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CAPITULO XXIX. De la famosa aventura del barco encantado

1.-NÚMERO 127.

2.-LOCALIZACION. Cap.29. Parte II.Pág.254-261. T.III

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

EN EL BANCO ENCANTADO.

 3.-TEXTO.

 »Por sus pasos contados y por contar, dos días despues que salieron de la alameda, llegáron Don Quixote y Sancho al río Ebro…

Yendo pues desta manera, se le ofreció á la vista un pequeño barco sin remos, ni otras xarcias algunas, que estaba atado en la orilla á un tronco de un árbol, que en la ribera estaba…has de saber, Sancho, que este barco que aquí está, derechamente y sin poder ser otra cosa en contrario , me está llamando y convidando á que entre en él y vaya en él á dar socorro á algún caballero ó á otra necesitada y principal persona, que debe de estar puesta en alguna grande cuita...y á la mano de Dios que nos guie, que no dexaré embarcarme, si me lo pidieren frayles descalzos.

Pues así es, respondió Sancho, y vuesa merced quiere dar á cada paso en estos, que no sé si llamar disparates, no hay sino obedecer, y baxar la cabeza , atendiendo al refrán: haz lo que tu amo manda, y sientate con él á la mesa; pero con todo esto, por lo que toca al descargo de mi conciencia, quiero advertir á vuesa merced que este tal barco no es de los encantados, sino de algunos de los pescadores deste rio, porque en el se pescan las mejores sabogas del mundo.

LAS SABOGAS EN EL RÍO.

Esto decía miéntras ataba las bestias Sancho, dexándolas á la proteción y amparo de los encantadores, con harto dolor de su ánima. Don Quixote le dixo, que no tuviese pena del desamparo de aquellos animales, que el que los llevaría á ellos por tan longinqüos caminos y regiones, tendría cuenta de sustentarlos…

Ya están atados, replicó Sancho ¿que hemos de hacer ahora? ¿Qué? respondió Don Quixote, santiguarnos y levar ferro, quiero decir, embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado: y dando un salto en él, siguiéndole Sancho, cortó el cordel, y el barco se fué apartando poco á poco de la ribera…

En esto, descubrièron unas grandes aceñas que en la mitad del rio estaban, y apénas las hubo visto Don Quixote, quando con voz alta dixo á Sancho: ves allí, ó amigo, se descubre la ciudad, castillo ó fortaleza donde debe de estar algun caballero oprimido,ó alguna Reyna, Infanta, ó Princesa malparada, para cuyo socorro soy aquí traído. ¿Que diablos de ciudad, fortaleza ó castillo dice vuesa merced señor? dixo Sancho ¿no echa de ver que aquellas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?

Calla, Sancho dixo Don Quixote que aunque parecen aceñas, no lo son, y ya te he dicho, que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural los encantos:…

En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del rio, comenzó á caminar no tan lentamente como hasta allí.

Los molineros de las aceñas, que vieron venir aquel barco por el rio,… daban voces grandes, diciendo: demonios de hombres ¿donde vais, venís desesperados?¿que quereis ahogaros y haceros pedazos en estas ruedas?

No te dixe yo, Sancho, dixo á esta sazon Don Quixote, que habíamos llegado donde he de mostrar á dó llega el valor de mi brazo, mira que de malandrines y follones me salen al encuentro,..y puesto en pie en el barco, con grandes voces comenzó á amenazar á los molineros, diciéndoles: canalla malvada y peor aconsejada, dexad en su libertad y libre albedrio á la persona que en esa vuestra fortaleza, ó prisión teneis oprimida, alta, ó baxa, de qualquiera suerte ó calidad que sea, que yo soy Don Quixote de la Mancha, llamado «el Caballero de los Leones» por otro nombre, á quien está reservada por órden de los altos Cielos el dar fin felice á esta aventura:y diciendo esto echó mano á su espada, y comenzó á esgrimirla en el ayre contra los molineros, los quales oyendo, y no entendiendo aquellas sandeces, se pusieron con sus varas á detener el barco, que ya iba entrando en el raudal y canal de las ruedas.

Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al Cielo le librase de tan manifiesto peligro, como lo hizo por la industria y presteza de los molineros, que oponiéndose con sus palos al barco le detuvieron, pero no de manera que dexasen de trastornar el barco y dar con Don Quixote y con Sancho al traves en el agua ; pero vínole bien á Don Quixote , que sabia nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos veces, y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua, y los sacaron como en peso á entrámbos, allí habia sido Troya para los dos.

Puestos pues en tierra mas mojados que muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las manos juntas y los ojos clavados al cielo, pidió á Dios con una larga y devota plegaria, le librase de allí adelante de los atrevidos deseos y acometimientos de su señor.

Llegáron en esto los pescadores, dueños del barco, á quien habían hecho pedazos las ruedas de las aceñas, y viéndole roto, acometieron á desnudar á Sancho, y á pedir a Don Quixote se lo pagase: el qual con gran sosiego, como si no hubiera pasado nada por él, dixo á los molineros y pescadores que él pagaría el barco de bonísima gana, con condición, que le diesen libre y sin cautela á la persona, ó personas que en aquel su castillo estaban oprimidas.

¿Que personas, ó que castillo dice, respondió uno de los molineros, hombre sin juicio? ¿Quiéreste llevar por ventura las que vienen á moler trigo á estas aceñas?

Basta, dixo entre sí Don Quixote, aquí será predicar en desierto querer reducir á esta canalla à que por ruegos haga virtud alguna: y en esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro dió conmigo al traves: Dios lo remedie, que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras.

Yo no puedo mas, y alzando la voz prosiguió diciendo, y mirando á las aceñas: amigos, qualesquiera que seais, que en esa prisión quedais encerrados, perdonadme, que por mi desgracia, y por la vuestra yo no os puedo sacar de vuestra cuita, para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta aventura.

En diciendo esto, se concertó con los pescadores y pagó por el barco cincuenta reales, que los dió Sancho de muy mala gana, diciendo: A dos barcadas como estas , daremos con todo el caudal al fondo.

Los pescadores y molineros estaban admirados, mirando aquellas dos figuras tan fuera del uso, al pare- cer, de los otros hombres, y no acababan de entender á do se encaminaban las razones y preguntas que Don Quixote les decía, y teniéndolos por locos les dexáron, y se recogieron á sus aceñas, y los pescadores á sus ranchos. Volvieron á sus bestias, y á ser bestias, Don Quixote y Sancho, y este fin tuvo la aventura del encantado barco.»

4.-COMENTARIO.

Desde el comienzo, el texto subraya un hecho al que se aludirá varias veces. Es la idea de que ese barco estaba ahí porque alguien estaba necesitado de su ayuda: »que debe de estar puesta en alguna grande cuita...y á la mano de Dios que nos guie, que no dexaré embarcarme, si me lo pidieren frayles descalzos»

Sancho por el contrario y hasta el final, va a mostrar que éste es uno de los »atrevidos deseos y acometimientos de su señor.» Aunque por obediencia al amo emprende con él la aventura»no hay sino obedecer, y baxar la cabeza , atendiendo al refrán: haz lo que tu amo manda, y sientate con él á la mesa;»

Con esta desavenencia pregunta Sancho y ahora ¿que?: »santiguarnos y levar ferro,» y a poco de levantado el ferro, Don Quijote convirtió las aceñas de los molinos, que en medio del río estaban, en castillo, fortaleza;

Ambos vuelven a dar la misma versión encontrada, Don Quijote que allí «debe de estar algun caballero oprimido,…ó Princesa malparada, para cuyo socorro soy aquí traídoY Sancho con ira mal contenida» »¿Que diablos de ciudad, fortaleza ó castillo dice vuesa merced señor?»

Avistados por los molineros su reacción es acorde con la acción »,demonios de hombres ¿donde vais, venis desesperados?, Don Quijote les informa del motivo de su presencia:» dexad en su libertad y libre albedrio á la persona que en esa vuestra fortaleza, ó prisión teneis oprimida, alta, ó baxa, de qualquiera suerte ó calidad»

 Liberación que para él está reservada«por órden de los altos Cielos el dar fin felice á esta aventura» Don Quijote elegido por Dios y Sancho: »Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al Cielo le librase de tan manifiesto peligro, como lo hizo por la industria y presteza de los molineros». El autor está afirmando que Dios, a veces actúa a través de « causas segundas», en este caso los molineros.

Liberado de ahogarse Sancho « con una larga y devota plegaria,» pide ahora que le libre de los «acometimientos de su señor»

Don Quijote por tercera vez repite la misma cantinela:»que le diesen libre y sin cautela á la persona, ó personas que en aquel su castillo estaban oprimidas.» Condición para que les pague los destrozos del barco, pago que hace, sin que se cumpiera la condición. De nuevo se ve que este Don Quijote no es el de la primera parte, ahora paga lo que destroza, como hizo con los muñecos de Maese Pedro.

Escuchada la respuesta de los molineros llega a la conclusión de que «aquí será predicar en desierto querer reducir á esta canalla à que por ruegos haga virtud alguna « deduciendo, además, de que en este caso se deben haber juntado dos encantadores actuando de forma contraria, olvidando que él desde el principio creyó, que por decisión de los Cielos a él esta reservada esta aventura.

Terminando con una sentencia aplicada al acontecer humano: »Dios lo remedie, que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras.»

Con un «Yo no puedo mas « termina reconociendo su incapacidad, que no deja de comunicar a los necesitados de su ayuda: «yo no os puedo sacar de vuestra cuita,».

La frase «Yo no puedo más» ha sido interpretada de muy variadas maneras, quizá la más lógica sea la más sencilla, interpretándola con un «yo no puedo hacer mas» que encaja con todo el contexto y especialmente con la afirmación de Don Quijote:»yo no os puedo sacar de vuestra cuita, para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta aventura.»

El estado anímico de los protagonistas los expresa el autor bestialmente diciendo: «Volvieron á sus bestias, y á ser bestias,«.

El «y a ser bestias» es una forma de decir que se dejaron dominar por la tristeza, fundándonos en la idea expresada por Sancho, de que las tristezas nos convierten en bestias. ( Cf. Nº.99.)

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