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CAPITULO LXIII. De lo mal que le avino á Sancho Panza con la visita de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa Morisca.

 1.-NÚMERO 178.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.63. Parte II.

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO»« En resolución, aquella tarde Don Antonio Moreno, su huésped, y sus dos amigos, con Don Quixote y Sancho, fueron á las galeras…y en poniendo que puso los pies en él Don Quixote disparó la capitana el cañón de crujía y las otras galeras hicieron lo mesmo, y al subir Don Quixote por la escala derecha toda la chusma le saludó como es usanza quando una persona principal entra en la galera, diciendo «¡Hu, hu, hu!» tres veces …

Estaba Sancho sentado sobre el estantero, junto al espalderde la mano derecha , el qual ya avisado de lo que había de hacer, asió de Sancho y, levantándole en los brazos, toda la chusma puesta en pie y alerta, comenzando de la derecha banda, le fuè dando y volteando sobre los brazos de la chusma de banco en banco, con tanta priesa, que el pobre Sancho perdió la vista de los ojos ,y sin duda pensó, que los mismos demonios le llevaban, y no paráron con él, hasta volverle por la siniestra banda, y ponerle en popa…

Don Quixote que vió el vuelo sin alas de Sancho…no quería hacer semejantes exercicios, y que votaba A Dios, que si alguno llegaba á asirle para voltearle, le habría de sacar el alma á puntillazos...

Hizo señal el cómitre que zarpasen el ferro, y saltando en mitad de la crujía con el corbacho ó rebenque , comenzó á mosquear las espaldas de la chusma y á largarse poco a poco a la mar. Quando Sancho viò á una moverse tantos pies colorados, que tales pensó él que eran los remos, dixo entre sí: estas sí son verdaderamente cosas encantadas, y no las que mi amo dice. ¿Qué han hecho estos desdichados, que ansí los azotan, y cómo este hombre solo que anda por aquí silbando tiene atrevimiento para azotar á tanta gente ? Ahora yo digo que este es infierno, ó por lo menos el purgatorio.

Don Quixote, que vió la atención con que Sancho miraba lo que pasaba, le dixo:¡Ah, Sancho amigo, y con qué brevedad y quan á poca costa os podíades vos, si quisiésedes, desnudar de medio cuerpo arriba, y poneros entre estos señores y acabar con el desencanto de Dulcinea!…

SEÑAL HACE MONJUICH DE QUE HAY BAJEL DE REMOS EN LA COSTA POR LA BANDA DE CORRIENTE.

Preguntar quería el general qué azotes eran aquellos, ó qué desencanto de Dulcinea, quando dixo el marinero: señal hace Monjuích de que hay bajel de remos en la costa por la banda del poniente.

Esto oído, saltó el General en la cruxía y dixo: ea hijos, no se nos vaya.

Algún bergantín de cosarios de Argel debe de ser este que la atalaya nos señala..dos Turcos borrachos, que en el bergantin venían , disparáron dos escopetas, con que dieron muerte á dos soldados…los del baxel se vieron perdidos alcanzándoles la Capitana á poco mas de media milla, les echó la palamenta encima y los cogió vivos á todos.

Preguntó el Capitan quien era el Arraéz del bergantin…este mancebo, señor. La edad, al parecer no llegaba a los veinte años. Preguntó el general: dime mal aconsejado perro ¿ quien te movió á matarme á mis soladados?…¿ No sabes tu que la valentía no es temeridad? Las esperanzas dudosas han de hacer a los hombres atrevidos , pero no temerarios...

Vino el Virrey: dime Arraez ¿ eres Turco, de nación, ó Moro, ó renegado? á lo qual el mozo respondió en lengua asimesmo castellana: ni soy Turco de nación, ni Moro, ni renegado¿ Pues que eres? replicó el Virrey. Muger christiana…¿ Muger christiana, y en tal trage, y en tales pasos?...

El General le dixo, que dixexe lo que quisiese…Con esta licencia, el mozo comenzó á decir de esta manera: de aquella nación mas desdichada, que prudente, nací yo de Moriscos padres engendrada. En la corriente de su desventura fui yo por dos tios mios llevada á Bérbería, sin que me aprovechase decir, que era Christiana, como en efecto lo soy, y no de las fingidas, ni aparentes, sino de las verdaderas y católicas. No me valió con los que tenían a cargo nuestro miserable destierro decir esta verdad, ni mis tios quisieron creerla, antes tuviéron por mentira, y por invención para quedarme en la tierra en que había nacido, y así por fuerza mas que por grado, me truxéron consigo. Tuve una madre christiana, y un padre discreto y Christiano, ni más ni menos: mamé la fe católica en la leche, criéme con buenas costumbres, ni en la lengua, ni en ellas jamas, á mi parecer dí señales de ser morisca.

Al par y al paso destas virtudes...creció mi hermosura… y aunque mi recato y mi encerramiento fué mucho,no debió ser tanto, que no tuviese lugar de verme un mancebo caballero, llamado Don Gaspar Gregorio…y así solo dire como en nuestro destierro quiso acompañarme.

Don Gregorio. Mezclóse con los Moriscos…y en el viaje se hizo amigo de dos tios mios…porque mi padre prudente y prevenido, así como oyó el primer bando de nuestro destierro se salió del Lugar…

Dexó encerradas y enterradas en una parte, de quien yo sola tengo noticia, muchas perlas y piedras de gran valor, con algunos dineros en cruzados doblones de oro. Mandóme que no tocara el tesoro…Hícelo así, y con mis tios, como tengo dicho y otros parientes y allegados pasamos á Berbería, y el lugar donde hicimos asiento , fué en Argel, como si le hicieramos en el mismo infierno. Tuvo noticia el Rey de mi hermosura…llamóme ante si…

Estando en estas pláticas, le llegaron á decir, como venía conmigo uno de los mas gallardos y hermosos mancebos que se podía imaginar…Turbeme, considerando el peligro que Don Gregorio corria, porque entre aquellos bárbaros Turcos, en mas se tiene y estima un mochacho, ó mancebo hermoso, que una muger por bellisima que sea.

Mandó luego el Rey que le truxexen allí delante para verle, y preguntóme si era verdad lo que de aquel mozo le decian. Entonces yo, casi como prevenida por el Cielo le dixe que si era, pero que le hacía saber que no era varón, sino muger como yo…hablele á Don Gaspar, contéle el peligro que corría el mostrar ser hombre, vestile de Mora, y aquella misma tarde le truxe á la presencia del rey…quedó admirado y hizo designio de guardarla para hacer presente della al Gran Señor…

Dió luego trazas de que yo volviese á España en este bergantín, y me acompañasen dos Turcos de nación, que fueron los que mataron á vuestros soldados.Vino también conmigo este renegado Español, del qual yo sé bien que es Christiano encubierto...en resolución, Don Gregorio queda en hábito de muger entre mugeres, con manifiesto peligro de perderse, y yo me veo atadas la manos, esperando, ó por mejor decir,temiendo perder la vida que ya me cansa…

YO SOY TU PADRE RICOTE…

En tanto que la Morisca Christiana su peregrina historia contaba, tuvo clavados los ojos en ella un anciano peregrino…y apénas dió fin á su plática la Morisca, quando él se arrojó a sus pies, y abrazado dellos, con interrumpidas palabras y mil sollozos y suspiros le dixo: ó Ana Félix, desdichada hija mía, yo soy tu padre Ricote, que volvía a buscarte, por no poder vivir sin ti, que eres mi alma.

A cuyas palabras abrió los ojos Sancho, y alzó la cabeza…y mirando al peregrino conoció ser el mismo Ricote, que topó el día que salió de su Gobierno, y confirmóse que aquella era su hija, la qual ya desatada abrazó á su padre, mezclando sus lágrimas con las suyas: el qual dixo al General y al Virrey: esta, señores es mi hija, mas desdichada en sucesos que en su nombre…he hallado el tesoro que más enriquece, que es á mi querida hija: si nuestra poca culpa y sus lágrimas y las mias por la integridad de vuestra justicia pueden abrir las puertas á la misericordia, usadla con nosotros, que jamas tuvimos pensamientos de ofenderos, ni convenimos en ningun modo con la intención de los nuestros que justamente han sido desterrados..

El General dixo, vivid, hermosa Ana Felix, los años de vida que os tiene determinado el Cielo...Procuráron luego dar traza de sacar a Don Gaspar Gregorio del peligro en que quedaba. Ofreció Ricote para ello mas de dos mil ducados que en perlas y joyas tenía.»

4.-COMENTARIO.

Barcelona estaba defendida por cuatro galeras, que la protegían de las incursiones de los corsarios berberiscos y aprovisionaban la ciudad de toda clase de alimentos y otros enseres ; sus nombres eran Sant Jordi, la capitana, Sant Maurici, Sant Ramon, y Sant Sebastià.(Cf. Riquer [1989 c:43-53,) ahí se habla de las Cortes celebradas en Barcelona en 1599, en el reinado de Felipe III, que autorizó a la Generalidad de Cataluña a mantener las referidas cuatro galeras.

El espalder de la mano derecha de que habla el texto era el marinero que se colocaba a la parte de popa, para marcar el ritmo que los remeros debían llevar en la remada y poder hacer la maniobra de virada que indicaba el cómitre .

Sancho se espanta de ver tanto remo, moverse a ritmo, creyendo que son pies que hacen avanzar la nave y a esto si que se puede llamar encantamiento y a los azotes que sobre las espaldas recibían algunos remeros:»¿Qué han hecho estos desdichados, que ansí los azotan, y cómo este hombre solo que anda por aquí silbando tiene atrevimiento para azotar a tanta gente ?

En la obra vemos como la palabra infierno, como ocurre en este texto:»Ahora yo digo que este es infierno» ha pasado al uso vulgar, no tanto para referirse a la realidad que esta palabra designa en el pensamiento católico de la época, sino para un tipo de mal o sufrimiento que pudiera tener analogía con los del verdadero infierno.

Lo mismo podríamos decir de la palabra purgatorioó por lo menos el purgatorio».No hace falta decir que en esta frase, por cierto varias veces repetidas , se está haciendo distinción y gradación de estas dos verdades que forman parte de la fe cristiana. En el texto andan también sueltos los demonios, algo que es natural que venga relacionado con el purgatorio y el infierno.

EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS.

La historia de la Morisca además de exclamaciones típicas de orden religioso, son un testi- monio de los habatares que tras su expulsión hubieron de sufrir los moriscos. en los distintos luga- res por los que se dispersaron,

También las dificultades que los verdaderos conversos encontraron muchas veces para de- mostrar su conversión.

Los perjuicios económicos que la expulsión supuso para las fianzas españolas. El problema de los verdaderos y falsos renegados cristianos,

De las dificultades que encontraron en la Inquisición y justicia.

Ya hemos tenido ocasión de analizar algunos de estos aspectos en el encuentro entre Sancho y Ricote. ( Cf. Nº.164)

En el texto hay una clara alusión a lo que hoy denominamos homoxesualidadporque entre aquellos bárbaros Turcos, en mas se tiene y estima un mochacho, ó mancebo hermoso, que una muger por bellisima que seaParece que tal hecho no afectaba sólo a los turcos sino que era tambien un dato frecuente en España, así se deduce de la Autobiografía del famoso jesuita P. León que habla de lo que ocurría en Sevilla.( Cf. Francisco Morales Padrón. Colección: Historia de Sevilla. Universidad de Sevilla 1977)

ABRAHAN Y LOT SALEN DE SODOMA QUE ARDE.

La terminología de la época llamaba a la homoxesualidad « pecatum nefandum», era considerado como una especie de sodomía entendiendo por tal cualquier acción encaminada a la realiza ción del coito fuera de su lugar natural, fuera entre personas del mismo o de distinto sexo. El nom- bre procede de Sodoma ciudad que en el libro del Génesis es calificada como centro de pecado, hasta tal punto que Dios estaba dispuesto a consumirla con el fuego.

De las relaciones sodomíticas se ocupó la Inquisición, y aunque en Castilla la docuentación en este sentido es escasa, no ocurre lo mismo en Aragón, donde el Tribunal de la Inquisición senten- ció muchos casos en Zaragoza y Valencia.

El profesor Carrasco ha estudiado y documentado con relación al « pecado nefando» que entre 1450 y 1700 en Valencia el Tribunal de la Inquisición instruyó 380 casos por sodomía, 791 en Zaragoza y 453 en Barcelona. ( Cf. Rafael Carrasco Inquisición y represión sexual en Valencia. Historia de los Sodomitas. Ed. Laertes. Barcelona 1985)

En 1506 fueron quemados en Sevilla diez hombres por sodomitas. Así también el 29 de enero de 1521 «sacaron a quemar tres onbres e un mochacho que dizen que eran de fuera de Sevilla por el pecado contra natura. Dios les perdone sus ánimas. Amén».

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