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DIGAMOS :LA CASA DE LOS DUQUES.

CAPITULO XXXI.Que trata de muchas y grandes cosas.

1.-NUMERO 129.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 31, ParteII, pag, 268 a 272, T.III

3.-TEXTO .

4.-COMENTARIO.

A LA MESA CON LOS DUQUES.

 3.-TEXTO.

« Cuenta, pues, la historia que, ántes que á la casa de placer, ó castillo llegasen, se adelantó el Duque y dió orden á todos sus criados del modo que habían de tratar á Don Quixote…y aquel fué el primer dia que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos. Sancho, desamparando al rucio se cosió con la Duquesa y se entró en el castillo, y remordiéndole la conciencia de que dexaba al jumento solo, se llegó a una reverenda dueña, que con otras á recebir á la duquesa había salido, y con voz baxa le dixo: Señora González, ó como es su gracia de vuesa merced…

¿Que es lo que mandáis, hermano? Á lo que respondió Sancho: querría que vuesa merced me la hiciese de salir á la puerta del castillo, donde hallará un asno rucio mio, vuesa merced sea servida de mandarle poner ó ponerle en la caballeriza,…

Si tan discreto es el amo como el mozo, respondió la dueña, medradas estamos. Andad, hermano, mucho de enhoramala para vos y para quien acá os truxo, y tened cuenta con vuestro jumento, que las dueñas desta casa no estamos acostumbradas á semejantes haciendas… guardad vuestras gracias para donde lo parezcan y se os paguen, que de mí no podréis llevar sino una higa.

Aun bien, respondió Sancho, que será bien madura , pues no perderá vuesa merced la quínola de sus años por punto ménos.

Hijo de puta, dixo la dueña, toda ella encendida en cólera,: si soy vieja o no, a Dios daré la cuenta que no á vos, bellaco, harto de ajos, y esto dixo en voz tan alta que lo oyó la Duquesa, y volviendo y viendo a la dueña tan alborotada, y tan encarnizados los ojos, le preguntó que con quien las había….

Por quien Dios es , Sancho, dixo Don Quixote, que te reportes y que no descubras la hilaza de manera que caigan en la cuenta de que eres de villana y grosera tela texido. Mira, pecador de ti, que en tanto mas es tenido el señor, quanto tiene mas honrados y bien nacidos criados , y que una de las ventajas que llevan los principes á los demas hombres, es que se sirven de tan buenos criados como ellos. ¿No adviertes , angustiado de mi, y mal aventurado de mi, que si ven que tú eres un grosero villano, ó un mentecato gracioso, pensarán que yo soy algún echacuervos ó un caballero de mohatra?…y advierte que hemos llegado á parte donde con el favor de Dios y valor de mi brazo, hemos de salir mejorados en tercio y quinto, en fama y en hacienda.

Vistióse Don Quixote, púsose su tahalí con su espada, echóse el mantón de escarlata á cuestas, púsose una montera de raso verde que las doncellas le dieron, y con este adorno salió á la gran sala, ..

La Duquesa y el Duque saliéron á la puerta de la sala á recebirle, y con ellos un grave Eclesiástico destos que gobiernan las casas de los Príncipes, destos que como no nacen Príncipes, no aciertan á enseñar como lo han de ser los que lo son, destos que quieren que la gran- deza de los Grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos, destos que queriendo mostrar á los que ellos gobiernan á ser limitados, les hacen ser miserables. Destos tales digo que debía de ser el grave Religioso que con los Duques salió á recebir á Don Quixote.

Hiciéronse mil corteses comedimientos, y finalmente cogiendo á Don Quixote en medio, se fueron á sentar á la mesa. Convidó el Duque á Don Quixote con la cabecera de la mesa, y aunque él lo rehusó, las importunaciones del Duque fueron tantas, que la hubo de tomar.

El Eclesiástico se sentó frontero, y el Duque y la Duquesa, á los dos lados. Á todo estaba presente Sancho, embobado y atónito de ver la honra que á su señor aquellos Príncipes le hacían, y viendo las muchas ceremonias y ruegos que pasáron entre el Duque y Don Quixote para hacerle sentar á la cabecera de la mesa , dixo: si sus mercedes me dan licencia, les contaré un cuento que pasó en mi pueblo acerca desto de los asientos…

CASA DE DOÑA MENCIA.

Y el cuento que quiero decir es este: convidó á un hidalgo de mi pueblo muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo, que casó con Doña Mencía de Quiñones, que fué hija de Don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago

¿No es verdad todo esto, señor nuestro amo?, dígalo por su vida, porque estos señores no me tengan por algún hablador mentiroso?

Hasta ahora, dixo el Eclesiastico, mas os tengo por hablador, que por mentiroso; pero de aquí adelante no sé por lo que os tendré…

Digo pues señores mios, prosiguió Sancho, que este tal hidalgo, ..convidó á un labrador pobre, pero honrado.

Adelante, hermano, dixo á esta sazon el Religioso, que camino llevais de no parar con vuestro cuento hasta el otro mundo..

A ménos de la mitad pararé, si Dios fuere servido, respondió Sancho: y así digo, que llegando el tal labrador á casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto: y por mas señas dicen que hizo muerte de un Ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo á segar á Tembleque.

Por vida vuestra, hijo, que volvais presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, sino quereis hacer mas exêquias, acabeis vuestro cuento.

Es pues el caso replicó Sancho, que estando los dos para asentarse a la mesa, que parece que ahora los veo mas que nunca.

Gran gusto recebian los Duques del disgusto que mostraba tomar el buen Religioso de la dilación y pausas con que Sancho contaba su cuento, y Don Quixote se estaba consumiendo en cólera y en rabia.

Digo así, dixo Sancho, que estando como he dicho, los dos para sentarse á la mesa, el labrador porfiaba con el hidalgo, que tomase la cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaba tambien, que el labrador la tomase, porque en su casa se había de hacer lo que él mandase; pero el labrador que presumía de cortes y bien criado, jamas quiso, hasta que el hidalgo mohino, poniéndole ambas manos sobre los hombros, le hizo sentar por fuerza, diciéndole: sentaos, maja granzas, que adonde quiera que yo me siento será vuestra cabecera, y este es el cuento, y en verdad que creo, que no ha sido traido aquí fuera de propósito…

LA VERDAD SOBRE DULCINEA.

Los señores disimularon la risa, porque Don Quixote no acabase de correrse, habiendo entendido la malicia de Sancho…preguntó la Duquesa á Don Quixote, que que nuevas tenía de la Señora Dulcinea…

Á lo que Don Quixote respondió: señora mía, mis desgracias, aunque tuviéron principio, nunca tendrán fin. Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado ¿ pero adonde la iban á encontrar si está encantada, y vuelta en la mas fea labradora que imaginarse puede?

No sé, dixo Sancho Panza, á mi me parece la más hermosa criatura del mundo, aloménos en la ligereza, y en el brincar bien sé yo que ella no dará ventaja á un volteador: á buena fe , señora Duquesa así salta desde el suelo sobre una borrica, como si fuera un gato.

¿ Habeisla visto vos encantada, Sancho? preguntó el Duque. Y como si la he visto, respondió Sancho ¿pues quien diablos sino yo fué el primero que cayó en el achaque del encantorio? tan encantada está como mi padre.

El Eclesiástico, que oyó decir de gigantes, de follones y de encantos, cayó en la cuenta que aquel debia de ser Don Quijote de la Mancha, cuya historia leía el Duque de ordinario, y él se lo había reprendido muchas veces, diciéndole, que era disparate leer tales disparates, y enterándose ser verdad lo que sospechaba, con mucha cólera, hablando con el Duque dixo: Vuestra Excelencia, señor mio, tiene de dar cuenta á nuestro Señor de lo que hace este buen hombre.

Este Don Quixote, ó Don tonto, ó como se llama, imagino yo, que no debe ser tan mentecato como vuestra Excelencia quiere que sea, dándole ocasiones á la mano para que lleve adelante sus sandeces y vaciedades.

Y volviendo la plática á Don Quixote, le dixo: y á vos, alma de cántaro ¿ quien os ha encaxado en el celebro, que sois caballero andante, y que venceis gigantes, y prendeis malandrines? Andad enhorabuena, y en tal se os diga: volveos á vuestra casa, y criad vuestros hijos, si los tenéis…¿ En donde nora tal habeis vos hallado, que hubo, ni hay ahora caballeros andantes? ¿ Donde hay gigantes en España, ó malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?

Atento estuvo Don Quixote á las razones de aquel venerable varón, y viendo que ya callaba, sin guardar respeto á los Duques, con semblante airado y alborotado rostro, se puso en pie, y dixo…Pero esta respuesta capítulo por sí merece

4.-COMENTARIO.

El mejor resumen del modo como fue tratado Don Quijote a su llegada a la casa de los duques lo ha resumido él mismo en una significativa frase: » y aquel fué el primer dia que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos.»

Sancho « cosido a la Duquesa» participa también de la toma de conciencia de su amo, aun- que no se olvida de su rucio, y encarga a la dueña se cuide de él; la respuesta de la dueña diciéndole que de ella no puede esperar «sino una higa», es decir un desprecio,

Sancho toma la higa en otro sentido, como fruto de la higuera, aprovechando para llamar a la dueña «breva madura» y vieja; la airada respuesta de ésta es, a su vez, una defensa del disimulo que de sus años hace del que » a Dios daré la cuenta que no a vos,» .

Don Quijote, conocidas las primeras hazañas de su escudero le previene y suplica »Por quien Dios es» , que se comporte de forma que su villana manera, no redunde en desdoro de su honra, «pues cual el siervo tal el señor», mostrando las grandes esperanzas que tenía puestas en el lugar al que habian llegado que : con el favor de Dios y valor de mi brazo, redundarían en frutos de « fama y hacienda. Es la primera vez que Don Quijote espera conseguir también «hacienda

Los duques, pues, no han tardado en dar comienzo a sus burlas.

En el texto hay tres asuntos claramente expresados.

El primero es el juicio que el autor hace al presentar al eclesiástico.

Un juicio que no está referido a este religioso en concreto, pues se supone que el autor, que es quien lo expresa, no lo conoce, por lo que no sabe nada ni de su misión, ni de su carácter, ni de su conducta. Cervantes está haciendo, pues, un juicio de valor sobre todos los religiosos o eclesiasticos que en las casas nobiliarias y hasta en los palacios de los reyes, estaban presentes, bien como preceptores de los hijos de los señores, o como confesores de los mismos, o consejeros en los asuntos referentes a la gobernación de sus estados.

Cervantes, con sus palabras y por el tono con que las dice, está expresando su rechazo de tal uso.Tal juicio lo va a completar en el capítulo siguiente. En el transcurso del texto que ahora co- mentamos, no solo se va a ocupar de poner de manifiesto cual era el papel que en el palacio desempeñaba: »lo había reprendido muchas veces, diciéndole, que era disparate leer tales disparates, y enterándose ser verdad lo que sospechaba, con mucha cólera, hablando con el Duque dixo: Vuestra Excelencia, señor mio, tiene de dar cuenta á nuestro Señor de lo que hace este buen hombre.» sino también su mal talante, con sus impaciencias, sus agrias palabras,su prisa, advirtiendo a Sancho que se deje de ángeles y de exequias y termine pronto su cuento.

Su mal genio llega a su culmen cuando poniéndose de frente, tal como está en la mesa, a Don Quijote, le recrimina por su creencia en todo lo referente a las historias de los caballeros andantes. Será el tercer eclesiástico que trate de convencer a Don Quijote de que las narraciones caballerescas todo son fábulas e invenciones.

El segundo asunto, es el cuentecillo de Sancho. El mismo parece tener como función contrarrestar la buena opinión que los duques muestran tener de Don Quijote, y que llevan a Sancho a estar » embobado y atónito de ver la honra que á su señor aquellos Príncipes le hacían»,

pero a la vez mostrar el lugar que el pueblo llano ocupaba en la opinión y comportamiento de la nobleza:»sentaos, maja granzas, que adonde quiera que yo me siento será vuestra cabecera», algo aún más concreto que decir, que Cervantes se ocupa de criticar la falsedad de los convencionalismos sociales de la época.

Y por último la introducción en la trama , por parte de la duquesa, de Dulcinea, al preguntarle a Don Quijote:»que que nuevas tenía de la Señora Dulcinea…»; veremos cómo Dulcinea pasa, desde ahora, a primer plano de la narración.

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