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LA ALEGRÍA EN EL QUIJOTE.

 Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé gracias al cielo (II. 65)

  LEER EL QUIJOTE CAUSA ALEGRÍA.

 La alegría está presente en el Quijote. En el Prólogo a la primera parte de la inmortal novela, dice Cervantes:

“Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el  risueño la acreciente [, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”.

Una de las finalidades por la que escribió Cervantes es –como el mismo dice en prólogo: “llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada de estos caballeresco libros”- ir contra los libros de caballerías. Pero también quiere que su libro entretenga, de ánimo, lleve al lector a la alegría y a la sana risa.

La expresión “el melancólico se mueva a risa”, hace referencia, no tanto a la enfermedad psíquica de la melancolía, sino a la persona abatida, desanimada, con cierta tristeza, que no llega a lo patológico. El humor y la fina ironía están presentes en el Quijote.

San Josemaría- conocedor desde su adolescencia del Quijote-, ya en Roma, le aconseja como libro de lectura espiritual a unos de sus colaboradores, sacerdote, D. Carlos Cardona,  que por su trabajo, tenía que leer libros de teología y filosofía:

 ¿Qué tal si tienes como libro de lectura El Quijote? Te ayudará a pisar tierra, a quitarle trascendencia a lo que, de suyo, es intrascendente…y, sobre todo, te jaleará el sentido del humor” [1]

Don Quijote sale de la venta, donde ha sido armado caballero, y se dirige a la aldea para proveerse de dinero y de escudero

(I. 4)   “La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo

 El gozo del hidalgo es tal que, hiperbólicamente, se transmite al caballo, haciéndole estallar las cinchas, las correas con que se sujeta la silla.

LA ALEGRÍA Y SU CONTRAPUNTO: LA TRISTEZA.

Dos relatos nos muestran al Caballero andante triste, abatido, porque no han salido las cosas como él ha querido. El primer relato es cuando –según don Quijote-, los encantadores ha transformado a su amada Dulcinea en la mala figura de una aldeana, fea y maloliente (II. 11). El segundo al ser vencido en la playa de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna (II. 65). En ambos relatos es Sancho Panza, su escudero, el que le anima, el que tira de él para arriba

(II. 11) “Pensativo además iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que le habían hecho los encantadores volviendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí, que sin sentirlo soltó las riendas a Rocinante, el cual, sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban. De su embelesamiento le volvió Sancho Panza, diciéndole:

Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes.”

En la expresión Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias, podemos considerar hasta donde puede llegar la tristeza, hasta convertir al hombre en bestia; es decir a perder lo propio y específico del hombre, la capacidad de razonar y de amar. Vemos también en esta frase una cierta referencia  a algunos versículos del libro de los Proverbios: “El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos”[2]; “Como quitar el vestido en día helado. Poner vinagre sobre salitre, es cantar canciones a un corazón triste[3]

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(II.65)Seis días estuvo don Quijote en el lecho, marrido[4], triste, pensativo y mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso de su vencimiento. Consolábale Sancho, y, entre otras razones, le dijo:

Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé gracias al cielo (…) y volvámonos a nuestra casa y dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos”.

En estos dos relatos, vemos la relación tristeza-alegría. La alegría es una virtud humana y cristiana. La alegría está unida a la caridad. En los Evangelios la alegría está unida a la cercanía de Cristo: la alegría de ver a Cristo en Belén y la alegría de los apóstoles y santas mujeres por ver a Jesús Resucitado. San Pablo la enumera entre los frutos de la caridad[5]. Dice Santo Tomás de Aquino que “La alegría no es una virtud distinta de la caridad, sino cierto acto y efecto de ella”[6]

La tristeza, al contrario es lo opuesto de la caridad; dejarse llevar por la tristeza, lleva al egoísmo, a encerrarse en sí mismo. En el Evangelio vemos la tristeza del joven rico al no seguir la llamada del Señor: “Y Jesús, fijando en él su mirada, se prendó de él y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme. Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, pues tenía muchos bienes[7]

En nuestro días nos encontramos con muchas personas que parece que externamente está alegres; es un alegría de fachada, accidental, una alegría fundamentada en la posesión de bienes, en la satisfacción producida por el poder, el sexo, la droga; es decir una alegría falseada; no una alegría profunda, de quien se da a los demás, de quien se entrega desinteresadamente; una alegría con fundamento.

CAUSANDO ALEGRÍA .           

Sancho nos enseña, en estos dos relatos, que él fue la mano amiga, el escudero fiel, que ayudó a su señor a salir de la tristeza y del abatimiento.

Quizá en nuestros días, uno de los mayores males consiste en la tristeza de la soledad; la tristeza de familas rotas; la tristeza de los hijos de padres divorciados. Los cristianos tenemos que ser sembradores de paz y de alegría, en la familia, en el trabajo;  trasmitir alegría, paz, esperanza; hacer ve a muchas personas que las dificultades de la vida: enfermedad, contradicciones, dificultades, no han de ser obstáculo para perder la alegría.

Además los cristianos contamos con el sacramento de la Reconciliación, que bien se le puede llamar Sacramento de la alegría, porque devuelve paz a quien se ha alejado de Dios por el pecado

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Finalmente don Quijote ha recobrado en sano juicio, y se acerca su muerte. Sancho que le acompaña l e dice:

(II.74) ¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía.”

Viene a decir Sancho que la mayor locura es morir de tristeza. Don Quijote no morirá de tristeza, sino con alegría, recibiendo lo últimos sacramentos, haciendo el testamento y pidiendo perdón a todos por los daños que hubiera hecho debido a los desvaríos caballerescos.   

Palabra latina que utiliza el ventero:

“Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo:Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes; si ellos paran aquí, gaudeamus tenemos.” (I. 36)

Aunque el ventero emplea tal vez el término gaudeamus en sentido crematístico, aludiendo al negocio que la comitiva le había de reportar, gaudeamus (alegrémonos) significa la alegría de una fiesta. Se puede traducir gaudeamus tenemos por “tenemos fiesta, regocijo, alegría”

Posiblemente la expresión provenga de la Liturgia. Con la palabra gaudeamus daba comienzo el Introito o Canto e entrad de la Misa que se cantaba en determinadas fiestas del la Virgen y de algunos santos. Por ejemplo con el  Gaudeamus omnes in Domino diem festum celebrantes sub honore... comienza el introito de las misas de la Virgen del Carmen (16 de julio) y la Asunción ( 15 de agosto). 

Es posible que se aluda al refrán: “Al comer ‘gaudeamus’, al pagar ‘ad te suspiramus’


[1] Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, cp XI, pp. 210-211

2. Prov.17,22.

3.-Prov. 25,20

4.- afligido,”mustio”

5.- Gal. 5,22.

6.-Santo Tomas II,II. q. 28. a.

7.-Mc. 10,21-22.

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                                      FRANCISCO JAVIER SANZOL

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