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CAPITULO LXXIII.De los agüeros que tuvo Don Quixote al entrar en su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia.

 1.-NÚMERO 191.

2.-LOCALIZACIÓN. Cap.73. Parte II. Pag 327-8-9T. IV

3.-TEXTO.

4.-COMENTARIO.

 

 TRILLANDO EN LAS ERAS DEL LUGAR

3.-TEXTO.

 « Á la entrada del qual, segun dice Cide Hamete, vió Don Quixote, que en las eras del Lugar estaban riñendo dos mochachos, y el uno le dixo al otro: no te canses Periquillo, que no la has de ver en todos los dias de tu vida.

Oyólo Don Quixote, y dixo á Sancho: ¿ no adviertes, amigo, lo que aquel mochacho ha dicho, no la has de ver en todos los dias de tu vida? Pues bien, que importa, respondió Sancho que haya dicho eso el mochacho?

¿Que? replicó Don Quixote ¿ no ves tú, que aplicando aquella palabra á mi intención, quiere significar, que no tengo de ver mas á Dulcinea? Queríale responder Sancho, quando se lo estorbó ver, que por aquella campaña venía huyendo una liebre seguida de muchos galgos y cazadores, la qual temerosa se vino á recoger y á agazapar, debaxo de los pies del rucio.

HUYE GALGO LA SIGUEN…

Cogióla Sancho á mano salva y presentósela á Don Quixote, el qual estaba diciendo: malum signum, malum signum:liebre huye, galgos la siguen, Dulcinea no parece. Extraño es vuestra merced, dixo Sancho: presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso, y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora, ella huye, yo la cojo, y la pongo en poder de vuesa merced que la tiene en sus brazos y la regala ¿ que mala señal es esta, ni que mal agüero se puede tomar de aqui?

Los dos mochachos de la pendencia se llegáron a ver la liebre, y al uno dellos preguntó Sancho, que por que reñian. Y fuéle respondido por el que había dicho: no la verás más en toda tu vida, que él habia tomado al otro mochacho una jaula de grillos, la qual no pensaba volvérsela en toda su vida. Sacó Sancho quatro quartos de la faldriquera, y dióselos al mochacho por la jaula, y púsesela en las manos á Don Quijote, diciendo: he aqui , señor, rompidos y desbaratados estos agüeros, que no tienen que ver con nuestros sucesos, según que yo imagino, aunque tonto, que con las nubes de antaño:

y si no me acuerdo mal he oido decir al Cura de nuestro pueblo, que no es de personas christianas, ni discretas mirar esas niñerías, y aun vuesa merced lo dixo en dias pasados, dándome a entender , que eran tontos todos aquellos christianos que miraban en agüeros, y no es menester hacer incapie en esto, sino pasemos adelante y entremos en nuestra aldea.

Llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela Don Quixote: pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo al Cura rezando y al Bachilller Carrasco.»

4.-COMENTARIO.

Las palabra de los muchachos, el suceso de la liebre , el de la jaula… ha sido objeto de las más variadas interpretaciones con respecto al encantamiento de Dulcinea, algo en lo que no nos corresponde entrar

Lo que es evidente es que Sancho, que desde el comienzo de la historia del encantamiento, ha sido protagonista, también aparece como el encargado de desahacer los malos augurios de Don Quijote, mostrándose ahora tanto más discreto cuanto su amo aparece más desconcertado.

Ya vemos como le recuerda las palabras que sobre los agüeros le había dicho el mismo Don QuijoteEsto que el vulgo suele llamar comúnmente agüeros, que no se fundan sobre natural razon alguna, del que es discreto han de ser tenidos y juzgados por buenos acontecimientos» (CF. Cap. 58, P.II T.IV)

El Cura debia estar rezando el oficio divino, acompañado por Sansón Carrasco que aunque no tenía tal obligación por tener sólo las órdenes menores, podía hacerlo voluntariamente.

Sigue el capítulo narrando los diveros encuentros, el primero el de Don Quijote el Cura y Sansón a quienes habló de su plan de hacerse pastor, que ellos, por seguirle la corriente, aprobaron; el de Sancho con su mujer y su hija, a quienes consoló diciéndoles que dineros traigo, y finalmente el de la sobrina y el ama con Don Quijote, quienes habiendo oido el propósito de Don Quijote de hacerse pastor le dijeron:

«¿Y podrá vuestra merced pasar en el campo las siestas del verano, los serenos del invierno, el aullido de los lobos? No, por cierto, que este es ejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y criados para tal ministerio casi desde las fajas y mantillas. Aun, mal por mal, mejor es ser caballero andante que pastor.

Mire, señor, tome mi consejo, que no se le doy sobre estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta años que tengo de edad: estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese á menudo, favorezca a los pobres, y sobre mi ánima si mal le fuere .

Callad, hijas, les respondió Don Quixote, que yo sé bien lo que me cumple. Llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno, y tened por cierto que, ahora sea caballero andante ó pastor por andar, no dexaré siempre de acudir á lo que hubiéredes menester, como lo veréis por la obra: y las buenas hijas (que lo eran sin duda ama y sobrina) le llevaron á la cama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible.»

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