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CAPITULO LII.Donde se cuenta la aventura de la segunda Dueña Dolorida, ó Angustiada, llamada por otro nombre Doña Rodriguez.

 1.-NÚMERO 162.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap, 52. Parte II. Pag. 156 a 163. T.IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

EL PUENTE DEL EBRO Y LA BASILICA DEL PILAR DE ZARAGOZA.

 3.-TEXTO.

 » Cuenta Cide Hamete, que estando ya Don Quixote sano de sus aruños, le pareció que la vida que en aquel castillo tenía, era contra toda la órden de caballería que profesaba, y así determinó de pedir licencia á los Duques para partirse á Zaragoza…

Y estando un dia á la mesa con los Duques… veis aquí á deshora entrar por la puerta de la gran sala dos mugeres, …y la una dellas, llegándose á Don Quixote, se le echó á los pies tendida de largo á largo, … que puso en confusión á todos los que la oian y miraban… hasta que Don Quixote, compasivo, la levantó del suelo y hizo que se descubriese y quitase el manto de sobre la faz llorosa.

Ella lo hizo así, y mostró ser lo que jamas se pudiera pensar, porque descubrió el rostro de Doña Rodríguez, la dueña de casa: y la otra enlutada era su hija, la burlada del hijo del labrador rico…Finalmente, Doña Rodríguez, volviéndose á los señores, les dixo: Vuesas Excelencias sean servidos de darme licencia que yo departa un poco con este caballero…

El Duque dixo que él se la daba,..Ella enderezando la voz y el rostro á Don Quixote, dixo:…días ha, valeroso caballero, que os tengo dada cuenta de la sinrazon y alevosía que un mal labrador tiene fecha á mi muy querida y amada fija,…y agora ha llegado á mi noticia que os querédes partir deste castillo en busca de las buenas venturas que Dios os depare: y así querria, desafiásedes á este rústico indómito, y le hiciésedes que se casase con mi hija en cumplimiento de la palabra que le dió de ser su esposo, ántes y primero que yogase con ella..Y con esto Nuestro Señor dé á vuesa merced mucha salud, y á nosotras no nos desampare.

A cuyas razones respondió Don Quixote…yo me partiré en busca de ese desalmado mancebo, y le hallaré y le desafiaré, y le mataré cada y quando se excusare de cumplir la prometida palabra: que el principal asunto de mi profesion es perdonar á los humildes, y castigar á los soberbios, y destruir á los rigurosos…

Y luego, descalzándose un guante, le arrojó en mitad de la sala, y el Duque le alzó diciendo que, como ya había dicho, él acetaba el tal desafío en nombre de su vasallo y señalaba el plazo de allí a seis días, y el campo, en la plaza de aquel castillo, y las armas, las acostumbradas de los caballeros:…

Estando en esto, para acabar de regocijar la fiesta y dar buen fin a la comida, veis aquí donde entró por la sala el page que llevó las cartas y presentes á Teresa Panza, mujer del Gobernador Sancho Panza, de cuya llegada recibieron gran contento los duques…y sacando dos cartas las puso en manos de la Duquesa. La una decía en el sobre escrito: Carta para mi señora la duquesa tal de no sé donde, y la otra: A mi marido Sancho Panza, Gobernador de la ínsula Barataria, que Dios prospere mas años que a mí».

CARTA DE TERESA PANZA Á LA DUQUESA.

…De que vuestra Señoría haya hecho Gobernador á Sancho mi consorte ha recebido mucho gusto todo este Lugar, puesto que no hay quien lo crea , principalmente el Cura y Maese Nicolás el Barbero y Sansón Carrasco el Bachiller; pero á mí no se me da nada, que como ello sea así, como lo es, diga cada uno lo que quisiere: aunque, si va á decir verdad, á no venir los corales y el vestido tampoco yo lo creyera, porque en este pueblo todos tienen á mi marido por un porro y que sacado de gobernar un hato de cabras, no pueden imaginar para que gobierno pueda ser bueno: Dios lo haga, y lo encamine como ve que lo han menester sus hijos...Yo, señora de mi alma, estoy determinada, con licencia de vuesa merced, de meter este buen día en mi casa, yéndome á la Corte á tenderme en un coche, para quebrar los ojos á mil envidiosos que ya tengo: y así, suplico á Vuesa Excelencia mande á mi marido me envíe algún dinerillo, y que sea algo que, porque en la Corte son los gastos grandes: que el pan vale á real, y la carne, la libra á treinta maravedís, que es un juicio No se le olvide á vuestra pomposidad escribirme, que yo tendré cuidado de la respuesta...quedo rogando á nuestro Señor guarde á vuestra Grandeza y a mí no me olvide.

 La que tiene mas deseo de ver á V.S.que de escribirla, Su criada Teresa Panza.

Grande fué el gusto que todos recibiéron de oir la carta de Teresa Panza,…y la Duquesa pidió parecer á Don Quixote, si sería bien abrir la carta que venia para el Gobernador, que imaginaba debia de ser bonisima Don Quixote dixo que él la abriría para darles gusto, y así lo hizo, y vió que decía desta manera:

CARTA DE TERESA PANZA Á SANCHO PANZA SU MARIDO.

Tu carta recibí, Sancho mio de mi alma, y yo te prometo y juro , como católica christiana, que no faltáron dos dedos para volverme loca de contento…no pienso parar hasta verte arrendador, ó alcabalero, que son oficios que aunque lleva el diablo á quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros…

El hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados y corona, con intención de hacerse clérigo: súpolo Minguilla, la nieta de Mingo Silvato, y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento: malas lenguas quieren decir que ha estado en cinta dél; pero él lo niega á pies juntillas…y con todo esto Dios te me guarde mas años que á mí, ó tantos, porque no querria dexarte sin mí en este mundo:

Tu muger Teresa Panza.»

 4.-COMENTARIO.

Es la única vez en toda la obra que alguien va en busca de Don Quijote pidiéndole en serio su ayuda, pues la dueña ni ha dado cuenta a los duques de su propósito, sino que fiada de la hidalguía de Don Quijote acude a él con todas veras.

El tema de la obligatoriedad de cumplir la promesa de matrimonio es reiterativo en el libro, una vez más aparece en el texto, referido al caso de la hija de la Dueña Rodriguez que ya conocía, pues con aterioridad le habia hablado de sus «cuitas»

Don Quijote continúa sintiéndose investido de una misión religiosa cual « perdonar a los humildes, castigar a los soberbios y destruir a los rigurosos,» pero también llevado de su com- pasión hacia las dos mujeres.

Las palabras y acciones de Don Quijote: renunciar a su superioridad, desafiar, arrojar el guante… responden a un formulismo prefijado. La renuncia de la calidad de hidalgo, era exigida ya que no podían enfrentarse en batalla de honor personas de distinta clase, no estaba consentida por las leyes del duelo: sólo el retado, no el retador, podía considerar su igual al contrincante.

El duque en nombre de su vasallo acepta el duelo y establece la paridad, y ofrece todo lo necesario para que se celebre: campo, dia, fecha, lugar, armas etc.

El duque tomará en consideración la prohibición de los duelos por parte del concilio de Trento, poniendo unas condiciones que le quitaban toda su peligrosidad.

De la carta de Teresa Panza a la Duquesa:

La licencia de Don Quijote de abrir la carta de Teresa a Sancho hoy nos parecería hasta una falta grave, Don Quijote debe fundar su derecho a revisar las cartas de Sancho por ser este su escudero y él su amo, pero encaja mal en el perfil de Don Quijote, sobre todo por el motivo que aduce para ello: Don Quixote dixo que él la abriría para darles gusto, …

Los subrayados se comentan por sí mismos.

Hay un juramento por parte de Teresa Panza en su carta , que es más bien una confesión de fe católica.

El referido Pedro Lobo de la carta de Teresa a su marido debió ordenarse de tonsura, que no era ni orden menor, pero sí convertía al tonsurado en clérigo con las exenciones y privilegios que conllevaba.

En la misma carta aparece de nuevo el litigio por promesa de matrimonio acompañado de convivencia, aunque todo parece ser una invención de Minguilla, no deja de ser un suceso creíble.

La afirmación: »malas lenguas quieren decir que ha estado en cinta dél, « puede plantear el tema dela moralidad del aborto en el siglo XVI.

Desde el punto de vista histórico el magisterio de de la iglesia ha sido constante en la condena del aborto voluntario. En la antiguedad quizá sea Tertuliano el único que en una de sus obras no parece condenar claramente el aborto ( Cf. De anima cap. 25) fundado en el argumento de que el feto no comenzaba a vivir, como ser independiente, hasta que no respiraba por sí mismo. Pero desde los primeros siglos los concilios han reiterado la condenación del aborto, así el de Elvira, canón, 63, en el año 306; el de Ancira , canon 21, año 314; Trullo, canon 91, año 692.

En el siglo XVI y en varios documentos papales, en concreto en la constitución Effrenatam de Sixto V ( 29 oct. 1588) y en la constitución Sedes Apostólica de Gregorio XV ( 31 mayo 1591) comenzó a hacerse distinción entre un feto animado y un feto inanimado, distinción planteada por los teólogos con relación al momento en que el alma humana era infundida en el cuerpo. Huvo un periodo en que prevaleció la idea de tal distinción, pero aún en este periodo siguió condenándose el aborto.

De hecho dos proposiciones que eximían de culpa el aborto de un feto inanimado, fueron rechazadas en 1679 por Inocencio XI. ( Cf. Denz. 2134 y 2135), aunque la distinción sirvió durante un tiempo para agravar o disminuir las penas que siempre acompañaban al aborto; poco después, la distinción entre feto animado e inanimado desparació de la doctrina eclesiástica y de las discu- siones teológicas.( Cf. Aborto , en Enciclopedia Cattolica, I. Ciudad del Vaticano 1948, 105-109)

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