APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LA ÉTICA EN EL QUIJOTE:

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APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LA ÉTICA EN EL QUIJOTE:

 Las Virtudes en el Quijote The virtues in the book of Don Quixote: An approach. POR :Francisco Javier Sanzol Díez e-mail: pachisanzol@gmail.com

RESUMEN.

El presente artículo es una aproximación al estudio de la ética en el Quijote, con miras al IV Centenario de la segunda parte, que se celebrará el 2015.

Se encuadra, por tanto, dentro de la amplia bibliografía exegética de la obra cervantina: comienza con una introducción sinóptica de la ética cristiana, y comenta a continuación las diversas referencias a las virtudes teologales y cardinales que aparecen en la novela. El rigor, la profundidad y la riqueza con que Cervantes traza una apología de las virtudes, a través de los discursos de don Quijote y de Sancho, patentizan la presencia de una dimensión ética en el Quijote. Palabras clave: Cervantes, Quijote, virtud, virtudes teologales, virtudes cardinales.

ABSTRACT

This paper deals with the theory of the virtues in book of Don Quixote.Thus, this work is placed within the vast literature exegetic studies on Cervantes. The doctrine of the theological and cardinal virtues will be considered from the Christian inspired ethics point of view. All this is then compared to the author comments throughout the text. The result is the certainty of the rigor, deepness and richness in Cervantes to put in Don Quixote’s mouth an apology of the virtues. Key words: Cervantes, Quixote, virtue, theologian virtues, cardinal virtues.

ÍNDICE DEL TEMA.

INTRODUCCIÓN.

1. BREVE REFERENCIA A LAS VIRTUDES EN GENERAL.

a) Prioridad de la virtud sobre la nobleza y la sangre;

b) Solo las letras -es decir, la ciencia, el conocimiento- no hace mejor a la persona, sino va acompañada de las virtudes, de una vida virtuosa, de una existencia que busca la verdad y el bien;

c) Las virtudes adornan el alma;

d) Los caminos de la virtud y del vicio son opuestos;

e) La virtud es como el fuego; se manifiesta externamente. El hombre virtuoso es conocido por su buen obrar;

 f) La virtud provoca a veces envidia;

 2. VIRTUDES TEOLOGALES.Virtudes teologales en particular.

2.1. Fe; 2.2.Esperanza; 2.3.Amor.

 3.- VIRTUDES CARDINALES. Virtudes cardinales en particular;

3.1 Prudencia; Referencias a la virtud de la prudencia;

 3.2.Justicia; Referencias a la virtud de la justicia;

3.3. Fortaleza o valentía; Recogemos textos de la virtud de la fortaleza;

3.4. Templanza; a) Significado de la templanza; b) La abstinencia o templanza en el comer; c) La sobriedad;

 4. ALGUNAS VIRTUDES EN PARTICULAR.

4.1. Agradecimiento; 4.2.Alegría; 4.3. Amistad; 4.4. Castidad; 4.5. Diligencia; 4.6. Fidelidad; 4.7. Humildad; 4.8. Magnanimidad; 4.9. Pobreza; 4.10. Sencillez; 4.11. Sinceridad;

5. ALGUNOS VICIOS EN PARTICULAR.

 5.1. Codicia; 5.2. Envidia; 5.3. Gula; 5.4. Lujuria; 5.5. Ociosidad; 5.6. Pereza; 5.7. Soberbia; 5.8. Venganza;

6.-CONCLUSIÓN.

 INTRODUCCIÓN.

 En un diálogo entre don Quijote y Lorenzo, el hijo del Caballero del verde Gabán, don Diego de Miranda, el hidalgo manchego le expone a Lorenzo que la caballería andante es una ciencia en la que el caballero ha de estar adornado de virtudes (las cursivas se han añadido al texto cervantino)[1]:

“Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?La de la caballería andante —respondió don Quijote—, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más.No sé qué ciencia sea esa —replicó don Lorenzo—, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia.Es una ciencia —replicó don Quijote— que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales”(II, 18)[2]

UNO DE LOS   QUIJOTES DEL SIGLO XX.

 1. BREVE REFERENCIA A LAS VIRTUDES EN GENERAL.

 La virtud es uno de los conceptos fundamentales de la antropología y de la ética filosófica griega, donde significa la excelencia moral del hombre. Originariamente, la lengua griega conocía un uso mucho más amplio del término virtud, que podía expresar las cualidades excelentes de cosas, animales, hombres o divinidades.

Sócrates lo emplea ya con un significado más restringido, para referirse solo a la excelencia moral del hombre, entendida prevalentemente como un saber sobre el bien, que puede ser comunicado a través de la enseñanza. En esta línea, Platón desarrolla la clasificación de las cuatro virtudes: sabiduría, fortaleza, templanza y justicia, que llegará a ser célebre en el pensamiento filosófico occidental.

En diálogo crítico con la tradición socrático-platónica, Aristóteles llevará la doctrina de la virtud a la expresión clásica más completa; para él, la virtud es la perfección habitual y estable de las facultades operativas humanas, tanto de las facultades intelectuales (virtudes dianoéticas o intelectuales) cuanto de las facultades apetitivas (virtudes éticas). La vida humana según las virtudes representa para Aristóteles la vida mejor del hombre, la vida buena o felicidad.

La tradición estoica retomará la doctrina de la virtud, insistiendo particularmente en la armonía que existe entre la vida según las virtudes y la vida según la naturaleza. Por su influjo sobre algunos escritores cristianos, ha tenido una notable importancia la doctrina sobre las virtudes contenida en el De officiis de Cicerón.

Según Aristóteles, la virtud es lo que hace bueno a quien la posee y hace buena su obra[3].

Para Aristóteles no es suficiente hacer algún acto bueno, sino que es necesario que la persona se ejercite en el bien, porque como apuntó agudamente, ‘una golondrina no hace verano’[4] (la frase ‘una sola golondrina no hace verano’ se cita en el Quijote, I, 13). A partir de Aristóteles la ciencia ética habla de la moral de virtudes.

San Agustín explica la virtud como ‘aquella buena cualidad, por la que se vive rectamente, y de la que nadie usa mal’[5].

Santo Tomás de Aquino recoge básicamente la doctrina de la ética de Aristóteles y define la virtud como hábito operativo bueno[6].

Con el término «virtud» se designan cualidades buenas, firmes y estables de la persona, que, al perfeccionar su inteligencia y su voluntad, la disponen a conocer mejor la verdad y a realizar, cada vez con más libertad y gozo, acciones excelentes, para alcanzar su plenitud humana y sobrenatural.

La virtud es un hábito operativo bueno, entendiendo el ‘hábito’ como la disposición constante y firme de hacer el bien. Lo contrario de la virtud es el vicio, que se define como ‘un hábito operativo malo’.

El Catecismo de la Iglesia Católica (en lo sucesivo, Catecismo), recoge todos estos elementos, y ensalza su importancia para la vida moral:

“La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige en acciones concretas[7].

Los hábitos operativos (virtudes) se dividen en virtudes sobrenaturales, teologales o infusas, que el hombre recibe como un don unido a la gracia, y virtudes humanas o adquiridas, que el hombre adquiere a través del ejercicio y del esfuerzo personal. Las virtudes humanas o adquiridas pueden ser intelectuales o morales. Las virtudes intelectuales inhieren en la razón y la perfeccionan tanto en el aspecto especulativo cuanto en el práctico. Las virtudes morales perfeccionan la voluntad y las tendencias. Prudencia, justicia, fortaleza y templanza son las principales virtudes morales,llamadas por eso cardinales.

“Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien.

Las virtudes morales son adquiridas mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para comulgar en el amor divino”[8].

En esta primera parte nos fijaremos en las virtudes humanas en elQuijote en general, sin especificar; más adelante iremos viendo algunas en particular. He resumido esta primera parte en seis reflexiones acerca de las virtudes en los textos del Quijote:

a) Prioridad de la virtud sobre la nobleza y la sangre.

Lo que hace mejor a la persona, no es tener un título de nobleza o tener sangre de reyes o de nobles, sino ser virtuoso. Recogemos tres escenas de la novela de Cervantes:

* Don Fernando seduce con malas artes a Dorotea, la abandona y pretende a la fuerza a Luscinda, prometida a Cardenio. Con destino a Andalucía, a la venta llegan cuatro hombres a caballo con antifaces, dos mozos a pie y una mujer. Cardenio reconoce en la voz de la mujer a Luscinda, y Dorotea reconoce en uno de los hombres a don Fernando. Luscinda suplica entonces que la deje marchar para irse con Cardenio, y Dorotea suplica a don Fernando, que cumpla con la palabra que le ha dado. Ante las consideraciones del cura, don Fernando acepta, y vuelve con Dorotea. Cito las palabras de Dorotea al noble don Fernando (I, 36)

“Y si te parece que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la mía, considera que pocas o ninguna nobleza hay en el mundo que no haya corrido por este camino, y que la que se toma de las mujeres no es la que hace al caso en las ilustres decendencias, cuanto más que la verdadera nobleza consiste en la virtud, y si ésta a ti te falta negándome lo que tan justamente me debes, yo quedaré con más ventajas de noble que las que tú tienes[9].

* Don Quijote manifiesta las excelencias de Dulcinea al duque (II, 32):

A eso puedo decir que Dulcinea es hija de sus obras, y que las virtudes adoban la sangre, y que en más se ha de estimar y tener un humilde virtuoso que un vicioso levantado (…)”.

* Uno de los consejos que da don Quijote a Sancho para el buen gobierno de la ínsula de Barataria (II, 42):

“Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”[10].

* De regreso a casa para proveerse de dinero y escudero, se encuentra con Andrés, mozo, que está siendo azotado por su amo Juan Haldudo de Quintanar de la Orden (Toledo). Diálogo entre don Quijote y el mozo Andrés (I, 4):

“Mire vuestra merced, señor, lo que dice —dijo el muchacho—, que este mi amo no es caballero, ni ha recebido orden de caballería alguna, que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.”

Importa poco eso —respondió don Quijote—, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras[11].

b) Solo las letras -es decir, la ciencia, el conocimiento- no hace mejor a la persona, sino va acompañada de las virtudes, de una vida virtuosa, de una existencia que busca la verdad y el bien.

 * El Caballero del Verde Gabán, don Diego de Miranda le comenta a don Quijote acerca de su hijo Lorenzo, aficionado a la poesía, que está estudiando en Salamanca (II, 16):

“Quisiera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar”[12].

 c) Las virtudes adornan el alma.

 * Ambrosio, el amigo del difunto Grisóstomo, ataca a Marcela por sus desdenes a Grisóstomo, y le atribuye su muerte por no haberle correspondido. Marcela le contesta que ella nunca le dio esperanzas y que es libre para decidir su vida. Palabras de Marcela (I, 14):

“Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa, que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda?”

* Diálogo entre don Quijote y Sancho: Altisidora, doncella de la duquesa simula estar enamorada del hidalgo manchego. Sancho no entiende como se ha podido enamorar de un hombre tan feo como don Quijote. Diálogo del hidalgo con su escudero (II, 58):

“ (…) no puedo pensar qué es lo que vio esta doncella en vuestra merced que así la rindiese y avasallase, que en verdad en verdad que muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde la punta del pie hasta el último cabello de la cabeza, y que veo más cosas para espantar que para enamorar; y, habiendo yo también oído decir que la hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuestra merced ninguna, no sé de qué se enamoró la pobre.

Advierte, Sancho -respondió don Quijote-, que hay dos maneras de hermosura: una la del alma y otra la del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y en todas partes caben y pueden estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetus y con ventajas. Yo, Sancho, bien veo que no soy hermoso, pero tampoco conozco que soy disforme; y bástale a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga las dotes del alma que te he dicho”.

* La sobrina y el ama de don Quijote sospechan que está planeando una nueva salida e intentan disuadirle. La respuesta que les da es que él ha elegido el camino de las armas, de ser caballero andante, que es un camino de virtud (II, 6):

“Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo[13], que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al pobre se mostrará tan liberal como el que a campana herida da limosna, y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerle por de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la alabanza fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados.

 d) Los caminos de la virtud y del vicio son opuestos.

 * La sobrina y el ama de don Quijote sospechan que está planeando una nueva salida e intentan disuadirle. La respuesta que les da es que él ha elegido el camino de las armas, de ser caballero andante, que es un camino de virtud (II, 6):

“la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso; y sé que sus fines y paraderos son diferentes, porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin”[14].

* Don Quijote le manifiesta a Sancho, los medios que tiene que poner un buen caballero andante para alcanzar la fama, que es la gloria eterna (II, 8):

Así, ¡oh Sancho!, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana, que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira en el reposado continente y quietud de ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y la lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos pueden hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros.Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama[15].

* Consejo de don Quijote a Sancho para el buen gobierno de la ínsula de Barataria (II, 51):

“Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos estremos, que en esto está el punto de la discreción”.

e) La virtud es como el fuego; se manifiesta externamente. El hombre virtuoso es conocido por su buen obrar.

* Don Quijote llega a Barcelona y es agasajado por don Antonio Moreno,amigo del bandolero Roque Guinart; le enseña la ciudad y le recibe en su casa. Diálogo entre los dos (II, 62):

“Grande es la prerrogativa que encierra en sí la andante caballería, pues hace conocido y famoso al que la profesa por todos los términos de la tierra; si no, mire vuestra merced, señor don Antonio, que hasta los muchachos desta ciudad, sin nunca haberme visto, me conocen.

Así es, señor don Quijote —respondió don Antonio—, que así como el fuego no puede estar escondido y encerrado, la virtud no puede dejar de ser conocida”.

f) La virtud provoca a veces envidia.

 * Palabras de Sancho al cura (I, 47):

“¡Ah, señor cura, señor cura! ¿Pensaba vuestra merced que no le conozco y pensaba que yo no calo y adivino adónde se encaminan estos nuevos encantamentos? Pues sepa que le conozco, por más que se encubra el rostro, y sepa que le entiendo, por más que disimule sus embustes. En fin, donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay escaseza la liberalidad”.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 2):

“Pues lo primero que digo —dijo—; es que el vulgo tiene a vuestra merced por grandísimo loco, y a mí por no menos mentecato. Los hidalgos dicen que, no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante. Dicen los caballeros que no querrían que los hidalgos se opusiesen a ellos, especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde.

Eso —dijo don Quijote— no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien vestido, y jamás remendado: roto, bien podría ser, y el roto, más de las armas que del tiempo.

En lo que toca —prosiguió Sancho— a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones. Unos dicen: «loco, pero gracioso»; otros, «valiente, pero desgraciado»; otros, «cortés, pero impertinente»; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.

Mira, Sancho —dijo don Quijote—: dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida[16].

* Don Quijote atribuye al encantamiento la transformación que –según dice Sancho-, ha tenido Dulcinea del Toboso de señora principal en una aldeana. En concreto lo atribuye a la envidia de los encantadores (II, 8):

 “¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”[17].

2. VIRTUDES TEOLOGALES

Don Quijote le dice a Lorenzo, el hijo del Caballero del Verde Gabán que el caballero andante “ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales” (II, 18)[18].

He de decir que las escenas que recojo del Quijote sobre las virtudes teologales, hacen referencia también a la fe, esperanza y caridad humanas, las cuales se pueden aplicar a la vida sobrenatural.

Virtudes teologales en particular´.

SANCHO NO DABA CRÉDITO A LO QUE VEÍA.

2.1. Fe

* Don Quijote se dirige a la aldea para proveerse de dinero y de escudero. Se encuentra con unos mercaderes toledanos que se dirigían a comprar seda a Murcia. Diálogo del hidalgo manchego con los mercaderes (I, 4):

“Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.

Paráronse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura del que las decía; y por la figura y por las razones luego echaron de ver la locura de su dueño, mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo:

Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís; mostrádnosla, que, si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.

Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender[19]; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia. Que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho mientras de dirigen al Toboso a ver a Dulcinea(II,8):

“Eso es lo que yo digo también —respondió Sancho—, y pienso que en esa leyenda o historia que nos dijo el bachiller Carrasco que de nosotros había visto debe de andar mi honra a coche acá, cinchado, y, como dicen, al estricote, aquí y allí, barriendo las calles. Pues a fe de bueno que no he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa; y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana[20].

* Don Quijote y Sancho entran en el Toboso por la noche, en una oscuridad total, buscando a Dulcinea (II, 9):

“Hallemos primero una por una el alcázar—replicó don Quijote—, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos. Y advierte, Sancho, o que yo veo poco o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea.

Pues guíe vuestra merced —respondió Sancho—: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día[21].

* Don Quijote y Sancho se encuentra con un carro con leones, regalo del general de Orán al Rey de España. El hidalgo manchego decide enfrentarse a ellos. Diálogo entre don Quijote y el conductor del carro (II, 17):

“Y volviéndose al leonero, le dijo:

¡Voto a tal, don bellaco, que si no abrís luego luego las jaulas, que con esta lanza os he de coser con el carro! El carretero, que vio la determinación de aquella armada fantasma, le dijo:Señor mío, vuestra merced sea servido, por caridad, de dejarme desuncir las mulas y ponerme en salvo con ellas antes que se desenvainen los leones, porque si me las matan quedaré rematado para toda mi vida; que no tengo otra hacienda sino este carro y estas mulas”.

¡Oh hombre de poca fe![22] —respondió don Quijote—, apéate y desunce y haz lo que quisieres, que presto verás que trabajaste en vano y que pudieras ahorrar desta diligencia.”

SANCHO TOMANDO LOS DESPOJOS DE LA BATALLA GANADA.

2.2. Esperanza.

* En un diálogo entre don Quijote y Sancho, éste le comenta que una de las diferencias entre el purgatorio y el infierno es la esperanza, que hay en el primero y no puede haber en el segundo I, 25:

“Retencio es —respondió Sancho— que quien está en el infierno nunca sale dél, ni puede. Lo cual será al revés en vuestra merced, o a mí me andarán mal los pies, si es que llevo espuelas para avivar a Rocinante; y póngame yo una por una en el Toboso, y delante de mi señora Dulcinea, que yo le diré tales cosas de las necedades y locuras, que todo es uno, que vuestra merced ha hecho y queda haciendo, que la venga a poner más blanda que un guante, aunque la halle más dura que un alcornoque; con cuya respuesta dulce y melificada volveré por los aires como brujo y sacaré a vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza de salir dél, la cual, como tengo dicho, no la tienen de salir los que están en el infierno, ni creo que vuestra merced dirá otra cosa[23].

* La joven Clara está enamorada de un joven vecino suyo -de familia importante- y gran cantor y poeta, que le sigue disfrazado de mozo de mulas. Clara le abre su corazón a Dorotea, la cual le dice (I, 43):

“No digáis más, señora doña Clara —dijo a esta sazón Dorotea, y esto, besándola mil veces—, no digáis más, digo, y esperad que venga el nuevo día, que yo espero en Diosde encaminar de manera vuestros negocios que tengan el felice fin que tan honestos principios merecen”.

* Diálogo de don Quijote con un cabrero (I, 52):

“aunque yo espero en Dios nuestro Señor que no ha de poder tanto la fuerza de un encantador malicioso, que no pueda más la de otro encantador mejor intencionado, y para entonces os prometo mi favor y ayuda, como me obliga mi profesión, que no es otra sino es favorecer a los desvalidos y menesterosos”.

* Diálogo entre don Quijote y don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán (II, 16):

“Hay mucho que decir —respondió don Quijote— en razón de si son fingidas o no las historias de los andantes caballeros. Pues ¿hay quien dude —respondió el Verde— que no son falsas las tales historias? Yo lo dudo —respondió don Quijote—, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas”.

* Duelo entre el licenciado en cánones en Salamanca y experto espadachín y el bachiller Corchuelo (II, 19):

“Mirad, bachiller —respondió el licenciado—, vos estáis en la más errada opinión del mundo acerca de la destreza de la espada, teniéndola por vana.

Para mí no es opinión, sino verdad asentada —replicó Corchuelo—; y si queréis que os lo muestre con la experiencia, espadas traéis, comodidad hay, yo pulsos y fuerzas tengo, que acompañadas de mi ánimo, que no es poco, os harán confesar que yo no me engaño. Apeaos y usad de vuestro compás de pies, de vuestros círculos y vuestros ángulos y ciencia, que yo espero de haceros ver estrellas a medio día con mi destreza moderna y zafia, en quien espero, después de Dios, que está por nacer hombre que me haga volver las espaldas, y que no le hay en el mundo a quien yo no le haga perder tierra”.

* El barbero, maese Nicolás, refiere un cuento breve sobre una casa de locos de Sevilla (II, 1):

“El capellán dijo que él le quería acompañar y ver los locos que en la casa había. Subieron, en efeto, y con ellos algunos que se hallaron presentes; y llegado el licenciado a una jaula adonde estaba un loco furioso, aunque entonces sosegado y quieto, le dijo: «Hermano mío, mire si me manda algo, que me voy a mi casa, que ya Dios ha sido servido, por su infinita bondad y misericordia, sin yo merecerlo, de volverme mi juicio: ya estoy sano y cuerdo, que acerca del poder de Dios ninguna cosa es imposible. Tenga grande esperanza y confianza en Él, que pues a mí me ha vuelto a mi primero estado, también le volverá a él, si en Él confía”[24].

* Diálogo entre don Quijote y Sancho; éste le pide fijar un salario, mientras que el hidalgo le comenta que lo de fijar salario al escudero es ajeno a la caballería andante (II, 7):

“Si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustáis de volver a servirme, sea en buena hora, que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo escusado. Así que, Sancho mío, volveos a vuestra casa y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem, y si no, tan amigos como de antes: que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas. Y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga. Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que también como vos sé yo arrojar refranes como llovidos. Y, finalmente, quiero decir y os digo que si no queréis venir a merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo, que a mí no me faltarán escuderos más obedientes, más solícitos, y no tan empachados ni tan habladores como vos”.

* Don Quijote es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, detrás del cual se esconde la identidad del bachiller Sansón Carrasco. El caballero andante estuvo seis días en el lecho, como consecuencia del combate y Sancho le anima (II, 65):

“Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé gracias al cielo que, ya que le derribó en la tierra, no salió con alguna costilla quebrada; y pues sabe que donde las dan las toman y que no siempre hay tocinos donde hay estacas, dé una higa al médico, pues no le ha menester para que le cure en esta enfermedad, volvámonos a nuestra casa y dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos. Y si bien se considera, yo soy aquí el más perdidoso, aunque es vuestra merced el más malparado: yo, que dejé con el gobierno los deseos de ser más gobernador, no dejé la gana de ser conde, que jamás tendrá efecto si vuesa merced deja de ser rey, dejando el ejercicio de su caballería, y así vienen a volverse en humo mis esperanzas.

Calla, Sancho, pues ves que mi reclusión y retirada no ha de pasar de un año, que luego volveré a mis honrados ejercicios, y no me ha de faltar reino que gane y algún condado que darte.

Dios lo oiga —dijo Sancho— y el pecado sea sordo, que siempre he oído decir que más vale buena esperanza que ruin posesión”[25].

* Roque Guinart, el bandolero de Cataluña, con el que se encuentran don Quijote y Sancho cuando se dirigen a Barcelona, manifiesta al hidalgo manchego que no pierde la esperanza de cambiar de vida (II, 60):

“Nueva manera de vida le debe de parecer al señor don Quijote la nuestra, nuevas aventuras, nuevos sucesos, y todos peligrosos; y no me maravillo que así le parezca, porque realmente le confieso que no hay modo de vivir más inquieto ni más sobresaltado que el nuestro. A mí me han puesto en él no sé qué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegados corazones. Yo de mi natural soy compasivo y bienintencionado, pero, como tengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con todas mis buenas inclinaciones en tierra, que persevero en este estado, a despecho y pesar de lo que entiendo; y como un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas de manera que no solo las mías, pero las ajenas tomo a mi cargo. Pero Dios es servido de que, aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no pierdo la esperanza de salir dél a puerto seguro”[26].

2.3. Amor

Dice el Catecismo que “La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”[27].

En algunas frases no retrata de la caridad como virtud teologal, sino del amor humano, que se puede aplicar al amor divino.

* Prólogo de la 1ª parte:

“Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico de curiosidad y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: «Ego autem dico vobis: diligite inimicos vestros»[28].

* Diálogo entre don Quijote y Sancho, cuando son invitados a comer con unos cabreros (I, 11):

“Porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería, y cuán a pique están los que en cualquiera ministerio della se ejercitan de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí a mi lado y en compañía de esta buena gente te sientes, y que seas una misma cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere; porque de la caballería andante se puede decir lo mismo que del amor se dice: que todas las cosas iguala”.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (I, 31):

“¡Oh, qué necio y qué simple que eres! -dijo don Quijote-. ¿Tú no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se extiendan más sus pensamientos que a servilla, por sólo ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseos, sino que ella se contente de aceptarlos por sus caballeros.

Con esa manera de amor -dijo Sancho- he oído yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena. Aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese[29].

-¡Válete el diablo por villano -dijo don Quijote-, y qué de discreciones dices a las veces! No parece sino que has estudiado.

-Pues a fe mía que no sé leer -respondió Sancho”.

* La sobrina y el ama de don Quijote sospechan que está planeando una nueva salida e intentan disuadirle. La respuesta que les da es que él ha elegido el camino de las armas, de ser caballero andante, que es un camino de virtud (II, 6):

Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo”[30].

* Diálogo entre D. Quijote y Sancho (II, 10):

“Ve, amigo, y guíete otra mejor ventura que la mía, y vuélvate otro mejor suceso del que yo quedo temiendo y esperando en esta amarga soledad en que me dejas.

Yo iré y volveré presto —dijo Sancho—; y ensanche vuestra merced, señor mío, ese corazoncillo, que le debe de tener agora no mayor que una avellana, y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala ventura”.

* Terminada la estancia de don Quijote y Sancho en la casa de D. Diegode Miranda, el Caballero del Verde Gabán, se dirigen a las lagunas de Ruidera, donde va a tener lugar la aventura de la cueva de Montesinos. En el camino se encuentran con dos estudiantes y dos labradores, que les invitan a las bodas de Quiteria la hermosa y Camacho el rico. Ahí se enteran de que la primera está enamorado desde niño de Basilio el pobre, pero que su enlace ha sido impedido por el padre de Quiteria. En la conversación entre don Quijote y su escudero dice Sancho (II, 19):

que el amor, según yo he oído decir, mira con unos anteojos, que hace parecer oro al cobre, a la pobreza riqueza, y a las legañas perlas”.

* Sancho se queja del manteamiento que sufrió en la venta y don Quijote le recuerda que debe olvidar (I, 21):

“También la tengo yo —respondió Sancho—; pero si yo le hiciere ni le probare más en mi vida, aquí sea mi hora. Cuanto más que no pienso ponerme en ocasión de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y, si vienen, no hay que hacer otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por donde la suerte y la manta nos llevare.

Mal cristiano eres, Sancho —dijo oyendo esto don Quijote—, porque nunca olvidas la injuria que una vez te han hecho; pues sábete que es de pechos nobles y generosos no hacer caso de niñerías”[31].

* El Lacayo de duque Tosilos, se enamora de la hija de D.ª Rodríguez y no entra en combate con don Quijote (II, 56):

“Parece ser que cuando estuvo mirando a su enemiga le pareció la más hermosa mujer que había visto en toda su vida, y el niño ceguezuelo a quien suelen llamar de ordinario «Amor» por esas calles no quiso perder la ocasión que se le ofreció de triunfar de una alma lacayuna y ponerla en la lista de sus trofeos; y así, llegándose a él bonitamente sin que nadie le viese, le envasó al pobre lacayo una flecha de dos varas por el lado izquierdo y le pasó el corazón de parte a parte; y púdolo hacer bien al seguro, porque el Amor es invisible y entra y sale por do quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos”.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 58):

“Maravillado estoy, señor, de la desenvoltura de Altisidora, la doncella de la duquesa: bravamente la debe de tener herida y traspasada aquel que llaman «Amor», que dicen que es un rapaz ceguezuelo que, con estar lagañoso o, por mejor decir, sin vista, si toma por blanco un corazón, por pequeño que sea, le acierta y traspasa de parte a parte con sus flechas. He oído decir también que en la vergüenza y recato de las doncellas se despuntan yembotan las amorosas saetas, pero en esta Altisidora más parece que se aguzan que despuntan.

Advierte, Sancho —dijo don Quijote—, que el amor ni mira respetos ni guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores, y cuando toma entera posesión de una alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza[32]; y, así, sin ella declaró Altisidora sus deseos, que engendraron en mi pecho antes confusión que lástima”.

3. VIRTUDES CARDINALES

La división clásica de las virtudes morales establece cuatro virtudes cardinales (del latín cardo: quicio) –prudencia, justicia, fortaleza y templanza-, en torno a las cuales giran otras virtudes particulares.

—La prudencia -virtud intelectual, por perfeccionar a la inteligencia- es, por su objeto, una virtud moral, madre y guía de todas las demás.

—La justicia «consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido”.

—La fortaleza «reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral”.

—La templanza «modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados”.

Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama “cardinales”; todas las demás se agrupan en torno a ellas. Estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. ¿Amas la justicia? Las virtudes son el fruto de sus esfuerzos, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza” (Libro de la Sabiduría, 8, 7). “Bajo otros nombres, estas virtudes son alabadas en numerosos pasajes de la Escritura”[33].

* En el diálogo entre don Quijote y Lorenzo, el hijo del Caballero del verde Gabán, don Diego de Miranda, el hidalgo manchego le expone a Lorenzo que la caballería andante es una ciencia en la que el caballero ha de estar adornado de las virtudes cardinales (II, 18):

“Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído? La de la caballería andante —respondió don Quijote—, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más. No sé qué ciencia sea esa —replicó don Lorenzo—, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia. Es una ciencia —replicó don Quijote— que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa (…) ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales” (II, 18).

Virtudes cardinales en particular.

DON QUIJOTE INFORMÁNDOSE ANTES DE ACTUAR.

3.1 Prudencia

La prudencia no es una virtud negativa o pasiva, sino fundamentalmente activa: no es prudente el que no actúa, el que no hace nada, sino el que hace lo que debe hacer.

El Libro de los Proverbios dice: “El hombre prudente medita sus pasos”[34]. Santo Tomás la define como “la regla recta de la acción”[35].

Es una virtud que orientaba dirige las demás virtudes. De ahí la denominación de la prudencia como “auriga virtutum”; es decir sirve de guía seguro para el recto obrar moral.

Referencias a la virtud de la prudencia.

* En el camino real don Quijote se encuentra con una cadena de galeotes que marchan a su destino. Tras escuchar sus historias el hidalgo decide liberarlos; consigue hacerlo, pero al pretender que los condenados se pongan en camino al Toboso, para rendirle homenaje a Dulcinea, Ginés de Pasamonte le responde con burlas y terminan apedreando al hidalgo como prueba de gratitud. Don Quijote intenta persuadir a los guardianes para dejen en libertad a los galeotes (II, 28):

“Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando que muestre con vosotros el efeto para que el cielo me arrojó al mundo y me hizo profesar en él la orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores. Pero, porque sé que una de las partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por mal,quiero rogar a estos señores guardianes y comisario sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros que sirvan al rey en mejores ocasiones, porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”.

* Don Quijote manifiesta su indignación por el inoportuno rebuzno de Sancho, y éste se queja de que su amo le ha dejado sólo (II, 42):

“No huye el que se retira —respondió don Quijote—, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido, y en esto he imitado a muchos valientes que se han guardado para tiempos mejores, y desto están las historias llenas, las cuales, por no serte a ti de provecho ni a mí de gusto, no te las refiero ahora”.

* Don Quijote le da a su fiel escudero unos consejos para el buen gobierno de la ínsula de Barataria (II, 42):

“Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

Así es la verdad —respondió Sancho—, pero fue cuando muchacho; pero después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos. Pero esto paréceme a mí que no hace al caso, que no todos los que gobiernan vienen de casta de reyes. Así es verdad —replicó don Quijote—, por lo cual los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape[36].

* Saliendo de Barcelona para volverse a la aldea, don Quijote le comenta a Sancho, que no ha actuado con la prudencia necesaria en el combate con el Caballero de la Blanca Luna (II, 66):

“Muy filósofo estás, Sancho —respondió don Quijote—, muy a lo discreto hablas. No sé quién te lo enseña. Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía, pero no con la prudencia necesaria, y, así, me han salido al gallarín mis presunciones, pues debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevime, en fin; hice lo que pude, derribáronme, y, aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras cumpliendo la que di de mi promesa. Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremosvirtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas”.

 LA AVENTURA DE LOS GALEOTES.

3.2. Justicia

Dice Santo Tomás de Aquino: “La Justicia es el hábito, según el cual uno, con constante y perpetua voluntad da a cada uno lo derecho[37].

La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada “la virtud de la religión”. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. El hombre justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su conducta con el prójimo. “Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo” (Levítico, 19, 15). “Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo” (Epístola a los Colocenses, 4, 1)[38].

El objeto de la justicia es el derecho.

Siguiendo al Catecismo: “Los contratos están sometidos a la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre las personas y entre las instituciones, en el respeto exacto de sus derechos. La justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguarda de los derechos de propiedad, el pago de las deudas y la prestación de obligaciones libremente contraídas. Sin justicia conmutativa no es posible ninguna otra forma de justicia[39].

La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia distributiva que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en proporción a sus contribuciones y a sus necesidades.

 DON QUIJOTE VELANDO LAS ARMAS.

Referencias a la virtud de la justicia:

 * Don Quijote pronuncia un discurso sobre las armas y las letras (I, 37):

“Es el fin y paradero de las letras (y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como este ninguno otro se le puede igualar: hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo[40]y entender y hacer que las buenas leyes se guarden”.

* Diálogo entre Lorenzo, el hijo del D. Diego de Miranda y D. Quijote, acerca de la ciencia de la caballería andante (II, 18):

“No sé qué ciencia sea esa —replicó don Lorenzo—, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia.Es una ciencia —replicó don Quijote— que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito ysaber las leyes de la justicia distributiva y conmutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido”[41].

* Acabando la duquesa de leer la carta que Sancho envía a su esposa Teresa, le dice (II, 36):

“En dos cosas anda un poco descaminado el buen gobernador: la una, en decir o dar a entender que este gobierno se le han dado por los azotes que se ha de dar, sabiendo él, que no lo puede negar, que cuando el duque mi señor se le prometió, no se soñaba haber azotes en el mundo; la otra es que se muestra en ella muy codicioso, y no querría que orégano fuese, porque la codicia rompe el saco, y el gobernador codicioso hace la justicia desgobernada[42].

* Consejos de don Quijote a Sancho para el buen gobierno de la ínsula de Barataria (II, 42):

“Nunca te guíes por la ley del encaje[43], que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia[44].

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda.“Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.Al culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia”.

* Palabras de Sancho cuando se marcha de la ínsula (II, 53):

Vuestras mercedes se queden con Dios, y digan al duque mi señor que, desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. Y apártense: déjenme ir, que me voy a bizmar; que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han paseado sobre mí”.

* Sancho se dirige con estas palabras a los duques, al deja la ínsula de Barataria (II, 55):

“Yo, señores, porque lo quiso así vuestra grandeza, sin ningún merecimiento mío, fui a gobernar vuestra ínsula Barataria, en la cual entré desnudo, y desnudo me hallo: ni pierdo, ni gano. Si he gobernado bien o mal, testigos he tenido delante, que dirán lo que quisieren.”.

* Sancho reflexiona para sí mismo acerca del gobierno de la ínsula (II, 57):

“Con todo esto, me contento de ver que mi Teresa correspondió a ser quien es enviando las bellotas a la duquesa, que a no habérselas enviado, quedando yo pesaroso, se mostrara ella desagradecida. Lo que me consuela es que esta dádiva no se le puede dar nombre de cohecho, porque ya tenía yo el gobierno cuando ella las envió y está puesto en razón que los que reciben algún beneficio, aunque sea con niñerías, se muestren agradecidos. En efecto, yo entré desnudo en el gobierno y salgo desnudo dél, y así podré decir con segura conciencia, que no es poco: «Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano»”[45].

* El bandolero Roque Guinart reparte el botín entre sus hombres (II, 60):

 “Mandóselos volver al punto Roque Guinart y, mandando poner los suyos en ala, mandó traer allí delante todos los vestidos, joyas y dineros y todo aquello que desde la última repartición habían robado; y haciendo brevemente el tanteo, volviendo lo no repartible y reduciéndolo a dineros, lo repartió por toda su compañía, con tanta legalidad y prudencia, que no pasó un punto ni defraudó nada de la justicia distributiva. Hecho esto, con lo cual todos quedaron contentos, satisfechos y pagados, dijo Roque a don Quijote:

Si no se guardase esta puntualidad con estos, no se podría vivir con ellos. A lo que dijo Sancho:

Según lo que aquí he visto, es tan buena la justicia, que es necesaria que se use aun entre los mesmos ladrones”.

DON QUIJOTE ATACANDO A LOS GIGANTES.

3.3. Fortaleza o valentía

El Catecismo de la Iglesia Católica expresa sintéticamente la virtud de la fortaleza: “La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi cántico es el Señor” (Salmos, 118, 14). “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo” (Juan, 16, 33)”[46].

La fortaleza es la virtud del apetito irascible. Su función es moderar, siguiendo el dictamen de la prudencia, la agresividad y el temor, para que estas pasiones no desvíen a la persona del bien que debe realizar.

«La fortaleza —afirma Santo Tomás— tiene principalmente por objeto el temor de las cosas difíciles, capaces de retraer la voluntad de seguir a la razón. Por otra parte, no basta soportar con firmeza el impulso de estas dificultades, reprimiendo el temor, sino que es preciso hacerles frente con moderación en los casos en los que sea necesario eliminarlas, por la seguridad futura. Esto es lo propio de la audacia. Por consiguiente, la fortaleza tiene por objeto el temo y la audacia, el primero, para reprimirlo, la segunda, para moderarla»[47].

Como hemos visto, Aristóteles define la virtud moral como un hábito electivo que consiste en un “término medio” relativo a nosotros, determinado por la razón. Santo Tomás, asumiendo esta idea de Aristóteles, afirma que el orden que las virtudes morales establecen tanto en sus propios actos como en los actos de las pasiones es un cierto medio[48].

La expresión “término medio” no siempre ha sido bien entendida. No es raro que la frase in medio virtus se utilice como cita de autoridad para confirmar que lo más prudente en la vida es optar por la mediocridad sin riesgos. Pero ni Aristóteles ni Santo Tomás pretenden afirmar que la virtud sea lo mediocre, sino lo bueno, lo excelente, la cumbre entre dos valles igualmente viciosos, uno por exceso y otro por defecto.

La persona virtuosa no elige sin más una acción buena entre varias posibles, sino la acción óptima. Como afirma Santo Tomás, citando a Aristóteles, la virtud de cada cosa se define por lo máximo de que es capaz[49]. La virtud moral es, por tanto, «la cualidad que permite a la razón y a la voluntad del hombre llegar a su máximo de potencia en el plano moral, producir las obras humanamente perfectas, y por lo mismo conferir al hombre la plenitud del valor que le conviene»[50]. Las virtudes capacitan a la persona para realizar acciones perfectas y alcanzar su plenitud humana, y la disponen a recibir, con la gracia, la plenitud sobrenatural, la santidad.

San Josemaría nos explica lo que es el justo medio: “Es una equivocación pensar que las expresiones término medio o justo medio, como algo característico de las virtudes morales, significan mediocridad: algo así como la mitad de lo que es posible realizar. Ese medio entre el exceso y el defecto es una cumbre, un punto álgido: lo mejor que la prudencia indica”[51].

A la fortaleza se opone la timidez o cobardía, que consiste en rehuir los sufrimientos necesarios para conseguir el bien difícil. Se opone también la temeridad o audacia desordenada, que desprecia los dictámenes de la prudencia saliendo al encuentro del peligro.

Cervantes llama con frecuencia a la fortaleza, valentía. En estas escenas que recogemos está expresada la fortaleza o valentía como el justo medio entre la temeridad y cobardía. El hidalgo manchego sería el paradigma de la temeridad o audacia y el fiel escudero Sancho de la cobardía, aunque en alguna ocasión se invierten los papeles.

LIMPIANDO LA ENTRADA DE LA CUEVA DE MOTESINOS.

Recogemos textos de la virtud de la fortaleza:

* Don Quijote y Sancho van a empezar su tercera salida. El bachiller Sansón Carrasco les aconseja que vayan al reino de Aragón, y a la ciudad de Zaragoza, que en pocos días se iban a celebrar unas solemnísimas justas por la fiesta de S. Jorge, en las cuales podía ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarlas con todo el mundo. Le advirtió el bachiller quefuera prudente en acometer peligros, ya que la vida no era suya. Entonces interviene Sancho en la conversación (II, 4):

“No había bien acabado de decir estas razones Sancho, cuando llegaron a sus oídos relinchos de Rocinante, los cuales relinchos tomó don Quijote por felicísimo agüero, y determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra salida, y declarando su intento al bachiller, le pidió consejo por qué parte comenzaría su jornada; el cual le respondió que era su parecer que fuese al reino de Aragón y a la ciudad de Zaragoza, adonde de allí a pocos días se habían de hacer unas solenísimas justas por la fiesta de San Jorge, en las cuales podría ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarla sobre todos los del mundo. Alabóle ser honradísima y valentísima su determinación, y advirtióle que anduviese más atentado en acometer los peligros, a causa que su vida no era suya, sino de todos aquellos que le habían de menester para que los amparase y socorriese en sus desventuras.

Deso es lo que yo reniego, señor Sansón —dijo a este punto Sancho—, que así acomete mi señor a cien hombres armados como un muchacho goloso a media docena de badeas. ¡Cuerpo del mundo, señor bachiller! Sí, que tiempos hay de acometer y tiempos de retirar; sí, no ha de ser todo «¡Santiago, y cierra, España!». Y más, que yo he oído decir, y creo que a mi señor mismo, si mal no me acuerdo, que entre los estremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía: y si esto es así, no quiero que huya sin tener para qué, ni que acometa cuando la demasía pide otra cosa. Pero sobre todo aviso a mi señor que si me ha de llevar consigo ha de ser con condición que él se lo ha de batallar todo y que yo no he de estar obligado a otra cosa que a mirar por su persona en lo que tocare a su limpieza y a su regalo, que en esto yo le bailaré el agua delante; pero pensar que tengo de poner mano a la espada, aunque sea contra villanos malandrines de hacha y capellina, es pensar en lo escusado”.

* Sancho compra unos requesones y no teniendo dónde ponerlos los echa en la celada de don Quijote. Al ponerla en la cabeza nota el hidalgo manchego cómo le desciende el suero sobre el rostro y piensa que es sudor. Sancho, por su parte, lo atribuye a los encantadores. Aparece un carro con dos leones, enviados por el general de Orán al rey. Don Quijote decide enfrentarse con los leones. Al abrir la jaula los leones permanecen en una actitud indiferente y no se enfrentan. El hidalgo recibe un nuevo sobrenombre: “El Caballero de los leones”. Haciendo mención a la hazaña dice don Quijote (II, 17):

“Pues ¿tan loco es vuestro amo —respondió el hidalgo—, que teméis y creéis que se ha de tomar con tan fieros animales?No es loco —respondió Sancho—, sino atrevido.Yo haré que no lo sea —replicó el hidalgo.Y llegándose a don Quijote, que estaba dando priesa al leonero que abriese las jaulas, le dijo:

Señor caballero, los caballeros andantes han de acometer las aventuras que prometen esperanza de salir bien dellas, y no aquellas que de todo en todo la quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza. Cuanto más que estos leones no vienen contra vuesa merced, ni lo sueñan: van presentados a Su Majestad, y no será bien detenerlos ni impedirles su viaje.

Váyase vuesa merced, señor hidalgo —respondió don Quijote—, da entender con su perdigón manso y con su hurón atrevido, y deje a cada uno hacer su oficio. Este es el mío, y yo sé si vienen a mí o no estos señores leones.Y volviéndose al leonero, le dijo:

¡Voto a tal, don bellaco, que si no abrís luego luego las jaulas, que con esta lanza os he de coser con el carro!

(…).

Yo, pues, como me cupo en suerte ser uno del número de la andante caballería, no puedo dejar de acometer todo aquello que a mí me pareciere que cae debajo de la juridición de mis ejercicios; y, así, el acometer los leones que ahora acometí derechamente me tocaba, puesto que conocí ser temeridad esorbitante, porque bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad: pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de temerario que no que baje y toque en el punto de cobarde, que así como es más fácil venir el pródigo a ser liberal que el avaro, así es más fácil dar el temerario en verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía; y en esto de acometer aventuras, créame vuesa merced, señor don Diego, que antes se ha de perder por carta de más que de menos, porque mejor suena en las orejas de los que lo oyen «el tal caballero es temerario y atrevido» que no «el tal caballero es tímido y cobarde»“.

* Don Quijote manifiesta su indignación por un inoportuno rebuzno de Sancho, y éste se queja de que su amo le ha dejado sólo (II, 28):

¡Tan enhoramala supistes vos rebuznar, Sancho! ¿Y dónde hallastes vos ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado? A música de rebuznos, ¿qué contrapunto se había de llevar, sino de varapalos? Y dad gracias a Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per signum crucis con un alfanje.No estoy para responder —respondió Sancho—, porque me parece que hablo por las espaldas. Subamos y apartémonos de aquí, que yo pondré silencio en mis rebuznos, pero no en dejar de decir que los caballeros andantes huyen y dejan a sus buenos escuderos molidos como alheña o como cibera en poder de sus enemigos.

No huye el que se retira —respondió don Quijote—, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido, y en esto he imitado a muchos valientes que se han guardado para tiempos mejores, y desto están las historias llenas, las cuales, por no serte a ti de provecho ni a mí de gusto, no te las refiero ahora”.

* Diálogo entre el canónigo y don Quijote; el canónigo le comenta que no lea libros de caballerías sino otros más provechosos (I, 49):

“Esta sí será letura digna del buen entendimiento de vuestra merced, señor don Quijote mío, de la cual saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, osado sin cobardía, y todo esto, para honra de Dios, provecho suyo y fama de la Mancha, do, según he sabido, trae vuestra merced su principio y origen.

EL DOCTOR DE TIRTEAFUERA MODERA EL  DESEO DE COMER DE SANCHO.

 3.4. Templanza.

a) Significado de la templanza.

 El significado de la templanza en la enseñanza moral católica lo expresa sintéticamente el Catecismo de la Iglesia Católica. La templanza es la virtud moral fundamental (virtud cardinal) «que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón”»[52].

Los bienes deleitables cuya búsqueda debe ser moderada por la templanza son diversos. Hay placeres vinculados a actividades de índole más espiritual (la satisfacción de entender verdades profundas, o de ver reconocida la propia competencia, el humorismo), a la posesión de bienes materiales no corporales (abundancia de medios económicos), a la percepción de los sentidos (escuchar buena música, ver una buena película), y a la sensualidad que actúa mediante el tacto (placeres conexos con la comida, la bebida y la sexualidad). Entendida como virtud general, la templanza comprende todos estos bienes. Considerándola, en cambio, como virtud específica, y distinguiéndola, por tanto, de sus “partes”, la templanza modera los bienes que por su estrecha relación con las funciones vitales fundamentales, suscitan los deseos y las pasiones más intensas y más difíciles de controlar, como son los vinculados con el comer, el beber, y la actividad sexual.

b) La abstinencia o templanza en el comer.

Naturaleza y actos de la abstinencia.La abstinencia modera el uso de los alimentos sólidos y líquidos según el dictamen de la recta razón iluminada por la fe.

La gula, vicio contrario a la abstinencia.A la virtud de la abstinencia se opone el pecado y el vicio de la gula, que consiste en dejarse arrastrar por el deseo desordenado de comer. El desorden puede consistir en la cantidad excesiva de alimento, en la avidez o voracidad con la que se come, en el comer fuera del horario de las comidas sin que haya necesidad o exista al menos alguna razón que lo haga conveniente u oportuno, en buscar alimentos rebuscados preparados con excesiva ampulosidad, gastando a tal fin más de lo que es razonable teniendo presentes las circunstancias[53]. Por sí misma, la gula constituye una culpa venial, pero puede llegar a ser mortal si, a causa del apetito desordenado de comer se lesiona un precepto de la ley divina o eclesiástica, se provoca conscientemente un daño a la salud, se pierde el uso de la razón, se dilapidan recursos económicos que serían necesarios para la propia familia y, finalmente, si se causa escándalo.

c) La sobriedad.

 La virtud de la sobriedad es la templanza en el uso de las bebidas alcohólicas. El alcohol tomado en cantidad excesiva perturba el uso de la razón. Procurar voluntariamente tal turbación sin una justa razón (como sería, por ejemplo, el fin anestésico) constituye el pecado de embriaguez. La embriaguez es completa, si se pierde totalmente el uso de la razón; incompleta, si la pérdida del autocontrol y de la autoconciencia es solamente parcial.

* Consejos de buena educación o consejos segundos que don Quijote le dice a Sancho, para el buen gobierno de la ínsula de Barataria (II, 43):

“Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie.Eso de erutar no entiendo —dijo Sancho.Y don Quijote le dijo: Erutar, Sancho, quiere decir ‘regoldar’, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo; y, así, la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los regüeldos, erutaciones, y cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso..

En verdad, señor —dijo Sancho—, que uno de los consejos y avisos que pienso llevar en la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo hacer muy a menudo. Erutar, Sancho, que no regoldar —dijo don Quijote.Erutar diré de aquí adelante —respondió Sancho—, y a fee que no se me olvide”.

* Sancho Panza empieza a gobernar la ínsula de Barataria. Llega la hora de la comida y le presentan manjares suculentos, que su médico Dr. Pedro Recio del Mal Agüero, natural de Tirteafuera, le va quitando porque le pueden hacer daño. Le presentan un plato de perdices y le dice el médico (II, 47):

No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en las otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico y estoy asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por su salud mucho más que por la mía, estudiando de noche y de día y tanteando la complexión del gobernador, para acertar a curarle cuando cayere enfermo; y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y a dejarle comer de lo que me parece que le conviene y a quitarle lo que imagino que le ha de hacer daño y ser nocivo al estómago; y así mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y consume el húmedo radical, donde consiste la vida.Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas no me harán algún daño.A lo que el médico respondió:Esas no comerá el señor gobernador en tanto que yo tuviere vida.Pues ¿por qué? —dijo Sancho.Y el médico respondió:

Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo dice: «Omnis saturatio mala, perdicis autem pessima». Quiere decir: ‘Toda hartazga es mala, pero la de las perdices malísima’.

Por tres veces le llama don Quijote glotón a su fiel escudero (II, 20,  51 y 66):

* Dialogo de don Quijote y Sancho en las bodas de Camacho (II, 20):

“A todo esto no respondió Sancho, porque dormía, ni despertara tan presto si don Quijote con el cuento de la lanza no le hiciere volver en sí. Despertó, en fin, soñoliento y perezoso, y volviendo el rostro a todas partes dijo:De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.

Acaba, glotón —dijo don Quijote—: ven, iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio”.

* Don Quijote le envía una carta al gobernador de la ínsula de Barataria, recordándole unos consejos para el buen gobierno (II, 51):

“No te muestres, aunque por ventura lo seas, lo cual yo no creo, codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 66):

“En fin —dijo don Quijote—, tú eres, Sancho, el mayor glotón del mundo y el mayor ignorante de la tierra, pues no te persuades que este correo es encantado, y este Tosilos, contrahecho. Quédate con él y hártate, que yo me iré adelante poco a poco, esperándote a que vengas.”

* El escudero del bachiller Sansón Carrasco -disfrazado Caballero del Bosque o de los Espejos- es Tomé Cecial, del mismo pueblo que don Quijote y Sancho; ambos persiguen a don Quijote con el fin de vencerle en una batalla y obligarle a que regresar a la aldea. Diálogo entre los dos escuderos (II, 13):

“¿Y esto trae vuestra merced consigo, señor?Pues ¿qué se pensaba? —respondió el otro—. ¿Soy yo por ventura algún escudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de mi caballo que lleva consigo cuando va de camino un general.Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo.Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.

Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:

¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho— como habéis alabado este vino llamándole «hideputa»?Digo —respondió Sancho— que confieso que conozco que no es deshonra llamar «hijo de puta» a nadie cuando cae debajo del ntendimiento de alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?Bravo mojón! —Respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad”.

* Don Antonio Moreno, amigo del bandolero Roque Guinart, trata con deferencia a don Quijote. En casa de D. Antonio tiene lugar la aventura de la cabeza encantada, que supuestamente respondía a las preguntas que le hacían, aunque en realidad las respuestas las daba un sobrino de don Antonio que estaba escondido. Se recoge en este texto la pregunta que le hace la mujer de don Antonio a la cabeza encantada (II, 62):

“Yo no preguntó más. Llegóse la mujer de don Antonio y dijo:

Yo no sé, cabeza, qué preguntarte; solo querría saber de ti si gozaré muchos años de buen marido. “Y respondiéronle:

Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza”.

LAS BODAS DE CAMACHO.

* Descripción de las bodas de Camacho y reacción de Sancho (II, 20):

“Por quien Dios es, Sancho —dijo a esta sazón don Quijote—, que concluyas con tu arenga, que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que a cada paso comienzas, no te quedaría tiempo para comer ni para dormir, que todo le gastarías en hablar.Si vuestra merced tuviera buena memoria —replicó Sancho—, debiérase acordar de los capítulos de nuestro concierto antes que esta última vez saliésemos de casa: uno dellos fue que me había de dejar hablar todo aquello que quisiese, con que no fuese contra el prójimo ni contra la autoridad de vuesa merced; y hasta agora me parece que no he contravenido contra el tal capítulo.

Yo no me acuerdo, Sancho —respondió don Quijote—, del tal capítulo; y, puesto que sea así, quiero que calles y vengas, que ya los instrumentos que anoche oímos vuelven a alegrar los valles, y sin duda los desposorios se celebrarán en el frescor de la mañana, y no en el calor de la tarde.

(…).De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.Acaba, glotón —dijo don Quijote—: ven, iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio.Mas que haga lo que quisiere —respondió Sancho—: no fuera él pobre, y casárase con Quiteria. ¿No hay más sino no tener un cuarto y querer casarse por las nubes? A la fe, señor, yo soy de parecer que el pobre debe de contentarse con lo que hallare y no pedir cotufas en el golfo. Yo apostaré un brazo que puede Camacho envolver en reales a Basilio; y si esto es así, como debe de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las galas y las joyas que le debe de haber dado y le puede dar Camacho, por escoger el tirar de la barra y el jugar de la negra de Basilio. Sobre un buen tiro de barra o sobre una gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la taberna. Habilidades y gracias que no son vendibles, más que las tenga el conde Dirlos; pero cuando las tales gracias caen sobre quien tiene buen dinero, tal sea mi vida como ellas parecen. Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero.

Hizo Sancho lo que su señor le mandaba, y poniendo la silla a Rocinante y la albarda al rucio, subieron los dos, y paso ante paso se fueron entrando por la enramada.

Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase.

Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arroba cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros de pan blanquísimo como los suele haber de montones de trigo en las eras; los quesos, puestos como ladrillos enrejados, formaban una muralla, y dos calderas de aceite mayores que las de un tinte servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.

Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta, todos limpios, todos diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, servían de darle sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan abundante, que podía sustentar a un ejército.

Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba. Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y con corteses y hambrientas razones le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero respondió:

Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan”.

DON QUIJOTE ACONSEJANDO A SANCHO.

4. ALGUNAS VIRTUDES EN PARTICULAR

 4.1. Agradecimiento.

 * El agradecimiento o gratitud está presente en la inmortal novela. Expresiones como “gracias a Dios” o “gracias al cielo, son frecuentes[54].

* En el camino real don Quijote se topa con una cadena de galeotes que marchan a su destino. Tras escuchar sus historias el hidalgo decide liberarlos. Lo consigue pero al pretender que los condenados se pongan en camino al Toboso para rendir homenaje a Dulcinea, uno de ellos, Ginés de Pasamonte, le responde con burlas. Al final don Quijote recibe una lluvia de pedradas como signo de gratitud. D. Quijote dice a los galeotes (I, 22):

De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud[55]. Dígolo porque ya habéis visto, señores, con manifiesta experiencia, el que de mí habéis recebido; en pago del cual querría y es mi voluntad que, cargados de esa cadena que quité de vuestros cuellos, luego os pongáis en camino y vais a la ciudad del Toboso y allí os presentéis ante la señora Dulcinea del Toboso y le digáis que su caballero, el de la Triste Figura, se le envía a encomendar, y le contéis punto por punto todos los que ha tenido esta famosa aventura hasta poneros en la deseada libertad; y, hecho esto, os podréis ir donde quisiéredes, a la buena ventura”.

* Carta que le envía don Quijote a Sancho cuando era gobernador de la ínsula de Barataria (II, 51):

Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido; que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho, da indicio que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de continuo le hace”.

* Don Quijote y Sancho son invitados a comer por unas pastoras. A terminar el hidalgo manchego les agradece con estas palabras (II, 58):

“Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno. Este pecado, en cuanto me ha sido posible, he procurado yo huir desde el instante que tuve uso de razón, y si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando estos no bastan, las publico, porque quien dice y publica las buenas obras que recibe, también las recompensara con otras, si pudiera; porque por la mayor parte los que reciben son inferiores a los que dan, y así es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos, y no pueden corresponder las dádivas del hombre a las de Dios con igualdad, por infinita distancia, y esta estrecheza y cortedad en cierto modo la suple el agradecimiento”.

* Dice don Quijote al canónigo en una conversación en el que el hidalgo manchego defiende los libros de caballerías (I, 50).

Que, mía fe, señor, el pobre está inhabilitado de poder mostrar la virtud de liberalidad con ninguno, aunque en sumo grado la posea, y el agradecimiento que solo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras”[56].

* En un diálogo entre don Quijote y Sancho, el escudero se refiere a Dulcinea con estas palabras (I. 25).

“Bien la conozco —dijo Sancho—, y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador[57], que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante o por andar que la tuviere por señora!”

RECIBIDOS   EN LA VENTA CON MUCHA ALEGRÍA.

4.2. Alegría

* En el Prólogo a la primera parte de la inmortal novela, dice Cervantes:

 “Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”.[58]

Una de las finalidades por la que escribió Cervantes -como él mismo dice en prólogo: “llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada de estos caballeresco libros”- estriba en ir contra los libros de caballerías. Pero también quiere que su libro entretenga, dé ánimo, lleve al lector a la alegría y a la sana risa.

La expresión “el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente,hace referencia, no tanto a la enfermedad psíquica de la melancolía, sino a la persona abatida, desanimada, con cierta tristeza, que no llega a lo patológico. El humor y la fina ironía están presentes en el Quijote.

* Don Quijote sale de la venta, donde ha sido armado caballero, y se dirige a la aldea para proveerse de dinero y de escudero

“La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo”[59](I, 4).

* Dos relatos nos muestran al Caballero andante triste, abatido, porque no han salido las cosas como él ha querido. El primer relato es cuando –según don Quijote-, los encantadores ha transformado a su amada Dulcinea en la mala figura de una aldeana, fea y maloliente (II. 11). El segundo al ser vencido en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna (II. 65). En ambos relatos es Sancho Panza, su escudero, el que le anima, el que tira de él para arriba:

“Pensativo además iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que le habían hecho los encantadores volviendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí, que sin sentirlo soltó las riendas a Rocinante, el cual, sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban. De su embelesamiento le volvió Sancho Panza, diciéndole:

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes” (II, 11) [60].

“Seis días estuvo don Quijote en el lecho, marrido[61], triste, pensativo y mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso de su vencimiento. Consolábale Sancho, y, entre otras razones, le dijo:

Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé gracias al cielo (…) y volvámonos a nuestra casa y dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos” (II, 65)[62].

* Don Quijote ha recobrado en sano juicio, y se acerca su muerte. Sancho que le acompaña le dice:

EN LA CAMA CERCANO A LA MUERTE.

“¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía” (II, 74)[63].

* Palabra latina que utiliza el ventero:

Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo: Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes; si ellos paran aquí, gaudeamus tenemos(I, 36)[64].

DON QUIJOTE Y SANCHO EN AMOR Y COMPAÑA.

4.3. Amistad

Sancho amigo, ¿duermes? ¿Duermes, amigo Sancho? (I. 17).

* Amistad de don Quijote y Sancho

Veamos en primer lugar la amistad entre don Quijote y Sancho. A lo largo de la novela, son muchas las veces en las que don Quijote se dirige a su fiel escudero, con la expresión Sancho amigo y amigo Sancho[65]. Esa amistad durará toda la vida; desde que le elige para ser su escudero hasta que está próximo a la muerte.

En tiempos de Cervantes se llamaba escudero al criado o siervo que acompañaba regularmente a un señor. En el primer diálogo entre los dos, nada más ser elegido por don Quijote, Sancho le recuerda que no se olvide de la ínsula que le ha prometido, a lo que le responde:

Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella” (I. 7).

En el último capítulo de la segunda parte, cuando don Quijote recobra el sano juicio, y hace el testamento, le pide perdón a su fiel escudero y lo llama amigo:

“Iten, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si, como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece.

Y, volviéndose a Sancho, le dijo:

Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo” (II.74).

La amistad entre don Quijote y Sancho es tan fuerte, que el propio escudero le dice al capellán de los duques que es tanta su unión y amistad con don Quijote, que se identifica con él:

“¿Por ventura —dijo el eclesiástico— sois vos, hermano, aquel Sancho Panza que dicen, a quien vuestro amo tiene prometida una ínsula?Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien«júntate a los buenos, y serás uno de ellos»[66], y soy yo de aquellos «no con quien naces, sino con quien paces», y de los «quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija»[67]. Yo me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía, y he de ser otro como él, Dios queriendo[68]; y viva él y viva yo, que ni a él le faltarán imperios que mandar, ni a mí ínsulas que gobernar”. (II. 32).

La amistad entre el hidalgo y su escudero lo expresa Sancho en un diálogo con la duquesa; amistad que se manifiesta en la fidelidad:

“Por Dios, señora —dijo Sancho—, que ese escrúpulo viene con parto derecho; pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozco que dice verdad, que si yo fuera discreto, días ha que había de haber dejado a mi amo. Pero esta fue mi suerte y esta mi malandanza: no puedo más, seguirle tengo; somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel, y, así, es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón. Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, de menos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de mi conciencia, que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de «por su mal le nacieron alas a la hormiga », y aun podría ser que se fuese más aína Sancho escudero al cielo que no Sancho gobernador” (II, 33).

* Los amigos de don Quijote

Respecto de la amistad de don Quijote con el cura y el barbero maese Nicolás, al volver el Caballero andante a su pueblo, después de su primera salida, encontró su casa alborotada, y nos dice Cervantes:

“y estaban en ella el cura y el barbero, que eran grandes amigos de don Quijote(I, 5).

LA  SOBRINA ECHA AL FUEGO LOS LIBROS DE CABALLERÍA.

Es el propio sacerdote el que dice al comprobar que los libros de caballerías han trastornado el juicio del hidalgo:

“Esto digo yo también, y a fe que no se pase el día de mañana sin que de ellos no se haga acto público, y sean condenados al fuego, porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber hecho (I, 5).

En la primera parte del Quijote, cuando el hidalgo manchego sale con su escudero Sancho, tanto el cura Pero Pérez como el barbero maese Nicolásintentarán traerlo de regreso a la aldea. Lograrán que don Quijote regrese a la aldea mediante un ingenioso artificio de encantamiento (I, 47).

En la segunda parte, después de la salida interviene el bachiller Sansón Carrasco: intentará reducirle para que vuelva a casa y cuide de la hacienda. No lo conseguirá el bachiller Sansón Carrasco disfrazado del Caballero de los Espejos o del Bosque (II, 12-15); finalmente si que será vencido por el mismo bachiller bajo la figura del Caballero de la Blanca Luna en una pelea en la playa de Barcelona (II, 64-65). Al ser vencido debe volver a la aldea, donde cumplirá la promesa de no salir en un año.

Sus amigos de verdad son los que le ayudan a que vuelva a casa, a que cuide de la hacienda.

La amistad de don Quijote con el cura, Sansón Carrasco y Nicolás el barbero, es una amistad fiel, que llega a su cenit ante la proximidad de la muerte del hidalgo. Dice don Quijote a su sobrina, después de recobrar el juicio:

“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama,en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero” (II, 74).

“Llámame, amiga, a mis buenos amigos, al cura, al bachiller Sansón Carrasco y a maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento (II, 74).

* Relación entre la amistad humana y la amistad divina: la novela del Curioso impertinente (I, 33-35).

 En Florencia vivían dos amigos llamados Anselmo y Lotario. El primero contrajo matrimonio con una dama llamada Camila y para poner a prueba su fidelidad rogó a su amigo Lotario que intentara seducirla. Éste se negó totalmente pero, al final, por complacer a su amigo acaba por realizar sus deseos. Termina mal ya que Lotario acabó consumando el adulterio con Camila.

Diálogo entre los dos amigos Lotario y Anselmo:

“porque los buenos amigos han de probar a sus amigos y valerse dellos, como dijo un poeta, «usque ad aras»[69], que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesen contra Dios. Pues si esto sintió un gentil de la amistad, ¿cuánto mejor es que lo sienta el cristiano, que sabe que por ninguna humana ha de perder la amistad divina? Y cuando el amigo tirase tanto la barra, que pusiese aparte los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosas ligeras y de poco momento, sino por aquellas enque vaya la honra y la vida de su amigo”.

Se está planteando los límites de la amistad humana; este límite está en que no vaya contra la amistad divina; es decir contra la fe, o la moral.

Lotario le recuerda a su amigo Anselmo, que probar la fidelidad de su esposa, va contra la amistad. En este mismo diálogo entre los dos le dice Lotario a Anselmo:

“Tú me tienes por amigo y quieres quitarme la honra, cosa que es contra toda amistad; y aun no solo pretendes esto, sino que procuras que yo te la quite a ti. Que me la quieres quitar a mí está claro, pues cuando Camila vea que yo la solicito, como me pides, cierto está que me ha de tener por hombre sin honra y malmirado, pues intento y hago una cosa tan fuera de aquello que el ser quien soy y tu amistad me obliga”.

* Una amistad que no se fundamente en la verdad no es verdadera amistad.

Extracto de la carta que D.Quijote le dirige a Sancho, cuando gobierna la ínsula de Barataria:

“Un negocio se me ha ofrecido, que creo que me ha de poner en desgracia destos señores ; pero aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en fin en fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme a lo que suele decirse: «Amicus Plato, sed magis amica veritas»[70]. Dígote este latín porque me doy a entender que después que eres gobernador lo habrás aprendido. Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima”(II, 51).

* Los animales nos enseñan a los hombres la amistad.

Amistad entreRocinante y el rucio de Sancho

“Y así lo hizo Sancho, y le dio la misma libertad que al rucio, cuya amistad dél y de Rocinante fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, que el autor desta verdadera historia hizo particulares capítulos della, mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se debe, no los puso en ella, puesto que algunas veces se descuida deste su prosupuesto y escribe que así como las dos bestias se juntaban, acudían a rascarse el uno al otro, y que, después de cansados y satisfechos, cruzaba Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio (que le sobraba de la otra parte más de media vara) y, mirando los dos atentamente al suelo, se solían estar de aquella manera tres días, a lo menos todo el tiempo que les dejaban o no les compelía el hambre a buscar sustento. Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en la amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes[71]; y si esto es así, se podía echar de ver, para universal admiración,cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo:

No hay amigo para amigo:
las cañas se vuelven lanzas
; [72]

y el otro que cantó:

De amigo a amigo, la chinche, etc.[73]

Y no le parezca a alguno que anduvo el autor algo fuera de camino en haber comparado la amistad destos animales a la de los hombres, que de las bestias han recebido muchos advertimientos los hombres y aprendido muchas cosas de importancia, como son, de las cigüeñas, el cristel; de los perros, el vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, y la lealtad, del caballo. [74] (II. 12).

A través de la amistad de Rocinante y del rucio de Sancho, Cervantes nos hace ver como entre los animales hay una amistad que con frecuencia no existe entre los hombres. Propiamente no se puede hablar de amistad entre animales, ya que la amistad es propia de las personas; sin embargo, con mucha frecuencia los hombres aprendemos de los animales. Un tema de actualidad es por desgracia el aborto; muchos animales cuidan con desvelo a sus crías, y atacan al agresor. Sin embargo, en muchos países, está aprobado el aborto, incluso como en derecho. ¿Puede haber amistad allí donde no se respeta el derecho a la vida del no nacido? Se produce la mayor ruptura.

Otro de los temas de actualidad es el divorcio. El divorcio va directamente contra la amistad conyugal, que después de la amistad con Dios, es la más grande que puede haber. El divorcio rompe la amistad, fundamento de la fidelidad de los esposos, y de estos con los hijos.

* Las buenas compañías, las buenas amistades son importantes

Palabras de Sancho:

“Ahora bien, todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debajo de cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. Este mi amo por mil señales he visto que es un loco de atar, y aun también yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: «Dime con quién andas, decirte he quién eres», y el otro de «No con quien naces, sino con quien paces” (II, 10)[75].

Diálogo entre el don Quijote y Sancho:

“No, por cierto —respondió don Quijote—; a lo menos, en estos tres días que yo he estado con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo tampoco.Aquí encaja bien el refrán —dijo Sancho— de «dime con quién andas: decirte he quién eres».Ándase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes: mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduviere. Pero perdóneme vuestra merced, señor mío, si le digo que de todo cuanto aquí ha dicho, lléveme Dios, que iba a decir el diablo, si le creo cosa alguna (II, 23).

EN EL CAMARANCHÓN CON MARITORMES.

4.4. Castidad

* Novela del curioso impertinente: en Florencia vivían dos amigos llamados Anselmo y Lotario. El primero contrajo matrimonio con una dama llamada Camila, y para ponerle a prueba su fidelidad, pide a su amigo Lotario que le requiera de amores. Éste se negó totalmente; pero, al final para complacer a su amigo aceptó cumplir sus deseos. El resultado final es el adulterio de Lotario con Camila (I, 34):

“Finalmente, a él le pareció que era menester, en el espacio y lugar que daba la ausencia de Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza, y, así, acometió a su presunción con las alabanzas de su hermosura, porque no hay cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la mesma vanidad, puesta en las lenguas de la adulación. En efecto, él, con toda diligencia, minó la roca de su entereza, con tales pertrechos, que aunque Camila fuera toda de bronce viniera al suelo. Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió y fingió Lotario con tantos sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al través con el recato de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y más deseaba.

Rindióse Camila, Camila se rindió… Pero ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que solo se vence la pasión amorosa con huilla y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas”.

* Sancho le informa a don Quijote que ha aparecido un libro en el que se narra su historia según ha sabido por el bachiller Sansón Carrasco que acaba de regresar de Salamanca. Cuando llega Sansón le informa de las ediciones que ha ido saliendo. Reacción de don Quijote acerca de cómo refiere el libro su relación con Dulcinea (II, 3):

“Con esto se consoló algún tanto, pero desconsolóle pensar que su autor era moro, según aquel nombre de Cide, y de los moros no se podía esperar verdad alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y quimeristas. Temíase no hubiese tratado sus amores con alguna indecencia que redundase en menoscabo y perjuicio de la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso; deseaba que hubiese declarado su fidelidad y el decoro que siempre la había guardado, menospreciando reinas, emperatrices y doncellas de todas calidades, teniendo a raya los ímpetus de los naturales movimientos; y así, envuelto y revuelto en estas y otras muchas imaginaciones, le hallaron Sancho y Carrasco, a quien don Quijote recibió con mucha cortesía”.

* Diálogo entre D. Quijote y Sancho (II, 8):

 “Así, ¡oh Sancho!, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana, que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos”.

Por la noche doña Rodriguez*  entra en el aposento del Hidalgo con anteojos y media vela encendida. Pensamientos que pasan por la cabeza de Caballero andante cuando entra doña Rodríguez en el aposento (II, 48):

“¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme agora con una dueña lo que no ha podido con emperatrices, reinas, duquesas, marquesas ni condesas? Que yo he oído decir muchas veces y a muchos discretos que, si él puede, antes os la dará roma que aguileña. ¿Y quién sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropezado? Y en casos semejantes mejor es huir que esperar la batalla[76] . Pero yo no debo de estar en mi juicio, pues tales disparates digo y pienso, que no es posible que una dueña toquiblanca, larga y antojuna pueda mover ni levantar pensamiento lascivo en el más desalmado pecho del mundo. ¿Por ventura hay dueña en la tierra que tenga buenas carnes? ¿Por ventura hay dueña en el orbe que deje de ser impertinente, fruncida y melindrosa? ¡Afuera, pues, caterva dueñesca, inútil para ningún humano regalo! ¡Oh, cuán bien hacía aquella señora de quien se dice que tenía dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que estaban labrando, y tanto le servían para la autoridad de la sala aquellas estatuas como las dueñas verdaderas!

* En el camino de regreso a la aldea don Quijote concibe el proyecto de hacerse pastor y hacerse acompañar de sus amigos de la aldea: su escudero, el cura, Sansón Carrasco y el barbero maese Nicolás. Sancho teme que cuando le lleve su hija Sanchica al hato, pueda provocar miradas lascivas en algunos pastores (II, 67):

“Yo soy, señor, tan desgraciado, que temo no ha de llegar el día en que en tal ejercicio me vea. ¡Oh, qué polidas cuchares tengo de hacer cuando pastor me vea! ¡Qué de migas, qué de natas, qué de guirnaldas y qué de zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama de discreto, no dejarán de granjearme la de ingenioso!, “Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato. Pero, ¡guarda!, que es de buen parecer, y hay pastores más maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese trasquilada; y tan bien suelen andar los amores y los no buenos deseos por los campos como por las ciudades y por las pastorales chozas como por los reales palacios, y quitada la causa, se quita el pecado, y ojos que no veen, corazón que no quiebra”[77] y más vale salto de mata que ruego de hombres buenos”.

*Don Quijote pasa la noche desvelado por la serenata de Altisidora, una de las doncellas de los duques, que simula estar enamorada de Hidalgo manchego. Abierta la ventana de la habitación de don Quijote que daba al jardín, canta con la ayuda de una vihuela un romance (II, 46):

Hecho esto y llegadas las once horas de la noche, halló don Quijote una vihuela en su aposento. Templóla, abrió la reja y sintió que andaba gente en el jardín; y habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinádola lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego, con una voz ronquilla aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel día había compuesto:

Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.
 

 Suele el coser y el labrar
y el estar siempre ocupada
ser antídoto al veneno
de las amorosas ansias.

 Las doncellas recogidas
que aspiran a ser casadas,
la honestidad es la dote
y voz de sus alabanzas[78].

 Los andantes caballeros
y los que en la corte andan
requiébranse con las libres,
con las honestas se casan.

 Hay amores de levante,
que entre huéspedes se tratan,
que llegan presto al poniente,
porque en el partirse acaban.

 El amor recién venido,
que hoy llegó y se va mañana,
las imágines no deja
bien impresas en el alma.

 Pintura sobre pintura
ni se muestra ni señala,
y do hay primera belleza,
la segunda no hace baza.

 Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada de modo
que es imposible borrarla.

 La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace amor milagros
y a sí mesmo los levanta.

* Comentario de don Quijote a la duquesa, refiriéndose a su doncella Altisidora:

“Responder quisiera don Quijote, pero estorbáronlo el duque y la duquesa, que entraron a verle, entre los cuales pasaron una larga y dulce plática, en la cual dijo Sancho tantos donaires y tantas malicias, que dejaron de nuevo admirados a los duques, así con su simplicidad como con su agudeza. Don Quijote les suplicó le diesen licencia para partirse aquel mismo día, pues a los vencidos caballeros, como él, más les convenía habitar una zahúrda que no reales palacios. Diéronsela de muy buena gana, y la duquesa le preguntó si quedaba en su gracia Altisidora. Él le respondió: “(II, 70)

“Señora mía, sepa vuestra señoría que todo el mal desta doncella nace de ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua[79]. Ella me ha dicho aquí que se usan randas en el infierno, y pues ella las debe de saber hacer, no las deje de la mano, que ocupada en menear los palillos no se menearán en su imaginación la imagen o imágines de lo que bien quiere; y esta es la verdad, este mi parecer y este es mi consejo.

Y el mío —añadió Sancho—, pues no he visto en toda mi vida randera que por amor se haya muerto, que las doncellas ocupadas más ponen sus pensamientos en acabar sus tareas que en pensar en sus amores. Por mí lo digo, pues mientras estoy cavando no me acuerdo de mi oíslo, digo, de mi Teresa Panza, a quien quiero más que a las pestañas de mis ojos.

Vos decís muy bien, Sancho —dijo la duquesa—, y yo haré que mi Altisidora se ocupe de aquí adelante en hacer alguna labor blanca, que la sabe hacer por estremo”.

* En Florencia vivían dos amigos llamados Anselmo y Lotario. El primero contrajo matrimonio con una dama llamada Camila y para poner a prueba su fidelidad rogó a su amigo Lotario que intentara seducirla. Éste se negó totalmente pero, al final, por complacer a su amigo acaba por realizar sus deseos. Termina mal ya que Lotario acabó consumando el adulterio con Camila (I, 33):

“Mira, pues, ¡oh Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu buena esposa vive; mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieres revolver los humores que ahora están sosegados en el pecho de tu casta esposa; advierte que lo que aventuras a ganar es poco y que lo que perderás será tanto[80], que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabras para encarecerlo. Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu mal propósito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura, que yo no pienso serlo aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor pérdida que imaginar puedo”.

* Al final de la novela del Curioso impertinente, Anselmo se da cuenta a lo que le ha llevado su curiosidad, y muere de pena (I, 35):

“Viéndose, pues, solo, comenzó a cargar tanto la imaginación de su desventura, que claramente conoció que se le iba acabando la vida, y, así, ordenó de dejar noticia de la causa de su extraña muerte; y comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quería, le faltó el aliento y dejó la vida en las manos del dolor que le causó su curiosidad impertinente”.

SANCHO AZOTÁNDOSE  PARA LIBERAR A DULCINEA URGIDO POR DON QUIJOTE

4.5. Diligencia.

* Diálogo entre don Quijote y Dorotea (I, 46):

“Es común proverbio, fermosa señora, que la diligencia es madre de la buena ventura[81], y en muchas y graves cosas ha mostrado la experiencia que la solicitud del negociante trae a buen fin el pleito dudoso; pero en ningunas cosas se muestra más esta verdad que en las de la guerra, adonde la celeridad y presteza previene los discursos del enemigo y alcanza la vitoria antes que el contrario se ponga en defensa”.

* Diálogo de don Quijote con el barbero (II, 1):

“Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que solo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros”.

* Consejo de don Quijote a Sancho, cuando va a gobernar la ínsula de Barataria (II, 43):

“Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡oh Sancho!, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide un buen deseo”.

 

HACIENDO PENITENCIA POR DULCINEA EN SIERRA MORENA.

4.6. Fidelidad

* Don Quijote y Sancho se encuentran con dos labradores y dos estudiantes que les invitan a las bodas de Quiteria la hermosa y Camacho el rico. Ahí se enteran de que Quiteria está enamorada desde pequeña de Basilio el pobre, pero su enlace ha sido impedido por el padre de Quiteria. Don Quijote comenta a su fiel escudero la importancia de aconsejarse y elegir bien en el matrimonio, ya que es para toda la vida (II, 19):

“que el amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento, tan necesarios para escoger estado, y el del matrimonio está muy a peligro de errarse, y es menester gran tiento y particular favor del cielo para acertarle. Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse; pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido? La de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve o se trueca o cambia, porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que, si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que, si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle[82].

* Sancho le manifiesta a la duquesa, que es fiel a don Quijote, a pesar de su locura (II, 33):

, “Por Dios señora —dijo Sancho—, que ese escrúpulo viene con parto derecho; pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozco que dice verdad, que si yo fuera discreto, días ha que había de haber dejado a mi amo. “Pero esta fue mi suerte y esta mi malandanza: no puedo más, seguirle tengo; somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel, y, así, es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón[83].

 “Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, de menos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de mi conciencia, que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de «por su mal le nacieron alas a la hormiga », y aun podría ser que se fuese más aína Sancho escudero al cielo que no Sancho gobernador”.

 4.7. Humildad.

 * Diálogo entre don Quijote y Sancho en presencia de unos cabreros[84]. A la hora de comer Sancho se queda en pie para servirle a don Quijote; éste le dice que se siente con él (I, 11):

 “Porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería y cuán a pique están los que en cualquiera ministerio della se ejercitan de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí a mi lado y en compañía desta buena gente te sientes, y que seas una mesma cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere, porque de la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala.

¡Gran merced! —dijo Sancho—; pero sé decir a vuestra merced que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aun, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Ansí que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que estas, aunque las doy por bien recebidas, las renuncio para desde aquí al fin del mundo.

—Con todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla, Dios le ensalza. [85]

Y asiéndole por el brazo, le forzó a que junto dél se sentase”.

* Consejos de don Quijote a Sancho, cuando se dirige a gobernar la ínsula de Barataria (II, 42):

Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran”.

* Cervantes pone en boca de Cide Hamete Benengeli la siguiente frase(II, 44)[86]:

“¡Oh pobreza, pobreza! ¡No sé yo con qué razón se movió aquel gran poeta cordobés a llamarte “dádiva santa desagradecida”! Yo, aunque moro, bien sé, por la comunicación que he tenido con cristianos, que la santidad consiste en la caridad, humildad, fe, obediencia y pobreza[87]

4.8. Magnanimidad.

 * Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 10):

“Yo iré y volveré presto —dijo Sancho—; y ensanche vuestra merced, señor mío, ese corazoncillo, que le debe de tener agora no mayor que una avellana[88], y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala ventura, y que donde no hay tocinos, no hay estacas; y también se dice: «Donde no piensa, salta la liebre». Dígolo porque si esta noche no hallamos los palacios o alcázares de mi señora, agora que es de día los pienso hallar, cuando menos los piense; y hallados, déjenme a mí con ella”.

* La duquesa le dice a Sancho que no tema azotarse para desencantar a Dulcinea (II, 35):

“No, en ninguna manera —dijo Merlín—. Aquí, en este instante y en este lugar, ha de quedar asentado lo que ha de ser deste negocio: o Dulcinea volverá a la cueva de Montesinos y a su prístino estado de labradora, o ya, en el ser que está, será llevada a los elíseos campos, donde estará esperando se cumpla el número del vápulo.

Ea, buen Sancho —dijo la duquesa—, buen ánimo y buena correspondencia al pan que habéis comido del señor don Quijote, a quien todos debemos servir y agradar por su buena condición y por sus altas caballerías. Dad el sí, hijo, desta azotaina, y váyase el diablo para diablo y el temor para mezquino, que un buen corazón quebranta mala ventura, como vos bien sabéis”.

 POBREZA EN LAS CHBOLAS.

4.9. Pobreza

* Diálogo de don Quijote con su sobrina y el ama (II, 6):

“Dije virtudes, riquezas y liberalidades, porque el grande que fuere vicioso será vicioso grande, y el rico no liberal será un avaro mendigo, que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas bien gastar. Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo, que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al pobre se mostrará tan liberal como el que a campana herida da limosna,[89] y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerle por de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la alabanza fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados”.

* En casa de los duques don Quijote se retira a su habitación y al descalzarse se le sueltan algunos puntos de la media (II, 44):

 “Cerró tras sí la puerta, y a la luz de dos velas de cera se desnudó, y al descalzarse, ¡oh desgracia indigna de tal persona!, se le soltaron, no suspiros ni otra cosa que desacreditasen la limpieza de su policía, sino hasta dos docenas de puntos de una media, que quedó hecha celosía[90]. Afligióse en estremo el buen señor, y diera él por tener allí un adarme de seda verde una onza de plata (digo seda verde porque las medias eran verdes).

“Aquí exclamó Benengeli y, escribiendo, dijo: «¡Oh pobreza, pobreza! ¡No sé yo con qué razón se movió aquel gran poeta cordobés a llamarte “dádiva santa desagradecida! Yo, aunque moro, bien sé, por la comunicación que he tenido con cristianos, que la santidad consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y pobreza; pero, con todo eso, digo que ha de tener mucho de Dios el que se viniere a contentar con ser pobre, si no es de aquel modo de pobreza de quien dice uno de sus mayores santos: “Tened todas las cosas como si no las tuviésedes; y a esto llaman pobreza de espíritu. Pero tú, segunda pobreza, que eres de la que yo hablo, ¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos más que con la otra gente? ¿Por qué los obligas a dar pantalia a los zapatos y a que los botones de sus ropillas unos sean de seda, otros de cerdas y otros de vidro? ¿Por qué sus cuellos por la mayor parte han de ser siempre escarolados, y no abiertos con molde?»[91]. Y en esto se echará de ver que es antiguo el uso del almidón y de los cuellos abiertos. Y prosiguió: «¡Miserable del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le obligue a limpiárselos! ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra espantadiza y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del zapato, el trasudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de su estómago!”

“Todo esto se le renovó a don Quijote en la soltura de sus puntos, pero consolóse con ver que Sancho le había dejado unas botas de camino”.

 FRENTE A FRENTE DON QUIJOTE Y DULCINEA.

4.10. Sencillez.

  Maese Pedro es el dueño de un retablo en que se representa la historia de don Gaiferos y la liberación de Melisendra. Bajo la identidad de maese Pedro se esconde Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes liberado por don Quijote, al que corresponde con ingratitud. Maese Pedro tiene un muchacho que va explicando el retablo al hidalgo manchego. La explicación excesivamente barroca exaspera a don Quijote (II, 26):

“Niño, niño —dijo con voz alta a esta sazón don Quijote—, seguid vuestra historia línea recta y no os metáis en las curvas o transversales[92], que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas.

* También maese Pedro le corrige (II, 26):

“Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado: sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles”.[93]

* Más adelante le dice maese Pedro al muchacho (II, 26):

Aquí alzó otra vez la voz maese Pedro y dijo:

“Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

* Don Quijote dice a doña Dolorida, -la dueña de los duques- que le cuente sus problemas con sencillez(II, 38):

“Si vuestras cuitas, angustiada señora, se pueden prometer alguna esperanza de remedio por algún valor o fuerzas de algún andante caballero, aquí están las mías, que, aunque flacas y breves, todas se emplearán en vuestro servicio. Yo soy don Quijote de la Mancha, cuyo asumpto es acudir a toda suerte de menesterosos; y siendo esto así, como lo es, no habéis menester, señora, captar benevolencias, ni buscar preámbulos, sino a la llana y sin rodeos decid vuestros males, que oídos os escuchan que sabrán, si no remediarlos, dolerse dellos”.

* Consejos que da don Quijote a Sancho cuando va a gobernar la ínsula de Barataria (II, 43):

Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala”.

* Don Quijote y Sancho están dialogando sobre los azotes para desencantar a Dulcinea; Sancho dice que lo hará entre los árboles y el hidalgo manchego le parece mejor cuando lleguen a la aldea. Sancho empieza a decir refranes y le cansa tanto a Don Quijote que le responde con estas palabras (II, 71):

No más refranes, Sancho, por un solo Dios —dijo don Quijote—, que parece que te vuelves al sicut erat[94]: habla a lo llano, a lo liso, a lo no intricado, como muchas veces te he dicho, y verás como te vale un pan por ciento.

No sé qué mala ventura es esta mía —respondió Sancho—, que no sé decir razón sin refrán, ni refrán que no me parezca razón; pero yo me emendaré si pudiere”.

SIN CARETA.

4.11. Sinceridad.

* En la introducción al capítulo II, 10, dice Cervantes:

“(…) porque la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua[95]

* Diálogo de doña Dolorida con Sancho (II, 38):

Oh tú, el más leal escudero que jamás sirvió a caballero andante en los presentes ni en los pasados siglos, más luengo en bondad que la barba de Trifaldín, mi acompañador, que está presente! Bien puedes preciarte que en servir al gran don Quijote sirves en cifra a toda la caterva de caballeros que han tratado las armas en el mundo. Conjúrote, por lo que debes a tu bondad fidelísima, me seas buen intercesor con tu dueño, para que luego favorezca a esta humilísima y desdichadísima condesa.

A lo que respondi“¡ó Sancho: De que sea mi bondad, señora mía, tan larga y grande como la barba de vuestro escudero, a mí me hace muy poco al caso: barbada y con bigotes tenga yo mi alma cuando desta vida vaya, que es lo que importa, que de las barbas de acá poco o nada me curo, pero sin esas socaliñas ni plegarias yo rogaré a mi amo, que sé que me quiere bien, y más agora que me ha menester para cierto negocio, que favorezca y ayude a vuesa merced en todo lo que pudiere. Vuesa merced desembaúle su cuita, y cuéntenosla, y deje hacer, que todos nos entenderemos”.[96]

* Don Quijote y Sancho, camino de Barcelona entran en un bosque y son capturados con un grupo de bandoleros, capitaneados por Roque Guinart. Diálogo del hidalgo manchego con el jefe de los bandoleros (II, 60):

“Hiciéronlo así, y quedándose solos don Quijote, Sancho y Roque, aguardaron a ver lo que los escuderos traían, y en este entretanto dijo Roque a don Quijote:

Nueva manera de vida le debe de parecer al señor don Quijote la nuestra, nuevas aventuras, nuevos sucesos, y todos peligrosos; y no me maravillo que así le parezca, porque realmente le confieso que no hay modo de vivir más inquieto ni más sobresaltado que el nuestro. A mí me han puesto en él no sé qué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegados corazones.Yo de mi natural soy compasivo y bienintencionado, pero, como tengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con todas mis buenas inclinaciones en tierra, que persevero en este estado, a despecho y pesar de lo que entiendo[97]; y como un abismo llama a otro[98] y un pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas de manera que no solo las mías, pero las ajenas tomo a mi cargo. Pero Dios es servido de que, aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no pierdo la esperanza de salir dél a puerto seguro.

Admirado quedó don Quijote de oír hablar a Roque tan buenas y concertadas razones, porque él se pensaba que entre los de oficios semejantes de robar, matar y saltear no podía haber alguno que tuviese buen discurso, y respondióle:

Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad y en querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena. Vuestra merced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, por mejor decir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le sanen, las cuales suelen sanar poco a poco, y no de repente y por milagro; y más, que los pecadores discretos están más cerca de enmendarse que los simples; y pues vuestra merced ha mostrado en sus razones su prudencia, no hay sino tener buen ánimo y esperar mejoría de la enfermedad de su conciencia[99]; y si vuestra merced quiere ahorrar camino y ponerse con facilidad en el de su salvación, véngase conmigo, que yo le enseñaré a ser caballero andante, donde se pasan tantos trabajos y desventuras, que, tomándolas por penitencia, en dos paletas le pondrán en el cielo.”

 

5. ALGUNOS VICIOS EN PARTICULAR.

 5.1. Codicia[100]

* El ruido de los batanes le atemoriza a Sancho y le dice a don Quijote (I, 20):

“Yo salí de mi tierra y dejé hijos y mujer por venir a servir a vuestra merced, creyendo valer más y no menos; pero como la codicia rompe el saco,[101] a mí me ha rasgado mis esperanzas, pues cuando más vivas las tenía de alcanzar aquella negra y malhadada ínsula que tantas veces vuestra merced me ha prometido, veo que en pago y trueco della me quiere ahora dejar en un lugar tan apartado del trato humano”.

* Diálogo entre Sancho Panza y el escudero del Caballero del Bosque, Tomé Cecial (II, 13):

“Sí reniego —respondió Sancho—, y dese modo y por esa misma razón podía echar vuestra merced a mí y a mis hijos y a mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantes alabanzas; y para volverlos a ver ruego yo a Dios me saque de pecado mortal, que lo mesmo será si me saca deste peligroso oficio de escudero, en el cual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de una bolsa con cien ducados que me hallé un día en el corazón de Sierra Morena, y el diablo me pone ante los ojos aquí, allí, acá no, sino acullá, un talego lleno de doblones, que me parece que a cada paso le toco con la mano y me abrazo con él y lo llevo a mi casa, y echo censos y fundo rentas y vivo como un príncipe; y el rato que en esto pienso se me hacen fáciles y llevaderos cuantos trabajos padezco con este mentecato de mi amo, de quien sé que tiene más de loco que de caballero.

—Por eso —respondió el del Bosque— dicen que la codicia rompe el saco, y si va a tratar dellos, no hay otro mayor en el mundo que mi amo, porque es de aquellos que dicen: «Cuidados ajenos matan al asno»; pues porque cobre otro caballero el juicio que ha perdido se hace él loco y anda buscando lo que no sé si después de hallado le ha de salir a los hocicos”.

* La duquesa, que lee la carta que Sancho ha enviado a su mujer, le reprocha la codicia (II, 36).

“En dos cosas anda un poco descaminado el buen gobernador: la una, en decir o dar a entender que este gobierno se le han dado por los azotes que se ha de dar, sabiendo él, que no lo puede negar, que cuando el duque mi señor se le prometió, no se soñaba haber azotes en el mundo; la otra es que se muestra en ella muy codicioso, y no querría que orégano fuese, porque la codicia rompe el saco, y el gobernador codicioso hace la justicia desgobernada”.

5.2. Envidia.

* Palabras de Sancho al cura (I, 47):

“¡Ah, señor cura, señor cura! ¿Pensaba vuestra merced que no le conozco y pensaba que yo no calo y adivino adónde se encaminan estos nuevos encantamentos? Pues sepa que le conozco, por más que se encubra el rostro, y sepa que le entiendo, por más que disimule sus embustes. En fin, donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay escaseza la liberalidad”.[102]

* Prólogo de la 2ª Parte:

“He sentido también que me llame invidioso y que como a ignorante me describa qué cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bienintencionada”.[103]

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 2):

“Pues lo primero que digo —dijo—; es que el vulgo tiene a vuestra merced por grandísimo loco, y a mí por no menos mentecato. Los hidalgos dicen que, no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante. Dicen los caballeros que no querrían que los hidalgos se opusiesen a ellos, especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde.

Eso —dijo don Quijote— no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien vestido, y jamás remendado: roto, bien podría ser, y el roto, más de las armas que del tiempo.

En lo que toca —prosiguió Sancho— a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones. Unos dicen: «loco, pero gracioso»; otros, «valiente, pero desgraciado»; otros, «cortés, pero impertinente»; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.

Mira, Sancho —dijo don Quijote—: dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida”.[104]

* Don Quijote atribuye al encantamiento la transformación que –según dice Sancho-, ha tenido Dulcinea del Toboso de señora principal en una aldeana. En concreto lo atribuye a la envidia de los encantadores (II, 8):

 “¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”.[105]

5.3. Gula[106]

* Mientras don Quijote y Sancho se dirigen al Toboso, el hidalgo manchego dialoga con su escudero sobre la fama y el deseo de alcanzarla y sobre los caballeros cristianos (II, 8):

“Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama”.

* Don Quijote llega a la casa del Caballero del Verde Gabán, que conversan acerca de la necesidad de que haya en el mundo caballeros andantes (II, 18):

Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora —respondió don Quijote—: que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha habido en él caballeros andantes; y por parecerme a mí que si el cielo milagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que los hay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces me lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesa merced del error que con los muchos tiene: lo que pienso hacer es rogar al cielo le saque dél y le dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.

 

5.4. Lujuria[107]

 * Mientras don Quijote y Sancho se dirigen al Toboso, el hidalgo manchego dialoga con su escudero sobre la fama y el deseo de alcanzarla y sobre los caballeros cristianos (II, 8):

“Así, ¡oh Sancho!, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama”.

5.5. Ociosidad [108]

* El cura y el barbero visitan a don Quijote. El hidalgo manchego les habla sobre la importancia de los caballeros andantes, defendiendo su historicidad (II, 1):

“Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que solo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros”

* Don Quijote conversa con el caballero del Verde Gabán sobre los caballeros andantes y le dice (II, 18):

“Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora —respondió don Quijote—: que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha habido en él caballeros andantes; y por parecerme a mí que si el cielo milagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que los hay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces me lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesa merced del error que con los muchos tiene: lo que pienso hacer es rogar al cielo le saque dél y le dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo”.

* Diálogo entre el canónigo y el cura sobre los libros de caballerías y comedias (I, 48):

“Y no sería bastante disculpa desto decir que el principal intento que las repúblicas bien ordenadas tienen permitiendo que se hagan públicas comedias es para entretener la comunidad con alguna honesta recreación y divertirla a veces de los malos humores que suele engendrar la ociosidad, y que pues este se consigue con cualquier comedia, buena o mala, no hay para qué poner leyes, ni estrechar a los que las componen y representan a que las hagan como debían hacerse, pues, como he dicho, con cualquiera se consigue lo que con ellas se pretende”.

* Don Quijote pasa la noche desvelado por la serenata de Altisidora, doncella de la duquesa El hidalgo manchego abre la ventana del jardín y canta con la ayuda de una vihuela un romance en que dice que todos los males de Altisidora proceden de la ociosidad (II, 46):

“Hecho esto y llegadas las once horas de la noche, halló don Quijote una vihuela en su aposento. Templóla, abrió la reja y sintió que andaba gente en el jardín; y habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinádola lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego, con una voz ronquilla aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel día había compuesto:
Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.

Suele el coser y el labrar
y el estar siempre ocupada
ser antídoto al veneno
de las amorosas ansias.

Las doncellas recogidas
que aspiran a ser casadas,
la honestidad es la dote
y voz de sus alabanzas.

Los andantes caballeros
y los que en la corte andan
requiébranse con las libres,
con las honestas se casan.

Hay amores de levante,
que entre huéspedes se tratan,
que llegan presto al poniente,
porque en el partirse acaban.

El amor recién venido,
que hoy llegó y se va mañana,
las imágines no deja
bien impresas en el alma.

Pintura sobre pintura
ni se muestra ni señala,
y do hay primera belleza,
la segunda no hace baza.

Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada de modo
que es imposible borrarla.

La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace amor milagros
y a sí mesmo los levanta”.

* Don Quijote pide licencia a los duques para marcharse (II, 57):

“Ya le pareció a don Quijote que era bien salir de tanta ociosidad como la que en aquel castillo tenía, que se imaginaba ser grande la falta que su persona hacía en dejarse estar encerrado y perezoso entre los infinitos regalos y deleites que como a caballero andante aquellos señores le hacían, y parecíale que había de dar cuenta estrecha al cielo de aquella ociosidad y encerramiento; y, así, pidió un día licencia a los duques para partirse. Diéronsela con muestras de que en gran manera les pesaba de que los dejase”.

* Don Quijote le dice a la duquesa que todo el mal de su doncella Altisidora procede de la ociosidad (II, 70):

“Responder quisiera don Quijote, pero estorbáronlo el duque y la duquesa, que entraron a verle, entre los cuales pasaron una larga y dulce plática, en la cual dijo Sancho tantos donaires y tantas malicias, que dejaron de nuevo admirados a los duques, así con su simplicidad como con su agudeza. Don Quijote les suplicó le diesen licencia para partirse aquel mismo día, pues a los vencidos caballeros, como él, más les convenía habitar una zahúrda que no reales palacios. Diéronsela de muy buena gana, y la duquesa le preguntó si quedaba en su gracia Altisidora. Él le respondió:

Señora mía, sepa vuestra señoría que todo el mal desta doncella nace de ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua[109]. Ella me ha dicho aquí que se usan randas[110] en el infierno, y pues ella las debe de saber hacer, no las deje de la mano, que ocupada en menear los palillos no se menearán en su imaginación la imagen o imágines de lo que bien quiere; y esta es la verdad, este mi parecer y este es mi consejo

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5.6. Pereza

  Don Quijote comienza su primera salida por el campo de Montiel (I, 2):

“…cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas,[111] subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”.

* Diálogo de don Quijote con el barbero (II, 1):

“Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia,[112] la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que solo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros”.

* Mientras don Quijote y Sancho se dirigen al Toboso, el hidalgo manchego dialoga con su escudero sobre la fama y el deseo de alcanzarla y sobre los caballeros cristianos (II, 8):

“Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama”.

* Don Quijote llega a la casa del Caballero del Verde Gabán, que conversan acerca de la necesidad de que haya en el mundo caballeros andantes (II, 18):

“Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora —respondió don Quijote—: que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha habido en él caballeros andantes; y por parecerme a mí que si el cielo milagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que los hay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces me lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesa merced del error que con los muchos tiene: lo que pienso hacer es rogar al cielo le saque dél y le dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.

* El mago Merlín le dice a don Quijote (II, 35):

“¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten las túnicas de acero y diamante, luz y farol, sendero, norte y guía de aquellos que, dejando el torpe sueño y las ociosas plumas(…)”

* Consejo de don Quijote a Sancho, cuando va a gobernar la ínsula de Barataria (II, 43):

“Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡oh Sancho!, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide un buen deseo”.

*Sancho señala los principios en que piensa basar el gobierno de la ínsula (II, 49):

“que es mi intención limpiar esta ínsula de todo género de inmundicia y de gente vagamunda, holgazanes y mal entretenida. Porque quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mesmo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. Pienso favorecer a los labradores, guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo, tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos”.

 LAS ALMAS DE LOS SOBERBIOS.

5.7. Soberbia[113]

* Mientras don Quijote y Sancho se dirigen al Toboso, el hidalgo manchego dialoga con su escudero sobre la fama y el deseo de alcanzarla y sobre los caballeros cristianos (II, 8):

“Así, ¡oh Sancho!, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto la religión cristiana que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberbia[114]; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama”.

* Don Quijote responde al eclesiástico de los duques del duro ataque que hace a los caballero andantes (II, 32):

“Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra”.

* Consejo de don Quijote a Sancho porque los duques le han nombrado gobernador de la ínsula de Barataria (II, 51):

“Escribe a tus señores y muéstrateles agradecido, que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho da indicio que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de contino le hace”.

* Sancho renuncia al gobierno de la ínsula de Barataria, y le abre su corazón al rucio (II, 53):

“Vistióse, en fin, y poco a poco, porque estaba molido y no podía ir mucho a mucho, se fue a la caballeriza, siguiéndole todos los que allí se hallaban, y llegándose al rucio le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin lágrimas en los ojos le dijo:

Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos”.

* Unos pastores invitan a comer a don Quijote y Sancho. Al terminar el hidalgo manchego les agradece (II, 58):

“Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno”.

5.8. Venganza[115]

 * Mientras don Quijote y Sancho se dirigen al Toboso, el hidalgo manchego dialoga con su escudero sobre la fama y el deseo de alcanzarla y sobre los caballeros cristianos (II, 8):

“Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los etremos de alabanzas que consigo trae la buena fama”.

* Diálogo entre don Quijote y Sancho (II, 11):

“Ahora sí —dijo don Quijote— has dado, Sancho, en el punto que puede y debe mudarme de mi ya determinado intento. Yo no puedo ni debo sacar la espada, como otras veces muchas te he dicho, contra quien no fuere armado caballero. A ti, Sancho, toca, si quieres tomar la venganza del agravio que a tu rucio se le ha hecho, que yo desde aquí te ayudaré con voces y advertimientos saludables.

No hay para qué, señor —respondió Sancho—, tomar venganza de nadie, pues no es de buenos cristianos tomarla de los agravios; cuanto más que yo acabaré con mi asno que ponga su ofensa en las manos de mi voluntad, la cual es de vivir pacíficamente los días que los cielos me dieren de vida.

Pues esa es tu determinación —replicó don Quijote—, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y volvamos a buscar mejores y más calificadas aventuras, que yo veo esta tierra de talle que no han de faltar en ella muchas y muy milagrosas”.

* Don Quijote dice a personas de dos pueblos que se enfrentan (II, 27):

“cuanto más que el tomar venganza injusta, que justa no puede haber alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a los que nos aborrecen, [116]mandamiento que aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo y más de carne que de espíritu; porque Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió, ni pudo ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana[117], y, así, no nos había de mandar cosa que fuese imposible el cumplirla. Así que, mis señores, vuesas mercedes están obligados por leyes divinas y humanas a sosegarse.”

6.-CONCLUSIÓN

“El caballero andante –le dice don Quijote a Lorenzo, el hijo del Caballero del Verde Gabán- ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales (II, 18).

En este pequeño estudio he intentado desarrollar la fraseha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales”, para demostrar que estas virtudes están presentes en la obra maestra cervantina. En este diálogo después de enumerar un elenco de habilidades que ha de tener el caballero andante: ha de ser astrólogo, médico, jurisperito, dice Cervantes; perodejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales” (II, 18).

La expresión dejando aparte, indica que por encima de otras cualidades el caballero andante debe tener las virtudes teologales y cardinales. Considero que al situar las virtudes teologales y cardinales al final de las habilidades que ha de tener el caballero andante, quiere indicar la importancia de estas virtudes. Un ejemplo puede aclararlo. En un árbol son importantes las ramas, las hojas, pero mucho más importante son las raíces; sin éstas el árbol no puede dar fruto. Las raíces son el fundamento del árbol y a desde ellas llega la savia hasta la última hoja; ciertamente no se ven, pero sin ellas el árbol quedaría sin fundamento y a merced de los vientos. Las virtudes son el fundamento del actuar humano; están en la base; son los cimientos y las raíces.

No cabe duda que el Quijote es una obra de gran valor literario, que ha sido estudiada por especialistas a lo largo de muchos años. Es un libro divertido, con sentido del humor, en el que uno se ríe, con las ocurrencias de D. Quijote y Sancho. Pero también es un libro que hace pensar, meditar, aprender, contemplar. No se puede entender el Quijote en profundidad sin el humanismo cristiano. Es una obra inmortal, en el que están presentes los valores humanos y cristianos, que saliendo de la Mancha ha configurado a Europa y se ha extendido por todo el mundo.

A lo largo de la novela, Cervantes, aún utilizando la ironía, elogia la virtud sobre el vicio. Valores como la libertad, la valentía, la justicia, la sinceridad, la amistad, la misericordia son evocados constantemente; es un libro que nos ayuda a ser más humanos. Resumiendo: en el Quijote no se puede negar una dimensión ética; es decir, que nos enseña a vivir bien, a actuar según la recta razón. Nos enseña a aprender a vivir.

Este ensayo es una aportación que puede ayudar a ver toda la riqueza que esta gran obra de la literatura universal nos dice acerca de lo que hace mejor a la persona, la familia y la sociedad: sus valores, sus convicciones éticas, sus virtudes. Es un grano de arena en una aproximación al estudio de la ética en el Quijote, con miras al IV Centenario de la segunda parte, que se celebrará el 2015

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BLOG PARA NOTAS.

[1] La edición del Quijote utilizada en este artículo es la del Instituto Cervantes, dirigida por Francisco Rico, en 1988. Centro Virtual Cervantes,http://cvc.cervantes.es/obref/quijote.

En lo sucesivo, sólo se mencionará la parte del Quijote, I o II, seguida del capítulo correspondiente.

[2] El caballero andante ha de estar adornado de las virtudes teologales y cardinales. Las tres virtudes teologales son la fe, esperanza y caridad y de las virtudes cardinales: prudencia, justicia fortaleza y templanza. Antes de entrar en los textos más importantes sobre las virtudes en la novela de Cervantes, vamos a recordar unas nociones básicas sobre las virtudes.

[3] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, II, 6, n. 1106-1115 y ss.

[4] Aristóteles, Ética a Nicómaco, I, 7, n. 1098.

[5] San Agustín, Sobre el libre albedrío, II, 19 (en Patristica Latina, 32, n. 1268).

[6] Cfr. SantoTomás de Aquino, Suma Teológica, I-II, 55, n. 3(En lo sucesivo, se citará: Suma Teológica).

[7] Cfr. Catecismo, n.1803.

[8] Cfr. Catecismo, n.1804.

[9] La idea de que la verdadera nobleza consiste en la virtud y no en la sangre, se remonta a Juvenal: «Nobilitas sola est atque unica virtus» (Sat., VIII, 20), y fue cristianizada por San Ambrosio.

[10] La virtud se aquista; es decir se adquiere con la repetición de actos buenos.

[11] Adagio que señala que el hombre crea su linaje por su comportamiento. Por encima del rango derivado de la situación social o linaje, la verdadera calidad de una persona deriva de sus virtudes, de la manera como se comporta, de sus obras. Tiene una cierta analogía con la frase de San Pablo (Romanos 2, 6): “el cual (se refiere a Dios), retribuirá a cada uno según sus obras”.

[12] Esta expresión indica que la vida moral no solo consiste en conocer, saber (letras), sino también y sobre todo en la virtud; es decir, en una vida virtuosa. Puede haber conocimiento del bien y sin embargo no seguirlo por falta de virtudes. Muladar es el estercolero o basurero de las casa.

[13] En esta se frase del hidalgo manchego se puede ver un eco del himno a la caridad de San Pablo (1 Corintios, 13, 4-7): ”La caridad es paciente, la caridad es benigna; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace con la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

También una cierta relación con la Carta del Apóstol a los Filipenses: “Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta” (Filipenses, 4, 8).

[14] Se alude, trasladando su valor, al Evangelio de Mateo (7, 13-14): “Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!”.

[15] Vemos aquí los pecados capitales y las virtudes que se oponen. En esta frase del Quijote una cierta relación con las obras de la carne y del espíritu que San Pablo nos señala en la Carta a los Gálatas (5, 18-23): Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley. Ahora bien, manifiestas son las obras de la carne, que son: fornicación, impureza, lujuria, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, riñas, discusiones, divisiones, envidias, embriagueces, orgías, y cosas semejantes. Sobre las cuales os prevengo, como ya dije, que los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

. En cambio, los frutos del Espíritu son: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia; contra tales frutos no hay ley.

En el Catecismo: “Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza” (Catecismo, n. 1866).

[16] El aforismo fue popularizado por San Jerónimo: «Semper virtutes sequitur invidia» («Epistula ad Demetriades», en Epistulae, CVIII, 18).

«Todo va al revés, en consecuencia de aquel desorden capital: la virtud es perseguida; el vicio, aplaudido; la verdad, muda; la mentira, trilingüe» (Gracián,Criticón, I, 6).

[17] “La envidia es un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:

San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia”. “De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad” (San Gregorio Magno, mor. 31, 45)”, (Cfr. Catecismo, n. 2539).

[18] Catecismo, n. 1813: “Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Hay tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad (cfr. 1 Corintios 13, 13)”.

[19] En estas palabras –Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria?-, se puede apreciar una cierta relación con las de Jesús al apóstol Santo Tomás“Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído” (Juan, 20, 29)

sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender”:Estos verbos expresan la actitud personal de fe ante el testimonio de otra persona. El hidalgo manchego pide esa fe a los mercaderes acerca de la hermosura de La emperatriz Dulcinea.

La fe humana es fiarse de lo que dice otra persona; la fe divina es fiarse de Dios y de lo que Él ha revelado. El Catecismo expresa la fe humana y divina con estas palabras:

“Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad “presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela” y entrar así en comunión íntima con El” (Concilio Vaticano I: Derzinger Schönmetzer 3008, n. 154).

El Papa Juan Pablo II dice: “la creencia con frecuencia resulta más rica desde el punto de vista humano que la simple evidencia, porque incluye una relación interpersonal y pone en juego no sólo las posibilidades cognoscitivas, sino también la capacidad más radical de confiar en otras personas, entrando así en una relación más estable e íntima con ellas” (Beato Juan Pablo II, Carta-EncíclicaFides et Ratio, n. 32).

[20] Sancho está profesando la fe católica: cree en Dios y en lo que cree la Iglesia. En realidad Sancho tiene la fe del carbonero, la fe sencilla que no pide explicación: cree lo que cree la santa Iglesia Católica Romana. Hay un cierto parecido entre la frese del escudero y lo que dice el Catecismo: “La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma” (Catecismo, n. 1814).

[21] Las palabras de Sancho evocan la escena de la respuesta de Santo Tomás a los demás apóstoles cuando le refieren que Jesús Resucitado se les ha aparecido (Lucas, 20, 25-27): “Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les respondió: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.

A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros.

Después dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”.

[22] En la expresión “Oh hombre de poca fe”, vemos una cierta relación con las palabras de Jesús a Pedro, en la escena de Jesús caminando por el agua (Mateo,14, 30-31:30):” Pero al ver que el viento era tan fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, gritó diciendo: ¡Señor, sálvame! Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”

[23] Nos recuerda esta frase de Sancho una de las diferencias entre el infierno y el purgatorio; en este hay esperanza y seguridad de alcanzar la felicidad de cielo; en el infierno no es posible la esperanza. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: ‘Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”. (Catecismo, n. 1033)

[24] Fundamentalmente la virtud teologal de la esperanza, es la confianza de Dios, respecto de la meta final de nuestra vida, que es Él mismo. Como dice elCatecismo de la Iglesia Católica: “La esperanza es la virtud teologal por la queaspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (San Pablo, Epístola a los Hebreos, 10, 23). “El Espíritu Santo que él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna” (San Pablo, Epístola a Tito, 3, 6 – 7) (Catecismo, n. 1817).

[25] En II, 7 y II, 65, se recoge el refrán ‘más vale buena esperanza que ruin posesión’. Tiene la significación de ‘posesión en precario’; es un aforismo jurídico que se hizo refrán. También tiene el significado de que ‘es preferible la ilusión, la esperanza de algo bueno que la realidad de algo escaso’.

[26] El bandolero Roque Guinart, confía que saldrá de su situación de salteador de caminos, y comenzará una vida nueva. La desesperación impide ve la luz de la misericordia divina. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “La virtud de la esperanza responde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad” (Catecismo, n. 1818).

Esta idea de esperanza que nos saca del laberinto de las confusiones y nos lleva a puerto seguro, tiene una cierto parecido con una bella y conocida exhortación de San Bernardo inspirada en el título de María Stella maris, Estrella del mar: “Cualquiera que seas el que en la impetuosa corriente de este siglo te miras, fluctuando entre borrascas y tempestades más que andando por tierra, ¡no apartes los ojos del resplandor de esta estrella, si quieres no ser oprimido de las borrascas! Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. Siguiéndola, no te desviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, no te perderás. Si ella te tiene de la mano no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te es propicia” (San Bernardo, Homilías en alabanza de la Virgen Madre, 2, 17).

[27] Catecismo, n. 1822.

[28] Una referencia clara a Mateo,5, 43-44: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan”.

[29] Sancho lleva a lo divino el amor humano de los caballeros andantes. La primera frase corresponde a la doctrina católica tradicional del perfecto amor de Dios. Vemos también una cierta analogía con el Soneto anónimo a Cristo crucificado:

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor!

Muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin, tu amor,

y en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

[30] Este texto recoge -en palabras del hidalgo manchego- la primacía de la caridad del caballero andante (sobre todo caritativo). Está recordando las palabras de San Pablo sobre la prioridad de la caridad (cfr. 1Corintios 13, 1-13)

[31] Una referencia clara a Mateo,5, 43-44: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan”.

Cfr. Mateo, 6, 14-15: “Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados”.

[32] Traducción del «Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas regumque tuurres», de Horacio, que aparece literalmente en el prólogo de la primera parte.

[33] Catecismo, n. 1805.

[34] Proverbios 14,15.

[35] Suma Teológica, II-II, q.47, a.2.

[36] La expresión de don Quijote ‘guiada por la prudencia’, indica la función de orientación que tiene en la vida moral.

“La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. “El hombre cauto medita sus pasos” (Proverbios 14, 15). “Sed sensatos y sobrios para daros a la oración” (san Pedro, Epístola primera, 4, 7). La prudencia es la “regla recta de la acción”, escribe Santo Tomás (Suma Teológica, 2 – 2, 47, 2, siguiendo a Aristóteles). No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada “auriga virtutum“: Conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar” (Catecismo, n. 1806).

[37] Suma Teológica, II-II, q. 58, a.1.

[38] Catecismo, n. 1807.

[39] Catecismo, n. 2411.

[40] Las letras divinas se refiere ‘teología y las letras humanas se refiere al derecho. La justicia es la virtud que demanda y exige que se de a cada uno lo que le corresponde. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido” (Catecismo, n. 1807). El objeto de la justicia es el derecho. La justicia distributiva es la que regula las relaciones de los gobernantes con los súbditos. La tradición jurídica la denomina ‘Suum cuique tribuere’.

[41] La justicia conmutativa es la que rige las relaciones de los individuos entre sí. La justicia distributiva es la que regula las relaciones de los gobernantes con los súbditos. Un gobierno es justo cuando distribuye equitativamente los bienes y las cargas entre los súbditos. La justicia legal es la que regula las relaciones de los súbditos con el Estado

[42] La codicia es muchas veces es el origen de la corrupción de la justicia.

[43] “La ley del encaje es juzgar de manera arbitraria y caprichosa. Es a resolución que el juez toma por lo que a él se le ha encajado en la cabeza, sin tener atención a lo que disponen las leyes”.

[44] Entre los consejos que le da don Quijote a su fiel escudero para que gobierne bien la ínsula de Barataria es que sepa conjuntar la justicia con la misericordia o caridad. Esta relación está muy presente en el Magisterio reciente y en los santos, entre ellos San Josemaría Escrivá.

Dice el Papa Juan Pablo II en la Dives in misericordia, n. 12: “La experiencia del pasado y de nuestros tiempos demuestra que la justicia por si sola no es suficiente y que, más aún, puede conducir a la negación y al aniquilamiento de sí misma, si no se le permite a esa forma más profunda que es el amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones. Ha sido ni más ni menos la experiencia histórica la que entre otras cosas ha llevado a formular esta aserción: summum ius, summa iniuria. Tal afirmación no disminuye el valor de la justicia ni atenúa el significado del orden instaurado sobre ella; indica solamente, en otro aspecto, la necesidad de recurrir a las fuerzas del espíritu, más profundas aún, que condicionan el orden mismo de la justicia”.

Dice el Papa Benedicto XVI en la EncíclicaCaritas in veritate”, n. 6: “Ante todo, la justicia. Ubi societas, ibi ius: toda sociedad elabora un sistema propio de justicia. La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo “mío” al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es “suyo”, lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar”.

Dice San Josemaría Escrivá: “Convenceos de que únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: Dios es amor. Hemos de movernos siempre por Amor de Dios, que torna más fácil querer al prójimo, y purifica y eleva los amores terrenos” (San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, homilía “Vivir cara a Dios y cara a los hombres”, n. 172).

[45] Sancho sale de la ínsula de Barataria con la conciencia tranquila de haber hecho justicia y de que no se ha aprovechado de su cargo para enriquecerse. Repite varias veces la expresión o refrán: desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; deja constancia de la honradez y de la recta justicia del gobierno de la ínsula.

Tiene un cierto parecido con la oración de Job, cuando Dios le quita los bienes: “Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!” (Libro de Job, 1, 21).

[46] Catecismo, n. 1808.

[47] Suma Teológica, II-II, 1. 23, a. 3, c.

[48] Cf. Santo TOMÁS DE AQUINO, In IV Sententiarum, d. 15, q. 1, a. 1c.

[49] Cf. S.Th., I-II, q. 55, a. 3; ARISTÓTELES, De coelo, l. 1, c. 11, 281 a, 14-19. Santo Tomás define también la virtud como «dispositio perfecti ad optimum», la buena disposición de la potencia (lo perfecto) para realizar las acciones óptimas en el orden moral (In III Sententiarum, d. 23, q. 1, a. 3, sol. 1).

[50] S. Pinckaers, La renovación de la moral, en o.c., p. 231.

[51] San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Homilía “Virtudes humanas”, n. 83.

[52] Catecismo, n. 1809.

[53] Suma Teológica, II-II, q. 148, a. 4, c.

[54] I, 4,39,41,52.

[55] En la escena de los galeotes (I, 22), dice don Quijote: “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben; es una frase en la que se glosa los refranes «De bien nacidos es ser agradecidos» o «De hombre bien nacido es ser agradecido».

La ingratitud como uno de los mayores pecados, está recogido en los tres textos; don Quijote lo llama hija de la soberbia(I. 51) e incluso, mayor pecado que la soberbia, siendo la soberbia «Initium omnis peccati est superbia», como dice elEclesiástico (Eclesiástico, X, 15).

La ingratitud como uno de los pecados que más ofende a Dios (I. 22), procede de un pensamiento de San Agustín: «Ingratitudo multum Deo displicet, quae est radix totius mali spiritualis» (San Agustín, Soliloquios).

[56] Esta frase procede de la Carta de Santiago: “Así también, si no va acompañada de obras, está realmente muerta” (Santiago, 2, 17). “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”(Santiago, 2, 26). La misma idea en La Galatea, III, f. 127: «Nadie por fe tuvo merecida / mejor que yo, mas veo que es fe muerta / la que con obras no se manifiesta».

[57] La expresión ¡Viva el Dador! Se refiere a Dios como el que da los dones y las gracias. También en el agradecimiento a las pastoras (II, 58) dirá don Quijote: “porque por la mayor parte los que reciben son inferiores a los que dan,y así es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos, y no pueden corresponder las dádivas del hombre a las de Dios con igualdad, por infinita distancia, y esta estrecheza y cortedad en cierto modo la suple el agradecimiento”.

Dios como Dador de todos los dones -tanto en el orden natural como sobrenatural-, lo expresa magníficamente San Agustín en una de sus cartas: ¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, “Gracias a Dios”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad (San Agustín, Epist., 72).

Un Santo del nuevo milenio nos dice sobre la gratitud a Dios: “Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. – Porque te da esto y lo otro. – Porque te han despreciado. – Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. – Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. – Porque creó el Sol y la Luna, y aquel animal y aquella otra planta. – Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso… Dale gracias por todo, porque todo es bueno” (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 36.ª ed. Castell. Madrid, 1979, n. 268).

[58] San Josemaría Escrivá -conocedor desde su adolescencia del Quijote-, ya en Roma, le aconseja como libro de lectura espiritual a unos de sus colaboradores, sacerdote, D. Carlos Cardona, que por su trabajo, tenía que leer libros de teología y filosofía:

¿Qué tal si tienes como libro de lectura el Quijote? Te ayudará a pisar tierra, a quitarle trascendencia a lo que, de suyo, es intrascendente…y, sobre todo, te jaleará el sentido del humor” (Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, cap. XI, pp. 210-211).

[59] El gozo del hidalgo es tal que, hiperbólicamente, se transmite al caballo, haciéndole estallar las cinchas, las correas con que se sujeta la silla.

[60] En la expresión “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias, podemos considerar hasta dónde puede llegar la tristeza, hasta convertir al hombre en bestia; es decir a perder lo propio y específico del hombre, la capacidad de razonar y de amar. Vemos también en esta frase una cierta referencia a algunos versículos del libro de los Proverbios: “El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos”; “Como quitar el vestido en día helado. Poner vinagre sobre salitre, es cantar canciones a un corazón triste”.

[61] afligido’, ‘desfallecido’, ‘mustio’.

[62] En estos dos relatos, vemos la relación tristeza-alegría. La alegría es una virtud humana y cristiana. La alegría está unida a la caridad. En los Evangelios la alegría está unida a la cercanía de Cristo: la alegría de ver a Cristo en Belén y la alegría de los apóstoles y santas mujeres por ver a Jesús Resucitado. San Pablo la enumera entre los frutos de la caridad (Gálatas 5, 22). Dice santo Tomás de Aquino que “La alegría no es una virtud distinta de la caridad, sino cierto acto y efecto de ella” (II, II. q. 28. a. 4)..

[63] Viene a decir Sancho que la mayor locura es morir de tristeza. Don Quijote no morirá de tristeza, sino con alegría, recibiendo los últimos sacramentos, haciendo el testamento y pidiendo perdón a todos por los daños que hubiera hecho debido a los desvaríos caballerescos.

[64] Aunque el ventero emplea tal vez el término gaudeamus en sentido crematístico, aludiendo al negocio que la comitiva le había de reportar,gaudeamus (alegrémonos) significa la alegría de una fiesta. Se puede traducirgaudeamus tenemos por “tenemos fiesta, regocijo, alegría”.

Posiblemente la expresión provenga de la Liturgia. Con la palabra gaudeamus daba comienzo el Introito o Canto de entrada de la Misa que se cantaba en determinadas fiestas de la Virgen y de algunos Santos. Por ejemplo con elGaudeamus omnes in Domino diem festum celebrantes sub honore... comienza el introito de las misas de la Virgen del Carmen (16 de julio) y la Asunción (15 de agosto).

Es posible que se aluda al refrán: “Al comer ‘gaudeamus’, al pagar ‘ad te suspiramus’.

[65] referencias a la expresión Sancho amigo o amigo Sancho la encontramos en I, 10, 16, 17, 20, 23, 25, 26, 30, 47, 52; II, 2, 3, 7, 10, 22, 23, 31, 32, 37, 40, 41, 42, 49, 64, 66, 67, 70, 71.

[66] Refrán que tiene relación con la amistad: es positivo para uno frecuentar buenas compañías.

[67] Refrán en el que Sancho quiere indicar su amistad con don Quijote.

[68] El escudero también puede estar manifestando la amistad (amicus, alter ego) hacia don Quijote.

La fidelidad de Sancho a don Quijote es una fidelidad hasta la muerte. Es una amistad tan arraigada que no la apartará sino la pala y el azadón, que significan la muerte, porque son los instrumentos para abrir y cerrar la sepultura.

[69] Adagio clásico que Plutarco atribuye a Pericles. Literalmente significa hasta los altares, si bien su sentido más profundo es el que le da Lotario a continuación: “que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesen contra Dios”. Cervantes lo vuelve a recordar en el “Viejo celoso”: Amicus usque ad aras, que quiere decir ‘El amigo hasta el altar’; infiriendo que el amigo ha de hacer por su amigo todo aquello que no fuere contra Dios.

[70] “Platón es amigo, pero es más amiga la verdad”, sentencia clásica que equivale a ‘hay que actuar de acuerdo con la verdad, no siguiendo las amistades o conveniencias”.

[71] Personajes de la mitología griega, que son paradigma de la amistad.

[72] El segundo de estos versos, procedente de un romance sobre el rey moro Muza, era una expresión proverbial: lo que empezó en un juego, acabó mal.

[73] Puede ser el estribillo de una letrilla, no identificada, basado en el refrán «De amigo a amigo, chinche en el ojo», que se usaba para avisar que no se debe confiar en los que se dicen amigos.

[74] cristel: ‘jeringa para administrar enemas, lavativa’; vómito, por metonimia, ‘hierbas que sirven de purga en el empacho’; providencia: ‘previsión’.

[75] Refrán que indica que la amistad deriva más de la convivencia que del linaje o parentesco. Como dice santo Tomás de Aquino: «donde principalmente se realiza esa comunicación es en la convivencia (.)..; de aquí que el convivir sea propio de la amistad» (Exposición de la Ética a Nicómaco, IX, 14).

[76] La expresión “y en casos semejantes mejor es huir que esperar la batalla”, es parecida a la indicada arriba en I, 34: se vence la pasión amorosa con huilla”Cervantes nos recuerda lo que pertenece a sentido común del conocimiento propio y a una Tradición unánime de la Iglesia:

San Pablo dice: “Huid de la fornicación” (1 Cor 6, 18).

Santo Tomás de Aquino dice: “Hemos de huir siempre del pecado; pero la tentación de pecado hay que vencerla unas veces huyendo y otras ofreciendo resistencia. Huyendo cuando el continuo pensamiento aumenta el incentivo del pecado, como sucede en la lujuria […]” (Suma Teológica, 2 – 2, q. 35, a. 1); “no se vence resistiendo, porque cuanto más lo piensa uno, más se enciende; se vence huyendo, es decir, evitando totalmente los pensamientos inmundos, y todas las ocasiones” (Santo Tomás de Aquino, Super 1 Corintios, ad loc)..

San Josemaría Escrivá dice: “No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye!” (Camino, 132).

[77] La purificación del corazón es consecuencia de la lucha por cortar la concupiscencia de la carne. El amor de Dios llega hasta la interioridad. Así lo expresa Jesucristo en el Evangelio: San Mateo 15, 18-19: “Por el contrario, lo que procede de la boca sale del corazón, y eso es lo que hace impuro al hombre. Pues del corazón proceden los malos pensamientos, homicidios, adulterios, actos impuros, robos, falsos testimonios y blasfemias”.

San Mateo 5, 28: “Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón”.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que el combate por la pureza lo consigue el bautizado con la gracia de Dios y “mediante la pureza de la mirada exterior e interior; mediante la disciplina de los sentidos y la imaginación; mediante el rechazo de toda complacencia en los pensamientos impuros que inclinan a apartarse del camino de los mandamientos divinos: “la vista despierta la pasión de los insensatos” (Sb 15, 5) (Catecismo, 2520).

Sancho lo expresa también con el refrán “ojos que no ven, corazón que no quiebra”.

La expresión quitada la causa, se quita el pecado”, indica que hay que evitar las ocasiones de pecado.

[78] La 1ª acepción de la voz ocio en el Diccionario de la Real Academia española es “inacción o total omisión de la actividad” (DRAE, 22ª edición, 2001) ; la voz ociosidad en el mismo diccionario tiene como primera acepción “vicio de no trabajar; perder el tiempo o gastarlo inútilmente” (DRAE, 22ª edición, 2001) .

En la sagrada Escritura, en el Antiguo Testamento dice el Sirácide: “Envía a tu siervo a trabajar para que no esté ocioso, pues la ociosidad enseña mucha malicia (Sir 33, 28).

En el Nuevo Testamento dice San Pablo: El que no quiera trabajar, que no coma (2Ts 3, 10).

La tradición espiritual lo ha expresado con claridad: “la ociosidad es la madre de todos los vicios “Yo quiero muy de veras que todo el mundo trabaje, pues la ociosidad es maestra de todos los vicios”, decía ya San Juan Crisóstomo (Homilías sobre el Evangelio de San Mateo (1-45), 35, 4; BAC, 141, 1955, pág. 708).

Dice San Josemaría en Camino: Todos los pecados -me has dicho- parece que están esperando el primer rato de ocio. ¡El ocio mismo ya debe ser un pecado! El que se entrega a trabajar por Cristo no ha de tener un momento libre, porque el descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo (357).

[79] La ociosidad es la madre de todos los vicios, también de los de la carne; en este sentido, me ha parecido situar estas frases de la ociosidad en el capítulo dedicado a la castidad, en cuanto que es origen de los pecados carnales. Así lo expresa Santo Tomás: «Otium est vitiorum carnalium incentivum» (Santo Tomás, De perfectione vitae spiritualis, 9).

[80] Hay una sana y buena curiosidad, que nos lleva a conocer mejor a los demás para ayudarles; podemos llamarla la curiosidad de la caridad; también está la curiosidad científica, que lleva a la persona a indagar en la ciencia; la curiosidad filosófica, que lleva al asombro ante la realidad; la curiosidad artística…

Pero también hay una curiosidad mala que puede llevar a conocer vidas ajenas sin necesidad, a hacer el mal.

Dice San Juan que “Todo lo que hay en el mundo es o concupiscencia de la carne, o concupiscencia de los ojos, o soberbia de la vida” (1Jn 2, 16).

La concupiscencia de los ojos puede llevar a una curiosidad que lleve a faltar a la virtud de la castidad.

En la escena de la Novela del Curioso impertinente, en las dos escenas que estamos comentando se denomina “curiosidad impertinente”, porque lleva a Anselmo a querer probar la fidelidad de su esposa, por medio de su amigo, Lotario, provocando finalmente la ruptura del matrimonio y de la amistad.

[81] La diligencia es la virtud que lleva a la prontitud, a la agilidad, al cuidado para hacer el bien. Tiene su origen en el verbo latino diligo, que significa amar, apreciar, considerar. El proverbio modifica levemente unas palabras de San Agustín: “In unoquoque opere bono mater est diligente” (Index omnium quae… Agustino… dicta sunt…, Venecia, 1584, s.v).

[82] Nudo gordiano: “nudo imposible de desatar, solo cortar”, por alusión al nudo con que se ataba el yugo del carro que estaba en Gordio, capital de Frigia, el cual fue cortado por Alejandro Magno al enterarse de que poseería el Asia Menor quien lograse desatarlo. La fidelidad matrimonial es un bien y una exigencia del amor conyugal. El Catecismo de la Iglesia Católica recoge este bien del matrimonio, que pertenece a la naturaleza del matrimonio: “El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. “Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, como el bien de los hijos exigen la fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad” (Catecismo, 1646).

“La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Dios es fiel. El sacramento del matrimonio hace entrar al hombre y la mujer en la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo. S. Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a sus esposas: “te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos está reservada… pongo tu amor por encima de todo, y nada me será más penoso que no tener los mismos pensamientos que tú tienes” (Hom. in Eph. 20, 8)” (Catecismo, 2365).

[83] La fidelidad de Sancho a don Quijote es una fidelidad hasta la muerte. Es una amistad tan arraigada que no la apartará sino la pala y el azadón, que significan la muerte, porque eran los instrumentos para abrir y cerrar la sepultura.

[84] Don Quijote le recuerda a Sancho en el banquete en el que son invitados por los cabreros la frase del Evangelio que se refiere precisamente a los invitados a un banquete (San Lucas, 14, 11): “Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado”.

También la frase de don Quijote tiene una analogía con la de la parábola del fariseo y publicano (San Lucas, 18, 14): “Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado”.

 

[86] Cide Hamete Benengeli: autor morisco musulmán al que Cervantes atribuye el haber conservado por escrito las hazañas de don Quijote. Este autor ficticio constituye un recurso literario inteligente e imaginativo por parte de Cervantes.

[87] Entre las virtudes que cita está la humildad, situada después de la caridad, primera y principal virtud. La Tradición espiritual cristiana es unánime al decir que la humildad es el fundamento de todas las virtudes. Dice San Agustín: “Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la mole que se trate de levantar y la altura del edificio, tanto más hondo hay que cavar el cimiento. Y mientras el edificio que se construye se eleva hacia lo alto, el que cava el cimiento se abaja hasta lo más profundo. El edificio antes de subir se humilla, y su cúspide se erige después de la humillación” (Sermón 69). “Como este edificio todo va fundado en humildad, mientras más llegados a Dios, más adelante ha de ir esta virtud, y si no va todo perdido” (Santa Teresa, Vida, 12, 2). “No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra. Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa” (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 590). San Josemaría Escrivá de Balaguer refiriéndose a Cervantes dice: “Ha dicho aquél, que es el primer literato de Castilla, que la humildad es la base y el fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay ninguna que lo sea” (Carta de 24.III.1931, n. 34).

[88] La magnanimidad es una virtud que lleva a animarse a ideales grandes. Don Quijote está decaído porque no encuentran el palacio de Dulcinea y Sancho le anima a ensanchar el corazón. La frases proverbiales “buen corazón quebranta mala ventura” y “donde pensáis que hay tocinos, no hay estacas”, Sancho intentará darle ánimos. La virtud de la magnanimidad es parte de la fortaleza y está muy presente en la espiritualidad cristiana. Por ejemplo dice Santa Teresa: “Quiere Su Majestad y es amigo de ánimas animosas, como vayan con humildad y ninguna confianza de sí; y no he visto a ninguna de éstas que quede baja en este camino; ni ninguna alma cobarde, con amparo de humildad, que en muchos años adelante lo que estos otros en muy pocos. Espántame lo mucho que hace en este camino animarse a grandes cosas, aunque luego no tenga fuerzas el alma; da un vuelo y llega a muchos, aunque como avecita que tiene pelo malo, cansa y queda” (Vida, 13, 2).

[89]que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al pobre” Esta frase tiene una cierta relación con la ofrenda que presenta la viuda alabada por Jesús, según los Evangelios de Marcos y Lucas: Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho.  Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas, que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más en el gazofilacio que todos los otros, pues todos han echado algo de lo que les sobraba; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento (Marcos, 12, 41-44).

Al levantar la vista, vio a unos ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas, y dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos; pues todos éstos han entregado como ofrenda parte de lo que les sobra, ésta en cambio ha dado de lo que necesita, todo lo que tenía para vivir (Lucas, 21, 1-4).

se mostrará tan liberal como el que a campana herida da limosna” En esta frase encontramos una referencia a Mateo, VI, 2: Por tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa.

[90] ‘se le hizo una carrera muy grande en las medias’. Llevar las medias con carreras o remendadas era señal de miseria.

[91] «¡Oh pobreza, pobreza! ¡No sé yo con qué razón se movió aquel gran poeta cordobés a llamarte “dádiva santa desagradecida”.El verso pertenece alLaberinto de Fortuna de Juan de Mena, recordando el Sermón de la Montaña.

“la santidad consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y pobrez” La pobreza es una de las virtudes que entretejen la santidad

“Tened todas las cosas como si no las tuviésedes” Es traducción de San Pablo “y los que disfrutan de este mundo, como si no disfrutasen” (I Corintios, 7, 31).

“Pero tú, segunda pobreza, que eres de la que yo hablo” Se refiere a la indigencia material, frente a la pobreza como virtud voluntaria o pobreza de espíritu.

[92] ‘oblicuas’, ‘quebradas’, ‘desvíos del camino directo’.

En el lenguaje común se llama “sencillo” a lo que no tiene artificio no complicación, a lo que carece de ostentación y adornos (Cfr. Diccionario de la Real Academia Española de la lengua). La sencillez es una parte de la humildad, y añade algo a la sinceridad y docilidad: indica el camino más corto entre los posibles para vivir la verdad con caridad (cfr. Ef 4, 15).

[93] ‘cuenta con sencillez, sin adornos ni agudezas’; la metáfora, sobre términos musicales, era frecuente.

[94] ‘como al principio’, por referencia al «sicut erat in principio» de las oraciones litúrgicas.

[95] Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse verdadero en sus actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. (Catecismo, 2468).

[96] Cuita: aflicción, desventura, preocupación.

[97] Las palabras del bandolero evocan otras de San Pablo: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Romanos, 7, 19). También dice Ovidio: «Video meliora proboque, deteriora sequor» (Metamorfosis, VII, 20-21).

[98] Recoge las palabras del Salmo XLII, 8.

[99] En estas palabras de don Quijote al bandolero Roque Guinart encontramos unos consejos que partiendo de la enfermedad y de la medicina, nos sitúa en el ámbito de la enfermedad espiritual y de la medicina correspondiente. Las tres dimensiones de la sinceridad son la sinceridad con Dios, con nosotros mismos y con los que nos ayudan. En las recomendaciones de don Quijote para que salga de su situación de bandolero y salteador de caminos, le propone en primer lugar la sinceridad con Dios (Vuestra merced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, por mejor decir, que es nuestro médico); la sinceridad consigo mismo (el principio de la salud está en conocer la enfermedad); la sinceridad con las personas que nos ayudan (y en querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena).

[100] La avaricia o codicia es el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorar.

La codicia o avaricia es uno de los pecados capitales como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (Mor., 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza” (Catecismo , n. 1866).

[101] La frase proverbial “La codicia rompe el saco” parte de la imagen de un ladrón que iba poniendo en un saco cuanto robaba y cuando, para que la cupiera más, apretó lo que iba dentro, el saco se rompió.

[102] El aforismo fue popularizado por san Jerónimo: «Semper virtutes sequitur invidia» («Epistula ad Demetriades», en Epistulae, CVIII, 18).

[103] Dice Cervantes: “He sentido también que me llame invidioso, en referencia a Avellaneda, que le acusa tener envidia a Lope de Vega y a él mismo.

Así mismo dice Cervantes: “qué cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada”Distingue así Cervantes dos tipos de envidia La envidia propiamente dicha, podríamos llamarla la mala que lleva a la tristeza, y la buena, que es la que incita a la emulación., y a aprender de las virtudes de los demás.

[104] «Todo va al revés, en consecuencia de aquel desorden capital: la virtud es perseguida; el vicio, aplaudido; la verdad, muda; la mentira, trilingüe» (Gracián,Criticón, I, 6).

[105]“La envidia es un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:

San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia”. “De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad” (s. Gregorio Magno, mor., 31, 45)” (Cfr. Catecismo, n. 2539).

[106]La RAE en su edición 22, define la gula como “exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y beber” Procede del latín gula: garganta, esófago.

El Catecismo lo cita entre los pecados capitales: “Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (Mor., 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza” (Catecismo, n. 1866).

Dice San Gregorio Magno: “La gula nos tienta de cinco maneras: nos hace adelantar la hora, exige manjares exquisitos, pide manjares preparados con excesivo esmero, rebasa los límites en la cantidad y despierta una voracidad sin límites (Mor., 30).

[107] (Del lat. luxurĭa): Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.

[108] Viene del latín otiosĭtas,-ātis. La RAE la define como “Vicio de no trabajar, perder el tiempo o gastarlo inútilmente”.

[109] Recuerda la sentencia latina «La ociosidad es la madre de todos los vicios».

La relación trabajo-ocio está también expresada en unas palabras de San Pablo: “El que no quiera trabajar, que no coma” (2Ts 3, 10).

La tradición espiritual lo ha expresado con claridad. “Yo quiero muy de veras que todo el mundo trabaje, pues la ociosidad es maestra de todos los vicios”, decía ya San Juan Crisóstomo (Homilías sobre el Evangelio de San Mateo (1-45), 35, 4; BAC, 141, 1955, pg. 708).

San Josemaría dice: “Todos los pecados – me has dicho – parece que están esperando el primer rato de ocio. ¡El ocio mismo ya debe ser un pecado!” (Camino, 357; Cfr. también, Camino, 358).

Sobre la diferencia esencial entre ocio y descanso nos dice San Josemaría: “Siempre he entendido el descanso como apartamiento de lo contingente diario, nunca como días de ocio. Descanso significa represar: acopiar fuerzas, ideales, planes… En pocas palabras: cambiar de ocupación, para volver después –con nuevos bríos– al quehacer habitual” (Surco, 514).

[110] Randa: Encaje de bolillos.

[111] ociosas plumas: los colchones de pluma, la cama.

[112] Entre los pecados capitales, cabeza y origen de otros pecados esta la pereza (cfr. Catecismo 1866).

Vemos también como Cervantes pone en boca del hidalgo manchego la contraposición de la virtud de la diligencia y el vicio de la pereza: ‘Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia’ (II, 1); ‘la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria’ (II, 43).

Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedia. La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino (Catecismo, 2094).

Los Padres espirituales entienden por acedia una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón (Catecismo, 2733). La acedía también se llama tibieza.

[113] La tradición cristiana sitúa la soberbia como el primero de los pecados capitales: También, Si 10, 6-22.

“Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza” (Catecismo,1866).

[114] Don Quijote identifica los gigantes con la soberbia. Por ejemplo en I, 1:”Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado “. También en la escena de los molinos de viento, en donde los confunde con gigantes descomunales.

[115] La ira es un deseo de venganza, una pasión del alma que causa indignación y enojo: “Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito”; pero es loable imponer una reparación “para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia” (S. Tomás de Aquino, 2-2, 158, 1-3). Si la ira llega hasta el desear deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal (Catecismo, 2302). Es uno de los pecados capitales (Catecismo, 1866).

[116] Recoge la frase de Jesucristo en el Evangelio: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan” (Mateo, 5, 44); “Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos” (Lucas, 6, 35).

[117] Recoge la frase de Jesucristo: “porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo, 11, 30).

 TEXTO: FRANCISCO JAVIER SANZOL.

IMÁGENES : elcuradellugar.

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