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CAPITULO LVII. Que trata de como Don Quixote se despidió del Duque, y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la Duquesa.

1.-NÚMERO167.

2.-LOCALIZACION Cap.57. ParteII. Pág.195.-6- T-IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

3.-TEXTO.

 « Ya le pareció a Don Quixote , que era bien salir de tanta ociosidad como la que en aquel castillo tenia, que se imaginaba ser grande la falta que su persona hacia en dexarse estar encerrado y perezoso entre los infinitos regalos y deleytes , que como á caballero andante aque- llos señores le hacían, y parecíale que había de dar cuenta estrecha al Cielo de aquella ociosi- dad y encerramiento, y así pidió un día licencia á los Duques para partirse. Diéronsela con mues- tras de que en gran manera les pesaba de que los dexase…

Estaba Sancho sobre su rucio, con sus alforjas, maleta y repuesto, contentísimo porque el mayordomo del Duque, el que fué de la Trifaldi, le había dado un bolsico con docientos escudos de oro para suplir los menesteres del camino, y esto aun no lo sabía Don Quijote.

Estando, como queda dicho, mirándole todos, á deshora entre las otras dueñas y doncellas de la Duquesa que le miraban alzó la voz la desenvuelta y discreta Altisidora y en son lastimero dixo:

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...Tú llevas, ¡llevar impío!/ en las garras de tus cerras /las entrañas de una humilde, /como enamorada, tierna./ Llévaste tres tocadores/y unas ligas de unas piernas /que al mármol puro se igualan /en lisas, blancas y negras

El Duque quiso reforzar el donayre y dixo: no me parece bien…que os hayais atrevido á llevaros tres tocadores por lo menos, si por lo mas las ligas de mi doncella: indicios son de mal pecho, y muestras que no corresponden á vuestra fama: volvedme las ligas, sino yo os desafio á mortal batalla…

No quiera Dios, respondió Don Quixote...Yo, señor Duque jamás he sido ladrón, ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios no me dexe de la mano…esta doncella habla como enamorada de lo que yo no tengo la culpa, y así no tengo de que pedirle perdón, ni á ella ni á Vuestra excelencia, á quien suplico me tenga en mejor opinión, y me dé de nuevo licencia para seguir mi camino

Déosle Dios tan bueno, dixo la Duquesa…y andad con Dios... dixo entonces Altiasidora, y es que pido perdón por el latrocinio de las ligas, porque en Dios y en mi anima que las tengo puestas…»

      

 4.-COMENTARIO

.Don Quijote da muestras de que sigue en su papel de caballero andante remordiéndole la conciencia del mucho tiempo que ha permanecido alejado de su misión, de cuyo alejamiento cree ha de dar cuenta a Dios. En verdad que da la impresión de que el autor se ha apartado un tanto del carácter del primitivo hidaldo dándole, en esta segunda parte, un perfil demasiado cortesano.

Acusar con razón a Don Quijote de ladrón iría en contra de todo el texto y de las característi- cas con que en la obra aparece adornado el personaje.

El duelo a muerte lo excusa Don Quijote fundándose en su agradecimiento y reforzándolo con un: «No quiera Dios.»

Con dignidad defiende su inocencia ,porque: « Yo, señor Duque jamás he sido ladrón, ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios no me dexe de la mano» es impensable que él pudiera hacer tal cosa, a no ser que Dios lo dejara de su mano. Fue Altisidora quien terminó pidiendo perdón, haciendo que Don Quijote saliese hacia Zaragoza con su fama intacta.

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