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EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO EN EL QUIJOTE.

 ¡ QUIÉN PUDIERA HALLARSE AL RENACER TU ALMA… ¡( I.42)

La historia del cautivo, Ruy Pérez de Viedma es la base de una de las novelas cortas  intercaladas en la primera parte del Quijote (I. 37-41). Se evade de Argel, y llega a España, gracias a la ayuda de una mora Zoraida, enamorada de él, que le acompaña. Llegan a la venta el cautivo y  Zoraida y se encuentran con don Quijote, Sancho, el cura,  el barbero maese Nicolás, Dorotea, don Fernando, Cardenio y Luscinda.

Le pregunta Dorotea al cautivo:

“Decidme, señor —dijo Dorotea—: ¿esta señora es cristiana o mora? Porque el traje y el silencio nos hace pensar que es lo que no querríamos que fuese.

Mora es en el traje y en el cuerpo, pero en el alma es muy grande cristiana, porque tiene grandísimos deseos de serlo.

Luego ¿no es baptizada? —replicó Luscinda.

No ha habido lugar para ello —respondió el captivo— después que salió de Argel, su patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en peligro de muerte tan cercana que obligase  a baptizalla sin que supiese primero todas las ceremonias que nuestra Madre la Santa Iglesia manda; pero Dios será servido que presto se bautice, con la decencia que la calidad de su persona merece, que es más de lo que muestra su hábito y el mío”. (I. 37)

 Tratándose de una persona adulta, fuera del peligro de muerte, es necesaria una preparación; por eso le dice el cautivo a Dorotea: “sin que supiese primero todas la ceremonias que nuestra Madre la Santa Iglesia manda”. Es lo que se recoge en el Catecismo al hablar del bautismo de los adultos: “(…) Por lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los catecúmenos en el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que deben celebrarse en los tiempos sucesivos, e introducirlos en la vida de fe, la liturgia y la caridad del Pueblo de Dios[i]

PADRINOS PARA AYUDAR EN LA VIDA A LOS BAUTIZADOS.

La figura del padrino o de la madrina, es importante. Su tarea es ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en el camino de la vida cristiana. [ii]

Al relatar el cautivo Ruy Pérez de Viedma su historia en Argel, todos los que le oyen le ofrecen ayuda.

“Especialmente, le ofreció don Fernando que si quería volverse con él, que él haría que el marqués, su hermano, fuese padrino del bautismo de Zoraida”.  (I. 42)

 Es conmovedor el reencuentro –después de muchos años- del capitán cautivo Ruy Pérez de Viedma con su hermano el señor oidor (juez o magistrado de audiencia), Juan Pérez de Viedma. Es el mismo oidor el que le dice a Zoraida, que ha ayudado a su hermano a huir de la cautividad mora:

“¡Oh Zoraida hermosa y liberal, quién pudiera pagar el bien que a un hermano hiciste!; ¡quién pudiera hallarse al renacer de tu alma, y a las bodas, que tanto gusto a todos nos dieran!” (I, 42)

La expresión “¡quién pudiera hallarse al renacer de tu alma!, equivale a “quien pudiera asistir a tu bautismo”.

El bautismo es un nuevo nacimiento, a la vida divina, a la vida sobrenatural. Estar presente en el bautismo de un niño o de una persona adulta, podemos decir que es una gracia, un don, un regalo, ya que se realiza interiormente un cambio; es el Espíritu Santo el que se hace presente en el alma del nuevo bautizado; un cambio imperceptible a los sentidos, pero perceptible por la fe, esperanza y amor. El recién bautizado es una nueva criatura, un hijo de Dios, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo.

EL NOMBRE ES IMAGEN DE LA PERSONA: “ Teresa me pusieron en el bautismo.”

 Sancho le dice a su esposa que cuando sea gobernador de la ínsula, le llamarán doña Teresa Panza, y a su hija Sanchica la casarán con un hombre importante; su esposa le contesta que no desea cambiar de estamento social; que está muy contenta en su condición. Diálogo entre los dos:

“¿No te parece, animalia —prosiguió Sancho—, que será bien dar con mi cuerpo en algún gobierno provechoso que nos saque el pie del lodo? Y cásese a Mari Sancha con quien yo quisiere, y verás como te llaman a ti «doña Teresa Panza» y te sientas en la iglesia sobre alcatifa, almohadas y arambeles[iii], a pesar y despecho de las hidalgas del pueblo. ¡No, sino estaos siempre en un ser, sin crecer ni menguar, como figura de paramento! Y en esto no hablemos más, que Sanchica ha de ser condesa, aunque tú más me digas .

¿Veis cuanto decís, marido? —respondió Teresa—. Pues, con todo eso, temo que este condado de mi hija ha de ser su perdición. Vos haced lo que quisiéredes, ora la hagáis duquesa o princesa, pero séos decir que no será ello con voluntad ni consentimiento mío. Siempre, hermano, fui amiga de la igualdad , y no puedo ver entonos[iv] sin fundamentos. «Teresa» me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas[v]; «Cascajo» se llamó mi padre; y a mí, por ser —vuestra mujer, me llaman «Teresa Panza»,(que a buena razón me habían de llamar «Teresa Cascajo», pero allá van reyes do quieren leyes)” (II.  5)

En el sacramento del bautismo, el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se le ofrece un modelo de caridad y se le asegura su intercesión.[vi]

Teresa está orgullosa de su nombre. El nombre hace referencia a la persona: “Dios llama a cada uno por su nombre (cf Is 43, 1; Jn 10, 3). El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva.”[vii]

EL MAGO MERLÍN.

Los Duques preparan una estrategia, para burlarse de don Quijote y Sancho. Disfrazan a uno de los siervos de Mago Merlín, el cual dice que para desencantar a Dulcinea es preciso que Sancho se de tres mil trescientos azotes en ambas sus valientes posaderas. Sancho tajantemente se niega, utilizando la palabra Abernuncio. Aunque sea un poco largo, vale la pena recoger  el diálogo:

“A ti digo, ¡oh varón como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto don Quijote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso
es menester que Sancho tu escudero
se dé tres mil azotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al aire descubiertas, y de modo,
que le escuezan, le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores ,
y a esto es mi venida, mis señores.

—¡Voto a tal! —dijo a esta sazón Sancho—. No digo yo tres mil azotes, pero así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea  del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!

—Tomaros he yo —dijo don Quijote—, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió, y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados, que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones . Y no me repliquéis palabra, que os arrancaré el alma.

EL MAGO MERLÍN.

Oyendo lo cual Merlín, dijo:

—No ha de ser así, porque los azotes que ha de recebir el buen Sancho han de ser por su voluntad, y no por fuerza, y en el tiempo que él quisiere, que no se le pone término señalado; pero permítesele que si él quisiere redemir su vejación por la mitad de este vapulamiento, puede dejar que se los dé ajena mano, aunque sea algo pesada.

—Ni ajena ni propia, ni pesada ni por pesar —replicó Sancho  —: a mí no me ha de tocar alguna mano. ¿Parí yo por ventura a la señora Dulcinea del Toboso, para que paguen mis posas lo que pecaron sus ojos? El señor mi amo sí que es parte suya, pues la llama a cada paso «mi vida», «mi alma», sustento y arrimo suyo, se puede y debe azotar por ella y hacer todas las diligencias necesarias para su desencanto; pero ¿azotarme yo…? ¡Abernuncio(1)!

Tentóse, oyendo esto, la garganta don Quijote y dijo, volviéndose al duque:

  -¿Qué decís vos a esto, Sancho? -preguntó la duquesa.

SANCHO AZOTÁNDOSE PARA LIBRAR A DULCINEA.

 -Digo, señora -respondió Sancho-, lo que tengo dicho: que de los azotes, abernuncio.

 -Abrenuncio habéis de decir, Sancho, y no como decís -dijo el duque.

 -Déjeme vuestra grandeza -respondió Sancho-, que no estoy ahora para mirar en sutilezas ni en letras más a menos; porque me tienen tan turbado estos azotes que me han de dar, o me tengo de dar, que no sé lo que me digo, ni lo que me hago(II. 35)

Sancho se niega a azotarse y utiliza la palabra Abernuncio. Posiblemente Sancho, que había asistido a los bautizos de sus hijos, y de otros parientes, en el momento del exorcismo de la ceremonia del bautismo, había escuchado la pregunta que hacía el sacerdote a los padres y padrinos. La pregunta en latín es: Abrenuntiátis Sátanae? Y respondían los padres y padrinos Abrenúntio. ¿Renunciáis a Satanás? Respuesta: Renuncio

Sancho se equivoca y dice Abernuncio, en ver de Abrenuncio. Abrenuncio procede de Abrenúntio.

Es decir, que para negarse a los azotes, utiliza la fórmula de la renuncia a Satanás. Quiere decir: “renuncio; ¡De ninguna manera!’, ‘¡Por nada del mundo!’. Sancho no está dispuesto a desencantar a Dulcinea dándose los tres mil trescientos azotes


[i] n. 1248[ii] Catecismo 1234[iii] alcatifa: ‘alfombra de pelo hecha con seda’; arambeles: ‘alfombras finas y listadas[iv] Entonos: presunciones, engreimientos

 [v] Cortapisas y arreviques son adornos de tela cosidos a los vestidos

[vi] Catecismo 2156 [vii] Catecismo 2158

Francisco Javier Sanzol.

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