Etiquetas

, , , , , ,

CAPITULO ILVI. DE LA NOTABLE AVENTURA DE LOS QUADRILLEROS , Y LA GRAN FEROCIDAD DE NUESTRO BUEN CABALLERO DON QUIXOTE.

 1.-NÚMERO 76.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 46. Parte I. Pág.272-3.T.II

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

Cuadrilleros.jpg

PALACIO DE LOS CUADRILLEROS. PROVINCIA DE VALLADOLID.

 3.-TEXTO.

            «En tanto que Don Quixote esto decia, estaba persuadiendo el Cura á los quadrilleros como Don Quixote era falto de juicio…á lo que respondió el del mandamiento que á él no tocaba juzgar de la locura de Don Quixote, sino hacer lo que por su mayor le era mandado, y que una vez preso, siquiera le soltasen trecientas… tanto les supo el Cura decir, y tantas locuras supo Don Quixote hacer,que mas locos fueran que no él los quadrilleros si no conocieran la falta de Don Quixote, y, así tuviéron por bien de apaciguarse, y aun de ser medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza , que todavía asistían con gran rancor á su pendencia.

            Finalmente ellos como miembros de justicia mediáron la causa, y fueron árbitros della, de tal modo que ámbas partes quedáron, si no del todo contentas, aloménos en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas: y en lo que tocaba á lo del yelmo de Mambrino, el Cura á socapa, y sin que Don Quixote lo entendiese, le dió por la bacia ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo, y de no llamarse á engaño por entónces, ni por siempre jamas amen…

            El ventero, á quien no se le pasó por alto la dádiva y recompensa que el Cura había hecho al barbero, pidió el escote de Don Quixote con el menoscabo de sus cueros y falta de vino, jurando que no saldria de la venta Rocinante, ni el jumento de Sancho , sin que se le pagase primero hasta el último ardite.

            Todo lo apaciguó el Cura y lo pagó Don Fernando, puesto que el Oidor, de muy buena voluntad, habia tambien ofrecido la paga, y de tal manera quedaron todos en paz y sosiego, que ya no parecía la venta la discordia del campo de Agramante, como Don Quixote había dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano : de todo lo qual fué comun opinión que se debían dar las gracias á la buena intención y mucha elocuencia del señor Cura y á la incomparable liberalidad de Don Fernando…

            Viéndose, pues, Don Quixote libre y desembarazado de tantas pendencias, así de su escudero como suyas, le pareció que sería bien seguir su comenzado viaje, y dar fin á aquella grande aventura para que había sido llamado y escogido: y así con resoluta determinacion se fué á poner de hinojos ante Dorotea,…la qual con ademan señoril …le respondió de esta manera: quiera el Cielo que el vuestro y mi deseo se cumpla, para que veais que hay agradecidas mugeres en el mundo: y en lo de mi partida, sea luego, que yo no tengo más voluntad que la vuestra: disponed vos de mí á toda vuestra guisa y talante,..

            Á la mano de Dios, dixo Don Quixote. Pues así es que vuestra señoría se me humilla, no quiero yo perder la ocasión de levantalla y ponella en su heredado trono:...porque suele decirse, que en la tardanza está el peligro: y pues no ha criado el Cielo, ni visto el infierno ninguno que me espante , ni acobarde, ensilla Sancho á Rocinante, y apareja tu jumento y el palafren de la Reyna y despidámonos del Castellano y destos señores, y vamos de aquí luego al punto.

            Sancho, que á todo estaba presente, dixo, meneando la cabeza á una parte y á otra: ay, señor, señor, y como hay mas mal en el aldegüela que se suena , con perdon sea dicho de las tocadas honradas.

            ¿Que mal puede haber en ninguna aldea,, dixo D. Quixote,  ni en todas las ciudades del mundo que pueda sonarse en menoscabo mio, villano?

            Si vuestra merced se enoja, respondió Sancho, yo callaré y dexaré de decir lo que soy obligado como buen escudero y como debe un buen criado decir á su señor.

             Di lo que quisieres replicó Don Quixote, como tus palabras no se encaminen á ponerme miedo: que si tú le tienes, haces como quien eres, y si yo no le tengo, hago como quien soy.

            No es eso, ¡pecador fuí yo á Dios! respondió Sancho, sino que yo tengo por cierto y por averiguado que esta señora que se dice ser Reyna del gran Reyno Micomicón no lo es mas que mi madre, porque á ser lo que ella dice no se anduviera hocicando con alguno de los que están en la rueda , á vuelta de cabeza y á cada traspuesta…

            ¡Ó Válame Dios, y quan grande que fué el enojo, que recibió Don Quixote, oyendo las descompuestas palabras de su escudero…Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe á las reales personas, vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira…

            Pero la discreta Dorotea, que tan entendido tenia ya el humor de Don Quixote, dixo para templarle la ira: no os despecheis , señor Caballero de la Triste Figura, de las sandeces que vuestro buen escudero ha dicho, porque quiza no las debe de decir sin ocasion, ni de su buen entendimiento y cristiana conciencia se puede sospechar que levante testimonio á nadie: y así se ha de creer, sin poner duda en ello, que como en este castillo, segun vos, señor caballero, decis, todas las cosas van y suceden por modo de encantamento, podría ser, digo, que Sancho hubiese visto por esta diabólica via lo que él dice que vió tan en ofensa de mi honestidad.

            Por el omnipotente Dios juro,  dixo á esta sazon Don Quixote que la vuestra grandeza ha dado en el punto, y que alguna mala visión se le puso delante á este pecador de Sancho, que le hizo ver lo que fuera imposible verse de otro modo que por el de encantos no fuera: que sé yo bien de la bondad é inocencia deste desdichado que no sabe levantar testimonios á nadie.

            Asi es y así será, dixo D. Fernando, por lo qual debe vuestra merced, señor Don Quixote, perdonalle, y reducille al gremio de su gracia, sicut erat in principio

            Don Quixote respondió, que él le perdonaba, y el Cura fué por Sancho, el qual vino muy humilde, y hincándose de rodillas pidió la mano á su amo, y él se la dió, y despues de habérsela dexado besar, le echó la bendición…»

       ( . Una vez resueltos todos los asuntos planteados en la venta, acordaron dar término  al fin para que había venido tanto el Cura como el Barbero  que no era otro que llevarse a Don Quixote  y Sancho a su Lugar para lo cual enjaularían  Don Quixote,  lo que fue llevado a cabo por todos los que allí estaban, y que disfrazados de las más diversas maneras, hasta de demonios, lo maniataron y lo metieron en una jaula colocada en una carreta tirada por bueyes, antes de meterlo en la jaula  el Barbero , con voz una voz temerosa dijo) :

            Ó Caballero de la triste figura , no te dé afincamiento la prisión en que vás, porque así conviene  para acabar más presto la aventura  en que tu gran esfuerzo te puso: la qual se acabará , quando el furibundo león manchego , con la blanca paloma tolosina , yogüieren en uno , ya despues de humilladas las altas cervices al blanco  yugo matrimoniesco: de cuyo inaudito consorcio  saldrá a la luz los bravos cachorros , que imitarán las campantes garras del valeroso padre: y esto sera antes que el seguidor  de la fugitiva ninfa  faga dos vegadas la visita de las lucientes imágines con su ràpido y natural curso.

            Y tú, ó el mas noble y obediente escudero, que tuvo espada en cinta , barbas en rostro, y olfato en las narices, no se desmaye, ni descontente ver llegar así adelante de tus ojos mesmos  á la flor de la caballeria andante: que presto , si al Plamador del mundo le place, te verás tan alto y tan sublimado, que no teconozcas, y no saldrán defraudadas , las promesas que te ha hecho tu buen señor: y asegúrote de parte de la sabia Mentironiana , que tu salario te sea pagado, como lo verás por la obra, y sigue las pisadas del valeroso y encantado caballero, que conviene que vayas donde pareis entrámbos, y porque no me es lícito decir  otra cosa, con Dios quedad, que yo me vuelvo adonde yo me sé.

            Quedó Don Quixote consolado con la escuchada profecía… y creyendo esto bien y firmemente , y dando un gran suspiro dixo: ò tú quien quiera que seas, que tanto bien me has pronosticado, ruégote que pidas de mi parte al sabio encantador , que mis cósas tiene á cargo, que no me dexe perecer en esta prisión…

            Luego tomáron la jaula con Don Quixote dentro,   en hombros aquellas visiones, y la acomodaron en el carro de los bueyes

 4.-COMENTARIO.

             El primer subrayado indica, de entrada, una actitud muy propia del funcionario que tiende a cumplir lo mandado, «por su mayor», el comandante, al pie de la letra, sin entrar en más averiguaciones si el espíritu de la ley se cumplía o no en este caso.

            El cura, que igual «vale para un roto que un descosío» consiguió hasta que los cuadrilleros cumpliesen con otra de sus funciones, como era apaciguar en las pendencias.

            Logrando que el  sobrebarbero  se conformase con los ocho reales, su valor sería el de un escudo en oro, que le dio por la bacía para siempre «et in saecula saeculorum».

            El ventero entre juramentos pidió los destrozos hechos a los cueros y al vino en ellos contenido; todo se solucionó gracias a la «elocuencia del señor Cura y á la incomparable liberalidad deDon Fernando».

            El cura sigue en su papel apaciguando a unos y pagando a otros.

            Dorotea se pone a disposición de Don Quijote con unas palabras que recuerdan las de la oración de san Ignacio de Loyola :«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y poseer; Vos me lo distéis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro; disponed de todo a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta ». (San Ignacio de Loyola Oración para alcanzar amor).

La respuesta de Don Quijote nos recuerda unas palabras del evangelio de san Mateo: «El que sehumilla será ensalzado» (Mt.23,12) y también las palabras del Salmo 113,7-8: «¿Que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra y levanta del polvo al pobre?. Y al menesteroso alza del estiércol, para hacerles sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo».

            Sancho se siente obligado moralmente a advertir sobre lo que ha visto, sintiendose:  «pecador ante Dios». En concreto dice que Dorotea anda hocicándose, es decir besándose, con uno que está en el corro.

            La ira de de Don Quijote tiene matices religiosos pues recuerda a la ira del Rey que dirá a los de su izquierda « id malditos», y todavía más en concreto recuerda la ira del rey porque el escudero se ha desaforado y perdido el fuero que lo protegía.

            Dorotea sale en defensa de Sancho diciendo que no cabe que éste calumnie a nadie, Don Quijote va corro borrar las palabras de Dorotea referidas a Sancho: «que sé yo bien de la bondad é inocencia deste desdichado que no sabe levantar testimonios á nadie».

            Y Don Fernando pide que le perdone alzando el castigo de la ira del rey que lo ha lanzado de su lado reduciéndolo al gremio de su gracia, esta era la formula que se empleaba por parte de la Inquisición para incorporar a la Iglesia a los renegados (cf. Nºs 66 y 68) por lo que se sigue acentuando cómicamente el tono religioso de la escena marcado con el  sicut erat in principio que era parte de las oraciones que se rezaban como penitencia en las sentencia de levi inquisitoriales.

   Ya vemos como termina el capítulo con el enjaulamiento de Don Quijote.

 QUIZÁS TAMBIÉN LE INTERES DEL BLOC: SE CUENTA LA GRACIOSA MANERA COMO EL HIDALGO ES ARMADO CABALLERO.

elcuradellugar.

 

Anuncios