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CAPITULO XLII. QUE TRATA DE LO QUE MAS SUCEDIO EN LA VENTA , Y DE OTRAS MUCHAS COSAS DIGNAS DE SABERSE.

 1.-NUMERO 69.

2.-LOCALIZACION. Cap. 42. Parte I. Pág.230-1.T.II.

3.-TEXTO

4.-COMENTARIO.

 SUCESOS EN LA VENTA.

3.-TEXTO.

           «Calló en diciendo esto el Cautivo,á quien Don Fernando dixo: por cierto, señor Capitan, el modo con que habeis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala á la novedad y extrañeza delmesmo caso: …Y en diciendo esto Don Fernando, Don Antonio y todos los demas se le ofrecieron con todo lo á ellos posible para servirle, con palabras y razones tan amorosas y tan verdaderas, que el Capitán se tuvo por bien satisfecho de sus voluntades: especialmente le ofreció Don Fernando que si quería volverse con él, que él haría que el Marques su hermano fuese padrino del bautismo de Zorayda, y que él por su parte le acomodaría de manera, que pudiese entrar en su tierra con el autoridad y cómodo que á su persona se debía.

            Todo lo agradeció cortesísimamente el Cautivo, pero no quiso acetar ninguno de sus liberales ofrecimientos.

            En esto llegaba ya la noche, y al cerrar della llegó á la venta un coche, con algunos hombres de á caballo. Pidiéron posada, á quien la ventera respondió que no había en toda la venta un palmo desocupado.

            Pues, aunque eso sea, dixo uno de los de á caballo que habían entrado, no ha de faltar para el señor Oidor, que aquí viene.

            Á este nombre se turbó la huéspeda y dixo: señor lo que en ello hay es que no tengo camas, si es que su merced del señor Oidor la trae, que sí debe de traer, entre en buen hora, que yo y mi marido nos saldremos de nuestro aposento, por acomodar á su merced.

            Sea en buen hora, dixo el escudero; pero á este tiempo ya había salido del coche un hombre, que en el trage mostró luego el oficio y cargo que tenía, porque la ropa luenga con las mangas arrocadas que vestía mostraron ser Oidor, como su criado había dicho.

             Traia de la mano á una doncella, al parecer de hasta diez y seis años… Hallóse Don Quijote al entrar del Oidor y de la doncella, y así como le vió, dixo: seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo, que aunque es estrecho y mal acomodado, no hay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no dé lugar á las armas y á las letras, y mas si las armas y letras traen por guía y adalid á la fermosura, ...

            Entre vuestra merced, digo, en este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles que acompañen el cielo que vuestra merced trae consigo , aquí hallará las armas en su punto y la hermosura en su extremo.

            Admirado quedó el Oidor del razonamiento de Don Quixote, á quien se puso á mirar muy de próposito…El Cautivo, que desde el punto que vió al Oidor, le dió saltos el corazón y barruntos de que aquel era su hermano,...y contento, llamando á parte á don Fernando, á Cardenio y al Cura, les contó lo que pasaba,…

            Pidióles consejo, que modo tendria para descubrirse… Déxeseme á mí el hacer esa experiencia dixo el Cura...Ya en esto estaba aderezada la cena, y todos se sentáron á la mesa, esceto el Cautivo y las Señoras,..En la mitad de la cena, dixo el Cura: Del mesmo nombre de vuestra merced. señor Oidor, tuve yo una camarada en Constantinopla, donde estuve cautivo algunos años,….y con brevedad sucinta contó lo que con Zorayda á su hermano había sucedido.

            Á todo lo qual estaba tan atento el Oidor, que ninguna vez había sido tan Oidor como entónces ..el qual, viendo que ya el Cura había llegado al fin de su cuento, dando un grande suspiro y llenándosele los ojos de agua, dixo ¡ó, señor, si supiésedes las nuevas que me habéis contado, y como me tocan tan en parte que me es forzoso dar muestras dello con estas lágrimas que contra toda mi discrecion y recato me salen por los ojos!

            Ese Capitan tan valeroso que decís es mi mayor hermano,…Yo seguí el de las letras, en las cuales Dios y mi diligencia me han puesto en el grado que me veis. Mi menor hermano está en el Pirú ...

            Vive aun mi padre muriendo con el deseo de saber de su hijo mayor, y pide á Dios con continuas oraciones no cierre la muerte sus ojos hasta que él vea con vida á los de su hijo

            Viendo, pues, el Cura, que tan bien había salido con su intencion y con lo que deseaba el Capitan, no quiso tenerlos á todos mas tiempo tristes, y así se levantó de la mesa, y entrando donde estaba Zorayda, la tomó por la mano, y tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea y la hija del Oidor…

            Estaba esperando el Capitan á ver lo que el Cura quería hacer, que fué que tomándole á él asimesmo de la otra mano, con entrámbos á dos se fué donde el Oidor y los demas caballeros estaban, y dixo: cesen, señor Oidor, vuestras lágrimas, y cólmese vuestro deseo de todo el bien que acertare á desearse, pues tenéis delante á vuestro buen hermano y á vuestra buena cuñada…

           Allí concertaron que el capitán y Zorayda se volviesen con su hermano á Sevilla y avisasen á su padre de su hallazgo y libertad, para que como pudiese viniese á hallarse en las bodas y bautismo de Zorayda…».

 EL OIDOR LLEGA A LA VENTA.

4.-COMENTARIO.

           (Es evidente el error del tipógrafo (don Fernando, Don Antonio ) el contexto pide: «don Fernando, Cardenio y todos los demas».

            Don Fernando dice «que él haría que el Marqués su hermano fuese padrino del bautismo de Zorayda…».

            La presencia de padrinos en el bautismo se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Ya san Agustín habla de la práctica puntualizando algunas de sus funciones: «Para asegurarse mejor sobre las disposiciones del candidato, un medio utilísimo es el de informarse en el círculo de los amigos del catecúmeno sobre sus disposiciones interiores y los motivos que lo impulsan hacia la religión». (cf. Agustin De catech. 9).

            El Oidor es «juez o magistrado de las Audiencias», nombrado por el Rey, en cuyo nombre oía a las partes y dictaba sentencia; tenía también la función de inspeccionar como visitador velando por el buen funcionamiento de la justicia y castigando la corrupción.

            Dependía del Consejo Real, que funcionaba como Tribunal Supremo. No era infrecuente que tal cargo lo desempeñasen eclesiásticos como Lorenzo Lebrón de Quiñones. Oidor de Nueva Galicia, o Tomás López Medel Oidor de la Audiencia de Guatemala en 1548.

             No es extraño que «Á este nombre se turbó la huéspeda y dixo: señor lo que en ello hay es que no tengo camas, si es que su merced del señor Oidor la trae, que sí debe de traer, entre en buen hora, que yo y mi marido nos saldremos de nuestro aposento, por acomodar á su merced».

            No deja de ser chocante para nosotros que se nos diga que el Oidor, como él otros muchos, llebaban la cama consigo.

            En labios de Don Quijote vuelve el tema de las «armas y las letras,» en este caso no para enfrentarlas sino para emparejarlas en las dificultades que ambas traen anexas.

            Llama Don Quijote cielo a la hija que el Oidor trae consigo: «el hombre es pequeño mundo, / la mujer pequeño cielo» (Calderón).

            Los «barruntos» del corazón son «corazonadas».

            El cura pide le dejen hacer esa experiencia mostrando así lo que ya sabemos, que era un «gran tracista». En este, como en otros casos, no tiene inconveniente en mentir, por más que sus mentiras son «trazas» similares a las literarias.

         El Oidor no se avergüenza «con estas lágrimas que contra toda mi discrecion y recato me salen por los ojos».

            Mi «menor hermano» lo es con respecto a su «mayor hermano» es decir el Capitán, el que estaba en Perú era el segundo hermano y el menor era el Oidor, que había decidido ir a estudiar leyes a Salamanca.

            «Dios y mi diligencia» ayudó a terminar con éxito la carrera que le ha llevado al alto puesto que tiene.

            Dios una, vez más, está presente en todos los acontecimientos del hombre religioso del siglo XVI, también en el caso del padre que no «deja de pedir el ver con vida a su hijo».

            «En el bautismo y bodas de Zorayda» quien debía bautizarse primero para poder recibir el sacramento del matrimonio.

  CLARA LA HIJA DEL OIDOR.

          El capítulo termina introduciendo un nuevo acontecimiento que será desarrollado a lo largo del capítulo siguiente : «Sucedió, pues, que faltando poco para venir el alba, llegó á los oídos de las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó á que todas le prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, á cuyo lado dormía doña Clara de Viedma, que ansí se llamaba la hija del Oidor. Nadie podía imaginar quién era la persona que tan bien cantaba, y era una voz sola, sin que la acompañase instrumento alguno…».

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elcuradellugar.

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