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CAPITULO LX. De lo que sucedió a Don Quixote yendo a Barcelona.

1.-NÚMERO 173.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap., 60. PII. Pág. 229 T.IV.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

 El capítulo comienza con el encuentro que D. Quijote y Sancho tuvieron con Roque Guinar el bandolero a los seis dias de haber salido de la fonda camino de Barcelona , cuyos soldados le atacaron e impidieron a Don Quijote el poder defenderse , lo que dio a Roque motivo para consolar a D. Quijote con las siguientes palabras:

» Luego Roque Guinart conoció que la enfermedad de Don Quixote tocaba mas en locura, que en valentia , y aunque algunas veces le habia oido nombrar, nunca tuvo por veras sus hechos, ni se pudo persuadir á que semejante humor reynase en corazon de hombre, y holgóse en extremo en haberle encontrado, para tocar de cerca lo que de léxos dél habia oido, y así le dixo: valeroso caballero, no os despecheis, ni tengais á siniestra fortuna esta en que os hallais, que podría ser que en estos tropiezos vuestra torcida suerte se enderezase, que el Cielo por extra- ños, y nunca vistos rodeos, de los hombres no imaginados, suele levantar á los caidos y enri- quecer los pobres… dixo Roque á Don Quixote: nueva manera de vida le debe parecer al señor Don Quixote, la nuestra…y no me maravillo que así le parezca…

A mí me han puesto, continuó diciendo el bandolero, en mi un no sé que deseos de venganza, que tienen fuerza para turbar los mas sosegados corazones: yo de mi naturaleza soy compasivo y bien intencionado; pero como le tengo dicho , el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con todas mis inclinaciones en tierra, que persevero en este estado á despecho, y á pesar de lo que entiendo: y como un abismo llama á otro, y un pecado á otro pecado, hanse eslabonado las venganzas de tal manera,que no solo las mias, pero las agenas tomo á mi cargo; pero Dios es servido que aunque me encuentro en la mitad del laberinto de mis confusiones, no pierdo la esperanza de salir dél á puerto seguro.

Admirado quedó Don Quixote de oir hablar á Roque tan buenas y concertadas razones, porque él pensaba, que entre los de oficios semejantes de robar, matar y saltear, no podia haber alguno que tuviese buen discurso, y respondióle:

EL PRINCIPIO DE LA SALVACIÓN ES EL RECONOCIMIENTO DEL PECADO.

Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad, y el querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena: vuesa merced está enfermo, conoce su dolencia, y el Cielo ó Dios, por mejor decir que es nuestro médico, le aplicará, medicinas que le sanen, las quales suelen sanar poco a poco, y no de repente y por milagro: y mas que los pecadores discretos están mas cerca de enmendarse , que los simples, y pues vuestra merced ha mostrado en sus razones su prudencia, no hay sino tener buen ánimo, y esperar mejoría de la enfermedad de su conciencia:

y si vuesa merced quiere ahorrar camino, y ponerse con facilidad en el de su salvación, véngase conmigo, que yo le enseñaré á ser caballero andante, donde se pasan tantos trabajos y desventuras, que tomándolas por penitencia, en dos paletas le pondran en el Cielo .

Rióse Roque del consejo de Don Quixote…»

4.-COMENTARIO.

El texto comienza recogiendo las palabras que Roque Guinart , jefe de los bandoleros, , dice a Don Quijote, para consolarlo, de que sus soldados lo hubieran sorprendido sin poder defenderse, a la vez que impedía a sus bandoleros robasen los escudos que Sancho guardaba en su cintura.

Quijote aparte de esta tristeza, pues venía de antes ya meditabundo y cabizbajo, pensando en la dureza de corazon y poca caridad de Sancho que apenas se habia dado cinco azotes de los tres mil y trescientos que debía darse, hasta el punto de que él mismo estuvo a punto de azotarle, mientras Sancho dormía, si no es porque éste se despertó y revolviéndose contra su amo le dijo: » vuestra merced se esté quedo; si no, por Dios verdadero , que nos han de oir los sordos» le tumbó en el suelo y poníéndole la rodilla en el pecho, le hizo prometer que nunca más intentaría darle los azotes a los que él voluntariamente se había compromentido.

La conversación entre Don Quijote y Roque Guinart comienza con los consejos de éste a nuestro hidalgo recomendándole que no desespere, pues Dios por:» nunca vistos rodeos, de loshombres no imaginados, suele levantar á los caidos y enriquecer los pobresConsejo que parece ser una proyección de la conciencia, mala conciencia , del jefe de los bandoleros, quien con la declaración de su estado a Don Quijote le da pie a que éste le instruya, como si de un discernidor de espíritus se tratara , sobre los caminos que Dios suele llevar praa la salvación.

La salvación está al alcance de todos , le dice en primer lugar.

Tiene un núcleo principal que es saber que la salvación viene de Dios y que tal salvación la realiza Él como médico, aplicando determinadas medicinas.

El principio de esa salvación está en el reconocimiento del pecado y en dejarse llevar por su gracia, puesto que el paso del pecado a la vida de gracia no se hace de golpe ni por milagro. Eso lo han de saber los pecadores discretos que están mas cerca que los simples de alcanzar tal salvación…

A pesar de estos consejos Don Quijote termina dándole uno que consiste en que se vaya con él y se haga caballero andante porque tal vida le dará ocasiones para hacer obras de penitencia que le llevaran rápidamente a la conversión.

CAMINO DE LA SALVACIÓN.

Tal final hizo reir a Guinart, podría parecer o una burla de Cervantes , en el sentido de que después que le ha expuesto el camino que marca la Iglesia para la justificación, termina diciendo que lo que le llevará rápido a ella es vivir como un loco, o podría ser una confirmación de lo que le ha dicho antes D. Quijote a Roque, de que el camino por el que Dios lleva a la conversión pasa por la penitencia y por esa bendita locura e imprudencia de la que hablaba santa Teresa.

En todo caso el tema de la salvación del alma vuelve a aparecer de nuevo en la obra como si ésta fuera algo que a Cervantes le preocupase personalmente; lo que no es aventurado afirmar dado que en la época en la que él vive se caracteriza por una espiritualidad que busca sobre todo encontrar seguridad en salvarse.

Esta búsqueda se manifiesta, principalmente, en la preocupación por la muerte, que está por todas partes: en los hechos, en las imágenes, en los escritos.

Era creencia admitida lo dificultoso que era alcanzar la salvación, aún los buenos cristianos morían llenos de imperfecciones. El hombre, pecador impenitente, tenia sobre su cabeza la espada de los castigos eternos.

El pecado era a ojos del pueblo, el responsable de las calamidades que afligían al mundo. Hay un fuerte sentimiento de culpabilidad. Todo hombre, mujer o niño debía por tanto sufrir en el purgatorio para la expiación de los pecados.

La gente trataba de salvar su alma por todos los medios: pertenencia a hermandades, compra de reliquias, invocación a la Virgen de la Misericordia…

LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN POR REINA Y SEÑORA DE CIELOS Y TIERRA.

Estos tormentos podían ser abreviados mediante las oraciones a la Virgen y a los santos, mediadores entre un Dios lejano y terrible y los hombres, y los rezos de los amigos y parientes vivos, a través de misas por los difuntos y con las condonaciones que suponían las indulgencias.

Tales prácticas impregnaban muchos de los aspectos de la piedad seglar. Los testadores dejaban dinero para que se dijesen misas por su alma, en sus funerales o en el aniversario por la muerte. Todas las familias rezaban por los parientes, esperando que los demás rezasen, a su vez, por ellos. El Luteranismo surgió, entre otras causas de este anhelo de seguridad que atormentaba el alma de Lutero.

SAN JUAN DE AVILA.

Este anhelo de encontrar seguridad aparece en otras espiritualidades de la época, en la del Beneficio de Cristo de Valdés, por ejemplo, o en la del Misterio de Cristo de Juan de Avila.Es en este aspecto significativo el número de cartas que se encuentran en el Epistolario avilino dirigidas a personas religiosas, monjas, seglares y religiosos que se encuentran atormentados por escrúpulos y temores por su salvación. La carta 20 de su epistolario: A una mujer que sentia mucha ausencia y disfavores de Nuestro Señor» es modélica en éste sentido. ( Cf Epistolario. Carta 20 I. O.C.)

Termina el capítulo con el asalto, por parte de los esbirros de Roque Guinart a unos capitanes, a varios peregrinos y a una señora, Doña Guiomar de Quiñones, a quienes les hizo pagar una cantidad para repartir entre sus bandoleros, dejándoles a todos el resto, lo que ellos agradecieron. Les dió un salvoconducto para que pasasen sin ser molestados «por sus territorios» a la vez que avisó a un amigo suyo de la llegada a Barcelona de Don Quijote y Sancho, «para que con él se solazasen… á causa que las locuras y discreciones de Don Quixote, y los donayres de su escudero Sancho Panza, no podian dexar de dar gusto general á todo el mundo»

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