CAPITULO XXXVIII. Donde se da cuenta la que dió de su mala andanza la Dueña Dolorida.

1.-NUMERO 139.

2.-LOCALIZACIÓN: Cap. 38.Parte II, pág 36-37.T.IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

 «Detras de los tristes músicos comenzaron á entrar por el jardín adelante hasta cantidad de doce dueñas repartidas en dos hileras, todas vestidas de unos mongiles anchos, al parecer de anascote batanado, con unas tocas blancas de delgado canequí , tan luengas, que solo el ribete del mongil descubrían.

Tras ellas venía la condesa Trifaldi, á quien traia de la mano el escudero Trifaldín de la Blanca Barba…Venían las doce dueñas y la Señora á paso de procesión …Sosegados todos y puestos en silencio, estaban esperando quien le había de romper, y fuè la dueña Dolorida, con estas palabras:…antes que salga á la plaza de vuestros oidos, por no decir orejas , quisiera que me hicieran sabidora si está en este gremio, corro y compañía el acendradísimo caballero Don Quixote de la Manchísima y su escuderísimo Panza…

El Panza, antes que otro respondiese, dixo Sancho, aquí está y el Don Quixotísimo asimismo y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis , que todos estamos prontos y aparejadísimos á ser vuestros servidorísimos.

Y dexando á Don Quixote, se volvió á Sancho Panza y, asiéndole de las manos, le dixo: Conjúrote, por lo que debes á tu bondad fidelísima, me seas buen intercesor con tu dueño, para que luego favorezca a esta humilísima y desdichadísima Condesa.

Á lo que respondió Sancho: de que sea mi bondad, señora mía, tan larga y grande como la barba de vuestro escudero, á mí me hace muy poco al caso: barbada y con bigotes tenga yo mi alma cuando desta vida vaya , que es lo que importa, que de las barbas de acá poco ó nada me curo , pero sin esas socaliñas ni plegarias yo rogaré á mi amo, (que sé que me quiere bien, y mas agora que me ha menester para cierto negocio) que favorezca y ayude á vuesa merced en todo lo que pudiere: Vuesa merced desembaule su cuita , y cuéntenosla, y dexe hacer, que todos nos entenderémos.

Reventaban de risa con estas cosas los Duques, ,.. y alababan entre sí la agudeza y disimulación de la Trifaldi, la qual, volviéndose á sentar dixo: del famoso Reino de Candaya, …, fué señora la reina doña Maguncia, viuda del rey Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio tuvieron y procrearon a la infanta Antonomasia, heredera del reino …

Sucedió, pues, que yendo días y viniendo días, la niña Antonomasia llegó á edad de catorce años, con tan gran perfeción de hermosura, que no la pudo subir mas de punto la naturaleza…

De esta hermosura, y no como se debe encarecida de mi torpe lengua, se enamoró un número infinito de Príncipes así naturales como extranjeros, entre los quales osó levantar los pensamientos al cielo de tanta belleza, un caballero particular que en la Corte estaba,..

Mi ignorancia y mi poco advertimiento abrieron el camino, y desembarazáron la senda á los pasos de Don Clavijo, que este es el nombre del referido caballero: y así siendo yo medianera, él se halló una y muy muchas veces en la estancia de la por mí, y no por él engañada Antonomasia, debaxo de titulo de verdadero esposo, que aunque pecadora, no consintiera que sin ser su marido la llegara á la vira de la suela de sus zapatillas.

No,no,eso no, el matrimonio ha de ir delante en qualquier negocio destos que por mí se tratare….Algunos dias estuvo encubierta y solapada en la sagacidad de mi recato esta maraña, hasta que me pareció, que la iba descubriendo á mas andar no se que inchazon del vientre de Antonomasia, cuyo temor nos hizo entrar en bureo á los tres, y salió dél, que antes que se saliese á luz el mal recado, Don Clavijo pidiese ante el Vicario por su muger á Antonomasia, en fe de una cédula, que de ser su esposa la Infanta le habia hecho…

Hiciéronse las diligencias, vió el Vicario la cédula, tomó el tal Vicario la confesión á la Señora: confesó de plano, mandola depositar en casa de un alguacil de corte muy honrado.

Á esta sazon dixo Sancho: ¿tambien en Candaya hay alguaciles de corte, poetas y seguidillas? por lo que puedo jurar que imagino, que todo el mundo es uno. Pero dése vuesa merced priesa, señora Trifaldi, que es tarde, y ya me muero por saber el fin desta tan larga historia.Sí haré,respondió la Condesa.»

4.-COMENTARIO.

La historia de la dueña dolorida parece una versión burlesca del tema que el mismo Cervantes trata en su obra El celoso extremeño, y que termina con estas palabras:»Y yo quedé con el deseo de llegar al fin deste suceso: ejemplo y espejo de lo poco que hay que fiar de llaves, tornos y paredes cuando queda la voluntad libre; y de lo menos que hay que confiar de verdes y pocos años, si les andan al oído exhortaciones destas dueñas de monjil negro y tendido, y tocas blancas y luengas. Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en desculparse, y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso; pero la turbación le ató la lengua, y la priesa que se dio a morir su marido no dio lugar a su disculpa»

El cortejo de dueñas enlutadas que venian « a paso de procesión,» nos transportan a la creencia popular muy extendida en Galicia y también en Castilla, aunque menos, de la llamada Santa Campaña por la que se admitía que los difuntos pueden aparecerse con las brumas de la noche en demanda de sufragios.

Esta tradición, que procede de Alemania, se extendió también por España, Gonzalo de Berceo atestigua tal creencia y a partir del siglo XVII son numerosas las narraciones que aluden a las apariciones de difuntos que vienen en procesión en demanda de sufragios.

Valle-Inclán,recrea el encuentro del caballero don Juan Manuel de Montenegro con las voces de la Hueste,que le recrimina su conducta y le avisa de su muerte: “Retiembla un gran trueno en el aire,y el potro se encabrita,con amenaza de desarzonar al jinete.Entre los maizales brillan las luces de la Santa Compaña.El caballero siente erizarse los cabellos de su frente,y disipados los vapores del rostro.Se oyen gemidos de agonía y herrumbroso son las cadenas que arrastran en la noche oscura las ánimas en pena,que vienen al mundo para cumplir penitencia”.

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) se inspiró en estas tradiciones en su famosa leyenda El monte de las ánimas; tradiciones que recojen no pocos autores como Pardo Bazán,Unamuno,Fernández Flórez ,V. Risco…

Las palabras de Sancho «…barbada y con bigotes tenga yo mi alma cuando desta vida vaya , que es lo que importa, que de las barbas de acá poco ó nada me curo…» Hacen referencia a un cuento, de Lucas Hidalgo, que pone en boca de tres dialogantes diciendo: « Castañeda. Par dios, Margarita, si poca barba dice poca vergüenza, no sé yo con qué vengüenza podeis hablar las mujeres. Doña Margarita. No consite la barba en el pelo de afuera, sino en el miramiento y pudor del ánimo. D. Diego. Esperad señora que vais muy devota con vuestras barbas de miramiento. Habeis de saber que un mancebo encogido y mortificado en su condición y palabras, tenia mas de veintiocho años de edad y no descubria casi señal de barba, diciéndole que un hombre como él ya debia tener un bigotazo que le diera vuelta por las orejas respondió muy devoto:Bigotes tengamos en el alma, que esotros no importan.»( Cf. Díalogo de Apacible entretenimiento, de Lucas Hidalgo. Discurso tercero. Cap. III), de ahí la moraleja que no deja de poner de manifiesto la preocupación que los personajes del tiempo tenian por el tema de la salvación.

Ya conocemos todo lo referente a la validez de los matrimonios por palabra, o a los esponsales antes del decreto tridentino.( Cf. Nº 37) En el texto se nos especifica el trámite a seguir en estos casos:» Don Clavijo pidiese ante el Vicario por su muger á Antonomasia, en fe de una cédula, que de ser su esposa la Infanta le habia hecho…»

El alguacil de corte era el funcionario que se encargaba de hacer cumplir las órdenes de los alcaldes de corte y de prender y conducir a los delincuentes.

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