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 CAPITULO XLIX. Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo con su señor Don Quixote.

1.-NUMERO 81.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 49. Parte I. Pág.307a 310.T.II

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.- TEXTO.

 “¡Á! ,dixo Sancho, cogido le tengo: esto es lo que yo deseaba saber como al alma y como á la vida…Venga acá, señor: ¿podría negar lo que comúnmente suele decirse por ahí quando una persona está de mala voluntad, no sé que tiene fulano, que ni come, ni bebe, ni duerme, ni responde á propósito á lo que le preguntan, que no parece sino que está encantado? de donde se viene á sacar que los que no comen, ni beben, ni duermen, ni hacen las obras naturales que yo digo, estos tales estan encantados,pero no aquellos que tienen la gana que vuestra merced tiene, y que bebe cuando se lo dan y come cuando lo tiene y responde á todo aquello que le preguntan.

            Verdad dices, Sancho, respondió Don Quixote…yo sé y tengo para mí que voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia, que la formaría muy grande, si yo pensase que no estaba encantado y me dexase estar en esta jaula, perezoso y cobarde, defraudando el socorro que podría dar á muchos menesterosos y necesitados que de mi ayuda y amparo deben tener á la hora de ahora precisa y extrema necesidad.

            Pues con todo eso, replicó Sancho, digo que para mayor abundancia y satisfacion, seria bien que vuestra merced probase á salir desta cárcel, que yo me obligo con todo mi poder á facilitarlo…

            Rogó al Cura que permitiese que su señor saliese por un rato de la jaula, porque si no le dexaban salir, no iría tan limpia aquella prision como requiria la decencia de un tal caballero como su amo.

            Entendióle el Cura y dixo que de muy buena gana haría lo que le pedía, si no temiera que en viéndose su señor en libertad había de hacer de las suyas y irse donde jamas gentes le viesen.

            Yo le fío de la fuga, respondió Sancho.Y yo y todo, dixo el Canónigo, y mas si él me da la palabra como caballero de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad.

            Sí doy, respondió Don Quixote, que todo lo estaba escuchando, quanto mas que el que está encantado como yo, no tiene libertad para hacer de su persona lo que quisiere, porque el que le encantó, le puede hacer que no se mueva de un lugar en tres siglos: y si hubiere huido, le hará volver en volandas...debaxo de su buena palabra le desejauláron, de que él se alegró infinito, y en grande manera de verse fuera de la jaula: y lo primero que hizo fué, estirarse todo el cuerpo y luego se fué donde estaba Rocinante y dándole dos palmadas en las ancas, dixo: aun espero en Dios y en su Bendita Madre, flor y espejo de los caballos,que presto nos hemos de ver los dos qual deseamos, tú con tu señor acuéstas, y yo encima de ti, exercitando el oficio para que Dios me echó al mundo…

                       Mirábalo el Canónigo, y admirábase de ver la extrañeza de su grande locura y de que en quanto hablaba y respondía mostraba tener bonísimo entendimiento y así movido de compasion…le dixo:…Ea, señor Don Quixote, duélase de sí mismo y redúzgase al gremio de la discreción, y sepa usar de la mucha que el Cielo fué servido de darle, empleando el felicísimo talento de su ingenio en otra letura que redunde en aprovechamiento de su conciencia, y en aumento de su honra: y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer libros de hazañas, y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas, y hechos verdaderos como valientes...Esta si será letura digna de vuestra merced, señor Don Quixote mio, de la qual saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad. Y todo esto para honra de Dios, y provecho suyo, y fama de la Mancha do según he sabido trae vuestra merced su principio y origen….

   Atentísimamente estuvo Don Quixote escuchando las razones del Canónigo, y quando vió que ya había puesto fin á ellas, después de haber estado un buen espacio mirando dixo…

            Admirado quedó el Canónigo de oír la mezcla que Don Quixote hacía de verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas cosas tocantes y concernientes á los hechos de su andante caballería, y así le respondió: no puedo yo negar, señor Don Quixote, que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca á los caballeros andantes Españoles: y asimesmo quiero conceder que hubo Doce Pares de Francia…la verdad de ello es, que fueron caballeros escogidos por los Reyes de Francia, a quien llamaron Pares, por ser todos iguales en valor, en calidad y en valentía: a lo ménos si no lo eran, era razón que lo fuesen.

CLAUSTRO DEL CONVENTO DE LA ASUNCIÓN DE LAS MONJAS CALATRAVAS EN ALMAGRO.

 Era como una religión de las que ahora se usan de Santiago, ó de Calatrava, que se presupone , que los que la profesan han de ser, ó deben ser caballeros valerosos, valientes y bien nacidos: y como ahora dicen caballero de San Juan, ó de Alcántara, decian en aquel tiempo caballero de los doce Pares, porque fueron iguales los que para esta religión militar escogieron….

            En lo otro de la clavija que vuestra merced dice del conde Pierres, confieso mi pecado, que soy tan ignorante ó tan corto de vista que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la clavija, y mas siendo tan grande como vuestra merced ha dicho.

            Pues allí está, sin duda alguna replicó Don Quixote …

            Todo puede ser respondió el canónigo pero por las órdenes que recebí que no me acuerdo haberla visto. Mas puesto que conceda que está allí, no por eso me obligo á creer las historias de tantos Amadises, ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos cuentan…».

4.-COMENTARIO.

            Don Quijote y Sancho conversan acerca de la situación del primero, Sancho fundado en lo que vimos al final del capítulo anterior y de que come, bebe, etc., se reafirma que no va encantado.

            Don Quijote, por el contrario  sigue asentado en  su verdad, y añade que le «crearía un gran problema de conciencia» el sabe que no iba encantado y estar ahí quieto, privando a los menesterosos de su ayuda.

            Sancho le insta a que, a pesar de todo, debe hacer algo por salir de esa situación y que él está dispuesto a ayudarle, y así lo hace pidiendo al cura que lo dejen salir para limpiar la jaula.

            El narrador califica de infinita la alegría, atributo divino, de D. Quijote.

             La frase: «aun espero en Dios y en su Bendita Madre» la dice D. Quijote mostrando que Dios y su Madre cumplen sus promesas y providencias dado «que Dios lo echó al mundo» para que ejerciera de caballero andante.

  Es ésta la única vez que la Virgen es nombrada tan tiernamente por Don Quijote.

            El canónigo le ha nombrado a Don Quijote un conjunto de lecturas, de vidas de personajes todas ellas profanas, de carácter histórico :Viriato, César, Anibal, Alejandro de Grecia, etc., y además le habla de la Sagrada Escritura especialmente del libro de los Jueces donde «hallará verdades grandiosas, y hechos verdaderos como valientes».

            Se podría pensar que Cervantes está dando un mensaje subliminal de que las verdades de la Escritura son similares a las que cuentan los libros de caballería, que reciben su verdad, de la fe con la que son leídas y aceptadas. Más bien habría que decir que está recogiendo una de las características de la espiritualidad común de la época: el aprecio por la lectura y contacto directo con la Sagrada Escritura.

            El «y todo es para honra de Dios» nos recuerda el «ad majorem Dei gloriam» «a la mayor gloria de Dios» ignaciano.

            El canónigo, como se ve por el subrayado, nombra otros frutos, todos ellos de orden moral, que podría sacar de la lectura de los libros mencionados: «enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad».

            Don Quijote, que ha estado escuchando atentamente las razones del canónigo y que ha entendido que todas ellas iban encaminadas a demostrarle «que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores , é inútiles para la República» ataca con una serie de razones en las que, sobre todo, se muestra el gran conocimiento que tiene de los libros de caballería, pero mezclando hechos caballerescos con sucesos históricos.

             El texto es muestra de la pugna dialéctica entre el canónigo y Don Quijote que, como advirtió el canónigo, éste argumentaba con una mezcla verdades y mentiras.

            Una de las verdades le dio pie al canónigo para hablarle de forma expresa de las órdenes militares españolas, también  nosotros hablamos de ellas a continuación.

  CALATRAVA LA NUEVA EN LA PROVINCIA DE CIUDAD REAL.   

       El tercer cuarto del s. XII sería testigo de la institución en los reinos de Castilla y León, de tres grandes Órdenes Militares de Caballería: Santiago del Espada, Calatrava y San Iulian de Pereyro, pronto denominada de Alcántara.

            La primera en fundarse, fue la Orden de Calatrava, en tiempo de Sancho el Deseado, (1158); le siguió la de la Orden de Santiago, siendo rey Fernando II de León, (1170); y sólo algunos años más tarde, la de Alcántara por el mismo Fernando II de León (1176).

            Su carácter original sería de orden civil, pero pronto serían admitidas y confirmadas por la Iglesia como verdaderas órdenes religiosas, y como tales debieron acogerse a alguna Regla de las órdenes monásticas así la de Calatrava y Alcántara se acogieron a la de san Benito, con el espíritu que le infundió san Bernardo de Claraval, y la de Santiago la de san Agustín.

             El Papa Alejandro III expidió las bulas aprobatorias.

            En el momento de la aprobación pontificia, las Órdenes de Calatrava y Alcántara se incorporaron a la Orden del Cister y como milicias cistercienses permanecieron hasta su supresión a finales del Antiguo Régimen.

            Tras unos primeros años de existencia independiente, en 1213 la Orden portuguesa de Avis, y en 1256 la Orden castellana de Alcántara y en 1317 la Orden aragonesa de Montesa, quedaron sujetas a Calatrava.

    LIBRO DE LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN DE SANTIAGO. EN UCLÉS. CUENCA.

        En cuanto a su composición las órdenes estaban integradas por un conjunto de personas con funciones y status diverso. La pertenencia a la orden les confería el título de freyles, para distinguirlos de los frayles pertenecientes a otras órdenes no militares, todos realizaban en su profesión los tres votos propios de las órdenes religiosas: pobreza, castidad y obediencia, al que se unía el voto de luchar por la conservación de la fe de Cristo.

            Unos freyles eran religiosos soldados, mílites, otros religiosos clérigos, los primeros eran quienes, con las armas defendían a la cristiandad , mientras que los clérigos se dedicaban al culto divino, la vida de oración y el trabajo monástico.

            Todos tenían el mismo fuero y exenciones propios de los monjes, tanto en el campo civil como religioso pues estaban también exentos de la jurisdicción del clero secular.

            Fue importante el papel que estas órdenes desempeñaron en la lucha contra el Islam en la península, de ahí que se situasen en las zonas fronterizas de la tierra de moros.

            A finales de la edad media estas órdenes militares alcanzaron un gran poder que en muchos casos recayó en manos de la nobleza, el poder que les venía de los señoríos y el no pequeño procedente de su poderío militar. No es por ello extraño que los reyes tuvieran gran interés en dominar este poder.

   CABALLEROS DE LA ORDEN DE CALATRAVA CON EL HOY SU PRIOR EL OBISPO DE CIUDAD REAL.

         En el siglo XVI Carlos V inició, bajo el auspicio pontificio, una política de enajenación patrimonial , viéndose afectadas las tres órdenes por tal politica, dado que todas sufrieron la enajenación de parte de sus bienes para sufragar los gastos de la corona.

            Posteriormente estas Órdenes Militares sufrieron modificaciones diversas tanto en su estructura, como en sus fines, para terminar siendo unas instituciones meramente honoríficas.

            El canónigo termina su negativa de aceptar como verdades las narraciones de los libros de caballería jurando «por las órdenes que recibi», se entiende que se refiere a las recibidas en el sacramento del orden.

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elcuradellugar.

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