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SEGUNDA PARTE DEL INGENIOSO  CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA : PRÓLOGO AL LECTOR DE DON MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

 1.-Nº 86.

2.-Texto.

3.-Comentario.

 

2.-TEXTO.

            “Válame Dios, y con quanta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre, ó quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quixote, digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas, y nació en Tarragona.

            Pues en verdad que no te he de dar este contento, que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mio ha de padecer excepcion esta regla.

            Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya . Lo que no he podido dexar de sentir es que me note de viejo, y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, ó si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que viéron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros .

            Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas aloménos en la estimacion de los que saben donde se cobráron: que el soldado mas bien parece muerto en la batalla, que libre en la fuga, y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran, y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa, que sano ahora de mis heridas, sin haberme hallado en ella.       Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían á los demas al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza: y hase de advertir, que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el qual suele mejorarse con los años.

            He sentido tambien que me llame invidioso, y que como á ignorante me describa, que cosa sea la invidia, que en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino á la santa, á la noble y bien intencionada: y siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir á ningún Sacerdote, y mas si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio, y si él lo dixo por quien parece que lo dixo, engañóse de todo en todo, que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa .

             Pero en efecto le agradezco á este señor autor el decir que mis Novelas son más satíricas que exemplares, pero que son buenas, y no lo pudieran ser si no tuvieran de todo . Paréceme que me dices, que ando muy limitado, y que me contengo mucho en los términos de mi modestia, sabiendo que no se ha de añadir aflicion al afligido y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer á campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa Magestad.

            Si por ventura llegares á conocerle , dile de mi parte, que no me tengo por agraviado, que bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle á un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros y tantos dineros quanta fama, y para confirmacion desto, quiero que en tu buen donaire y gracia le cuentes este cuento:

  Había en Sevilla un loco, que dio en el mas gracioso disparate y tema, que dió loco en el mundo.

             Y fué que hizo un cañuto de caña puntiagudo en el fin , y en cogiendo algun perro en la calle, ó en qualquiera otra parte, con el un pie le cogía el suyo, y el otro le alzaba con la mano, y como mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte, que soplándole, le ponía redondo como una pelota, y en teniéndolo desta suerte, le daba dos palmaditas en la barriga, y le soltaba, diciendo á los circunstantes, (que siempre eran muchos) : pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro: pensará Vm. ahora que es poco trabajo hacer un libro.

            Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, este, que tambien es de loco y de perro.

            Había en Córdoba otro loco, que tenia por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, ó un canto no muy liviano, y en topando algun perro descuidado, se le ponía junto y á plomo dexaba caer sobre él el peso.         

        Amohinábase el perro, y dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió pues, que entre los perros que descargó la carga fué uno un perro de un bonetero, á quien quería mucho su dueño.

       Baxó el canto, dióle en la cabeza, alzó el grito el molido perro, viólo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir y salió al loco y no le dexó hueso sano; y cada palo que le daba decía: perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿no viste cruel, que era podenco mi perro? y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña .

            Escarmentó el loco, y retiróse, y en mas de un mes no salió á la plaza ; al cabo del qual tiempo volvió con su invención y con mas carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer, ni atreverse á descargar la piedra, decía: este es podenco: guarda .

            En efeto, todos quantos perros topaba, aunque fuesen alanos, ó gozques , decia que eran podencos, y asi no soltó mas el canto.

            Quizá de esta suerte le podrá acontecer á este historiador, que no se atreverá á soltar mas la presa de su ingenio en libros, que en siendo malos, son mas duros que las peñas.

 VIVA EL GRAN CONDE DE LEMOS.

           Dile también que de la amenaza que me hace que me ha de quitar la ganancia con su libro , no se me da un ardite, que, acomodándome al entremes famoso de la Perendenga, le respondo que me viva el Veintiquatro mi señor , y Christo con todos: viva el gran Conde de Lémos, cuya christiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna, me tiene en pie, y vívame la suma caridad del Ilustrísimo de Toledo, Don Bernardo de Sandoval y Róxas, y siquiera no haya emprentas en el mundo, y siquiera se impriman contra mí mas libros que tienen letras las coplas de Mingo Revulgo .

            Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mia, ni otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado á su cargo el hacerme merced y favorecerme, en lo que me tengo por mas dichoso y mas rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre.

            La honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso: la pobreza puede anublar á la nobleza, pero no escurecerla del todo: pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene á ser estimada de los altos y nobles espíritus, y por el consiguiente, favorecida: y no le digas mas, ni yo quiero decirte mas a ti, sino advertirte, que consideres que esta segunda parte de Don Quixote, que te ofrezco, es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy á Don Quixote dilatado, y finalmente muerto y sepultado , porque ninguno se atreva á levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados, y basta tambien que un hombre honrado haya dado noticia destas discretas locuras, sin querer de nuevo entrarse en ellas: que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía , aun de las malas, se estima en algo.

            Olvidábaseme de decirte que esperes el Persiles, que ya estoy acabando, y la segunda parte de Galatea.

4.-COMENTARIO.

            En el prólogo, a esta segunda parte, encontramos a través de todo él:

            1.-a) una autodefensa de las acusaciones vertidas contra Cervantes. b) plena de comedimiento que, c) a la vez se convierte en acusación de sus enemigos literarios.

             2.- El agradecimiento a quienes le apoyan en su tarea como escritor.

            3.- Termina cerrando la posibilidad de una tercera parte del Quijote.

  1. a) La mayor parte de la acusaciones parecen provenir del falso Avellaneda.: «Como casi es comedia la historia de Don Quijote de la Mancha» ,dice como de entrada, y en pocas líneas se deshace en insultos a Cervantes: viejo, manco, orgulloso, deslenguado…, y sin cambiar de página le acusa de haber ofendido a dos personas: a quien escribe «y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras». La alusión a Lópe de Vega es clara.( Avellaneda Prólogo Pags 8-12).

        Cervantes afirma que lo acusa también de envidioso y tacaño, porque le va a quitar ingresos por su obra, y de que sus novelas no tienen nada de ejemplares.

  1. b) La respuesta de Cervantes a estas acusaciones es muy comedida: «Paréceme que me dices, que ando muy limitado, y que me contengo mucho en los términos de mi modestia» y además: «y con quanta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre ó quier plebeyo , este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios» y sigue «Pues en verdad que no te he de dar este contento…».

  CERVANTES CARGANDO UN ARCABUD EN LEPANTO.

          Manifiesta abiertamente que ha sentido dos de los insultos, el llamarle viejo y manco, graciosamente y con orgulo le dice: «como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, ó si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros» teniendo a gala el haber perdido su brazo en la batalla de Lepanto.

            La acusación de que sus novelas no tienen nada de ejemplares, la convierte Cervantes en alabanza: «Pero en efecto le agradezco á este señor autor el decir que mis Novelas son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas, y no lo pudieran ser si no tuvieran de todo».

            Lo mismo hace con la acusación de envidia que le ha llevado a hablar mal de una familiar del Santo Oficio: «He sentido tambien que me llame invidioso, y que como a ignorante me describa, que cosa sea la invidia, que en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada: y siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio, y si él lo dixo por quien parece que lo dixo, engañóse de todo en todo, que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa».

         

  La referencia a Lope de Vega es directa. Por esas fechas el Fénix de los Ingenios ya se había ordenado de sacerdote, en concreto el 1614. Esto le da pie para afirmar que admira «su ocupación continua y virtuosa».

            En realidad más de continua que de virtuosa, pues Lope siguió con su desordenada vida también después de ordenado sacerdote.

  1. c) Ataca el anonimato del autor: «que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa Majestad».

            Después sirviéndose de dos cuentecitos de perros le dice a Avellaneda, con el primero, que ha malgastado su tiempo ocupándose de un asunto que ya había sido tratado por el autor de la primera parte del Quijote y que no hacia falta «inflar más el perro», y con el segundo: «Quizá de esta suerte le podrá acontecer á este historiador, que no se atreverá á soltar más la presa de su ingenio en libros, que en siendo malos, son más duros que las peñas».

            2El agradecimiento al Conde de Lemos no puede ser más elocuente, también, aunque menos, al Cardenal Arzobispo de Toledo, tio del Duque de Lerma.

           3.-Cierra la puerta a una posible tercera parte con estas palabras: «ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quixote, que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy á Don Quixote dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva á levantarle nuevos testimonios».

            Terminamos con unas palabras de Antonio Millán referidas al Quijote apócrifo:

            «Al lector desprejuiciado y curioso (el lector por antonomasia) que se acerque a esta obra le espera una sorpresa. Desde las primeras páginas se verá ante una obra bien escrita, muy divertida, desvergonzada… y asombrosamente respetuosa con la de Cervantes.

            Respetuosa porque es perfectamente coherente con el hilo argumental de la primera entrega, y hace un buen ejercicio de continuación.

            Si prescindimos del prólogo y de una alusión a los cuernos de Cervantes (IV), nos encontramos con un libro que no pretende en absoluto molestar, sino continuar. Si un improbable hallazgo documental demostrara que Lope (o un partidario suyo) había encontrado ya escrita una continuación del Quijote, sin especial animus iniuriandi contra Cervantes, y se había limitado a ponerle un prólogo y a hacer una interpolación menor, nos lo creeríamos inmediatamente.

            El Quijote apócrifo es la obra de un autor a quien lo que más le interesa es escribir como Cervantes (…o tal vez escribir lo que Cervantes). La sutura de la obra avellanedesca con la Primera parte del Quijote es una constante». (Cf. El Quijote apócrifo. Prólogo al lector. Jose Antonio Millán Ed. Poliedro, Barcelona 2005).

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 elcuradellugar.

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