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CAPITULO VIII. Donde se cuenta lo que le sucedió á Don Quixote, yendo á ver á su Señora Dulcinea del Toboso.

1.-NÚMERO 96.

2.- LOCALIZACION. Cap 8. Parte II Págs. 60 a 69 T.III

3.-TEXTO.

4.- COMENTARIO.

3.-TEXTO.

             «Bendito sea el poderoso Alá, dice Hamete Benengeli al comienzo deste octavocapítulo: bendito sea Alá, repite tres veces, y dice que da estas bendiciones por ver que tiene ya en campaña á Don Quixote y á Sancho…

           Solos quedáron Don Quixote y Sancho, y apénas se hubo apartado Sanson, quando comenzó á relinchar Rocinante y á sospirar el rucio , que de entràmbos, caballero y escudero, fué tenido á buena señal, y por felicísimo agüero...

              Díxole Don Quijote: Sancho amigo, la noche se nos va entrando á mas andar, y con mas escuridad de la que habíamos menester, para alcanzar á ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea;...

 Pues en verdad, señor, respondió Sancho, que quando yo vi ese sol de la señora Dulcinea del Toboso,…estaba ahechando aquel trigo que dixe..

          ¿Que todavía das, Sancho, dixo Don Quixote, en decir, en pensar, en creer y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaba trigo…? y desta manera debía de ser el de mi Señora, quando tú la viste sino que la envidia que algún mal encantador debe de tener á mis cosas, todas las que me han de dar gusto trueca y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen;…

           ¡Ó envidia , raiz de infinitos males, y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé que de deleyte consigo; pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias...

           .Eso es lo que digo yo tambien, respondió Sancho...pues á fé de bueno, que no he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco; pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa:

y quando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios, y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana , y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los Judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos; pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano, aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren …

            Quiero decir, Sancho, que el deseo de alcanzar fama es activo en gran manera.¿Quien piensas tú que arrojó á Horacio del puente abajo, armado de todas armas, en la profundidad del Tibre ? ¿quien abrasó el brazo y la mano á Mucio? ¿quien impelió á Curcio á lanzarse en la profunda sima ardiente que apareció en la mitad de Roma ? ¿quien, contra todos los agüeros que en contra se le habían mostrado, hizo pasar el Rubicón á César…

          Todas estas, y otras grandes y diferentes hazañas son, fuéron y serán obras de la fama, que los mortales desean como premios, y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen, puesto que los Christianos católicos y andantes caballeros, mas habemos de atender á la gloria de los siglos venideros, que es eterna en las regiones etéreas y celestes, que á la vanidad de la fama... que en fin se ha de acabar con el mismo mundo, que tiene su fin señalado:

  Así , ó Sancho, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene la Religión christiana que profesamos.

      Hemos de matar en los gigantes á la soberbia, á la envidia en la generosidad y buen pecho, á la ira en el reposado continente y quietud del ánimo, á la gula y al sueño en el poco comer que comemos, y en el mucho velar que velamos, á la injuria y lascivia en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos, á la pereza con andar por todas las partes del mundo buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan sobre Christianos, famosos caballeros.

           Ves aquí , Sancho, los medios por donde se alcanzan los extremos de alabanzas, que consigo trae la buena fama....

          Dígame, prosiguió Sancho, ¿esos Julios ó Agostos, y todos esos caballeros hazañosos que ha dicho, que ya son muertos, donde estan agora?

            Los Gentiles, respondió Don Quixote, sin duda están en el infierno, los Christianos si fueron buenos christianos, ó están en el purgatorio, ó en el cielo.

 Está bien, dixo Sancho, pero sepamos ahora ¿esas sepulturas, donde estan los cuerpos desos señorazos, tienen delante de sí lamparas de plata, ó están adornadas las paredes de sus capillas, de muletas, mortajas, cabelleras, de piernas y ojos de cera? y si desto no ¿de que están adornadas?..

            À lo que respondió Don Quixote: los sepulcros de los gentiles…ninguna de sus sepulturas …se adornaron con mortajas, ni con otras ofrendas y señales que mostrasen ser Santos, los que en ellas estaban sepultados.

           Á eso voy yo, replicó Sancho, y dígame ahora ¿ qual es mas, resucitar á un muerto, ó matar á un gigante ?

            La respuesta está en la mano, respondió Don Quixote, más es resucitar á un muerto.

          Cogido le tengo, dixo Sancho, luego la fama del que resucita muertos, da vista á los ciegos…mejor fama será para este y para el otro siglo, que las que dexaron y dexarán quantos Emperadores y caballeros andantes ha habido en el mundo.

             Tambien confieso esa verdad, respondió Don Quixote. Pues esta fama, estas gracias, estas prerrogativas, como llaman á esto, respondió Sancho, tienen los cuerpos y las reliquias de los Santos, que con aprobación y licencia de nuestra santa Madre Iglesia tienen lámparas, velas, mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos, piernas, con que aumentan la devocion y engrandecen su cristiana fama.

             Los cuerpos de los Santos, ó sus reliquias, llevan los reyes sobre sus hombros, besan los pedazos de sus huesos, adornan y enriquecen con ellos sus oratorios y sus mas preciados altares.¿ Que quieres que infiera, Sancho, de todo lo que has dicho? dixo Don Quixote.

 Quiero decir, respondió Sancho, que nos demos á ser Santos, y alcanzarémos  mas brevemente la fama que pretendemos y advierta , señor.

               Ayer ó antes de ayer (que segun ha poco se puede decir de esta manera, ) canonizáron, ó beatificaron dos fraylecitos descalzos, cuyas cadenas de hierro con que ceñian y atormentaban sus cuerpos, se tiene ahora á gran ventura el besarlas y tocarlas...Así que señor mio, mas vale ser humilde fraylecito de qualquier orden que sea, que valiente andante caballero, mas alcanzan con Dios, dos docenas de disciplinas, que dos mil lanzadas, ora las dén á gigantes, ora á vestiglos,ó á endriagos.

           Todo eso es así, respondió Don Quixte; pero no todos podemos ser frayles, y muchos son los caminos por donde lleva Dios á los suyos al cielo: religión es la caballeria, caballeros Santos hay en la gloria..

            Sí, respondió Sancho pero yo he oído decir que hay mas frailes en el cielo que caballeros andantes. Eso es, respondió Don Quixote, porque es mayor el número de los religiosos que el de los caballeros.”

4.-COMENTARIO.

             La creencia en agüeros provenía de la antigüedad y caló también entre los cristianos, el mismo Don Quijote va a hablar de que «esto que el vulgo suele llamar comunmente agüeros que no se fundan en la razon…» (cf. cap. 58 pág. 205 parte II ) y en Nº 191 dice: «Dándome á entender que eran tontos todos aquellos christianos que miraban en agúeros».

           Los buenos agüeros de los que habla Sancho en esta ocasión son los que llama «suspiros» del rucio que no eran otra cosa que los pedos del mismo, camino del Toboso, donde Don Quijote desea antes de dar comienzo a sus aventuras, recibir la bendición de Dulcinea, caballero y escudero van mantener una interesantísima conversación cargada de alusiones religiosas; la primera es la que hace referencia al pecado de la envidia, que era un lugar común en la época por la larga tradición de sentencias en su contra, algunas de las cuales Cervantes, sin duda conoce:

           Así como la polilla arruina la ropa, de la misma manera la envidia consume al hombre. (SanJuan Crisóstomo)

            La envidia es la fiera que arruina la confianza, disipa la concordia, destruye la justicia yengorda toda clase de males. (San Agustín).

            La envidida se traduce en grandes molestias corporales: palidez lívida, consunción, ojos hundidos, aspecto torvo y degenerado. (Luis Vives).

            Si hay algún hombre que sea bueno, es envidiado, y si es malo, es envidioso. Así que con el vicio nacional de la envidia , o la perseguimos o somos perseguidos. (Fray Antonio de Guevara).

            Si todo el mundo llevara escritas en la frente sus angustias, muchos que nos causan envidia nos darían lástima. (Pietro Metastasio).

            La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come. (Francisco de Quevedo).

            Lo peor es que el veneno de la envidia se engendra en los pechos de los que nos son másamigos. (Sebastian de Covarrubias).

            Si hay algún hombre que sea bueno, es envidiado, y si es malo, es envidioso. Asi que con el vicio nacional de la envidia, o la perseguimos o somos perseguidos. ( Fray Antonio de Guevara).

           Si todo el mundo llevara escritas en la frente sus angustias, muchos que nos causan envidianos darian lástima. (Pietro Metastasio).

EL PASEO DE LA FAMA EN NUEVA YORD.

           Sancho no se cree haya dado motivos para que ningún encantador le persiga envidioso, quitándole la fama, lo que le da ocasión para hacer una expresa confesión de fe católica, apostólica y romana, mostrando que no le importa nada lo que de él puedan decir.

            Don Quijote, no está de acuerdo con eso, pues la buena fama «es un gran premio que todos los mortales desean», aunque la que debe buscar y perseguir un cristiano es aquella que acaba en la vida eterna, por lo que todas las acciones que lleven ellos de aquí en adelante «no se han de salir del límite que nos tiene la Religión Christiana que profesamos».

            Hace una enumeración de virtudes que es un programa de santidad laica. De esta forma el autor adelanta el alcance que las aventuras del caballero van a tener en esta segunda parte, y en concreto la respuesta a la dificultad que Sancho le va a poner con un argumento lleno de suspense, que hace que Don Quijote termine por decirle sobre que «quiere inferir de todo eso».

             Como se ve por el texto, a la conclusión a la que quiere llegar Sancho es que lo mejor y más lógico es que en vez de darse a buscar aventuras, ambos se entreguen a ser santos, como hacen los frailes y religiosos.

  Don Quijote muestra su conformidad con Sancho, pero proclama una verdad muy importante: que la santidad no es sólo para los religiosos sino que debe ser un objetivo común a todo cristiano y a todas las profesiones y entre ellas a la del caballero andante.

            El tema de la vocación y llamada universal a la santidad era una de las características propias de la espiritualidad española del siglo XVI, se atribuía esto a Erasmo y a Lutero. En realidad fueron los místicos medievales quienes comenzaron a poner la perfección en la voluntad, en el deseo, afecto y amor, que están al alcance de todos, y no en el entendimiento y cultivo de las letras limitado a pocas personas. Este movimiento se hace cada vez más común a partir de 1500.

          Los principales propulsores de esta universalización fueron los franciscanos y la combatieron, sobre todo, algunos dominicos como Melchor Cano, Cuevas y el mismo Fray Luis de Granada, como peligrosa. (Cf. Melquiades Andrés O.C. T.II. pág 120).

             En el diálogo entre Don Quijote y Sancho salen otras alusiones religiosas: la creencia en el purgatorio, en el infierno, la bondad del culto a los santos, a las reliquias, las ofrendas de velas, lámparas etc. etc., su bondad ya la había sancionado el Concilio de Trento.

          ¿Está Cervantes con esa enumeración tan detallada de actos externos, haciendo una crítica velada a todo ese culto exterior en línea con el eramismo?

           No han faltado quienes así lo hayan visto, aunque la crítica a lo puramente exterior no es exclusiva del eramismo, sino de esa que Melquiades Andrés ha denominado espiritualidad común del siglo XVI en España, defendida por recogidos, alumbrados y eramistas, a la que hemos hecho alusión varias veces.

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elcuradellugar.

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