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CAPITULO XLV. DONDE SE ACABA DE AVERIGUAR  LA DUDA DEL YELMO DE MAMBRINO Y DE LA ALBARDA , Y OTRAS AVENTURAS SUCEDIDAS CON TODA VERDAD.

 1.-NUMERO 74

2.- LOCALIZACIÓN.Cap. 45. Parte I. Pág 265 ss. Tomo II.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

             «¿Que les parece á vuestras mercedes, señores, dixo el barbero, de lo que afirman estos gentiles hombres, pues aun porfían que esta no es bacía, sino yelmo?…

            Nuestro Barbero, que á todo estaba presente, como tenia tan bien conocido el humor de Don Quixote, quiso esforzar su desatino, y llevar adelante la burla…y digo, salvo mejor parecer, remitiéndome siempre al mejor entendimiento, que esta pieza que está aquí delante… no solo no es bacía de barbero, pero está tan lejos de serlo como está lexos lo blanco de lo negro y la verdad de la mentira;

            Así es, dixo el Cura, que ya había entendido la intención de su amigo el Barbero, y lo mismo confirmó Cardenio, Don Fernando y sus camaradas y aun el Oidor…¡  

        

         Válame Dios! dixo á esta sazon el barbero burlado ¿ que es posible que tanta gente honrada diga, que esta no es bacía, sino yelmo?…

            Basta, si es que esta bacía es yelmo, también debe de ser esta albarda jaez de caballo, como este señor ha dicho…

            De que sea albarda ó jaez dixo el Cura no está en mas de decirlo el señor Don Quixote, que en estas cosas de la caballería todos estos señores y yo le damos la ventaja.   Por Dios, señores mios, dixo Don Quixote, que son tantas y tan extrañas las cosas que en este castillo, en dos veces que en él he alojado me han sucedido, que no me atreva á decir afirmativamente ninguna cosa de lo que acerca de lo que en él se contiene se preguntare, porque imagino que quanto en él se trata va por vía de encantamento...

            Así que ponerme yo agora en cosa de tanta confusion á dar mi parecer será caer en juicio temerario: en lo que toca á lo que dicen que esta es bacía y no yelmo, ya yo tengo respondido, pero en lo de declarar si esa es albarda ó jaez, no me atrevo a dar sentencia difinitiva:…

            No hay duda, respondió á esto Don Fernando, sino que el señor Don Quixote ha dicho muy bien hoy, que á nosotros toca la difinición deste caso: y porque vaya con mas fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos señores, y de lo que resultare daré entera y clara noticia.

             Para aquellos que la tenían del humor de Don Quixote era todo esto materia de grandísima risa; pero para los que le ignoraban les parecía el mayor disparate del mundo,…especialmente… á otros tres pasageros que acaso habían llegado á la venta, que tenían parecer de ser quadrilleros, como en efeto lo eran…

            Don Fernando tomando los votos de unos en otros, hablándolos al oido para que en secreto declarasen si era albarda ó jaez aquella joya sobre quien tanto se había peleado: y despues que hubo tomado los votos de aquellos que á Don Quixote conocían, dixo en alta voz:..veo que á ninguno pregunto lo que deseo saber que no me diga que es disparate el decir que esta sea albarda de jumento, sino jaez de caballo, y aun de caballo castizo..y así habréis de tener paciencia, porque á vuestro pesar y al de vuestro asno, este es jaez, y no albarda, y vos habeis alegado y probado muy mal de vuestra parte.

            No la tenga yo en el cielo, dixo el sobrebarbero, si todas vuestras mercedes no se engañan, y que asi parezca mi alma ante Dios, como ella me parezca á mi albarda, y no jaez, pero allá van leyes…y no digo mas: y en verdad que no estoy borracho, que no me he desayunado, si de pecar no.

            No mènos causaban risa los disparates de Don Quixote, el qual á esta sazon dixo: Aquí no hay mas que hacer, sino que cada uno tome lo que es suyo, y á quien Dios se la dió, San Pedro se la bendiga.

            Uno de los quatro dixo: si ya no es que esto sea burla pensada , no me puedo persuadir que hombres de tan buen entendimiento como son ó parecen todos los que aquí están, se atrevan a decir y afirmar que esta no es bacía, ni aquella albarda; mas como veo que lo afirman y lo dicen, me doy a entender que no carece de misterio el porfiar una cosa tan contraria de lo que nos muestra la misma verdad y la misma experiencia; porque voto a tal (y arrojóle redondo ) que no me dén á mí á entender  quantos hoy viven en el mundo, al revés de que esta no sea bacía de barbero y esta albarda de asno…Tan albarda es como mi padre, y el que otra cosa ha dicho ó dixere debe de estar hecho uva .

           Mentís como bellaco villano, respondió Don Quixote, y alzando el lanzon, que nunca le dexaba de las manos, le iba á descargar tal golpe sobre la cabeza, que, á no desviarse el quadrillero, se le dexara allí tendido…

El ventero, que era de la quadrilla entró al punto por su varilla y por su espada , y se puso al lado de sus compañeros. De modo que toda la venta era llantos, voces, gritos, confusiones, temores,sobresaltos,desgracias, cuchilladas, mogicones, palos, coces y efusion de sangre:

                Y en la mitad deste caos, máquina y laberinto de cosas , se le representó en la memoria á Don Quixote, que se veía metido de hoz y de coz en la discordia del campo de Agramante , y así dixo con voz que atronaba la venta:

            Ténganse todos, todos envainen, todos se sosieguen…Á cuya gran voz todos se pararon, y él prosiguió diciendo ¿No os dixe yo, señores, que este castillo era encantado, y que alguna región de demonios debe de habitar en él?… porque por Dios Todopoderoso que es gran bellaquería, que tanta gente principal como aquí estamos se mate por causas tan livianas

            Finalmente, el rumor se apaciguó por entonces, la albarda se quedó por jaez hasta el día del juicio, y la bacía por yelmo y la venta por castillo en la imaginación de Don Quixote.

            «Es, pues, el caso que los quadrilleros se sosegaron, por haber entreoído la calidad de los que con ellos se habían combatido, y se retiraron de la pendencia, pero uno de ellos que fué el que fué molido y pateado por Don Fernando, le vino á la memoria, que entre algunos mandamientos que traia para prender á algunos delinquentes, traia uno contra Don Quixote, á quien la Santa Hermandad había mandado prender por la libertad que dió á los galeotes, y como Sancho con mucha razón había temido.

         Imaginando pues esto, quiso certificarse si las señas que de Don Quixote traia venían bien, y sacando del seno un pergamino, topó con el que buscaba, y poniéndosele á leer despacio, porque no era buen lector, á cada palabra que leia ponia los ojos en Don Quixote, y iba cotejando las señas del mandamiento con el rostro de Don Quixote...

            Reíase de oir estas razones Don Quixote y con mucho sosiego dixo: venid acá, gente soez y mal nacida ¿ saltear de caminos llamais al dar libertad á los encadenados, soltar los presos, acorrer á los miserables, alzar los caidos, remediar los menesterosos?

            ¡Á gente infame digna por vuestro baxo y vil entendimiento, que el Cielo no os comunique el valor que se encierra en la caballería andante, ni os de á entender el pecado e ignorancia en que estais en no reverenciar la sombra , quanto mas la asistencia de qualquier caballero andante! ¡Venid acá, ladrones en quadrilla, que no quadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad, decidme ¿ quien fué el ignorante que firmó mandamiento de prisión contra un tal caballero que soy yo?¿ quien el que ignoró que son esentos de todo judicial fuero los caballeros andantes, y que su ley es su espada, sus fueros sus brios , sus premáticas su voluntad?…¿Que caballero andante pagó pecho, alcabala, chapin de la Reyna, moneda forera, portazgo ni barca?…y finalmente que caballero andante ha habido, hay , ni habrá en el mundo, que no tenga brios para dar él solo quatrocientos palos á quatrocientos quadrilleros que se le pongan delante?

¿ ALBARDA O JAEZ ?

 4.-COMENTARIO.

             El largo texto seleccionado está, aparentemente, bastante ayuno de referencias directamente religiosas y morales, eso es lo que dan a entender los escasos subrayados que en él aparecen.

            Hay un «Válame Dios», expresión que ya nos es conocida, un «por Dios» igualmente reiterativa, un significativo asi «parezca mi alma ante Dios» ya dicho también antes por el mismo sobrebarbero, el «por Dios Todopoderoso»a quien Dios se la dió san Pedro se la bendiga» de Don Quijote y poco más.

            Si eso fuera todo, no habría que comentar más.

    PLATÓN Y ARISTÓTELES.

        Pero el interés del texto no está sólo en esas expresiones, sino en un tema que se plantea en todo él y que obligaría a subrayarlo prácticamente en su totalidad, me refiero al tema de la verdad   y de problema del conocimiento.

            Tal tema es el que da sentido al suceso de la discusión de la bacía y albarda del barbero, de otro modo tendría escasa justificación, y poca gracia la simple discusión.

            El problema que con relación a la verdad se plantea hunde sus raices en la especulación filosófica sobre la misma.

             ¿La verdad, depende de las cosas, o depende más bien del sujeto que las conoce? Es el viejo problema del realismo e idealismo en el tema del conocimiento humano.

            Uno, guiado de que quien, en primer lugar, está defendiendo una verdad que está en contra de lo que a simple vista se muestra a los sentidos, es un personaje como Don Quijote, acostumbrado a ver un aspecto de la realidad desde su propia condición de caballero andante, se inclinaría a defender que Cervantes está adoptando en esta materia un punto de vista idealista: la realidad y la verdad del objeto depende toda ella del sujeto que conoce. Sería tentador la adopción de una postura de este tipo, por lo que supondría de atribución a Cervantes de una visión moderna y anticipadora en una materia como esta.

            Tal postura no ha faltado entre los interpretes del Quijote.

            Cervantes, sin embargo, está en este tema dentro del más puro realismo propio de la época. Ni siquiera de Don Quijote se puede decir que sea un idealista en el sentido moderno y menos aun romántico de la palabra, no digamos los cuadrilleros, criados y el sobre barbero, asi como el barbero el cura y todos los demás.

            La bacía y la albarda tienen su verdad, su realidad propia, llamada a ser aprehendida por el sujeto que la conoce. Lo que sucede es que aún dentro de este realismo actúa también el dicho escolástico del «quiquid recipitur ad modum recipientis recipitur”, lo que se recibe adquiere la forma del recipiente que lo recibe.”

            Don Quijote ha comenzado por decir, con un Por Dios, «que todo lo que en este castillo sucede va por vía de encantamiento», los encantadores están configurando a todos los sujetos que afirman lo contrario a lo que los sentidos y la evidencia dicen:que la bacía es bacía y la albarda albarda de rucio, como afirman todos los que no tienen ningún «interés o motivo» que modifique su visión de la realidad.

            Don Quijote es lógico que vea que la bacía es yelmo porque es un asunto que afecta a la condición de caballero andante que configura su mente, como sería lógico que vea que la albarda es albarda como está a punto de decir, porque no le afecta para nada.

            El barbero, el cura, don Fernando y todos los demás están transformando la realidad y la están configurando al modo de sus intereses, aun sabiendo que la realidad es como es; Cervantes debe estar pensando en los numerosos «encantadores» sociales, en este caso la nobleza, el clero que a base de sus «votos» deciden como han de ser las cosas.

            Don Quijote trae a colación un dicho que aparentemente está fuera de lugar: «a quien Dios se la dió san Pedro se la bendiga».

            El concepto de la verdad en el Quijote, no traspasa la visión que de la misma hay en la época.

            Lo importante es que Cervantes con ese concepto nos diga algo que tiene valor perenne: cada cosa y cada persona tienen su identidad inalterable, pero la mente humana tiene que interpretarla.

            Los sentidos no engañan, pero los hombres sí. Y ya que el hombre es un ser social, el conocimiento de la verdad no sólo depende de cómo interprete él la realidad, sino que depende también del testimonio de los demás hombres.

            Y cuando éste falla, y falla realmente, a veces por intereses inconfesables, hasta allí donde san Pedro es el encargado de bendecir, surge la confusión y la perplejidad. «Y al final la albarda se quedó por jaez hasta el dia del juicio y la bacia por yelmo».

            Y podría estar pensando también en las vacías disputas de la escolástica decadente cuando pone en labios de Don Quijote: «por Dios Todopoderoso, que tanta gente principal como aqui estamos se mate por causas tan livianas». Así como en las afirmaciones tenidas por verdaderas sólo porque unas determinadas «autoridades», bien de carácter intelectual, o moral, o social así nos las proponen.

            Es de notar como Cervantes no ha transcrito ningún voto en toda la obras por más que diga, como en este caso, que el cuadrillero (arrojóle redondo).

            Así como el texto anterior planteaba el problema de la naturaleza de la verdad, el presente da a entender que plantea el de la justicia, o mejor el del poder y autoridad social en general.

            El texto hace referencia a hechos concretos, que sucedían en la época de Cervantes: el mal funcionamiento y aplicación de la justicia en general y por parte de los integrantes de la Santa Hermandad en particular, que según testimonios de la época, llegó a convertirse en un grupo represor, lleno de venalidad, que posiblemente justifica los calificativos con que Don Quijote los adorna: «ladrones en cuadrilla, salteadores de caminos con licencia», pero mas allá de estas alusiones podría afirmarse que en las palabras de don Quijote se esboza una teoría sobre del poder y la autoridad.

            Las palabras que pronuncia Don Quijote declarándose exento de toda autoridad por su condición de caballero andante inclinarían a pensar que el fundamento del poder y de la autoridad son para él la fuerza. No hay que olvidar, sin embargo, que la razón de ese su estar por cima de la autoridad es su condición de caballero andante, a los que ha llamado ministros de Dios en la tierra y brazos mediante los quales se realiza su justicia. (cf. Nº.18 ).

            La autoridad procede de Dios y el que la tiene, a sólo Dios ha de rendir cuentas.

Ese sería el fundamento al que Cervantes se está refiriendo, bien para confirmarlo o bien para sarcásticamente descalificarlo.

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 elcuradellugar.

 

 

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