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LOS MORISCOS CAMINO DEL DESTIRRO.

CAPITULO LIV. Que trata de cosas tocantes á esta historia y no a ninguna otra.

1.-NÚMERO 164.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 54 Parte II. Pág. 172

180T.IV.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

 «Sucedió, pues, que no habiéndose alongado (Sancho) mucho de la Ínsula del su Gobierno (que él nunca se puso á averiguar si era Ínsula, Ciudad, Villa, ó Lugar la que gobernaba) vió, que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos extrangeros que piden la limosna cantando , los quales en llegando a él se pusieron en ala, y levantando las voces todos juntos, comenzáron á cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fué una palabra que claramente pronunciaba limosna , por donde entendió que era limosna la que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era caritativo ademas, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo , diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles…y al pasar, habiéndole estando mirando uno de ellos con mucha atención arremetió á él, echándole los brazos por la cintura, en voz alta y muy castellana dixo: válame Dios ¿que es lo que veo? ¿es posible que tengo en mis brazos al mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? ..

.Entónces Sancho lo miró con mas atencion…y le dixo ¿ quien diablos te habia de conocer, Ricote, en ese trage de moharracho que traes? Dime quien te ha hecho Franchote ¿ y como tienes atrevimiento de volver á España, donde si te cogen, y conocen, tendrás harta malaventura?…

Y Ricote, sin tropezar nada en su lengua morisca, en la pura castellana le dixo las siguientes razones :

Bien sabes, ó Sancho Panza, vecino y amigo mio, como el pregón y bando que su Magestad mandó publicar contra los de mi nacion, puso terror y espanto en todos nosotros: aloménos en mí lo puso, de suerte, que me parece que antes de tiempo que se nos concedía , para que hiciésemos ausencia de España, ya tenía el rigor de la pena executado en mi persona y en la de mis hijos.

Ordené pues á mi parecer , como prudente ( bien así como el que sabe que para tal tiempo le han de quitar la casa donde vive, y se provee de otra donde mudarse) ordené, digo, de salir yo solo sin mi familia de mi pueblo, y ir donde llevarla con comodidad, y sin la priesa con que los demas salieron, porque bien vi, y vieron todos nuestros ancianos, que aquellos pregones no eran solo amenazas, como algunos decian, sino verdaderas leyes, que se habían de poner en execución á su verdadero tiempo, y forzábame á creer esta verdad, saber yo los ruines y disparatados intentos que los nuestros tenían, y tales, que me pareció que fue inspiración divina la que movió á su Magestad, á poner en efecto tan gallarda resolución,no porque todos fuésemos culpados, que algunos había christianos firmes y verdaderos; pero eran tan pocos, que no se podian oponer á los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa.

Finalmente con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos; pero al nuestro la mas terrible que se nos podia dar. Doquiera que estamos, lloramos España, que en fin nacimos en ella, y es nuestra patria natural: en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berberia y en todas las partes de África, donde esperabamos ser recogidos, acogidos y regalados, allí es donde mas nos ofenden y maltratan.

No hemos conocido el bien, hasta que le hemos perdido, y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver á España, que los mas de aquellos, que son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven á ella, y dexan allá sus mugeres e hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen, y agora conozco y experimento lo que suele decirse, que es dulce el amor de la patria...

que en resolución , Sancho, yo sé cierto que la Ricota mi hija, y Francisca Ricota mi muger , son católicas christianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de Christiano que de Moro, y ruego siempre á Dios me abra los ojos del entendimiento, y me dé á conocer como le tengo de servir: y lo que me tiene admirado es, no saber porque se fué mi muger y mi hija ántes á Berbería que á Francia donde podia vivir como chistiana.

A lo que respondió Sancho, eso no debió estar en su mano…y séte decir otra cosa, que creo que vas en balde á buscar lo que dexaste encerrado, porque tuvimos nuevas que habían quitado á tu cuñado y tu muger muchas perlas y mucho dinero en oro que llevaban por registrar.

Bien puede ser eso replicó Ricote; pero yo sé, Sancho, que no tocaron á mi encierro…y así si tú, Sancho, quieres venir conmigo, y ayudarme á sacarlo y encubrirlo, yo te daré doscientos escudos, con que que podrás remediar tus necesidades que ya sabes que yo sé que las tienes muchas.

Yo lo hiciera, respondió Sancho, pero no soy nada codicioso, que á serlo, un oficio dexé yo esta mañana de las manos donde pudiera hacer las paredes de mi casa de oro, y comer antes de seis meses en platos de plata: y así por esto, como por parecerme que haría traición á mi Rey en dar favor á sus enemigos, no fuera contigo, si como me prometes doscientos escudos, me dieras aquí de conta- do cuatrocientos...

Calla Sancho, y vuelvete en ti, y mira si quieres venir conmigo, como te he dicho, á ayudarme á sacar el tesoro que dexé escondido, que en verdad es tanto, que se puede llamar tesoro, y te daré con que vivas, como te he dicho.

Ya te he dicho, Ricote, replicó Sancho, que no quiero: conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino, y déxame seguir el mio, que yo sé que lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño.

No quiero porfiar Sancho; dixo Ricote; pero dime ¿ hallasté en nuestro Lugar, quando se partió dél mi muger, mi hija y mi cuñado?

Si hallé, respondió Sancho, y sete decir, que salió tu hija tan hermosa, que salieron á verla quantos había en el pueblo… y á quantos llegaban á verla, y á todos pedía la encomendasen á Dios, y á nuestra Señora su madre: y esto con tanto sentimiento, que á mí me hizo llorar, que no suelo ser muy llorón: y á fe que muchos tuvieron deseo de esconderla y salir á quitársela en el camino; pero el miedo de ir contra el mandado del Rey lo detuvo; pero principalmente se mostró más apasionado Don Pedro Gregorio, aquel mancebo mayorazgo rico que tú conoces…

Siempre tuve yo mala sospecha, dixo Ricote, de que ese caballero adamaba á mi hija; pero fiado en el valor de Ricota, nunca me dió pesadumbre el saber que la queria bien, que ya habrás oido decir, Sancho, que las Moriscas, pocas, ó ninguna vez se mezclaron por amores con Christianos viejos, y mi hija, que á lo que yo creia atendía á ser mas christiana, que enamorada, no se curaría de las solicitudes dese señor mayorazgo.

Dios lo haga, replicó Sancho,que á entrambos les estaría mal, y déxame partir de aquí, Ricote amigo, que quiero llegar esta noche adonde está mi señor Don Quixote. Dios vaya contigo, Sancho hermano...y Sancho subió á su rucio, y Ricote se arrimó a su bordón, y se apartaron.

GRANADA  EN EL SIGLO XVI PINTADA POR JORIS HOEFNAGEL.

4.-COMENTARIO.

El texto se comenta por sí mismo, hace un juicio sobre el hecho de la expulsión de los moriscos de la que dice fue hecha «por inspiración divina,» justa y previsible, siendo los moriscos culpables, aunque no todos; por otro lado, da entender la dureza que la tal expulsión supuso para los afectados y el deseo de muchos de ellos de volver de nuevo a España, a la que aman como su verdadera patria. El juicio es la opinión de Cervantes sobre el hecho histórico.

Los subrayados del texto destacan otros aspectos más particulares, como el hecho de los tesoros escondidos, de la negativa de Sancho a acompañar a Ricote, del dolor de la salida de la hija que costó lágrimas a quienes la vieron,entre ellos a Sancho, de la conversión sincera al cristianis- mo de las mujeres, la conveniencia de que su hija no celebrase el matrimonio mixto: Dios lo haga, replicó Sancho,que á entrambos les estaría mal.

REBELIÓN  DE LOS MORISCOS EN  LAS ALPUJARRAS.

La expusión de los moriscos vino determinada por diferentes causas:

La mayoría de la población morisca, después de casi un siglo de conversión al cristianismo, formando parte de los cristianos nuevos, continuaba como un grupo separado del resto de la población, con su lengua, religión y su modo de vida, resistiéndose a una integración efectiva.

Después de la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), fue tomando cada vez más cuerpo la idea de que este colectivo suponía un problema para la seguridad de la nación.Tal opinión se veía corroborada por la frecuente incursión de piratas berberiscos en las costas del levante español, de forma que los moriscos empezaron a ser considerados, como dice el texto cervantino comouna sierpe criada en el propio seno.»

El año 1604 marca el comienzo de una etapa de crisis que tenia, entre otras causas, la disminución en la llegada de recursos de América. La reducción de los estándares de vida llevó a la población cristiana a ver en los moriscos a unos competidores.

Finalmente se pensó que con esta decisión culminaba el proceso de unificación que se inició con las expulsión de los judios de España.

La opinión pública acerca de los moriscos no era uniforme, había quienes pensaban que se debía dar más tiempo y seguir trabajando en la integración y cristianización, otros se oponían abiertamente porque ellos eran una mano de obra de carácter agrícola necesaria, los intelectuales estaban más bien por la expulsíon, mientras las clases populares sólo los veía como competidores en ciertos trabajos

EL PUEBLO ESTABA DIVIDIDO ACERCA DE LA EXPULSIÓN.

La población morisca se acercaba a las 400.000 personas en una nación de unos 8 millones de habitantes. En el reino de Aragón eran el 20% de la población, y en el de Valencia representaban un 33% del total de habitantes.

En Castilla la situación era diferente pues entre moriscos y mudéjares sólo juntaban unos 100.000 habitantes frente a una población cristiana cercana a los 6 millones Debido a este menor número la actitud de los castellanos frente a los moriscos era de mayor tolerancia.

La mayor parte de las jerarquias de la iglesia eran partidarias de dar un mayor tiempo , esta misma era la opinión de Roma, pues consideraban que su completa asimilación y conversión era un asunto que requería tiempo.

La nobleza aragonesa y valenciana era partidaria de dejar las cosas como estaban, pues éstos se beneficiaban de la mano de obra morisca en sus tierras. Los campesinos, sin embargo, estaban más bien por la expulsión pues los consideraban como rivales .

EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN EL PUERTO DE DENIA.

El 9 de abril de 1609 se decidió expulsarlos.

La ejecución de la expulsión no dejo de ser problemática, se comenzó por Valencia, siguiendo por los del reino de Aragón a principios del 1610, seguirían después los catalanes.

LOS MORISCOS EN EL PUERTO DE ORÁN.

Los primeros moriscos fueron transportados al norte de África donde, como hemos visto en el texto cervantino, no siempre fueron recibidos con agrado, en ocasiones fueron atacados por los pobladores de los lugares receptores.

Otros se dirigieron hacia otros países de Europa, especialmente a Francia, como igualmente refiere el texto cervantino.

La expulsión de los moriscos de Castilla fue una tarea más problemática, pues, a pesar de su menor número, la población estaba mucho más dispersa ya que habian sido repartidos por muy distintos ligares tras la rebelión de las Alpujarras. Debido a esto, se les dio una primera posibilidad de salida voluntaria, pudiendo llevarse sus posesiones más valiosas y todo aquello que pudieran vender. En Castilla la expulsión duró tres años (de 1611 a 1614) y no faltaron los que lograron evadir su salida consiguiendo quedarse en España.

Muchos de los expulsados siguieron considerando a España como su propia patria teniendo como objetivo el volver a ella e instalarse en la misma pasando desapercibidos.( Cf. J. Caro Baroja, Los moriscos del reino de Granada, ensayo de historia social, Madrid 1959; J. Reglá, Estudios sobre los moriscos, Valencia 1964).

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