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CUEVA DE MONTESINOS EN LAS LAGUNAS DE RUIDERA.

Capitulo XXIII.De las admirables cosas que el extremado Don Quixote contó, que habia visto en la profunda cueva de Montesínos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa.

1.-NUMERO 118.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 23. Parte II. págs. 197 a 208. T.III

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

ENTRADA DE LA CUEVA DE MONTESINOS EN LAS LAGUNAS DE RUIDERA.

 3.-TEXTO.

“Las quatro de la tarde serian, quando el sol,… dió lugar á Don Quixote para que sin calor y pesadumbre contase á sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto, y comenzó en el modo siguiente: Á obra de doce, ó catorce estados de la profundidad desta mazmorra, á la derecha mano se hace una concavidad y espacio, capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas…determiné entrarme en ella y descansar un poco….de repente y sin procu- rarlo me salteó un sueño profundísimo, y quando ménos lo pensaba, sin saber como, ni como no, desperté dél, y me hallé en la mitad del mas bello, ameno y deleytoso prado, que puede criar la naturaleza, ni imaginar la mas discreta imaginación humana

Ofrecióseme luego á la vista un Real, y suntuoso Palacio, ó Alcázar, … y hácia mí se venía un venerable anciano,… Llegóse á mí, y lo primero que hizo fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: luengos tiempos ha, valero- so caballero Don Quixote de la Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados, esperamos verte, para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos:...porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre… el venerable Montesinos me metió en el cristalino Palacio,

SEPULCRO DE LA CUEVA DE MONTESINOS.

donde en una sala baxa, fresquísima sobre modo y toda de alabastro estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre el qual vi á un caballero tendido de largo á largo, … de pura carne y de puros huesos… y antes que preguntase nada á Montesinos,… me dixo: este es mi amigo Durandarte, flor y espejo de los caballeros enamorados y valientes de su tiempo; tiénele aquí encantado, como me tiene á mí y á otros muchos y muchas, Merlín, aquel Frances encantador que dicen que fué hijo del diablo, y lo que yo creo es, que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un punto mas que el diablo ....

Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, dixo:

Ó mi primo Montesinos, /lo postrero que os rogaba, /que quando yo fuere muerto/y mi ánima arrancada,/que lleveis mi corazon á donde Belerma estaba, /sacándomele del pecho,/ya con puñal, ya con daga.

Oyendo lo qual el venerable Montesinos, se puso de rodillas ante el lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos, le dixo: ya, señor Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el aciago día de nuestra pérdida: yo os saqué el corazon lo mejor que pude,… yo partí con él de carrera para Francia, …

Y por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo de Roncesvalles eché un poco de sal en vuestro corazon, porque no oliese mal y fuese, si no fresco, á lo menos amojamado á la presencia de la señora Belerma, la qual con vos y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera, y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años, y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las quales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas

LAGUNAS DE RUIDERA. ALBACETE. ESPAÑA.

las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera ;…. y esto que agora os digo, ó primo mío, os lo he dicho muchas veces, y como no me respondeis, imagino que no me dais crédito, ó no me ois, de lo que yo recibo tanta pena qual Dios lo sabe...

Sabed que teneis aquí en vuestra presencia, (y abrid los ojos y vereislo) aquel gran caballero, de quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio Merlín, aquel Don Quixote de la Mancha, …

Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos, acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos.

Volví la cabeza, y vi por las paredes de cristal, que por otra sala pasaba una procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, ...

Al cabo y fin de las hileras venía una Señora, que en la gravedad lo parecia, asimismo vestida de negro, con tocas blancas, tan tendidas y largas, que besaban la tierra.

Díxome Montesinos, como toda aquella gente de la procesión eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, …y que la última, que traia el corazon entre el lienzo y en las manos, era la Señora Belerma, la qual con sus doncellas quatro días en la semana hacían aquella procesion, y cantaban, ó por mejor decir, lloraban endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazon de su primo:..y no toma ocasion su amarillez y sus ojeras de estar con el mal mensil, ordinario en las mugeres, porque ha muchos meses y aun años, que no le tiene ni asoma por sus puertas, sino del dolor que siente su corazon por el que de contino tiene en las manos, que le renueva y trae á la memoria la desgracia de su mal logrado amante: que si esto no fuera, apénas la igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso, tan celebrada en todos estos contornos, y aun en todo el mundo.

Cepos quedos, dixe yo entónces, señor Don Montesinos, cuente vuesa merced su historia como debe, que ya sabe que toda comparación es odiosa, y así no hay para que comparar á nadie con nadie...

Á lo que él me respondió: señor Don Quixote, perdóneme vuesa merced, que yo confieso que anduve mal, y no dixe bien en decir que apénas igualara la Señora Dulcinea á la Señora Belerma,….

Con esta satisfacion que me dió el gran Montesinos, se quietó mi corazon del sobresalto que recebí en oír que á mi Señora la comparaban con Belerma.

Y aun me maravillo yo, dixo Sancho, de como vuestra merced no se subió sobre el vejote, y le molió á coces todos los huesos y le peló las barbas, sin dexarle pelo en ellas.

No, Sancho amigo,respondió Don Quixote, no me estaba á mí bien hacer eso, porque estamos todos obligados á tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros, y principalmente á los que lo son y están encantados...

Á esta sazon dixo el primo: Yo no sé, señor Don Quixote, como vuestra merced en tan poco espacio de tiempo como ha que está allá baxo haya visto tantas cosas, y hablado y respondido tanto.

   PARA MI CUENTA TRES DÍAS HE ESTADO EN AQUELLAS PARTES…       

¿Quanto ha que baxé?, preguntó Don Quixote. Poco mas de una hora, respondió Sancho. Eso no puede ser, replicó Don Quixote, porque allá me anocheció y amaneció y tornó á anochecer y amanecer tres veces, de modo que á mi cuenta tres días he estado en aquellas partes remotas y escondidas á la vista nuestra…

¿Y ha comido vuestra merced en todo este tiempo, señor mío? preguntó el primo. No me he desayunado de bocado, respondió Don Quixote, ni aun he tenido hambre ni por pensamiento.

¿Y los encantados comen?, dixo el primo. No comen, respondió Don Quijote, ni tienen excrementos mayores, aunque es opinion que les crecen las uñas, las barbas y los cabellos.

¿Y duermen por ventura los encantados, señor? preguntó Sancho. No, por cierto, respondió Don Quixote aloménos, en estos tres días que yo he estado con ellos, ninguno ha pegado el ojo , ni yo tampoco.

Aquí encaxa bien el refrán, dixo Sancho, de, dime con quién andas: decirte he quién eres: ándase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes, mirad si es mucho que ni coma ni duerma miéntras con ellos anduviere; pero perdóneme vuestra merced, señor mío, si le digo que de todo quanto aquí ha dicho, lléveme Dios, que iba á decir el diablo, si le creo cosa alguna.

¿Como no? dixo el primo, pues ¿habia de mentir el señor Don Quixote, que aunque quisiera, no ha tenido lugar para componer, é imaginar tanto millón de mentiras?

QUE AQUEL MERLIN Ó AQUELLOS ENCANTADORES…

Yo no creo que mi señor miente, respondió Sancho.Si no,¿que crees? le preguntó Don Quixote. Creo, respondió Sancho, que aquel Merlín ó aquellos encantadores … le encaxaron en el magin ó la memoria toda esa máquina que nos ha contado y todo aquello que por contar le queda.

Todo eso pudiera ser, Sancho, replicó Don Quixote, pero no es así, porque lo que he contado lo vi por mis propios ojos y lo toqué con mis mismas manos. Pero que dirás quando te diga yo ahora, como entre otras infinitas cosas y maravillas que me mostró Montesinos, (las quales despacio y á sus tiempos te las iré contando en el discurso de nuestro viaje, por no ser todas deste lugar,)

me mostró tres labradoras que por aquellos amenísimos campos iban saltando y brincando como cabras , y apénas las hube visto, quando conocí ser la una la sin par Dulcinea del Toboso, y las otras dos aquellas mismas labradoras que venían con ella, que hallamos á la salida del Toboso.

Pregunté á Montesinos si las conocía, respondióme que no, pero que él imaginaba que debían de ser algunas Señoras principales encantadas, que pocos días habia que en aquellos prados habían pare-cido, y que no me maravillase desto, porque allí estaban otras muchas Señoras de los pasados y presentes siglos, encantadas en diferentes y extrañas figuras,…

Quando Sancho Panza oyó decir esto á su amo, pensó perder el juicio, ó morirse de risa, que como él sabía la verdad del fingido encanto de Dulcinea, de quien él había sido el encantador, y el levantador de tal testimonio, acabó de conocer indubitablemente que su señor estaba fuera de juicio, y loco de todo punto, y así le dixo: en mala coyuntura, y en peor sazon, y en aciago día baxó vuestra merced, caro patron mío, al otro mundo, y en mal punto se encontró con el señor Montesinos, que tal nos le ha vuelto.

           Bien se estaba vuestra merced acá arriba con su entero juicio, tal qual Dios se le habia dado, hablando sentencias, y dando consejos á cada paso, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse…. Pero dígame vuestra merced, ahora que estamos en paz: ¿como ó en que conoció á la señora nuestra ama? y si la habló, ¿que dixo, y que le respondió?Conocíla, respondió Don Quixote, en que trae los mesmos vestidos que traía cuando tú me la mostraste..

.¡Ó santo Dios! dixo á este tiempo dando una gran voz Sancho: ¡es posible que tal hay el buen juicio de mi señor en una tan disparatada locura! Ó señor, señor, por quien Dios es, que vuestra merced mire por sí, y vuelva por su honra, y no dé crédito á esas vaciedades que le tienen menguado y descabalado el sentido»

DESCENSO DE JESÚS A LOS INFIERNOS.

4-COMENTARIO.

Poco que decir del capítulo desde el punto de vista religioso. Los subrayados del texto son las únicas referencias seguras, y, o ya nos son conocidas, o no necesitan comentario.

A pesar de lo dicho, leyendo el texto, ha habido momentos en los que se venía al pensamiento el descenso de Jesús a los infiernos donde «los santos padres estaban esperando su santo adveni- miento.» pues, por ejemplo, el párrafo en el que Montesinos dice a Don Quijote: «Llegóse á mí, y lo primero que hizo fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quixote de la Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados esperamos verte,…» podría hacer recordar el texto de una homilia antigua sobre el grande y santo Sábado en la que se narra el descenso del Señor al abismo:

« Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormian desde antiguo…Va a buscar a nuestro primer padre…quiere visitar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento exclama y dice a todos: Mi Señor esté con todos…Y tomándolo de la mano, lo levanta y dice: A ti te mando: despierta tu que duermes, pues no te creé para que permanecieras cautivo en el abismo...»( PG.439-451. 462-463 ) Otros textos, por ejemplo:»

Á esta sazon dixo el primo: Yo no sé, señor Don Quixote, como vuestra merced en tan poco espacio de tiempo como ha que está allá bajo haya visto tantas cosas, y hablado y respondido tanto.

¿Cuanto ha que baxé?, preguntó Don Quixote. Poco mas de una hora, respondió Sancho.Eso no puede ser, replicó Don Quixote, porque allá me anocheció y amaneció y tornó á anochecer y amanecer tres veces, de modo que á mi cuenta tres días he estado en aquellas partes remotas y escondidas á la vista nuestra.» parecen remitir al tiempo en el que Jesús permaneció dormido en el sepulcro, así como el:»Todo eso pudiera ser, Sancho, replicó Don Quixote, pero no es así, porque lo que he contado lo vi por mis propios ojos y lo toqué con mis mismas manos.» recuerda las palabras de san Juan:“Lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contempla- mos y palparon nuestras manos…» ( 1ª Juan, 1, 1-3); o el párrafo dos veces repetido :»Pero ¿que dirás quando te diga yo ahora como, entre otras infinitas cosas y maravillas que me mostró Montesinos, las quales despacio y á sus tiempos te las iré contando en el discurso de nuestro viaje, por no ser todas deste lugar,. recuerdan al «Muchas otras cosas tengo que deciros, pero por ahora no podéis con ellas…» de Jesús ( Cf. Juan , 20,19-31) etc.

JESÚS ES LLEVADO AL SEPULCOR. MARIA JESÚS MARTINEZ. PARROQUIA DE MIGUELTURRA. CIUDAD REAL. ESPAÑA.

Todo son pues sugerencias, vagas sugerencias, que si se comparan con los datos precisos de que disponemos para la explicación crítica del texto, descubrimos que nos alejan de cualquier interpretación religiosa o bíblica del mismo.Así:

  • La localización de la Cueva ( Nº 117)

-La identificación de Montesinos con un personaje derivación del protagonista del cantar de gesta francés de finales del siglo XII: Aïol et Mirabel.

  • De Merlín, el sabio encantador de las leyendas artúricas; tuvo también fama literaria de

-El tema de la diferente dimensión del tiempo muy estudiado por autores como:Sieber (1971) Ly (1989:74-76) etc., explica los diferentes conceptos del tiempo en Cervantes., con una bibliografía muy completa.

-Una interpretación bíblica nos llevaría a violentarlo haciendo identificaciones impensables de per- sonajes; así Don Quijote con Cristo, Montesinos con Adán, las labradoras con las tres Marias, Merlin con Aaron etc etc.

HOSPEDERIA DE LA PARROQUIA DE LA ASUNCIÓN DE MIGUELTURRA,

Finalmente una referencia al mundo de la ancianidad al hilo de lo que Cervantes pone en labios de Don Quijote: « porque estamos todos obligados á tener respeto a los ancianos, aun-que no sean caballeros,…» Cuando Don Quijote está diciendo esto, la media de vida humana era muy baja: »yo tengo alguna mejoría en mi salud y predico alguna vez como viejo», decia Juan de Avila en una carta a San Francisco de Borja, y aún no habia cumplido los sesenta y cinco años, él llego a los 69.

Pocos de los que en la época lograban saltar la barrera de la media vital, se acercaban a esa edad: Carlos V no rebasó los 58 años, ( 1500-1558), Francisco de Borja vivió 61, ( 1510- 1572), Ignacio de Loyola 65 ( 1541-1556), Teresa de Jesús 67 ( 1515.1582) Fray Luis de Granada 81, San Juan de Dios 55 ( 1495-1550), Erasmo 69, ( 1467-1536) por no citar más que unos cuantos contemporáneos de Cervantes a quienes podíamos considerar longevos.

El renacimiento no fue, sin embargo, una etapa en la que la vejez tuviera una especial aten- ción ni consideración social, más bien diríamos lo contrario; sus limitaciones, no iban con el espí- ritu vitalista de la cultura del tiempo. Unas palabras de Erasmo nos pueden dar la medida de tal consideración:»En principio, ¿quién ignora que la edad más alegre del hombre es con mucho la primera, y que es la más grata a todos …¿En qué difieren de ellos los viejos, a no ser en que éstos están más arrugados y cuentan más años? Por lo demás, en el cabello incoloro, la boca desdenta- da, las pocas fuerzas corporales, la apetencia de la leche, el balbuceo, la garrulería, la falta de seso, el olvido, la irreflexión, y, en suma, en todas las demás cosas, se armonizan. Cuanto más se acerca el hombre a la senectud, tanto más se va asemejando a la infancia, hasta que, al modo de ésta, el viejo emigra sin tedio de ella ni sensación de morir. ( Cf. Erasmo Elógio de la locura, cap. 13)

Los ancianos, desde el punto de vista de la atención social, eran considerados como enfer- mos, mezclándose con ellos, por ejemplo, en la atención que las Órdenes religiosas llamadas Hospitalarias les prestaban.

En la época sobresale en este aspecto la órden fundada por San Juan de Dios, la que, ya antes de finalizar el siglo XVI, contaba con más de 50 centros hospitalarios y de acogida en España e Italia.

SAN JUAN DE DIOS FUNDADOR DE LOS HERMANOS  QUE LLEVAN SU NOMBRE

El siglo XVII es el momento de la primera expansión hacia América siguiendo a las colo- nias españolas y también el inicio de la expansión hacia Europa. Así, nacen centros hospitalarios en Cuba, Cartagena de Índias, Filipinas,Francia,Alemania, Austria, etc.Al finalizar el S XVIII, los Hermanos de San Juan de Dios ya cuentan con 256 centros hospitalarios, entre Europa y América.

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