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CAPITULO XXVII. Donde se da cuenta quienes eran Maese Pedro y su mono, con el mal suceso que Don Quixote tuvo en la aventura del Rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como tenia pensado.

 1.-NÚMERO 124.

2.-LOCALIZACION. Cap 27. Parte II.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 GINÉS Y EL MONO TITIRITERO.

3.-TEXTO.

 «Entra Cide Hamete, cronista desta grande historia , con estas palabras en este capítulo: juro como católico christiano: á lo que su traductor dice, que el jurar Cide Hamete , como católico christiano, siendo él moro, como sin duda lo era, no quiso decir otra cosa, sino que así como el católico Christiano quando jura, jura ó debe jurar verdad, y decirla en lo que él dixere, así el decía , como si jurara como christiano católico, en lo que queria escribir de Don Quixote, especialmente en decir quien era Maese Pedro, y quien el mono adivino, que traia admirados todos aquellos pueblos con sus adivinanzas.

Dice, pues, que bien se acordará el que hubiere leido la primera parte desta historia, de aquel Ginés de Pasamonte, á quien entre otros galeotes dió libertad Don Quixote en Sierra Morena,…

Este Ginés pues, temeroso de no ser hallado de la justicia,…determinó pasarse al Reyno de Aragón y cubrirse el ojo izquierdo, acomodándose al oficio de titerero, que esto, y el jugar de manos lo sabía hacer por extremo…

.         Y volviendo á Don Quixote de la Mancha, digo, que despues de haber salido de la venta determinó de ver primero las riberas del río Ebro, y todos aquellos contornos ántes de entrar en la ciudad de Zaragoza, pues le daba tiempo para todo el mucho que faltaba desde allí á las Justas. Con esta intención siguió su camino…hasta que al tercero, al subir de una loma, oyó un gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuces.

LOS MUCHOS HOMBRES ARMADOS.

Al principio pensó que algún tercio de soldados pasaba por aquella parte, y por verlos picó à Rocinante, y subió la loma arriba, y quando estuvo en la cumbre, vió al pie della, á su parecer, mas de docientos hombres armados de diferentes suertes de armas,…

Baxó del recuesto, y acercóse al esquadron, tanto que distintamente vió las banderas…especialmente una que en un estandarte ó jiron de raso blanco venía, en el qual estaba pintado muy al vivo un asno como un pequeño sardesco,…alrededor dél estaban escritos de letras grandes estos dos versos:

No rebuznáron en balde/ el uno y el otro Alcalde.

 Finalmente conocieron, y supiéron como el pueblo corrido salía á pelear con otro que le corria mas de lo justo, y de lo que se debía á la buena vecindad…Los del esquadron le recogiéron en medio, creyendo que era alguno de los de su parcialidad…

¿UNA GUERRA JUSTA ?

Don Quixote que los vió tan atentos á mirarle,..quiso aprovecharse de aquel silencio, y rompiendo el suyo, alzó la voz y dixo:..No, no, ni Dios lo permita, ó quiera: los varones prudentes, las Repúblicas bien concertadas por quatro cosas han de tomar las armas, y desenvaynar las espadas, y poner á riesgo sus personas, vidas y haciendas.

La primera por defender la Fe católica, la segunda por defender su vida, que es de ley natural y divina, la tercera en defensa de su honra, de su familia, y hacienda, la quarta, en servicio de su Rey en la guerra justa, y si le quisiéramos añadir la quinta ( que se puede contar por la segunda) es en defensa de su patria.

Á estas cinco causas como capitales se pueden agregar algunas otras que sean justas y razonables, y que obliguen á tomar las armas; pero tomarlas por niñerías y por cosas que ántes son de risa y pasatiempo que de afrenta, parece que quien las toma carece de todo razonable discurso,quanto mas, que tomar venganza injusta ( que justa no puede haber alguna que los sea) va derechamente contra la ley santa que profesamos, en la qual se nos manda que hagamos bien á nuestros enemigos, y que amemos á los que nos aborrecen: mandamiento, que aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen ménos de Dios que del mundo, y mas de carne que de espíritu, porque Jesuchristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió ni pudo, ni puede mentir, siendo Legislador nuestro, dixo, que su yugo era suave,y su carga liviana: y así no nos había de mandar cosa que fuera imposible de cumplirla.          

Así que, mis señores, vuesas mercedes están obligados por las leyes divinas y humanas á sosegarse.

El diablo me lleve, dixo á esta sazon Sancho entre si, si este mi amo no es tólogo, y si no lo es, que lo parece como un huevo a otro.»

 4.-COMENTARIO.

El autor comienza el capítulo burlándose de la costumbre de hacer solemnes manifestaciones de fe católica cristiana, avalada con multiples juramentos, a la vez, pone en evidencia, una vez más, la fama de mentirosos de los árabes, desmentida en este caso recurriendo a la veracidad de los católicos cristianos cuando juraban algo.Nótese como se subraya el «católico cristiano» para distinguirlo de los protestantes que así mismos se denominaban unicamente como cristianos.

El final del texto recoge de forma concisa la identificación de Maese Pedro con Ginés de Pasamonte; en el texto íntegro se describe cómo se hizo con el mono, así como la forma de proceder que tenía, informándose antes de llegar a cada pueblo de los acontecimientos y noticias más salientes que luego utilizaba en sus sesiones. Con un « Esto es lo que hay que decir de Maese Pedro, y de su mono» despacha el primer tema que ha enunciado en el título del capítulo.

Es de notar como Cervantes suele sacar moralejas de la mayor parte de los cuentos que narra, en este caso va a aprovechar para señalar cuales son los condiciones de la llamada guerra justa.

La doctrina que expone en el texto está relacionada con la que Francisco de Vitoria habia expicado en la Secunda de India, éste, a su vez, está desarrollando y aplicando a los casos planteados por la conquista de América, la doctrina de Santo Tomás en la Summa Theológica, II, 2, hablando de bello.La doctrina sobre la guerra justa está en estrecha relación, en estos autores, con el derecho a la legítima defensa, de la que toma su justificación básica, asi como las limitaciones que esta legítima defensa tiene.

El texto tiene varias citas de la Sagrada Escritura que afectan a la esencia de la moral, formalmente cristiana, Cervantes se ha ocupado, por ello, de decir que proceden de «Jesucristo, Legislador nuevo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió y que no puede mentir»

La primera de estas doctrinas es la que se refiere al «amor de los enemigos y a los que nos aborrecen» contenida en el llamado Sermón de la Montaña en el que Jesús se muestra como ese nuevo Legislador en el que contrapone su enseñanza a la de la ley antigua : « oisteis que fue dicho…pero yo os digo» ( Cf. Mateo caps 5-6-7); Cervantes subraya la novedad de esta enseñanza advirtiendo de su dificultad, pero recurre a una prueba que nos remite a San Pablo en la que afirma que tal dificultad es para aquellos que carecen del Espíritu de Cristo , asi como a la misma enseñanza de Jesús que, además de afirmar que «mi yugo es llevadero y mi carga ligera,» ( Cf. Mateo 11,30), ha dicho que lo que es «imposible para el hombre es posible para Dios» ( Cf. Mateo cap. 5)

Esta elevada enseñanza que Cervantes pone en labios de Don Quijote, es la que hace exclamar en su interior a Sancho que su amo es un verdadero «tólogo.»

Entre las verdades que Sancho considera teológicas, se encuentra también la de la injusticia de todo tipo de venganza, lo expresa Don Quijote, de forma clara y elegante: «que tomar venganza injusta ( que justa no puede haber alguna que los sea)

La aventura del rebuzno terminó de forma desastrosa, especialmente para Sancho, quien después de escuchar a su amo hablar como un experto teólogo, quiso corroborar sus palabras calificando sus querellas como niñerías, y no sólo eso, sino que ilustró sus palabras mostrando también su habilidad en rebuznar, lo que fue entendido por «los del rebuzno», como una burla,que lo apalearon a su gusto,

Don Quijote que vio como era tratado su escudero salió en su defensa, terminando por recibir tantas piedras y palos como él. Don Quijote salió del lugar a galope, como pudo, «encomendándose de todo corazon á Dios, que de aquel peligro le librase», seguido por el rucio de Sancho, a quien los contendientes colocaron sobre él, desentendiéndose así, de amo y escudero..Pero el enfrentamiento entre los dos pueblos no se llevó a cabo.

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 elcuradellugar.

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