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SAN JOSÉ MARÍA Y EL QUIJOTE

PorFrancisco Javier Sanzol Díeze-mail: pachisanzol@gmail.com

Resumen.

Es conocida la afición que San Josemaría Escrivá sentía por el Quijote. En este artículo se examinan  algunas de las coincidencias que se perciben entre los escritos de este autor y el texto cervantino.

No se trata, por lo tanto,  de hacer un estudio científico de la influencia en san Josemaría Escrivá del libro más importante de la literatura española y universal, sino de un pequeño esbozo sobre  la relación de la obra maestra de Cervantes con la predicación y algunos escritos del Fundador del Opus Dei, a partir de las biografías de san Josemaría y de la edición crítica de Camino.

 Abstract.

 It is well known that San Josemaría Escrivá was very fond of the Quixote. In this paper, some of the similarities between the documents of San Josemaría and the Cervantes´ novel are studied.

This is not a scientific study of the influence of the most important novel of  Spanish and universal literature but an outline of the link between the Cervantes’ masterpiece and the preaching and some texts of the Opus Dei founder, using the biographies of San Josemaría and the critique of the Camino.

ÍNDICE:

Resumen. 1

Abstract. 1

Índice. 2

I. Preliminares. 2

II. Escritos. 3

a) Referencias al Quijote en Camino. 3

b) Referencias en los Apuntes íntimos. 7

c) Referencias en las Cartas. 8

III. Predicación oral y consejos pastorales. 10

IV. Santidad. 13

a) Llamada universal a la santidad: hay muchos caminos para alcanzarla. 13

b) La santidad es lucha, pelea, sostenida por Dios. 13

c) santidad en la vida ordinaria. 14

Conclusión. 16

 SANJOSEMARÍA EN SU JUVENTUD.

I . PRELIMINARES.

 El Fundador del Opus Dei nació en Barbastro (Huesca) el 9 enero del 1902. Entre los libros de la pequeña biblioteca familiar, se encontraba la obra maestra de Cervantes. Esa curiosidad natural le llevó al pequeño Josemaría a hojear este libro, sobre todo las ilustraciones con los grabados[1].

San Josemaría se trasladó a Logroño y se matriculó como alumno no oficial en el Instituto, en el curso académico 1915-1916.

Fue precisamente en Logroño donde el Señor le llamó al sacerdocio: se sirvió de las pisadas de un carmelita descalzo, en una mañana nevada de la capital riojana. La época de Logroño –que bajo este aspecto continúa en Zaragoza- es también sumamente intensa en la formación literaria y cultural del Fundador del Opus Dei, que leyó intensa y extensamente los clásicos españoles, especialmente a Calderón, Quevedo, Cervantes, Lope de Vega.

A Cervantes –en su Quijote o en las Novelas Ejemplares– se refiere muchas veces, de pluma y de palabra. En él influyó especialmente el catedrático de Literatura, don Luis Arnáiz[2].

Desde el 2 de octubre de 1928, cuando el Señor le hace conocer el sentido de su sacerdocio, se entrega por completo a la Voluntad de Dios. La misión que el Señor le encarga es hacer el Opus Dei y trasmitir el espíritu de la Obra: la llamada a la santidad en el ejercicio de los deberes ordinarios, familiares, profesionales…

La predicación de san Josemaría está orientada a situar a las almas ante Jesucristo; con esta finalidad, tanto en la dirección espiritual como en la predicación, como así mismo en sus escritos, se servirá de ejemplos tomados de la literatura.

Para san Josemaría la literatura no es un fin, sino un medio, un instrumento. Toda su vida está al servicio de lo que constituye su vocación sacerdotal y la llamada de Dios para fundar la Obra, al servicio de la Iglesia: la llamada universal a la santidad. Daba importancia a la literatura en la doctrina y en la predicación[3].

 II.- ESCRITOS.

a) REFERENCIAS AL QUIJOTE EN “CAMINO.”

 Entre los escritos publicados en primer lugar voy a referirme a Camino. Me apoyo en gran parte en el estudio que el profesor don Pedro Rodríguez ha realizado sobre este tema en la edición histórico-crítica de Camino, especialmente en los puntos en los que se atisba la influencia del Quijote.

DON QUIJOTE Y SANCHO DE   VAN GOGH.

 CAMINO.

 * Camino  60: Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿como quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?

Quijote:  Don Pedro Rodríguez relaciona este punto con un pasaje del Quijote (2ª parte, cap. 19). La escena tiene lugar cuando el hidalgo manchego y su fiel escudero se dirigen a las bodas de Camacho; Don Quijote le dice a Sancho que es muy importante elegir bien a la persona con la que uno se va a casar, y no actuar con ligereza, ya que el matrimonio es para toda la vida, y es importante aconsejarse. Este es el texto:

“… que el amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento, tan necesarios para escoger estado, y el del matrimonio está muy a peligro de errarse, y es menester gran tiento y particular favor del cielo para acertarle. Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse; pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido? (II, 19).

            Considero que hay una cierta relación entre los dos textos; la relación no solo está, como dice el profesor Rodríguez, en una proximidad de ritmo y estructura literaria, sino que en mi opinión, en la importancia de aconsejarse tanto en la tarea de la santidad como en la elección del estado matrimonial.

 * Camino132: No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye!

  Este punto está dentro del capítulo de Camino dedicado a la virtud de la santa pureza.

Quijote :  Una expresión parecida la encontramos en el Quijote en la novela inserta “El Curioso impertinente” (parte 1ª, cap. 34): En Florencia vivían dos amigos llamados Anselmo y Lotario. El primero contrajo matrimonio con una dama llamada Camila y para poner a prueba su fidelidad rogó a su amigo Lotario que la requiriera de amores. Inicialmente Lotario se negó pero, al final, para complacer a su amigo aceptó cumplir sus deseos. El resultado final es que Lotario acabó consumando el adulterio con Camila:

“En efecto, él, con toda diligencia, minó la roca de su entereza, con tales pertrechos que, aunque Camila fuera toda de bronce, viniera al suelo. Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió, y fingió Lotario con tantos sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al través con el recato de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y más deseaba. Rindióse Camila, Camila se rindió; pero, ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que sólo se vence la pasión amorosa con huilla, y que nadie se ha de poner a brazos con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas humanas(I, 34).

También puede tener relación este punto de Camino con la siguiente escena que narra Cervantes en el 2ª parte, cap. 48: Don Quijote y Sancho están en casa de los duques.

Después del combate con el gato, que le ha dejado la cara deformada, el hidalgo manchego, pasa varios días en su habitación. Por la noche, Doña Rodríguez –el ama de la casa de los duques– entra en la habitación de don Quijote para contarle sus preocupaciones; al principio el Caballero andante la confunde con la joven Altisidora. A don Quijote le pasa por la cabeza que la presencia de la dueña de los duques en su aposento puede poner en peligro su fidelidad a Dulcinea del Toboso:

“¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme agora con una dueña lo que no ha podido con emperatrices, reinas, duquesas, marquesas ni condesas? Que yo he oído decir muchas veces y a muchos discretos que, si él puede, antes os la dará roma que aguileña. ¿Y quién sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropezado? Y en casos semejantes mejor es huir que esperar la batalla(II, 48).

 CERDOS O PUERCOS.

*Camino  367:El manjar más delicado y selecto, si lo come un cerdo (que así se llama sin perdón) se convierte, a lo más, ¡en carne de cerdo!

Seamos ángeles, para dignificar las ideas, asimilarlas. Cuando menos, seamos hombres: para convertir los alimentos, siquiera en músculos nobles y bellos, o quizá en cerebro potente… capaz de entender y adorar a Dios.

Pero… ¡no seamos bestias, como tantos y tantos!

 Quijote: La expresión que S. Josemaría recoge en este punto de Camino que así se llama sin perdón, puede tener relación con un pasaje del Quijote. Se trata de su primera salida: Una calurosa madrugada de julio, don Quijote abandona su casa para comenzar su nueva vida de caballero andante. Llega a una venta que confunde con un castillo, e interpreta -en su desvarío-, el sonido del silbato de un porquero como la señal emitida por un enano desde el castillo, anunciando su venida:

“En esto sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos (que sin perdón así se llaman) tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida”(I, 2).

Popularmente, era costumbre y cortesía pedir perdón al oyente al pronunciar alguna palabra malsonante, como “puercos”. Cervantes deforma irónicamente esta costumbre (sin perdón) y se burla del recato popular al escoger el malsonante “puercos” frente a otras opciones para nombrar los mismos animales.

            Cervantes usa en el mismo contexto, la frase en su forma corriente, cuando se presenta un ganadero, acusado de haber abusado de una mujer, ante Sancho Panza –ya gobernador de la ínsula de Barataria–:

“Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía deste lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían”(II, 45).

 *Camino. 409: “No pensemos que valdrá de algo nuestra aparente virtud de santos, si no va unida a las corrientes virtudes de cristianos.

Esto sería adornarse con espléndidas joyas sobre los paños menores.”.

SUPUESTA CASA DEL CABALLERO DEL VERDE GABÁN EN VILLANUEVA DE LOS INFANTES. C. REAL. ESPAÑA.

 Quijote. Don Quijote y Sancho se encuentran con el Caballero del Verde Gabán, don Diego de Miranda, con el que entablan conversación. Tras describir su vida, Sancho le besa los pies considerándolo como el primer santo a la jineta.

             El Caballero del Verde Gabán manifiesta la preocupación que siente por su hijo, demasiado preocupado en los autores clásicos y poco interesado en la literatura romance:

“Yo, señor don Quijote —respondió el hidalgo—, tengo un hijo, que, a no tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy, y no porque él sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y ocho años; los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina y griega, y cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan embebido en la de la poesía (si es que se puede llamar ciencia), que no es posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo quisiera que estudiara, ni de la reina de todas, la teología. Quisiera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar (II, 16)[4].

La expresión de Camino “espléndidas joyas sobre paños menores” tiene una cierta relación y afinidad con la frase de Cervantes: “porque letras sin virtud son perlas en el muladar” El muladar es el estercolero o basurero de las casas.

 Las corriente virtudes de cristianos del punto de Camino son –en mi opinión-, las virtudes humanas, las virtudes cardinales y las virtudes infusas; no se puede edificar la santidad sin las virtudes; la santidad se fundamenta en las virtudes y en este sentido pone Cervantes en boca del Caballero del Verde Gabán, que no bastan las letras, es decir conocimiento, el saber, si faltan las virtudes. Lo que hace a una persona mejor no es sólo el que sepa mucho, sino el que ame mucho; es decir el que estén arraigadas en el alma las virtudes corrientes y ordinarias.

* Camino 688: Otra vez…: Que han dicho, que han escrito…: A favor, en contra…: Con buena, y con menos buena voluntad…: Reticencias y calumnias, panegíricos y exaltaciones…: sandeces y aciertos

¡ Tonto, tontísimo!: ¿ Qué te importa, cuando vas derecho a tu fin, cabeza y corazón borrachos de Dios, el clamor del viento o el cantar de la chicharra, o el mugido o el gruñido o el relincho?…

            Además… es inevitable: no pretendas poner puertas al campo[5].

 Quijote. Comenta don Pedro Rodríguez en la edición crítica de Camino que este punto procede de la Legación de Honduras, en donde estuvo san Josemaría varios meses del año 1937.

Se alojaban en esa Legación cerca de un centenar de personas. El clima de la Legación de Honduras, donde la vida del pequeño grupo que acompañaba al Fundador del Opus Dei, suscitaba en aquellas circunstancias comentarios y murmullos. Es posible que aquellos murmullos trajeran a la memoria de san Josemaría –que era un lector asiduo de Cervantes las palabras de don Quijote a Sancho:

No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar. Ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es querer atar las lenguas de los maledicientes lo mismo que querer poner puertas al campo. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen de él que es un ladrón, y si sale pobre, que ha sido un parapoco y un mentecato. (II, 55).

Hay otra escena del Quijote (1ª parte, cap. 25), en la Cervantes recoge también la frase ‘poner puertas al campo’; don Quijote le comenta a su escudero que es una calumnia y mentira lo que dice algunos, de que la reina Madasima estaba amancebada con su maestro y médico Elisabat. Le responde Sancho:

 Ni yo lo digo ni lo pienso —respondió Sancho—. Allá se lo hayan, con su pan se lo coman: si fueron amancebados o no, a Dios habrán dado la cuenta. De mis viñas vengo, no sé nada, no soy amigo de saber vidas ajenas, que el que compra y miente, en su bolsa lo siente. Cuanto más, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Más que lo fuesen, ¿qué me va a mí? Y muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas. Más ¿quién puede poner puertas al campo? Cuanto más, que de Dios dijeron (I, 25).

La Real Academia Española define la expresión ‘poner puertas al campo’ como una frase coloquial usada para dar a entender la imposibilidad de poner límites a lo que no los admite o intentar algo imposible.

SANTUARIO DE TORRE CIUDAD, PORQUE ES IMPOSIBLE PONER PUERTAS AL CAMPO.

 *51 Camino: Tu espíritu de varón, rectilíneo y sencillo, se abruma al sentirse envuelto en enredos, dimes y diretes, que no acaba de explicarse y en los que nunca se quiso mezclar. —Pasa por la humillación que supone andar así en boca ajena, y procura que el escarmiento te dé más discreción

Es posible que el punto de Camino (espíritu de varón rectilíneo y sencillo) tenga una cierta semejanza con la escena narrada en la que un muchacho explica a don Quijote el retablo de Maese Pedro; es tan barroca la explicación que le dice el Caballero andante:

“Niño, niño, seguid vuestra historia línea recta y no os metáis en las curvas o transversales, que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas” (II, 26)[6].

En el fondo está presente la virtud de la sencillez. En el lenguaje común se llama “sencillo” a lo que no tiene artificio ni complicación, a lo que carece de ostentación y adornos (Cfr. Diccionario de la Real Academia Española de la lengua).

La sencillez es una parte de la humildad, y añade algo a la sinceridad y docilidad: indica el camino más corto entre los posibles para vivir la verdad con caridad (cfr. Ef 4, 15).

 b ) REFERENCIAS EN LOS APUNTES ÍNTIMOS.    

 Los Apuntes íntimos o Cuadernos espirituales del Fundador del Opus Dei todavía no se han publicado; sin embargo encontramos numerosas referencias y citas en obras publicadas como la edición histórico-crítica de Camino y la biografía del Fundador del Opus Dei de Andrés Vázquez de Parada.

* Apuntes íntimos. He encontrado esta frase de los Apuntes íntimos en los que puede haber una relación con la obra maestra de Cervantes:

Apuntes íntimos. “Nada, ante la maravilla que supone este hecho: un instrumento pobrísimo y pecador, planeando, con tu inspiración, la conquista del mundo entero para su Dios, desde el maravilloso observatorio de un cuarto interior de una casa modesta, donde toda incomodidad material tiene su asiento. Fiat, adimpleatur. Amo tu Voluntad […], seguro soy tu hijo de que la O. surgirá pronto y conforme a tus inspiraciones. Amen. Amen (Apuntes n. 877)” [7].

San Josemaría desde el pequeño cuarto del piso donde vivía en la calle Viriato le trajo a la mente la famosa frase del comienzo del prólogo del Quijote:

 Quijote.Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”[8].

 MIGUEL DE CERVANTES Y SAAVEDRA.

c) REFERENCIAS EN LAS CARTAS.

 * Cartas “En esa vida corriente, mientras vamos por la tierra adelante con nuestros compañeros de profesión o de oficio como dice el refrán castellano cada oveja con su pareja, que así es nuestra vida—, Dios Nuestro Padre nos da la ocasión de ejercitarnos en todas las virtudes, de practicar la caridad, la fortaleza, la justicia, la sinceridad, la templanza, la pobreza, la humildad, la obediencia…” (Carta 24.III.1930)[9].

Para san Josemaría el refrán ‘cada oveja con su parejatiene un sentido apostólico y de práctica de las virtudes; es el trabajo, la profesión, el oficio, el ámbito que han de santificar los cristianos; el cristiano debe pegar el fuego de amor de Cristo a los que está más cerca: familiares, compañeros de profesión. Es lo que llamaba san Josemaría el apostolado de amistad y confidencia. El refrán castellano está recogido en el Quijote dos veces, lógicamente en otros contextos distintos al sentido que le da san Josemaría, aunque con una cierta analogía.

 Quijote.  En la primera escena unos pastores que se dirigen a las bodas de Camacho, se encuentran don Quijote y Sancho y les cuentan los entresijos del enlace entre el rico Camacho y Quiteria:

“porque Basilio se enamoró de Quiteria desde sus tiernos y primeros años, y ella fue correspondiendo a su deseo con mil honestos favores, tanto, que se contaban por entretenimiento en el pueblo los amores de los dos niños Basilio y Quiteria. Fue creciendo la edad, y acordó el padre de Quiteria de estorbar a Basilio la ordinaria entrada que en su casa tenía; y por quitarse de andar receloso y lleno de sospechas, ordenó de casar a su hija con el rico Camacho, no pareciéndole ser bien casarla con Basilio, que no tenía tantos bienes de fortuna como de naturaleza. Pues, si va a decir las verdades sin invidia, él es el más ágil mancebo que conocemos, gran tirador de barra, luchador estremado y gran jugador de pelota; corre como un gamo, salta más que una cabra, y birla a los bolos como por encantamento; canta como una calandria, y toca una guitarra, que la hace hablar, y, sobre todo, juega una espada como el más pintado.

Por esa sola gracia —dijo a esta sazón don Quijote— merecía ese mancebo no solo casarse con la hermosa Quiteria, sino con la mesma reina Ginebra, si fuera hoy viva, a pesar de Lanzarote y de todos aquellos que estorbarlo quisieran.

¡A mi mujer con eso! —dijo Sancho Panza, que hasta entonces había ido callando y escuchando—, la cual no quiere sino que cada uno case con su igual, ateniéndose al refrán que dicen «cada oveja con su pareja». Lo que yo quisiera es que ese buen Basilio, que ya me le voy aficionando, se casara con esa señora Quiteria, que buen siglo hayan y buen poso (iba a decir al revés) los que estorban que se casen los que bien se quieren” (II, 19).

Para Sancho Panza el refrán ‘cada oveja con su pareja’,se aplica en que el matrimonio debe ser entre iguales; es decir que no haya entre los esposos grandes diferencias económicas, culturales…

Esta frase la encontramos también cuando Sancho sale desengañado del gobierno de la ínsula de Barataria. A los que intentan retenerle para que siga gobernando les dice:

“¡Tarde piache! —respondió Sancho—. Así dejaré de irme como volverme turco. No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en este ni admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde” (II, 53).

En esta frase la cita de Sancho‘cada oveja con su pareja’ se refiere a que no desea ya ser gobernador de la ínsula de Barataria, sino que se conforma con lo que Dios le ha dado.

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EL FUNDADOR DEL OPUS DEI EN LA GERRA CIVIL ESPAÑOLA CON OTROS SACERDOTES.

 *Cartas.“Hoy, el abuelo está triste –escribe a sus nietos de Valencia–, alicaído, a pesar de la amabilidad y del cariño de mi gente; y a pesar de la paciencia heroica de mi sobrino Juanito… que no está mandón. Y es que se acuerda de su juventud, y contempla la vida actual: y le entran unas ganas enormes de portarse bien, por los que se portan mal; de hacer el Quijote, desagraviando, sufriendo, enmendando. Y resulta que se le echan a correr el entendimiento y la voluntad (el Amor), y el Amor llega primero. Pero ¡llega tan desvalido, tan sin obras!… El abuelo está triste, porque él no acierta –viejo, sin fuerzas–, si no le ayudan, con su juventud, los nietos de su alma” (Carta 21.IV.1937)[10].

En plena Guerra Civil española, san Josemaría vivió en la sede del Consulado de Honduras, acompañado de cuatro hijos suyos y su hermano Santiago, desde mediados de marzo hasta el 30 de agosto de 1937. Las condiciones materiales eran muy duras: hombres, mujeres y niños se veían obligados a convivir en poco espacio. No había camas; usaban colchones que se extendían por la noche sobre el pavimento.

En este tiempo el Fundador del Opus Dei, a pesar de las condiciones de la casa, intensifica la penitencia, no solamente por los suyos, sino también como desagravio por los muchos crímenes y ofensas cometidos con ocasión de la guerra.

En esta situación escribe el 21 de abril de 1937, una carta a los miembros de la Obra que estaban en Valencia. Se trasluce en este fragmento de la carta la Comunión de los Santos. En esta carta San Josemaría está evocando las palabras con las que comienza la primera salida de don Quijote:

 Quijote Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer” (I, 2).

 EL FUNDADOR DEL OPUS PREDICANDO.

III. PREDICACIÓN ORAL Y CONSEJOS PASTORALES.

 Entre los consejos pastorales que encontramos tanto en algunas de sus cartas como en la predicación oral es el asesoramiento en las lecturas, especialmente en las relacionadas con la fe y la moral.

Una lectura de libros indiscriminada puede llevar a una locura espiritual, entendida como abandono de la fe y de la práctica de la vida cristiana. Obviamente el Fundador del Opus Dei no se refiere a que no haya que leer, sino a los peligros de una lectura sin orientación, sin discernimiento.

Para ilustrar la importancia del asesoramiento en las lecturas se servía de la escena que narra Cervantes en el capítulo primero de la primera parte del Quijote, cuando empieza a leer libros de caballería movido por la curiosidad y pierde el juicio:

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso –que eran los más del año–, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien (…).

(…) En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo” (I, 1)[11].

También el historiador biógrafo de San Josemaría, Andrés Vázquez de Prada nos dice en su primera biografía:

 “Las razonadas sinrazones que sorbían el seso de Alonso Quijano, o el escrutinio de la biblioteca por el cura y el barbero, se correspondían con sus avisos sobre las lecturas. Porque hay gentes que se dan a los libros, como quien entra a saco en una botica e ingiere fármacos y pócimas sin ningún criterio[12].

Encarnita Ortega, una de las primeras mujeres del Opus Dei, actualmente en proceso de canonización, refiere lo siguiente:

“Si alguien de la casa descubría un desperfecto de cierta entidad, que no estaba en sus manos arreglar, o se trataba de deterioros o daños menores, ya se sabía que la costumbre establecida por el Fundador era el hacer notas de arreglos, o encargarse personalmente de la reparación, si es que sabían o podían hacerlo.

EN LA CAPILLA DE MOLINO VIEJO.

En Molinoviejo el encargado de obras ese verano de 1948 era Fernando Delapuente. Las mujeres que se ocupaban de la Administración también anotaban los arreglos o trabajos pendientes en su zona. Por indicación del Padre, las notas iban a parar a la mesa de trabajo de Fernando, que muchos días se encontraba con un rimero de papeletas que abultaban más que el Quijote. Al Padre le hacía mucha gracia esta expresión —cuenta Encarnita—, y “nos animó a seguir derrochando literatura[13].

A San Josemaría, que tenía mucho sentido del humor, le hizo gracia la comparación de las muchas notas de arreglos con el Quijote.

D. Carlos Cardona, que fue director espiritual del Opus De varios años, a quien incumbía por su cargo leer y estudiar libros de filosofía, teología, etc… Un día, S. Josemaría le recomienda que haga su lectura espiritual diaria, no con textos de los Padres de la Iglesia, sino con el Quijote:

“Durante una temporada, Carlitos, ¿qué tal si tienes como libro de lectura el Quijote? Te ayudará a pisar tierra, a quitarle trascendencia a lo que, de suyo, es intrascendente…y, sobre todo, te jaleará el sentido del humor[14].

San Josemaría en este consejo espiritual tendría presente estas palabras de Cervantes en el prólogo a la primera parte del Quijote: “procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la deprecie, ni el prudente deje de alabarla”.

Durante su catequesis en América, en 1974, un joven le habla de las dificultades con que su madre trata de obstaculizar su perseverancia a la vocación, arguyendo que el muchacho debe antes “probar otras cosas, conocer más la vida, gustar el amor humano, para asegurarse y elegir”. Escrivá responde decidido, sin vacilar: “Se me vienen a la memoria unos versos de Cervantes: “es de vidrio la mujer, pero no se ha de probar si se puede o no quebrar, porque todo podría ser”[15].

Estas palabras corresponden a la novela intercalada en el Quijote del “Curioso impertinente”.Anselmo quiere probar la fidelidad de su esposa Camila, y solicita la ayuda de su amigo Lotario, para que pruebe su fidelidad cortejándole. Lotario le recuerda a su amigo Anselmo unos versos que aconsejaba un viejo a otro, padre de una doncella, para que la recogiese, guardase y encerrarse:

 Es de vidrio la mujer,
pero no se ha de probar
si se puede o no quebrar,
porque todo podría ser.

 Y es más fácil el quebrarse,
y no es cordura ponerse
a peligro de romperse
lo que no puede soldarse
(I, 33).

 En más de una ocasión, para cortar de raíz cualquier atisbo de falta de sencillez en las personas que le trataban, repitió esta frase de Cervantes:

“Llaneza, muchacho (…), que toda afectación es mala (II, 26).

Maese Pedro es dueño de un retablo en el que representa la historia de don Gaiferos y de su esposa Melisendra que estaba cautiva en Zaragoza, en poder de los moros. Bajo la identidad de maese Pedro se esconde Ginés de Pasamonte, uno de los galeotes que fue liberado por don Quijote, y que respondió al Caballero andante con ingratitud y robó el asno de Sancho.

Maese Pedro tiene un joven muchacho que explica el desarrollo de la historia de las imágenes del retablo. El muchacho explica la historia con mucho barroquismo, lo que exaspera a Maese Pedro, quien le dice: Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”

San Josemaría apreciaba la virtud de la sencillez y sinceridad en la vida interior, evitando el barroquismo, la complicación y la prolijidad, que llevan a la falta de paz y alegría.

Varias veces, en público y en privado, prometió que pronto volvería a Venezuela, en cuanto fuera posible. Y quedaron pendientes de su palabra. El 31 de agosto de 1974 por la tarde salió del aeropuerto de Caracas. Estaba muy contento de su estancia, pero muy cansado, ya que Venezuela era el último país de un recorrido pastoral por Brasil, Argentina, Chile y Perú; decía esta frase, como bromeando sobre su condición física:

Me voy como don Quijote de la Mancha: desmantelado el caballo”[16].

Es posible que esta frase tenga relación con la escena de los molinos de viento. El Caballero andante –en su locura–, confunde los molinos de viento con unos gigantes con muchos brazos y se lanza en combate; tanto el Caballero como el caballo quedan por los suelos y Sancho acude a ayudarles. Don Quijote en su loca imaginación piensa que los encantadores han convertido los gigantes en molinos. Recojo el diálogo de don Quijote con su escudero y considero que hay una cierta analogía entre la frase de San Josemaría y la frase del Quijote: “Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba”.

“Calla, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.

Dios lo haga como puede —respondió Sancho Panza.

Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba(I, 8)[17].

DON QUIJOTE  PENITENTE EN SIERRA MORENA

 IV. SANTIDAD.

 a) Llamada universal a la santidad: hay muchos caminos para alcanzarla.

 Diálogo entre D. Quijote y Sancho sobre la santidad:

“Pues esta fama, estas gracias, estas prerrogativas, como llaman a esto —respondió Sancho—, tienen los cuerpos y las reliquias de los santos, que con aprobación y licencia de nuestra santa madre Iglesia tienen lámparas, velas, mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos, piernas, con que aumentan la devoción y engrandecen su cristiana fama. Los cuerpos de los santos, o sus reliquias, llevan los reyes sobre sus hombros, besan los pedazos de sus huesos, adornan y enriquecen con ellos sus oratorios y sus más preciados altares.

¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo lo que has dicho? —dijo don Quijote.

Quiero decir —dijo Sancho— que nos demos a ser santos y alcanzaremos más brevemente la buena fama que pretendemos; y advierta, señor, que ayer o antes de ayer (que, según ha poco, se puede decir desta manera) canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalzos, cuyas cadenas de hierro con que ceñían y atormentaban sus cuerpos se tiene ahora a gran ventura el besarlas y tocarlas, y están en más veneración que está, según dicen, la espada de Roldán en la armería del Rey nuestro Señor, que Dios guarde. Así que, señor mío, más vale ser humilde frailecito, de cualquier orden que sea, que valiente y andante caballero; más alcanzan con Dios dos docenas de diciplinas que dos mil lanzadas, ora las den a gigantes, ora a vestiglos o a endriagos.

Todo eso es así —respondió don Quijote—, pero no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo[18]: religión es la caballería, caballeros santos hay en la gloria” (II, 8).

 b) La santidad es lucha, pelea, sostenida por Dios.

 Don Quijote y Sancho se encuentran con un grupo de hombres, vestidos de labradores, que llevan imágenes de santos para el retablo del pueblo; estaban cubiertas de sábanas blancas, y el caballero andante les pide que les enseñe. Descubren las imágenes de los cuatro santos: San Jorge, San Martín, Santiago y San Pablo. Comenta el hidalgo manchego a los que llevaban las imágenes:

“Por buen agüero he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las armas, sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano” (II, 58)[19].

 c) santidad en la vida ordinaria[20]

 Las lecturas de los libros de caballerías trastornan la mente de don Quijote, que abandona sus tareas corrientes: administración de la hacienda y otras tareas ordinarias, para dedicarse a la caballería andante.

A don Quijote acompaña Sancho Panza, que deja mujer, hijos y trabajo. A lo largo de la novela diversas personas le recordarán que vuelva a su pueblo y que se dedique a sus obligaciones familiares y profesionales; son sobre todo los que más le querían: su sobrina, el ama, así como el cura, el bachiller Sansón Carrasco y el barbero Maese Nicolás; intentarán ayudarle para vuelva al pueblo y cuide de la hacienda. Lo conseguirá el bachiller Sansón Carrasco que disfrazado de Caballero de la Blanca Luna le vence en Barcelona y don Quijote vuelve a su pueblo, donde recuperará el juicio.

Estas escenas que recojo indican que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias o difíciles, sino hacer con amor lo corriente y ordinario.Este es el mensaje de San Josemaría: la santidad en la vida ordinaria; así fue llamad por el beato Juan Pablo II en el discurso a los participantes en la canonización de San Josemaría: “el santo de lo ordinario” (7.X.2002).

Los libros de caballerías trastornan el juicio de don Quijote:

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso –que eran los más del año–, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer” (I, 1).

El ama se enfada con Sancho y le recuerda la importancia de no abandonar la familia y el trabajo para dedicarse a ser escudero de don Quijote:

“Con todo eso —dijo el ama—, no entraréis acá, saco de maldades y costal de malicias. Id a gobernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares y dejaos de pretender ínsulas ni ínsulos (II, 2).

 El eclesiástico de los duques recuerda a D. Quijote que vuelva sus tareas habituales:

“Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines? Andad enhorabuena, y en tal se os diga: «Volveos a vuestra casa y criad vuestros hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando por el mundo, papando viento y dando que reír a cuantos os conocen y no conocen». ¿En dónde nora tal habéis vos hallado que hubo ni hay ahora caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?” (II, 31).

Don Quijote y Sancho llegan a Barcelona y son recibidos por Antonio Moreno, amigo del bandolero Roque Guinart. Para burlarse del hidalgo manchego le pone en la espalda un rótulo con las palabras: “Este es D. Quijote de la Mancha”. Una persona que se cruza con el hidalgo le dice:

“¡Válgate el diablo por don Quijote de la Mancha! ¿Cómo que hasta aquí has llegado sin haberte muerto los infinitos palos que tienes a cuestas? Tú eres loco, y si lo fueras a solas y dentro de las puertas de tu locura, fuera menos mal, pero tienes propiedad de volver locos y mentecatos a cuantos te tratan y comunican; si no, mírenlo por estos señores que te acompañan. Vuélvete, mentecato, a tu casa, y mira por tu hacienda, por tu mujer y tus hijos, y déjate destas vaciedades que te carcomen el seso y te desnatan el entendimiento (II, 62).

Sansón Carrasco disfrazado del Caballero de la Blanca Luna reta a don Quijote a unas justas con la condición de que si le vence tiene que volver a la aldea:

“Insigne caballero y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha, yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizá te le habrán traído a la memoria. Vengo a contender contigo y a probar la fuerza de tus brazos, en razón de hacerte conocer y confesar que mi dama, sea quien fuere, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso: la cual verdad si tú la confiesas de llano en llano, escusarás tu muerte y el trabajo que yo he de tomar en dártela; y si tú peleares y yo te venciere, no quiero otra satisfación sino que, dejando las armas y absteniéndote de buscar aventuras, te recojas y retires a tu lugar por tiempo de un año, donde has de vivir sin echar mano a la espada, en paz tranquila y en provechoso sosiego, porque así conviene al aumento de tu hacienda y a la salvación de tu alma (II, 64).

 LA MUERTE DE DON QUIJOTE

Don Quijote y Sancho regresan a la aldea para cumplir la promesa, –al ser derrotado por el Caballero de la Blanca Luna–, de quedarse una año en la aldea sin salir. El hidalgo quiere dedicarse en ese tiempo a las tareas pastoriles; manifiesta al bachiller Sansón Carrasco y al cura, que desea que sean sus compañeros en las tareas pastoriles. El bachiller y el cura, pensando que se trata de una nueva locura, le siguen el juego. Don Quijote piensa modificar los nombres: él se llamaría el pastor Quijotiz; el bachiller el pastor Carrascón; el cura, el pastor Curiambro; y Sancho Panza, el pastor Pancino.

El ama y la sobrina se sobresaltan y le dice el ama a don Quijote:

“Y ¿podrá vuestra merced pasar en el campo las siestas de verano, los serenos de invierno, el aullido de los lobos? No, por cierto, que éste es ejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y criados para tal ministerio desde las fajas y mantillas (…) Mire, señor, tome mi consejo (…): estése en casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca a los pobres” (II, 73).

 CONCLUSIÓN

 En este pequeño estudio sobre don Quijote de la Mancha y San Josemaría, vemos como para el Fundador de la Obra, el Quijote y en general los libros clásicos que había leído en la juventud, influyeron más tarde en la predicación, Cartas y consejos pastorales.             Las lecturas juveniles prendieron en el fondo de su alma, empapándola de belleza. En muchas ocasiones echará mano de recuerdos literarios, como recurso para exponer sus proyectos o sus ideas

Para San Josemaría la literatura tiene una función de instrumento, de medio, para ayudar, para ilustrar a las almas a que se encuentran con Cristo, a que se conviertan, a que empiecen una vida nueva en Cristo.

Don Quijote le dice al Caballero del Verde Gabán don Diego de Miranda, acerca de la afición de su hijo Lorenzo a la poesía: la pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos (II, 16)

La pluma es lengua del alma. San Josemaría habla y escribe de lo que tiene en el alma: el amor a Jesucristo; pero no puede dejar de plasmar en sus obras ese gran bagaje cultural adquirido; todo le sirve le ayuda a trasmitir el mensaje con  que le iluminó el Señor  el 2 de octubre de 1928.

NOTAS

 [1]A sus diez años, Josemaría tendría acceso a algunos libros de las estanterías de la casa. Entre ellos, una antigua edición de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, en seis tomos encuadernados. En el lomo de los volúmenes se leía: Don Quijote. La obra aún se conserva. Está ilustrada con grabados. Son las consabidas láminas de la arremetida contra los molinos de viento, los rebaños de ovejas lanceadas, el manteamiento de Sancho… En ese ejemplar comenzó a leer la literatura clásica, y le gustaba abrirlo en muchas ocasiones.” (Vazquéz de Prada, A., El Fundador del Opus Dei, , Rialp, Madrid, 1983, p.53-54

[2] “El catedrático de Literatura era don Luis Arnáiz, hombre de tierna sensibilidad literaria y propenso a la emoción estética. Al decir de Josemaría, se emocionaba al leer en voz alta a Cervantes, lo cual suscitaba en el muchacho otros recuerdos lejanos. Porque entre los libros traídos de Barbastro por los Escrivá, la mayor parte de ellos clásicos, había una bella y antigua edición de El Quijote, en seis volúmenes. A ellos acudía de muy niño a leer y repasar las láminas” (…).

En las clases de literatura pudo Josemaría saborear a placer los clásicos, desde los escritores medievales a los del Siglo de Oro español. Pasados los años, las anécdotas literarias e históricas, en prosa o en verso, surgirán frescas y espontáneas, a la par de la cristiana doctrina” (Vázquez de Prada, A., El Fundador del Opus Dei, tomo I, 1997, Rialp, p.85-86).

[3] Yo lo que quiero es tener fijos y claros todos los argumentos de buena doctrina; por eso repaso los tratados tradicionales de teología. Y también leo literatura, porque las palabras son el ropaje: fides ex auditu (Rom. X, 17). Hay que dar doctrina, buena doctrina, y presentarla a los ojos de los hombres con un aspecto agradable. Los argumentos tradicionales cabe vestirlos literariamente, cabe exponerlos sin vulgaridad, pero vulgarizando” (Crónica 1969, p. 589).

[4] porque letras sin virtud son perlas en el muladar”. La expresión muladar está presente en san Josemaría, para referirse al Sacramento de la Eucaristía; se consideraba, en su humildad, un muladar, cuando recibía en la Comunión a Jesucristo. En una ocasión se expresaba así: “le digo que no sé como ha venido a este muladar de mi corazón” (SAN JOSEMARÍA, Apuntes tomados en una homilía, 7.VII.1974); en otro momento decía: “Señor, aún no he aprendido a darte gracias. ¿Será que me he acostumbrado a tenerte conmigo, y no me doy cuenta de quién eres Tú y de lo que soy yo, un muladar…? (SAN JOSEMARÍA, Apuntes tomados en una tertulia, 18.VI 1972).

[5] D. Pedro Rodríguez, en  el comentario a Camino, n. 51, de la edición crítica, cita una frase de los Apuntes íntimos del Fundador del Opus Dei: “El hecho es que, en estos días, ha hecho el Señor que lleguen hasta mí hablillas, murmuraciones, críticas de mi pobre humanidad (no me importan: si me conocieran… no se quedarían tan cortos), y de la Obra. Mi postura, la nuestra, ante estas molestias es, además de extremar la discreción (¡cualquiera le pone puertas al campo!), aprovechar esos avisos de Dios” ( nº 1345, 2 – VI – 1936).

Claramente se ve que ante comentarios negativos y críticas, san Josemaría reacciona –como siempre–, con una gran visión sobrenatural, y le recuerda la frase “poner las puertas al campo” del Quijote.

[6] También tiene una cierta relación la escena cervantina  con Surco, 901: ¿Te molesta que insista, del mismo modo, en las mismas cosas esenciales?, ¿que no tenga en cuenta esas corrientes en boga?  Mira; de igual manera se ha definido en los siglos la línea recta, porque es la más clara y breve. Otra definición resultaría más oscura y complicada”

[7] Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, 1997,  tomo I, cit, p. 485-486).

[8] Prólogo de la primera parte del Quijote. Cervantes, que estuvo preso en 1592 y en 1597, no se refiere a la redacción, sino a la concepción de su libro.

 [9] Vázquez de Prada, “El Fundador del Opus Dei”, Vázquez de Prada tomo I, cit, p. 301.

[10]  Vázquez de Prada, 2002, “El Fundador del Opus Dei”,  tomo II, Editorial Rialp,  pp. 100-101.

[11] Cervantes escribe el Quijote, entre otros motivos para desacreditar los libros de caballerías, que en su época eran conocidos y leídos. Así lo indica en el Prólogo a la primera parte: “En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que, si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco”.

[12] Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, 1983, Editorial Rialp, p. 442.

[13] Vázquez de Prada El Fundador del Opus Dei,  tomo III, p. 151.

[14] Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, Edit. Plaza & Janes, 7ª edición, pp. 210-211

[15] Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 247.

[16]  Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei” tomo III, p. 728. Desmantelar: echar por tierra y arruinar los muros y fortificaciones de una plaza. (RAE, 22ª edición).

[17] Despaldado: ‘tenía medio descoyuntada la paletilla’.

[18] La frase del hidalgo manchego: muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo, es -en mi opinión- una forma de expresar la llamada universal a la santidad. Ciertamente en la época en la que se escribió el Quijote la mentalidad común era que para una mayor santidad o perfección había que ser sacerdote o religioso. Quizá es esta frase encontramos una cierta relación con la llamada universal a la santidad, mensaje fundamental del Concilio Vaticano II; en concreto con estos pasajes:

“Los fieles todos, de cualquier condición y estado que sean, fortalecidos por tantos y tan poderosos medios, son llamados por Dios cada uno por su camino a la perfección de la santidad por la que el mismo Padre es perfecto” (Lumen Gentium. 11).

Aunque no todos en la Iglesia marchan por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado la misma fe por la justicia de Dios (cf. 2P 1, 1), (Lumen Gentium, 32).

Un santo del Siglo XXI, San Josemaría, recibió, el 2 de octubre de 1928, la misión de promover la llamada universal a la santidad. Recojo algunos textos donde se puede ver la analogía con el texto cervantino:

Surco, 226: La maravilla de la Pentecostés es la consagración de todos los caminos: nunca puede entenderse como monopolio ni como estimación de uno solo en detrimento de otros.

Pentecostés es indefinida variedad de lenguas, de métodos, de formas de encuentro con Dios: no uniformidad violenta.

Surco, 231: Me gusta ese lema: “cada caminante siga su camino“, el que Dios le ha marcado, con fidelidad, con amor, aunque cueste.

Surco, 401: ¡Qué empeño el de algunos en masificar!: convierten la unidad en uniformidad amorfa, ahogando la libertad.

Parece que ignoran la impresionante unidad del cuerpo humano, con tan divina diferenciación de miembros, que –cada uno con su propia función contribuyen a la salud general.

Dios no ha querido que todos sean iguales, ni que caminemos todos del mismo modo por el único camino.

También Surco, 757, y  Forja, 45.

S. Josemaría decía: “Se han abierto los caminos divinos de la tierra”.

El Papa beato Juan Pablo II, después de la canonización de San Josemaría, al terminar la Misa de acción de gracias, en la audiencia a los participantes decía: “San Josemaría fue escogido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que las actividades comunes que componen la vida de todos los días son camino de santificación”(7 de octubre de 2002).

También el Papa Benedicto XVI decía en la Exhortación Apostólica “Verbum Domini” (n. 48):

“Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios. Así, pensemos (…) en san Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad (…)”.

[19] En este texto Cervantes pone en boca de don Quijote un aspecto importante de la espiritualidad cristiana: la lucha ascética; el sentido de pelear a lo divino” es que en la lucha espiritual por ser santos, es el Señor el protagonista; al cristiano corresponde poner de su parte la lucha por dejarle hacer a Él. En los escritos de San Josemaría encontramos referencias a ese luchar a lo divino. Cito como botón de muestra los siguientes puntos de Surco y Forja:

SURCO 151 Oí en cierta ocasión que en las grandes batallas se repite un curioso fenómeno. Aunque la victoria esté asegurada de antemano por la superioridad numérica y de medios, luego, en el tráfago del combate, no faltan momentos en los que amenaza la derrota por la debilidad de un sector. Vienen entonces las órdenes tajantes del alto mando, y se cubren las brechas del flanco en dificultad.

–Pensé en ti y en mí. Con Dios, que no pierde batallas, seremos siempre vencedores. Por eso, en la pelea para la santidad, si te notas sin fuerzas, escucha los mandatos, haz caso, déjate ayudar, … porque El no falla.

Surco, 158: Has notado con más fuerza la urgencia, la “idea fija” de ser santo; y has acudido a la lucha cotidiana sin vacilaciones, persuadido de que has de cortar valientemente cualquier síntoma de aburguesamiento.

Luego, mientras hablabas con el Señor en tu oración, has comprendido con mayor claridad que lucha es sinónimo de Amor, y le has pedido un Amor más grande, sin miedo al combate que te espera, porque pelearás por El, con El y en El.

Forja, 312: La santidad está en la lucha, en saber que tenemos defectos y en tratar heroicamente de evitarlos.

La santidad -insisto- está en superar esos defectos…, pero nos moriremos con defectos: si no, ya te lo he dicho, seríamos unos soberbios.

Forja, 990: La santidad consiste precisamente en esto: en luchar, por ser fieles, durante la vida; y en aceptar gozosamente la Voluntad de Dios, a la hora de la muerte.

[20] Sobre la santidad en la vida ordinaria en unas palabras del actual Papa Benedicto XVI, cuando era Cardenal en la homilía en la Misa de acción de gracias por la beatificación del Fundador de Opus Dei, en la Basílica de los Doce Apóstoles de Roma  (19.V.1992):

“En medio de esta apatía espiritual, Josemaría Escrivá ha actuado como un despertador, clamando: No, la santidad no es lo extraordinario sino lo ordinario, lo normal para cada bautizado. La santidad no consiste en ciertos heroísmos imposibles de imitar, sino que tiene mil formas y puede hacerse realidad en cualquier sitio y profesión (…) Se atrevía a ser algo así como un Don Quijote de Dios. ¿O acaso no parece «quijotesco» enseñar, en medio del mundo de hoy, la humildad, la obediencia, la castidad, el desprendimiento de las cosas materiales, el olvido de sí? La voluntad de Dios era para él lo verdaderamente razonable y así se mostró racional lo aparentemente irracional”.Fotografía

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