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CAPITULO XXIV.Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes, como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia.

1.- NÚMERO 119.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.24.Parte II. Pág.212 T.III

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

«… pero quédese esto aquí para otro tiempo mas cómodo, y vamos á buscar adonde recogernos esta noche.

No léjos de aquí, respondió el primo, esta una ermita, donde hace su habitación un ermitaño, que dicen ha sido soldado, y está en opinión de ser un buen christiano, y muy discreto y caritativo ademas.

Junto con la ermita tiene una pequeña casa, que él ha labrado á su costa; pero con todo, aunque chica, es capaz de recibir huéspedes.

¿ Tiene por ventura gallinas el tal ermitaño? preguntó Sancho. Pocos ermitaños están sin ellas , respondió Don Quixote, porque no son los que agora se usan, como aquellos de los desiertos de Egipto, que se vestian de hojas de palma, y comian raices de la tierra. Y no se entienda que por decir bien de aquellos, no lo digo de aquestos, sino que quiero decir, que al rigor y estrecheza de entónces no llegan las penitencias de los de agora; pero no por eso dexan de ser todos buenos, aloménos yo por buenos los juzgo, y quando todo corra turbio, ménos mal hace el hipócrita que se finge bueno, que el público pecador.

DE CAMINO…

Estando en esto, viéron que hácia donde ellos estaban venía un hombre á pie, caminando apriesa y dando varazos á un macho, que venía cargado de lanzas y de alabardas. Quando llegó a ellos, los saludó y pasó de largo.

Don Quixote le dixo: buen hombre, deteneos , que parece que vais con mas diligencia que ese macho ha menester.

No me puedo detener, señor, respondió el hombre, porque las armas que veis que aquí llevo, han de servir mañana, y así me es forzoso el no detenerme, y á Dios. Pero si quisiéredes saber para que las llevo, en la venta que está más arriba de la ermita pienso alojar esta noche, y si es que haceis este mesmo camino, allí me hallaréis, donde os contaré maravillas. Y á Dios otra vez…y de tal manera aguijó el macho, que no tuvo lugar de preguntarle…

Y como él era algo curioso y siempre le fatigaban deseos de saber cosas nuevas, ordenó que al momento se partiesen y fuesen á pasar la noche en la venta, sin tocar en la ermita, donde quisiera el primo que se quedaran.

Con esto dexáron la ermita, y picáron hácia la venta, y á poco trecho topáron un mancebito, que delante dellos iba caminando no con mucha priesa, y así le alcanzáron…

El primero que le habló fué Don Quixote diciéndole: muy á la ligera camina vuesa merced , señor galán ¿y adonde bueno? sepamos, si es que gusta decirlo.

Á lo que el mozo respondió: el caminar tan á la ligera, lo causa el calor y la pobreza, y el adonde voy es á la guerra.

¿Como la pobreza? preguntó Don Quixote, que por el calor bien puede ser.

Señor replicó el mancebo, yo llevo en este envoltorio unos gregüescos de terciopelo, compañeros desta ropilla, si los gasto en el camino, no me podré honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con que comprar otros,…

Y dígame por su vida, amigo, preguntó Don Quixote ¿ es posible que en los años que sirvió no ha podido alcanzar alguna librea?

Dos me han dado, respondió el page; pero así como el que se sale de alguna religión ántes de profesar le quitan el hábito, y le vuelven sus vestidos, así me volvían á mi los mios mis amos, que acabados los negocios á que venían á la Corte se volvian á sus casas, y recogían las libreas…

Notable espilorchería , como dice el italiano, dixo Don Quijote. pero con todo tenga todo eso á felice ventura el haber salido de la Corte con tan buena intención como lleva, porque no hay en la tierra cosa mas honrada que servir á Dios primeramente, y luego á su Rey y Señor natural, especialmente en el servicio de las armas, por las quales se alcanzan , sino mas rique- zas, á lo ménos mas honra que por las letras, como yo tengo dicho muchas veces…Y esto que ahora quiero decir , llévelo en la memoria, que le será de mucho provecho, y alivio de sus trabajos y es, que aparte la imaginación de los sucesos adversos que le podrán venir, que el peor de todos es la muerte, y como esta sea buena, el mejor de todos es el morir.

Preguntáronle á Julio Cesar, aquel valeroso Emperador, qual era la mejor muerte. Respondió, que la impensada, la de repente y no prevista: y aunque respondió como gentil, y ageno del conocimiento del verdadero Dios, con todo eso dixo bien, para ahorrarse el sentimiento humano, que puesto caso que os maten en la primera facción ó refriega, ó ya de un tiro de artillería, ó volado de una mina¿ que importa? Todo es morir y acabóse la obra, y segun Terencio, mas bien parece el soldado muerto en la batalla, que vivo y salvo en la huida , y tanto alcanza de fama el buen soldado quanto tiene de obediencia a sus Capitanes, y á los que mandar le pueden: y advertid, hijo, que al soldado mejor le está el oler á pólvora que á algalia, y que si la vejez os coge en este honroso exercicio, aunque sea lleno de heridas y estropeado, ó coxo, á lo ménos no os podrá coger sin honra, y tal que no os la podrá menoscabar la pobreza, quanto mas que ya se va dando órden como se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados , porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen hacer los que ahorran y dan libertad á sus negros quando ya son viejos y no pueden servir, y echándolos de casa con título de libres, los hacen esclavos de la hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte.

EN LA PUERTA DE LA VENTA.

Y por ahora no os quiero decir mas, sino que subais á las ancas deste mi caballo hasta la venta, y allí cenaréis conmigo, y por la mañana seguiréis el camino, que os le dé Dios tan bueno como vuestros deseos merecen.

El paje no aceptó el convite de las ancas, aunque sí el de cenar con él en la venta, y á esta sazon dicen que dixo Sancho entre sí: válate Dios por señor ¿y es posible que hombre que sabe decir tales, tantas y tan buenas cosas como aquí ha dicho, diga que ha visto los disparates imposibles que cuenta de la cueva de Montesínos?

Ahora bien, ello dirá, y en esto llegáron á la venta, á tiempo que anochecía, y no sin gusto de Sancho, por ver que su señor la juzgó por verdadera venta, y no por castillo, como solía . No hubiéron bien entrado, quando Don Quixote preguntó al ventero por el hombre de las lanzas y alabardas; el qual le respondió que en la caballeriza estaba acomodando el macho. »

INTERIOR DE LO INAUDITO DE LA CUEVA DE MONTESINOS.

COMENTARIO.

El capítulo comienza con una advertencia del traductor en la que afirma su parecer de que lo narrado en el capítulo anterior debe ser apòcrifo, pues le parece increible que las cosas narradas en él sean « contingibles y verisímiles», pero que lo ha traducido, dejando al lector que juzgue de su veracidad.

De este modo Cervantes introduce un nuevo recurso, propio de la novela moderna en la que se encarga al lector la tarea de discernir sobre su credibilidad.

Sigue un diálogo entre Don Quijote y el primo en el que éste le asegura que, su visión en la cueva, le ha proporcionado materia para escribir varios libros; y con «pero quédese esto aquí para otro tiempo mas cómodo, y vamos a buscar adonde recogernos esta nochese inicia el texto que transcribimos.

Los subrayados del texto se centran sobre un hecho que viene de lejos en la Iglesia y que hace referencia a tres realidades muy conectadas entre si pero que son diferentes. San Isidoro dice a este propósito (De ecclesiasticis officiis, cap. 16): Sex autem sunt genera monachorum quorum tria optima. Primum genus est cænobitarum, secundum genus est eremitarum, tertium est anachoretarumSeis son las especies de monjes de los cuales tres son los mejores. El primer género es el de los cenobitas, el segundo el de los eremitas y el tercero el de los anacoretas» Cenobitas,eremitas o ermitaños y anacoretas, son tres nombres que a veces se utilizan de forma indistinta, pero que desde el punto de vista histórico se refiere a tres realidades diversas.

ERMITA DE LA TEBAIDA DE EGIPTO.

Por anacoretas entiende San Isidoro a quienes alejándose del mundo, se marchan al desierto para vivir en una soledad y aislamiento completo, tales son los que en el siglo III y IV se marchaban a la Tebaida, desierto de Egipto, al que se refiere Don Quijote. El popular San Antonio ( nac.251), san Antón, sería uno de los primeros anacoretas.

La absoluta soledad y aislamiento en que vivian los anacaoretas no dejaba de tener sus serios inconvenientes es por lo que muy pronto los anacoretas comenzaron a concentrarse, para seguir viviendo aislados cada uno en su propia «ermita» pero en parajes en los que se reunián varios ermitaños comenzando a romper de esta forma la soledad. San Pacomio ( na. 290) sería el impusor de esta nueva forma de vida en soledad.

A partir del siglo X los eremitorios se configuran como cenobios, se levantan monasterios en los que se vive en común. Muchos de los monasterios conservados o destruidos, incluso iglesias románicas que aun podemos ver, se edifican en eremitorios o sobre pequeñas iglesias prerrománicas, que aparecen en los documentos como monasterios. La mayor parte de ellos son grupos de ermita- ños que regentan una pequeña iglesia o ermita titular, a cuya protección se acogen, bajo la obedien- cia prometida a un superior o abad.

El texto nos habla de una realidad aún viva en el siglo XVI presentándonos un ermitaño que

:» Junto con la ermita tiene una pequeña casa, que él ha labrado a su costa; pero con todo aunque chica, es capaz de recibir huéspedes.» El texto deja entrever la existencia de ermitaños que convivian de manera sospechosamente irregular, con alguna mujer que se encargaba del cuidado de la casa y de la ermita , subrayando que el disimulo era mejor que el público escándalo: y «quando todo corra turbio, ménos mal hace el hipócrita que se finge bueno, que el público pecador

Finalmente el texto nos encamina hacia la venta, donde Don Quijote quiere comprobar « las maravillas» de las que le ha hablado el rápido viajero, con tanta prisa que no ha tenido tiempo más que para despedirse con un doble «a Dios.»

El page que va ligero de ropa, más « por la pobreza» que por el calor, ilustra su situación recurriendo a lo que ocurre en las órdenes religiosas,» pero así como el que se sale de alguna religión ántes de profesar le quitan el hábito, y le vuelven sus vestidosasí le pasaba a él con las libreas, acción que Don Quijote califica de tacañeria, «espilorchería».

Al informar el page a Don Quijote que se dirige a alistarse en la guerra, toma ocasión de darle un conjunto de consejos, no sin antes aludir , de forma breve, a la supremacía de las armas sobre las letras que más largamente habia tratado con anterioridad. ( Cf. Nº 62)

Don Quijote le da al mozo un consejo en el habla que el mayor bien es la muerte: »que el peor de todos es la muerte, y como esta sea buena, el mejor de todos es el morir.» Puede entenderse que de la bondad de la muerte que habla es de orden moral, morir en gracia de Dios.

ASILO PARA SOLDDOS INVALIDOS

Los consejos de Don Quijote permiten a Cervantes mostrar su conocimiento de la vida del soldado y a su vez, descubrirnos dos realidades bastante penosas de su tiempo:La primera, la situación en que quedaban los soldados inválidos cuando llegaban a viejos, por más que alude a que en su tiempo, ya se preveían ciertas acciones para paliar esa situación:

« quanto mas que ya se va dando órden como se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados «

De tal situación se hicieron eco algunos escritores que abogaron por el amparo y el trato que se les debía de dar a estos Soldados Viejos y Estropeados.

Así Luis Vives (1492-1540) en «De Subventiones pauperun».Juan de Mariana (1.536-1623) en « De Rege et Regis Institutione».Juan de Ceballos, en el «Arte real para buen gobierno de los reyes y principes y sus vasallos».Cristobal Pérez de Herrera (1558-1604) en «El amparo de la milicia», proponía la creación de una casa de inválidos así como pensiones para los oficiales y soldados y que los inválidos llevasen como distintivo una banda roja, con flecos de seda, los soldados, y con cabos y flecos de oro, los oficiales.

Reinando Carlos V se crea una Compañía de su Guardia para que pudieran ingresar los inválidos de los Tercios de España; a los inválidos se les admitió en la Compañía Vieja de Alabarderos. Durante su reinado se conoce una Real Cédula, fechada en Madrid el 21 de junio de 1.573, en favor de varios soldados que «por estar viejos, impedidos y enfermos vayan a descansar a sus casas con pleno goce de su paga»

De tiempos de Felipe III se tiene conocimiento de la existencia de Cédulas Reales, una fechada en Madrid el 15 de noviembre de 1.614, establecía que en Chile pudiera haber 30 plazas para soldados inválidos. ( Cf.Página web de la Asociación de Caballeros Inválidos y Mutilados Militares de España.)

La otra situación: «dan libertad á sus negros quando ya son viejos y no pueden servir, y echándolos de casa con título de libres, los hacen esclavos de la hambre,…»

Tras la alusión cervantina, se escondia una triste y dolorosa realidad, paliada, a veces, por las órdenes religiosas hospitalarias.

Las alusiones en las que Dios es nombrado, son conocidas y quedan subrayadas:»servir á Dios primeramente,» «ageno del conocimiento del verdadero Dios,» »que os le dé Dios tan bueno como vuestros deseos merecen.» »válate Dios por señor».

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