por cada 100 habitantes, el total de clérigos andaría por los 90.000, correspondiendo, pues, algo más de un clérigo por cada 100 habitantes: 1,08 exactamente.» (cf. Cuadernos de Historia «anexos de la Revista Hispania nº 1, Madrid 1967; cit. por Manuel Fernández Alvarez. La sociedad española en el siglo de Oro,T.I pág 203 (Madrid, 1989, 2 vols.).

            Lo segundo que llama la atención del estamento eclesiástico es su poder económico. Según evaluaciones de mediados del siglo XVI las rentas anuales de los bienes raíces del clero ascendían a cinco millones de ducados, la mitad de las del reino.(Cf. Vicens Vives, Historia económica de España, pág. 84).

             Hemos hablado en otro lugar de la procedencia de estos bienes Pero en general o eran bienes patrimoniales acumulados a lo largo de los siglos por donaciones o compras, o provenían de los diezmos y primicias, o de los derechos de estola, así como de las limosnas y fundaciones para obras pías.

            En el Memorial de Pedro Núñez de Salcedo, (Núñez de Salcedo, Pero «Relación de los títulos que hay en España, sus rentas, solares, linajes, etc.» Edited by Vicente Castañeda. Boletín de la Real Academia de la Historia 73:5 (November 1918); 468-491; se detallan las rentas anuales de los arzobispados y obispados de finales del siglo XVI y que van de los 250.000 ducados anuales, 99.550.000 de maravedíes, del arzobispado de Toledo, el más rico de todos, a los 4.000 ducados del obispado de Tuypasando por los 100.000 de Sevilla, 46.000 de Córdoba , 24.000 de Granada …

 HOSPITAL DE SEVILLA EN EL SIGLO XVI.

         Una parte considerable de estos bienes estaba destinada a sostener las muchas instituciones benéficas creadas por la iglesia: asilos, hospitales, refugios de pobres, hogares de niños expósitos, asi como la creación y sostenimiento de centros de enseñanza a todos los niveles; pero otra, muy sustanciosa era detentada como bienes propios por el clero.

            El tercer aspecto que llama la atención del estamento clerical del siglo XVI español era la desigual distribución de estos bienes dentro del mismo estamento. Ya hemos visto las diferencias existentes entre unas diócesis y otras, pero estas diferencias afectaban igualmente a las personas, de modo que con toda propiedad se podía hablar de Alto y Bajo clero.

Las cuantiosas rentas de que disfrutaban los titulares de obispados, cabildos catedralicios, abadías… Les permiten llevar una vida similar a la alta nobleza, frente a ellos existía una gran masa clerical que prácticamente vivía en la pobreza, sin

disfrute de beneficio de ninguna especie, por lo tanto el pertenecer al estamento clerical no era, ni mucho menos, siempre, garantía ni de consideración social ni de riqueza, sólo si se estaba en una escala, al menos media, como poseedor de un beneficio en propiedad.

            Destaca la actitud de amor filial de los tres hijos del padre del Cautivo, especialmente la de éste que no quiso dejar a su padre anciano sin recursos, dándole gran parte de los que le correspondieron en el reparto. Los otros dos hermanos siguieron su ejemplo. En total le quedaron siete mil ducados en dineros. Para formarnos idea de lo que esto suponía nos referimos a algunos aspectos del sistema monetario español en el siglo XVI.

 DUCADO EN TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS.

           En 1497, el patrón básico del sistema se fijó en torno al «excelente» (de oro y llamado ducado desde 1504), el real (plata) y la blanca (vellón). La unidad de cuenta castellana, el maravedí, establecía la relación entre los diferentes tipos de monedas: el ducado valía 375 maravedies, el real 34 y la blanca 2’5.

            En 1535, se introdujo una nueva moneda de oro de menos peso y ley que el ducado, Dicha moneda fue el «escudo» o «corona» (350 maravedies), con lo que el ducado dejó de acuñarse y se convirtió en moneda de cuenta. (Manuel Fernández Álvarez, La sociedad española del siglo de Oro, Madrid 1989).

            El menor de los hermanos se orientó hacia los estudios eclesiásticos en la Universidad de Salamanca.

  PATIO DE LAS ESCUELAS EN SALAMANCA.     

     Ésta se incorporaría, en el tránsito de los siglos XV y XVI a las nuevas corrientes humanistas. Por los años centrales del siglo XVI, la confluencia del Derecho, la Teología tomista, las nuevas lógicas y las lenguas clásicas cristalizan en la llamada «Escuela de Salamanca», significada en la figura de Francisco de Vitoria.

            A los cauces oficiales predominantes de transmisión de conocimientos, en las distintas materias, se añaden otras interpretaciones del saber y el magisterio, como el pensamiento teológico y filológico de Fray Luis de León.

SAN JUAN DE AVILA. SIGLO XX. MARÍA JESÚS MARTÍNEZ. PARROQUIA DE NTRA. SRA DE LA ASUNCIÓN MIGUELTURRA CIUDAD REAL. CASTILLA LA MANCHA. ESPAÑA.

            La atribución que hace el Cautivo a los pecados de la cristiandad las derrotas sufridas por parte de los paises cristianos era un tema frecuentado por predicadores, y escritores devotos, de ello nos da muestra exacta este texto de san Juan de Ávila:

            «Y si por ventura estos ejemplos , por ser algo antiguos, no nos mueven como eran razón, renuévalos Dios y traénoslos un poco más cerca, entregando Constantinopla y tierra de Grecia en manos del turco, con mal de sus cuerpos y mal de su ánimas; y tras este castigo les ha concedido el Señor, por nuestros pecados otras victorias contranosotros hasta ayer o anteayer.

            Y, porque nuestra dureza era tan grande que todo esto no bastabaa la ablandar… hace el Señor en nuestros tiempos el terrible castigo, que, sin comparación, excedea los pasados, de entregar las ánimas de tantos cristianos en manos del crudelísimo Satanás, permitiendo que fuesen herejes en castigo de no haber vivido como buenos cristianos.(Obras Completas del B. Maestro Juan de Ávila. T.VI Causa y remedios de las heregías . página 121 B.A.C. Madrid 1971).

            Destacar que los hechos y personajes citados por el cautivo son históricos y en su mayor parte biendocumentados. También el eco de la victoria de la Batalla de Lepanto donde el poderío naval turco sufrió un duro golpe.

            Gracias sean dadas a Dios, termina diciendo el cautivo, haciendo de la libertad recobrada el mayor de los gozos de la persona humana.

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 elcuradellugar.

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