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CAPITULO LXIX. Del mas raro, y mas nuevo suceso que en todo el discurso desta grande historia avino á Don Quixote.

 1.-NÚMERO 187.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap. 69. Parte II. Pág. 303.ss T.IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 3.-TEXTO.

 …Apeáronse los de á caballo, y junto con los de á pie, tomando en peso y arrebatadamente á Sancho y á Don Quixote, los entráron en el patio, alrededor del qual ardían casi cien hachas, puestas en sus blandones,…

En medio del patio se levantaba un túmulo como dos varas del suelo, ..; encima del qual túmulo se mostraba un cuerpo muerto de una tan hermosa doncella, que hacía parecer con su hermosura á la misma muerte…

Tenía la cabeza sobre una almohada de brocado, coronada con una guirnalda de diversas y odoríferas flores tejida, las manos cruzadas sobre el pecho, y entre ellas un ramo de amarilla y vencedora palma.

Á un lado del patio estaba puesto un teatro, y en dos sillas sentados dos personages, que por tener coronas en la cabeza y cetros en las manos daban señales de ser algunos Reyes, ya verdaderos, ó ya fingidos.

Al lado deste teatro, adonde se subía por algunas gradas, estaban otras dos sillas, sobre las quales los que truxéron los presos sentaron á Don Quijote y á Sancho, …Subiéron en esto al teatro con mucho acompañamiento dos principales personages, que luego fueron conocidos de Don Quixote ser el Duque y la Duquesa, sus huéspedes, los quales se sentaron en dos riquísimas sillas, junto á los dos que parecían Reyes.

¿Quién no se había de admirar con esto, añadiéndose á ello haber conocido Don Quixote que el cuerpo muerto que estaba sobre el túmulo era el de la hermosa Altisidora?…

Salió en esto, de través, un ministro , y llegándose á Sancho le echó una ropa de bocací negro encima, toda pintada con llamas de fuego, y quitándole la caperuza le puso en la cabeza una coroza al modo de las que sacan los penitenciados por el Santo Oficio, ...

Mirábase Sancho de arriba abajo, veíase ardiendo en llamas; pero como no le quemaban no las estimaba en dos ardites. Quitóse la coroza, vióla pintada de diablos; volviósela á poner , diciendo entre sí: aun bien que ni ellas me abrasan ni ellos me llevan....quando levantándose en pie Radamanto dixo: ea, ministros de esta casa, altos y bajos, grandes y chicos, acudid unos tras otros y sellad el rostro de Sancho con veinte y quatro mamonas , y con doce pellizcos y seis alfilerazos brazos y lomos, que en esta ceremonia consiste la salud de Altisidora.

Oyendo lo qual Sancho Panza, rompió el silencio y dijo: voto a tal, así me deje yo sellar el rostro ni manosearme la cara como volverme moro. ¡Cuerpo de mí! ¿Qué tiene que ver manosearme el rostro con la resurreción desta doncella? Regostóse la vieja a los bledos: encantan á Dulcinea, y azótanme para que se desencante; muérese Altisidora de males que Dios quiso darle, y hanla de resucitar hacerme á mí veinte y quatro mamonas y acribarme el cuerpo á alfilerazos y acardenalarme los brazos á pellizcos. Esas burlas, á un cuñado , que yo soy perro viejo, y no hay conmigo tus, tus, …transpásenme el cuerpo con puntas de dagas buidas: atenácenme los brazos con tenazas de fuego, que yo lo llevaré en paciencia, ó serviré á estos señores;

pero que me toquen dueñas, no lo consentiré, si me llevase el diablo.

Rompió también el silencio Don Quixote, diciendo á Sancho: ten paciencia, hijo, y da gusto á estos señores, y muchas gracias al Cielo, por haber puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio della desencantes los encantadores, y resucites los muertos...

Ya estaban las dueñas cerca de Sancho, quando él, mas blando y mas persuadido, poniéndose bien en la silla, dió rostro y barba á la primera, la qual le hizo una mamona muy bien sellada y luego una gran reverencia. Ménos cortesía, menos mudas, señora dueña, dixo Sancho, que por Dios que traéis las manos oliendo á vinagrillo.

Finalmente todas las dueñas le sellaron y otra mucha gente de casa le pellizcaron;…pero lo que él no pudo sufrir fué el punzamiento de los alfileres, y, así se levantó de la silla, al parecer mohíno, y, asiendo de una hacha encendida que junto a él estaba, dio tras las dueñas y tras todos sus verdugos, diciendo: afuera, ministros infernales, que no soy yo de bronce, para no sentir tan extraordi- narios martirios.

En esto Altisidora, que debia de estar cansada, por haber estado tanto tiempo supina, se volvió de un lado: visto lo qual por los circunstantes, casi todos á una voz dixeron: viva es Altisidora, Altisidora vive…

Así como Don Quixote vió rebullir á Altisidora, se fué á poner de rodilllas delante de Sancho, diciéndole: agora es tiempo, hijo de mis entrañas, no que escudero mio, que te dés algunos de los azotes, que estás obligado á darte por el desencanto de Dulcinea.

Ahora digo, que es el tiempo donde tienes sazonada virtud, y con eficacia de obrar el bien que de ti se espera.

A lo que respondió Sancho: esto me parece argado sobre argado…no tienen mas que hacer, sino tomar una gran piedra, y atármela al cuello y dar conmigo en un pozo, de lo que a mí me pesaría mucho, si es que para curar los males agenos tengo yo de ser la vaca de la boda. Déxenme, sino por Dios que me arroje, y lo eche todo á trece, aunque no se venda.

Ya en esto se había sentado en un túmulo Altisidora…y mirando de través á Don Quixote dixo: Dios te lo perdone, desamorado caballero, pues por tu crueldad he estado en el otro mundo...y a ti, ó el mas compasivo escudero que el orbe tiene te agradezco la vida que poseo. Dispón desde hoy más, amigo Sancho, de seis camisas mías que te mando, para que hagas otras seis para ti; y si no son todas sanas, a lo menos son todas limpias.

Besóle por ello las manos Sancho, con la coroza en la mano y las rodillas en el suelo. Mandó el Duque que se la quitasen, y le volviesen su caperuza y le pusiesen el sayo y le quitasen la ropa de las llamas. Suplicó Sancho al Duque que le dejasen la ropa y mitra , que las quería llevar á su tierra por señal y memoria de aquel nunca visto suceso. La Duquesa respondió que sí dexarían, que ya sabía él quan grande amiga suya era»

ALTISIDORA SE FINGE MUERTA DE AMOR POR EL DESPRECIO DE DON QUIXOTE.

4.-COMENTARIO.

Los duques vuelven a entrar en escena de una manera insospechada y rara, urdiendo la bro- ma de la muerte por amor de Altisidora, a la que resucitará Sancho, recibiendo mamonas, golpes en la cara, pellizcos y alfilerazos por todo el cuerpo. El montaje y desarrollo de la burlesca trama parece que tiene un fin similar al que tuvo la aventura del encantamiento de Dulcinea: a la vez que reforzar la creencia de Don Quijote en los poderes milagrosos de Sancho, convencer a éste de la existencia de encantadores.

Cervantes no deja de servirse de toda clase de medios para la confección del relato y por supuesto de las variadas referencias religiosas. Aunque como siempre están subrayadas, las destacamos brevemente.

La «difunta» está colocada sobre un túmulo similar al que se levantaba a los personajes importantes en las exequias católicas.

ESCUCHA DON QUIXOTE TU CORAZÓN .

«Tenía la cabeza sobre una almohada de brocado, coronada con una guirnalda de diversas y odoríferas flores tejida , las manos cruzadas sobre el pecho, y entre ellas un ramo de amarilla y vencedora palma» Como símbolo del triunfo de la virginidad, es más, en algunas imágenes la Inmaculada estaba representada de un modo similar, con:»las manos cruzadas sobre el pecho, y entre ellas un ramo de amarilla y vencedora palma»

A Sancho le colocan una vestimenta parecida a la que llevaban los « relajados» por la Inqui-

sición, con un capirote» al modo de las que sacan los penitenciados por el Santo Oficio,»; las llamas , los diablos… eran imágenes que solian llevar pintadas los reos, bien en la vestimenta, bien en los capirotes, que el vulgo solía llamar « mitras», como las que que portaban los obispos.

LA TRAZA

Sancho interpreta todo lo que está ocurriendo como una burla, similar a la que se hacen a los cuñados y suegras, que solían ser objeto de chistes, Don Quijote, en cambio, está metido en la escena hasta el punto que le aconseja a Sancho, a quien comienza por llamarle hijo, tenga paciencia y más: » ten paciencia, hijo, y da gusto á estos señores, y muchas gracias al Cielo, por haber puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio della desencantes los encantadores, y resucites los muertos» lo que no calmó a Sancho que con un hacha encendida se lió a hachazos «diciendo: afuera, ministros infernales, que no soy yo de bronce, para no sentir tan extraordinarios martirios»

Rediviva Altisidora, Don Quijote se postra ante Sancho, llamándole « hijo de mis entrañas, no que escudero mio,» seguro del poder de desencantamiento de que está dotado.

Sancho reacciona amenazante:»Déxenme, sino por Dios que me arroje, y lo eche todo á trece, aunque no se venda.»»sino que me lance, y sin mirar las consecuencias lo desbarate todo.»

Sancho, cortés con Altisidora, cuyos favores no hubiera desaprovechado le besa las manos y de rodillas le agradece el regalo de las camisas.

Al final Sancho pide a los duques le dejen llevarse los disfraces de la «traza».

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