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LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA EN EL QUIJOTE.

 “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra[1](II, 43)

 CONSEJOS DE BUENA EDUCACIÓN O CONSEJOS SEGUNDOS QUE DON QUIJOTE LE DICE A SANCHO , PARA EL BUEN GOBIERNO DE LA INSULA BARATARIA.:

 “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie.

Eso de erutar no entiendo —dijo Sancho.

Y don Quijote le dijo:

Erutar, Sancho, quiere decir ‘regoldar’, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy significativo; y, así, la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los regüeldos, erutaciones, y cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso.

En verdad, señor —dijo Sancho—, que uno de los consejos y avisos que pienso llevar en la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo hacer muy a menudo.

Erutar, Sancho, que no regoldar —dijo don Quijote.

Erutar diré de aquí adelante —respondió Sancho—, y a fee que no se me olvide” (II, 43)

SANCHO PANZA GOBERNADOR ANTE LA MESA QUE LE HAN PREPARADO EN PRESENCIA DEL MÉDICO.

“nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo dice: «Omnis saturatio mala, perdicis autem pessima». Quiere decir: ‘Toda hartazga es mala, pero la de las perdices malísima’ [2] (II, 47)

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EL DOCTOR RECIO Y SUS CUIDADOS.

 Sancho Panza empieza a gobernar la ínsula de Barataria. Llega la hora de la comida y le presentan manjares suculentos, que su médico Dr. Pedro Recio del Mal Agüero, natural de Tirteafuera, le va quitando porque le pueden hacer daño. Le presentan un plato de perdices y le dice el médico:

 “No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en las otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico y estoy asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por su salud mucho más que por la mía, estudiando de noche y de día y tanteando la complexión del gobernador, para acertar a curarle cuando cayere enfermo; y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y a dejarle comer de lo que me parece que le conviene y a quitarle lo que imagino que le ha de hacer daño y ser nocivo al estómago; y así mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y consume el húmedo radical, donde consiste la vida.

EL DOCTOR RECIO DE TIRTEAFUERA PROHIBE A SANCHO TOMAR PERDICES.

Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas no me harán algún daño.

A lo que el médico respondió:

Esas no comerá el señor gobernador en tanto que yo tuviere vida.

Pues ¿por qué? —dijo Sancho.

Y el médico respondió:

Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo dice: «Omnis saturatio mala, perdicis autem pessima». Quiere decir: ‘Toda hartazga es mala, pero la de las perdices malísima’” (II, 47)

Don Quijote, Dulcinea y Sancho Panza

  NUEVOS CONSEJOS DE DON QUIJOTE A SANCHO GOBERNADOR.

 “No te muestres, aunque por ventura lo seas, lo cual yo no creo, codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería , hasta derribarte en el profundo de la perdición. (II, 51)

 

EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA Y DON QUIJOTE.

DON QUIJOTE Y SU ESCUDERO. EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA Y SU ESCUDERO.

 “En fin —dijo don Quijote—, tú eres, Sancho, el mayor glotón del mundo y el mayor ignorante de la tierra, pues no te persuades que este correo es encantado, y este Tosilos, contrahecho. Quédate con él y hártate, que yo me iré adelante poco a poco, esperándote a que vengas.

Rióse el lacayo, desenvainó su calabaza, desalforjó sus rajas, y, sacando un panecillo, él y Sancho se sentaron sobre la yerba verde y en buena paz compaña despabilaron y dieron fondo con todo el repuesto de las alforjas, con tan buenos alientos, que lamieron el pliego de las cartas, solo porque olía a queso. Dijo Tosilos a Sancho:

Sin duda este tu amo, Sancho amigo, debe de ser un loco.

¿Cómo debe? —respondió Sancho—. No debe nada a nadie, que todo lo paga, y más cuando la moneda es locura. Bien lo veo yo, y bien se lo digo a él, pero ¿qué aprovecha? Y más agora que va rematado, porque va vencido del Caballero de la Blanca Luna” (II, 66)

  “y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado” [4](II, 13)

EL ESCUDERO DEL CABALLERO DE LOS ESPEJOS Y SANCHO.

 El escudero del bachiller Sansón Carrasco-disfrazado Caballero del Bosque o de los Espejos- es Tomé Cecial, del mismo pueblo que don Quijote y Sancho; ambos persiguen a don Quijote con el fin de vencerle en una batalla y obligarle a que regresar a la aldea. Diálogo entre los dos escuderos:

“¿Y esto trae vuestra merced consigo, señor?Pues ¿qué se pensaba? —respondió el otro—. ¿Soy yo por ventura algún escudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de mi caballo que lleva consigo cuando va de camino un general.

 Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:

 Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo.

            Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.

 ¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!

 Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:

 ¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!

¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho— como habéis alabado este vino llamándole «hideputa»?

Digo —respondió Sancho— que confieso que conozco que no es deshonra llamar «hijo de puta» a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?

¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad” (II, 13)

LA CABEZA ENCANTADA EN CASA DE DON ANTONIO.

 Don Antonio Moreno, amigo del bandolero Roque Guinart, trata con deferencia a don Quijote. En casa de D. Antonio tiene lugar la aventura de la cabeza encantada, que supuestamente respondía  a las preguntas que le hacían, aunque en realidad las respuestas las daba un sobrino de don Antonio que estaba escondido. Se recoge en este texto la pregunta que le hace la mujer de don Antonio a la cabeza encantada:

 “Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza” [5](II, 62)

 Y no preguntó más. Llegóse la mujer de don Antonio y dijo:

Yo no sé, cabeza, qué preguntarte; solo querría saber de ti si gozaré muchos años de buen marido.

Y respondiéronle:

Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza” (II, 62)

 BODAS DE CAMACHO EN MUNERA.

DESCRIPCIÓN DE LAS BODAS DE CAMACHO Y REACCIONES DE SANCHO .

“A todo esto no respondió Sancho, porque dormía, ni despertara tan presto si don Quijote con el cuento de la lanza no le hiciere volver en sí. Despertó, en fin, soñoliento y perezoso, y volviendo el rostro a todas partes dijo:

De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.

 “Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba. Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y con corteses y hambrientas razones le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas” [6] (II, 20)

 —Por quien Dios es, Sancho —dijo a esta sazón don Quijote—, que concluyas con tu arenga, que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que a cada paso comienzas, no te quedaría tiempo para comer ni para dormir, que todo le gastarías en hablar.

            —Si vuestra merced tuviera buena memoria —replicó Sancho—, debiérase acordar de los capítulos de nuestro concierto antes que esta última vez saliésemos de casa: uno dellos fue que me había de dejar hablar todo aquello que quisiese, con que no fuese contra el prójimo ni contra la autoridad de vuesa merced; y hasta agora me parece que no he contravenido contra el tal capítulo.

            —Yo no me acuerdo, Sancho —respondió don Quijote—, del tal capítulo; y, puesto que sea así, quiero que calles y vengas, que ya los instrumentos que anoche oímos vuelven a alegrar los valles, y sin duda los desposorios se celebrarán en el frescor de la mañana, y no en el calor de la tarde.

            —De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.

            —Acaba, glotón —dijo don Quijote—: ven, iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio.

            —Mas que haga lo que quisiere —respondió Sancho—: no fuera él pobre, y casárase con Quiteria. ¿No hay más sino no tener un cuarto y querer casarse por las nubes? A la fe, señor, yo soy de parecer que el pobre debe de contentarse con lo que hallare y no pedir cotufas en el golfo. Yo apostaré un brazo que puede Camacho envolver en reales a Basilio; y si esto es así, como debe de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las galas  y las joyas que le debe de haber dado y le puede dar Camacho, por escoger el tirar de la barra y el jugar de la negra de Basilio. Sobre un buen tiro de barra o sobre una [*] gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la taberna. Habilidades y gracias que no son vendibles, mas que las tenga el conde Dirlos; pero cuando las tales gracias caen sobre quien tiene buen dinero, tal sea mi vida como ellas parecen. Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero.

 Hizo Sancho lo que su señor le mandaba, y poniendo la silla a Rocinante y la albarda al rucio, subieron los dos, y paso ante paso se fueron entrando por la enramada.

SANCHO SE QUEDA BIZCO VIENDO LO QUE HAY PREPARADO PARA LA BODA.

            Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase.

            Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arroba cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros de pan blanquísimo como los suele haber de montones de trigo en las eras; los quesos, puestos como ladrillos enrejados, formaban una muralla, y dos calderas de aceite mayores que las de un tinte  servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba .

            Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta, todos limpios, todos diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, servían de darle sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan abundante, que podía sustentar a un ejército.

 Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba.

Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas de sartén [27], si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y con corteses y hambrientas razones le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero respondió:

            Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan. (II, 20)

NOTAS

DE LOS TEXTOS PRESENTADOS SE DEDUCE QUE CERVANTES EN EL QUIJOTE SUSCRIBE ESTAS NOCIONES DE LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA.

[1] Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón” (Si 5, 2; cf. Si 37, 27 – 31). La templanza es también alabada en el Antiguo Testamento: “No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena” (Si 18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada “moderación” o “sobriedad”. Debemos “vivir moderación, justicia y piedad en el siglo presente” (Tt 2, 12). (n 1809)

Dice el Compendio: “La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados” (n. 383)

La templanza es la virtud cardinal que modera la comida y la bebida. La abstinencia y la sobriedad  son las virtudes que las moderan respectivamente. Los vicios que se oponen a estas virtudes son la gula y la embriaguez.

[2] Aforismo médico usual, en que el médico Pedro Recio sustituye el panis original por perdicis. El aforismo original se aplica al pan, no a las perdices.

 [3] Glotón: el que come en demasía

 [4] Sir 31, 25-31:

25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.

26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.

27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?

28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.

29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.

30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.

En este texto el Antiguo Testamento, se aconseja beber vino con moderación; presenta los diferentres efectos que produce le vino, según sea con moderación o abusando.

[5] En este texto se ve la relación de la templanza con la vida y con la salud; la destemplanza, es decir, la gula y la embriaguez, son vicios que perjudican la salud.

 [6] Cervantes expresa la reacción de Sancho al ver las bodas de Camacho:“Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba”.  Una persona se aficiona a algo, cuando la mira y la contempla. La afición (la inclinación, el gusto) le llevará a Sancho a participar de las bodas y será uno de los cocineros el que le invitará a degustar: ‘Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan’

FRANCISCO JAVIER SANZOL.

NOTA A PIE DE PÁGINA.

A pesar de los textos presentandos,  la segunda parte del Quijote presenta a un Sancho completamente distinto al de la primera parte,“No te muestres, aunque por ventura lo seas, lo cual yo no creo, codicioso, mujeriego ni glotón; porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería , hasta derribarte en el profundo de la perdición. (II, 51)  bien sea porque el Quijotede Avellaneda presentó la figura de Sancho como la de un glotón y borracho y mujeriego,  o bien porque a través de toda la obra Cervantes va perfilando la figura de los dos principales personajes de la misma, el caso es que al final, Sancho parece se ha convertido en el señor y Don Quijote en su escudero, puesto que la liberación de Dulcinea pasa a depender por completo de Sancho, por ello D. Quijote es quien suplica y Sancho quien marca los pasos de esa liberación.

elcuradellugar.

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