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CAPÍTULO XVII.De donde se declaró el último punto y extremo, adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de Don Quixote, con la felicemente acabada aventura de los leones.

1.-NÚMERO 110.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.17, Parte II. Pág.137,ssT.III

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

EL RICO REQUESÓN.

3.-TEXTO.

 » Cuenta la historia que quando Don Quixote daba voces á Sancho que le truxese el yelmo, estaba él comprando unos requesones que los pastores le vendían y, acosado de la mucha priesa de su amo, no supo que hacer dellos, ni en que traerlos, y por no perderlos, que ya los tenia pagados, acordó de echarlos en la celada de su señor, y con este buen recado volvió á ver lo que le quería; el qual, en llegando, le dixo: Dame, amigo, esa celada, que ó yo sé poco de aventuras ó lo que allí descubro es alguna que me ha de necesitar y me necesita á tomar mis armas…

Y volviéndose á Sancho, le pidió la celada, el qual como no tuvo lugar de sacar los requesones, le fué forzoso dársela como estaba. Tomóla Don Quixote, y sin que echase de ver lo que dentro venía, con toda priesa se la encaxó en la cabeza: y como los requesones se apretáron y exprimiéron, comenzó á correr el suero por todo el rostro y barbas de Don Quixote, de lo que recibió tal susto, que dixo á Sancho: que será esto, Sancho, que parece que se me ablandan los cascos ó se me derriten los sesos, ó que sudo de los pies a la cabeza? Y si es que sudo, en verdad que no es de miedo: sin duda creo que es terrible la aventura que agora quiere sucederme: dame si tienes con que me limpie, que el copioso sudor me ciega los ojos.

Calló Sancho, y dióle un paño, y dió con el gracias á Dios, de que su señor no hubiese caido en el caso. Limpióse Don Quixote, y quitóse la celada, y viendo aquellas gachas blandas dentro de la celada , las llegó á las narices, y en oliéndolas, dixo:…que son requesones lo que aquí me has puesto, traidor, vergante y mal mirado escudero.

EL DIABLO NO COME REQUESONES.

Á lo que con gran flema y disimulación respondió Sancho: si son requesones, démelos vuestra merced, que yo me los comeré, pero cómalos el diablo, que debió ser quien ahí los puso…A la fe , señor, á lo que Dios me da á entender , tambien debo tener encantadores que me persiguen como á hechura y miembro de vuestra merced

Todo puede ser,dixo Don Quixote…Ahora, venga lo que viniere, que aquí estoy con ánimo de tomarme con el mesmo Satanás en persona...

Llegó en esto el carro de las banderas…Púsose Don Quixote delante y dixo: ¿adonde vais, hermanos? ¿que carro es este? ¿que llevais en él y que banderas son aquestas?

Á lo que respondió el carretero: el carro es mío, lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el General de Orán envía á la Corte, presentados á Su Magestad, las banderas son del Rey nuestro Señor, en señal que aquí va cosa suya..

A lo que dixo Don Quixote, sonriéndose un poco ¿leoncitos á mí? ¿á mí leoncitos, y á tales horas ? pues por Dios que han de ver esos señores, que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones.

Apeaos, buen hombre, y pues sois el leonero, abrid esas jaulas y echadme esas bestias fuera, que en mitad desta campaña les daré á conocer quien es Don Quixote de la Mancha, á despecho y pesar de los encantadores que á mí los envían.

Ta, ta dixo á esta sazón entre sí el hidalgo, dado ha señal de quien es nuestro buen caballero: los requesones sin duda le han ablandado los cascos y madurado los sesos.

Llegóse en esto a él Sancho y díxole: señor, por quien Dios es, que vuesa merced haga de manera que mi señor Don Quixote no se tome con estos leones, que si se toma, aquí nos han de hacer pedazos á todos.

¿ Pues tan loco es vuestro amo, respondió el hidalgo?…Y llegándose á Don Quixote, que estaba dando priesa al leonero que abriese las jaulas, le dixo: señor caballero, los caballeros andantes han de acometer las aventuras que prometen esperanza de salir bien dellas , y no aquellas que de todo en todo la quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, mas tiene de locura que de fortaleza .

Váyase vuesa merced, señor hidalgo, respondió Don Quijote, á entender con su perdigón manso y con su hurón atrevido, y dexe á cada uno hacer su oficio. Este es el mío, y yo sé si vienen á mí ó no estos señores leones: y volviéndose al leonero, le dixo: voto á tal, don bellaco, que si no abrís luego luego las jaulas, que con esta lanza os he de coser con el carro.

DON QUIJOTE DISPUESTO PARA LA PELEA.

El carretero, que vió la determinación de aquella armada fantasma , le dixo: señor mío, vuestra merced sea servido, por caridad, de dexarme desuncir las mulas, y ponerme en salvo con ellas ántes que se desenvainen los leones.

Ó hombre de poca fe respondió Don Quixote, apéate y desunce y haz lo que quisieres,…Otra vez le persuadió el hidalgo, que no hicese locura semejante, que era tentar á Dios acometer tal disparate, á lo que respondió Don Quixote que él sabía lo que hacía…y desenvainando la espada, paso ante paso , con maravilloso denuedo y corazon valiente se fué á poner delante del carro, encomendándose á Dios de todo corazón y luego á su Señora Dulcinea...visto el leonero ya puesto en postura á Don Quixote,…abrió de par en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león,.. lo primero que hizo fué revolverse en la jaula donde venía echado y tender la garra y desperezarse todo, abrió luego la boca y bostezó muy despacio,…

Hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró á todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademan para poner espanto a la misma temeridad. Solo Don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él á las manos, entre las quales pensaba hacerle pedazos…

Hasta aquí llegó el extremo de su jamas vista locura; pero el generoso león,…no haciendo caso de niñerías ni de bravatas,…volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes á Don Quixote, y con gran flema y remanso se volvió á echar en la jaula …

SE ECHÓ ¿ ASUSTADO O DESPRECIATIVO ?

Cierra, amigo, la puerta, (dixo Don Quixote al leonero) y dame por testimonio en la mejor forma que pudieres lo que aquí me has visto hacer , conviene á saber: como tú abriste al león, yo le esperé, él no salió, volvíle á esperar, volvió á no salir y volvióse á acostar. No debo más, y encantos afuera, y Dios ayude á la razón, y á la verdad, y á la verdadera caballería, y cierra, como he dicho, en tanto que hago señas á los huidos y ausentes para que sepan de su boca esta hazaña…”

NO TENTARÁS AL SEÑOR TU DIOS.

4.-COMENTARIO.

Siete veces, es utilizado el nombre de Dios en el texto, unas veces para darle gracias, otras para encomendarse a él, también como expresión para reforzar una petición,.. tal uso nos es de sobra conocido, como nos es el que se hace del diablo que igualmente sale dos veces en el texto.

Sancho le vuelve a recordar que él sigue siendo miembro suyo, lo que debe tener sus consecuencias : «á lo que Dios me da á entender , tambien debo tener encantadores que me persiguen como á hechura y miembro de vuestra merced.».

En otros aspectos hemos visto las razones empleadas para disuadir a Don Quijote de su locura, especialmente por el hidalgo que le habla de que «no se puede tentar a Dios,» como le dijo Jesús al diablo cuando le invitó a que se tirarara desde el `pináculo del templo: «no tentarás al Señor tu Dioso cuando le advierte el mismo hidalgo que la temeridad no es virtud, en cambio si lo es el dominio de si, cuando lo que se intenta se ve no tiene salida, porque entonces está actuando la virtud de la templanza: «los caballeros andantes han de acometer las aventuras que prome- ten esperanza de salir bien dellas , y no aquellas que de todo en todo la quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, mas tiene de locura que de fortaleza «.

         A todo responde Don Quijote que él no puede dejar de realizar «su oficio,»y»encomendándose á Dios de todo corazón y luego á su Señora Dulcinea…» subraya el luego.

Utilizando el dicho del Señor ( Mateo 14, 31) llama al leonero « Ó hombre de poca fe». Acabada la « hazaña» se reafirma en que ha cumplido su misión y termina suplicándole a Dios que ayude» á la razon, á la verdad y á la verdadera caballeria,» frase plena de sentido si se entiende en su literalidad.

Al final le pide al leonero que le dé un testimonio , un aval, de lo que aquí ha visto hacer. Diciendo sea llamado de aquí en adelante: Caballero de los Leones.

¿ Cuál sería el destino de estos leones ? A este respecto se puede reseñar, como curiosidad que el epigrafista Nikolaus Mamer nos habla de cinco inscripciones que halló en Barcelona , de las cuales dos estaban próximas al lugar ubi leones stabulantur (CIL II 4498. 4545), es decir, cerca de la «devallada dels lleons» (hoy calle de Ataulf), donde en vida de la reina Leonor, esposa de Pedro IV (1319-1387), se levantó un jardín de plantas y con animales salvajes y exóticos entre los cuales había leones, animales de los cuales todavía parece haber habido ejemplares, en dicho lugar, en época de Mameranus.

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elcuradellugar.

 

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