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EL VUELO DE DON QUJOTE Y SANCHO SOBRE CLAVILEÑO. GUSTAVO DORÉ.

CAPITULO XLI. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura.

1.-NUMERO 142.

2.- LOCALIZACION. Cap. 41 ParteII Págs. 50 a 55 T.IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

 «No más, señor, dixo Sancho, yo soy un pobre escudero, y no puedo llevar á cuestas tantas cortesías, suba mi amo, tápenme estos ojos, y enconmiéndenme á Dios, y avísenme , si quando vamos por esas altanerías podré encomendarme á nuestro Señor, ó invocar los Ángeles que me favorezcan.

Á lo que respondió Trifaldi: Sancho, bien podeis encomendaros á Dios, ó á quien quisíéredes, que Malambruno, aunque es encantador, es christiano, y hace sus encantamentos, con mucha sagacidad, y con mucho tiento, sin meterse con nadie.

Ea pues,dixo Sancho Dios me ayude, y la Santísima Trinidad de Gaeta. Desde la memorable aventura de los batanes, dixo Don Quixote, nunca he visto á Sancho con tanto temor como ahora, y si yo fuera tan agorero como otros, su pusilanimidad me hiciera algunas cosquillas en el ánimo: pero llegaos aquí, Sancho, que con licencia destos señores os quiero hablar aparte dos palabras: y apartando á Sancho entre unos árboles del jardín, y asiéndole ambas las manos, le dixo: ya ves, Sancho hermano, el largo viage que nos espera, y que sabe Dios quando volveremos dél, …y así querría que ahora te retirases en tu aposento, como que vas á buscar alguna cosa necesaria para el camino, y en un daca las pajas te dieses, á buena cuenta de los tres mil y trecientos azotes, á que estás obligado, siquiera quinientos…

Par Dios, dixo Sancho, que vuesa merced debe de ser menguado: esto es como aquello que dicen, en priesa me ves, y doncellez me demandas ¿ahora que tengo de ir sentado en una tabla rasa, quiere vuesa merced que me lastime las posas?…

Vamos ahora á rapar estas dueñas, que á la vuelta yo le prometo á vuestra merced, como quien soy, de darme tanta priesa á salir de mi obligación, que vuestra merced se contente, y no le digo más…

Y con esto se volvieron á subir en Clavileño, y al subir dixo Don Quixote: tapaos, Sancho, y subid, Sancho, que quien de tan lueñes tierras envía por nosotros no será para engañarnos…

Hízolo así Sancho, y diciendo: á Dios, se dexó vendar los ojos, y ya después de vendados se volvió á descubrir, y mirando á todos los del jardín tiernamente, y con lágrimas, dixo que le ayudasen en aquel trance con sendos Pater nostres y sendas Ave Marías, porque Dios deparase quien por ellos los dixese, quando en semejantes trances se viesen.

Ea pues,dixo Sancho Dios me ayude, y la Santísima Trinidad de Gaeta.

Á lo que dixo Don Quixote: ladrón, ¿estás puesto en la horca por ventura o en el último término de la vida, para usar de semejantes plegarias?...

Tápenme , respondió Sancho, y pues no quieren que me encomiende á Dios, ni que sea encomendado ¿ que mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos, que den con nosotros en Peralvillo?

Cubriéronse, y sintiendo Don Quixote, que estaba como había de estar, tentó la clavija, y apénas huvo puesto los dedos en ella, quando todas las dueñas, y quantos estaban presentes, levantáron las voces, diciendo: Dios te guie, valeroso caballero: Dios sea contigo, escudero intrépido, ya, ya vais por esos ayres rompiéndolos con mas velocidad que una saeta…»

 EFECTOS ESPECIALES PARA DAR SENSACIÓN DEL VUELO.

4.-COMENTARIO.

El capítulo 41 continúa con la aventura iniciada en los anteriores; el mismo autor cree ser ya necesario poner fin a esta « dilatada aventura».

El principio de este fin es la llegada « á deshora de quatro salvages vestidos todos de verde yerba , que traian sobre sus hombros un gran caballo de madera. Pusiéronle los pies en el suelo y uno de los salvages dixo: suba sobre esta máquina el que tuviere ánimo para ello»

Sancho continuó negándose a ello, añadiendo un nuevo argumento, para su negativa, a los anteriores: « que yo no soy bruxo, para gustar de andar por los ayres:..» algo que además iría muy mal con su futura condición de Gobernador de la prometida Insula,: ¿ qué dirán mis insulanos quando sepan, que su Gobernador se anda paseando por los vientos?;

Tuvo que intervenir el Duque para decirle que la Insula no era volátil y que ahí estaría, en su sitio, para cuando volviera, esperándole, fue entonces cuando Sancho accedió a subir en el caballo, tanto más cuanto que Trifaldi le informó que este «vuelo» nada tenia que ver con el de los brujos, sino que Malambruno era un encantador « christiano».

El texto seleccionado nos habla de cómo Don Quijote y Sancho se acomodaron en el caballo, y de las muchas plegarias que éste dirigió y pidió hiciesen al Cielo para el éxito del viaje.

CIUDAD ITALIANA DE GAETA.

Los subrayados nos hablan de estas plegarias, entre ellas a la Santísima Trinidad de Gaeta. Se refiere al monasterio erigido por Fernando de Aragón en esta ciudad italiana.

 No gustaron nada a Don Quijote la petición de oraciones de Sancho »y si yo fuera tan agorero como otros, su pusilanimidad me hiciera algunas cosquillas en el ánimo» y además: »ladrón, ¿estás puesto en la horca por ventura o en el último término de la vida, para usar de semejantes plegarias» plegarias consistentes «en sendos Pater nostres y sendas Ave Marias», el autor se ha cuidado de no mencionar su número para que su burla no apareciese, como en otro lugar, dando pie a la sanción de la Inquisición. ( Cf. Nº23, 28)

Acomodados en el caballo y vendados los ojos de ambos, los circundantes los despidieron como si ya fueran volando por los aires a la vez que con distintos montajes: soplillos para simular el viento, fuegos para producir calor…, les causaran la impresión de que iban pasando por las distintas esferas del cielo, de acuerdo con la idea que del universo se tenía en la época.

Sancho, en algún momento, quiso quitarse la venda de los ojos para ver por donde pasaban, a lo que Don Quijote se opuso diciendole:» No hagas tal,respondió Don Quixote y acuérdate del verdadero cuento del licenciado Torralba , a quien llevaron los diablos en volandas por el aire caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma, y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, á su parecer, del cuerno de la luna , que la pudiera asir con la mano, y que no osó mirar a la tierra, por no desvanecerse.»

El licenciado Torralba, al que se refiere Cervantes, fue un personaje histórico procesado por brujo en 1528 por la Inquisición de Cuenca. Marcelino Menéndez y Pelayo, según el mismo afirma, se ocupa de él por esta mención cervantina en su «Historia de los heterodoxos españoles» y da cuenta de su proceso:

«Con esto se despertaron sospechas de brujería contra él, y le delató a la Inquisición su propio amigo D. Diego de Zúñiga, que ni siquiera agradecía a Torralba el haberle sacado adelante en sus empresas de tahúr. Y como, por otra parte, el médico, lejos de ocultar sus nigromancias, hacía público alarde de ellas, no fue difícil encontrar testigos.

La Inquisición de Cuenca mandó prenderle en 1528, y Torralba estuvo pertinacísimo en afirmar que tenía a Zequiel por familiar, pero que Zequiel era espíritu bueno y que jamás él le había empeñado su alma. Aún en las angustias del tormento, se empeñó en decir que todavía le visitaba en su prisión.

El pacto lo negó siempre; pero la cuestión vino a complicarse con motivo de ciertas declaraciones acerca del materialismo y escepticismo del doctor. El cual, en suma, fue tratado con la benignidad que su manifiesta locura merecía, sentenciándosele en 6 de marzo de 1531 a sambenito y algunos años de cárcel, a arbitrio del inquisidor general, con promesa de no volver a llamar a Zequiel ni oírle.

Don Alonso Manrique, cuya dulzura de condición es bien sabida, le indultó de la penitencia a los cuatro años, y Torralba volvió a ser médico del almirante de Castilla D. Fadrique Enríquez.( Cf. Historia de los heterodoxos españoles. Capítulo IV, II.)

Sancho no termina de convencerse de que el «vuelo» sobre Clavileño no sea un acto de brujería por lo que afirma: » y pues no quieren que me encomiende á Dios, ni que sea encomendado ¿ que mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos, que den con nosotros en Peralvillo?»

Peralvillo es un anejo de Miguelturra, pueblo a cuatro kilómetros de Ciudad Real, donde la Santa Hermandad ejecutaba a los sentenciados. La rapidez de la condena del reo fue origen de la frase : «La justicia de Peralvillo que, asaeteado el hombre, le formaban proceso».

El capítulo termina con la quema de unos fuegos artificiales, que da con Don Quijote y Sancho en el suelo, y en un pergamino que se encontró clavado en un palo, se da cuenta que Malambruno se da por satisfecho con el viaje, rompiendo el encantamiento de Clavijo y Antonomasia, así como fueron  rasuradas las dueñas; sólo quedaron   pendientes los azotes de Sancho para  el desencantamiento de Dulcinea,

Doce veces sale en el texto seleccionado del capítulo el nombre de Dios.

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